domingo, 28 de junio de 2009

LOS PLACERES EFIMEROS DEL GUSTO




Epicuro de Samos (341-270) fue un filósofo ateniense quien fundó la corriente filosófica denominada epicureismo, cuyos seguidores recibieron el nombre de epicúreos. Esa doctrina preconizaba que la presencia del placer era un sinónimo de la ausencia de dolor o de cualquier otro tipo de aflicción. Acerca de los postulados de Epicuro la Academia de Ciencias Luventicus de Argentina, señala lo siguiente: “El fin de la vida es lograr el placer y evitar el dolor. “El placer es el principio y el fin de la vida feliz.” Lo moralmente bueno es buscar el placer. Llamamos bueno a lo que nos gratifica, nos da placer. La salud del cuerpo y la imperturbabilidad del alma es el fin de una vida feliz. De todos modos, la palabra "placer" no debe confundirnos. Epicuro no promovía una vida de desenfreno, de búsqueda irracional del placer. Por el contrario, proponía buscar la ataraxia (ausencia de dolor y paz del alma), el reposo”.

La palabra placer deriva del vocablo griego “hedoné”, con el mismo significado. Del término hedoné surgieron los términos hedonismo y hedonista, referentes a una conducta vital en a cual el placer juega un papel primordial en la existencia. Por otro lado,. Roque Barcia, autor del libro Sinónimos Castellanos, dice que “el nombre placer significa la idea general de todo aquello que produce sensaciones agradables, así en nuestro cuerpo como en nuestra alma”, y anota los siguientes términos como sinónimos de placer: alborozo, deleite, gozo, regocijo y regodeo. Y consigna ---a mi parecer con todo tino--- que los principales placeres corporales son los de la mesa y los del sexo”..

Otra definición de placer es la siguiente: “es la sensación agradable que produce la satisfacción de un deseo material o inmaterial”. Tomando en cuenta que placer es “la sensación agradable que produce la satisfacción de un deseo material o inmaterial”, entre los primeros incluyo los placeres del gusto, que están dados por el deleite de saborear ---primeramente al contemplarlas, antes de ingerirlas--- exquisitas viandas y deliciosos vinos, así como alcanzar el clímax amoroso en una apasionada relación coital. Entre los segundos menciono el gozo de escuchar una sinfonía que nos cautiva, contemplar una pintura que nos fascina, o bien admirar una policroma puesta de sol a la orilla del mar.

Para abundar en este asunto, diré que Ignacio Medina consigna en su libro Los ritos del lujo que “después del placer sexual, quizá sea la comida el más sensual de todos los goces, pues pone en juego un mayor número de sentidos”.

Es innegable que casi todos los placeres ---por no aseverar que la mayoría--- son fugaces, efímeros, pasajeros y temporales. La emotividad que nos invade, tanto corporal como espiritualmente, cuando disfrutamos de placeres materiales e inmateriales no puede prolongarse indefinidamente, ya que de existir esa remota posibilidad en lugar de disfrutar de un placer, de un estimulante deleite, estaríamos arriesgándonos a una desagradable y poco placentera sensación de hastío.

Al referirme a los placeres de la mesa diré que la palabra edible proviene del vocablo latino edilis, “perteneciente a la comida” y, por lo tanto, hace referencia a aquello susceptible de convertirse en comida, por lo tanto comible, lo que es punto de partida, en casos muy especiales de sibaritismo gastronómico, de un auténtico placer del gusto.

A mi parecer, este preámbulo me permite enfocar, de manera atinada, la atención en una comida de características excepcionales, tanto por la diversidad y exquisitez de los manjares degustados, como por la extraordinaria finura de los vinos bebidos ese día. Pues resulta que conozco a un refinado epicúreo --- él me sugirió no decir su nombre, cuando le comenté que publicaría un artículo acerca de ese singular yantar--- quien emula a Anfitrión, aquel legendario rey de Tirinto, célebre en la mitología griega por su buen gusto y generosidad al brindar a sus invitados opíparos convivios. (Conviene tener presente que hoy en día solemos dar el apelativo de Anfitrión a “la persona que tiene convidados en su mesa y los agasaja con espléndidos banquetes”).

Esta persona reunió en fecha reciente a ocho comensales en su mesa, y haciendo suyo el postulado de Jean-Anthelme Brillat-Savarin (quien en su libro Fisiología del gusto, que lleva por subtítulo Meditaciones de gastronomía trascendente, preconiza que “convidar a una persona es encargarse de su bienestar durante todo el tiempo que permanece en nuestra casa”), preparó él mismo una abundante y deliciosa selección de platillos. Inicialmente bebimos, para mitigar el acentuado calor canicular que se dejaba sentir ese día, vino espumoso Brut Nature Doña Dolores, acompañado con unas sabrosas “tapas” de jamón ibérico de Jabugo, llamado por algunos jamón de “Pata Negra”.La sinfonía de aromas y sabores continuó con Tacos de mixiotes acompañados de Champagne Esterlin Brut Selection Non Vintage. Después sirvieron Tostadas con camarones, maridadas con un Cava de Cataluña, de la marca Reserva Real. Momentos más tarde vinieron unas crepas de angulas (los alevines --–crías recién nacidas— del pez llamado anguila), armonizadas con Cava Brut Barroco.

La orgía gulosa prosiguió, primero con guisado de chuletas de cordero y luego con pato rostizado con mole. Estas dos viandas tuvieron una formidable armonización con tres vinos tintos de gran clase: Chateau Lafite Rothschiuld, cosecha 1971; Chateau Moulin de Carruades, cosecha 1981; y, finalmente, con Chateau Mouton Rothschild, cosecha 1957. Estas tres gemas etílicas mostraron cuán deliciosos resultan los vinos añosos, que han sido perfectamente guardados en una cava. Acerca del corcho, que permite la guarda de estos vinos provectos quiero recordar que Hugh Johnson menciona en su libro Historia del Vino que “”en cuanto a su duración, el corcho se torna quebradizo con el paso del tiempo, entre 25 y 30 años. Las bodegas cuidadas con todo esmero (algunos de los grandes chateaux de Burdeos, por ejemplo) substituyen los corchos de los vinos cada 25 años, aproximadamente, y otras, inclusive, envían personal experto a cambiarlos a las bodegas de sus clientes. No obstante, muchos corchos aguantan mas de medio siglo”” La concordancia entre los manjares y los vinos despertó comentarios en extremo laudatorios acerca de tan provectos caldos, cuya degustación, en una misma comida, es punto menos que extraordinaria.

El festín que brindó a los golosos comensales ese sibarita, fiel seguidor del precepto de Oscar Wilde: “Tengo el más simple de los gustos. Sólo me gusta lo mejor”, siguió con el Champagne Gran Vintage Moët & Chandon, cosecha 2000, y después con Champagne Dom Perignon, cosecha 1976 ---de sorprendente aroma y sabor, y fina burbuja---. para acompañar un ponche de frutas.

Este placentero ágape, que dio comienzo a las 14:30 horas, se acercaba a su fin cinco horas más tarde, cuando fueron servidos los digestivos: una tríada de tequilas añejos: “Don Julio Real”, “1800 Reserva Especial” y “Reserva de la Familia”.

Llegado el momento postrero degustamos un café espresso doble y un puro de la marca “Cuaba”, un Habano de clase superior, cuyas volutas de azulado humo parecían elevarse al infinito.

Las palabras para describir el “caleidoscopio de sabores” (frase de Alfonso Reyes) que significó esta extraordinaria manducatoria, serán siempre exiguas, pues de la misma manera que describir la impactante hermosura de un atardecer es, a mi parecer, bastante difícil, así resulta en el caso de referirse a un convivio en el cual los manjares y los vinos alcanzaron niveles de excelencia. Quede, pues, en la memoria de quienes disfrutaron ese día de los placeres efímeros del gusto, el recuerdo de esos deleites palatales. .

A manera de colofón transcribiré un aforismo de Brillat-Savarin: “ El placer de la mesa es para todas las edades, para todas las condiciones, para todos los países y para todos los días. Puede asociarse a todos los demás placeres, y se queda el último para consolarnos de la pérdida de los otros”

jueves, 25 de junio de 2009

LA RELACION CALIDAD PRECIO DE LOS VINOS


Las publicaciones más importantes en materia de vinos ---editadas en lengua inglesa---, como Wine Spectator, Wine Enthusiastic y Wine & Spirits, suelen incluir frecuentemente una sección titulada Best Value o Value Brand, En ella hacen especial énfasis en la existencia en el mercado de muchísimos vinos, de infinidad de países, cuya calidad es encomiable y cuyos precios resultan asequibles a la mayoría de los bolsillos.

Lo que en lengua inglesa se denomina “best value” o “value brand”, en los países hispano parlantes es equivalente al término “relación calidad/precio”. Al evaluarse la calidad de un producto determinado ---en el caso especial del asunto que ahora me ocupa, los vinos--- y ponderarse sus atributos intrínsecos, entra en juego otro factor en extremo importante: su precio al público, lo que torna más atractivo el hecho de adquirirlo de manera más frecuente, y así resulta más agradable su degustación.

Con esta información se pone de manifiesto que no únicamente los vinos de precios elevados (por ejemplo los grandes “chateaux” de Burdeos, en Francia, como Chateaux d’Yquem, Chateau Haut-Brion, Chateau Lafite, Chateau Latour, Chateau Margaux, Chateau Petrus y Chateau Mouton Rothschild, que son muy costosos, en la generalidad de los casos) son poseedores de magníficas cualidades organolépticas y, por ende, de excelente finura por sus aromas y su espléndido sabor. También hay vinos, por doquier, cuyo precio al público es muy competitivo y su clase alcanza niveles de general reconocimiento.

Mediante el análisis ---en un procedimiento que se denomina cata “ciega”--- de las características sensoriales de un caldo vínico (que son apreciadas por los órganos de los sentidos: la vista, el olfato y el gusto, principalmente), un grupo de especialistas en la evaluación de los vinos, califica con una puntuación determinada un vino ---no hay que olvidar que la percepción individual es subjetiva, y que ésta, en la mayoría de las ocasiones, suele estar influenciada por las inclinaciones y prejuicios personales---, y se establece un promedio de las calificaciones otorgadas. Generalmente son descartadas la puntuación más alta y la más baja, y en esta forma se conoce la calificación final.

Otro renglón digno de ser tomado en cuenta es el siguiente: con motivo de la recesión económica que se ha dejado sentir, de manera inclemente, en todo el mundo, en muchísimos países, principalmente europeos, la demanda por vinos de cierto precio ---que podría ser considerado alto--- se ha desplomado. En numerosos boletines on-line, consagrados a comentar todo lo concerniente al mundillo del vino, he venido leyendo que los consumidores (sobre todo en Francia, Italia y España) se inclinan a preferir vinos que no rebasen, en un comercio, los quince o los veinte euros. No se diga, así mismo, la reducción que ha experimentado la venta de vinos en los restaurantes, donde usualmente alcanzan precios más elevados.

Para la cata mensual correspondiente a Junio de 2009 el Grupo Enológico Mexicano escogió vinos importados, cuya comercialización en nuestro país está a cargo de la firma Wine Mex, dirigida por Germán Scheufler. Las bodegas productoras de esos vinos son las siguientes:

La empresa Maison Bouey, fundada en 1911 por Roger Bouey, actualmente está ubicada en Burdeos, en la comuna de Cussac, en Medoc.

Schenk Italia es una de las principales compañías vitivinícolas italianas, con señalada vocación de exportación. Fue fundada en 1952, y produce anualmente treinta millones de litros de vino y embotella treinta y dos millones. Sus principales mercados son Alemania, Gran Bretaña, Austria, el Benelux, los Países Escandinavos, el Medio Oriente, Sudamérica y México.

La Casa Rivas fue fundada en 1992 en la localidad de María Pinto, en el Valle del Maipo, en Chile. Sus viñedos ---que cubren una superficie de más de doscientas hectáreas--- .están situados al pie de la Cordillera de la Costa, a cincuenta kilómetros del Océano Pacífico.

Vinnico Export, comenzó sus operaciones en el año 1996. Se localiza en el poblado de Jávea, en la Provincia de Alicante, en España. Esta empresa exporta más de un millón de cajas a una gran mayoría de países de Europa, Estados Unidos de América, Canadá, Japón, Rusia y México.

La bodega italiana Sperone fue fundada en 1911 por Alberto Sperone, en la ciudad de Turín. En 1960 fue inaugurada una nueva planta en Milán, y en fecha más reciente otra en Asti. El 70% de su producción es exportada a treinta y cinco países.

En la cata “ciega” mensual número 175, correspondiente a Junio, fueron evaluados dos vinos italianos, dos argentinos, dos franceses, un chileno y un español, de las empresas mencionadas párrafos arriba. A mi parecer, sorprende gratamente el hecho de su asequible precio al público (ninguno rebasa los $ 120.00 y cuatro de ellos no llegan a los cien pesos), a pesar de ser vinos importados. Ello es debido, sin lugar a duda, a los crecidísimos volúmenes de producción, y de exportación, que alcanzan las empresas que los elaboran.

La Mesa de Catadores estuvo integrada por los siguientes enófilos: Patricia Amtmann, Alejandro Guzmán Galán, Gabriel Scheufler, Gustavo Riva Palacio, Joaquín López Negrete, Juan José Furukawa, Mauricio Romero Gatica, Philippe Seguin, Roberto Quaas Weppen y Miguel Guzmán Peredo,

Las calificaciones están basadas en los parámetros que maneja el Grupo Enológico Mexicano. Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 50 y los 59 puntos son considerados “no recomendables”. Si la puntuación se halla comprendida entre los 60 y los 74 puntos, son juzgados “bebibles”. Una calificación entre los 75 y los 84 puntos permite evaluarlos como “buenos”. Si el puntaje oscila entre los 85 y los 94 puntos, son juzgados “muy buenos”. En el caso de que la calificación esté comprendida entre los 95 y los 100 puntos, entonces alcanzan la categoría de “extraordinarios”.

Los resultados fueron los siguientes:

Vinos blancos:

1.- Carisma Torrontés, cosecha 2008. Monovarietal 100% Torrontés. 13.5% Alc. Vol. Crianza de 3 meses en botella. Valle de la Puerta, S.A. Famantina, La Rioja, Argentina. Calificación: 84.75 puntos. Precio: $ 115.00

2.- Moscato Spumante, sin añada. Monovarietal 100% Moscato. 7.0% Alc. Vol. Giacomo Sperone, S.p.A. Asti, Italia. Calificación: 81.75 puntos. Precio: $ 99.00

3.- Portobello Pinot Grigio, cosecha 2007. Monovarietal 100% Pinot Grigio. 13.0% Alc. Vol. Sin crianza. Schenk Italia, S.p.A. Calificación: 81.63 puntos. Precio: $ 119.00

4.- Monserat Colombard Chardonnay, cosecha 2006. 11.5 % Alc. Vol. Coupage de 60% Colombard y 40% Chardonnay. Vin de Pays de Cotes de Gascogne. Maison Bouey, S.A. Francia. Calificación : 79.75 puntos. Precio: $ 99.00

Vinos tintos:

1.- Rivas Carmenere, cosecha 2007. 13.5% Alc. Vol. Coupage de 85% Carmenere, 100% Cabernet Sauvignon y 5% Merlot. Crianza del 13% del vino en barricas de roble francés y americano, durante 8 meses. Casa Rivas, S.A. Valle del Maipo, Chile. Calificación: 86.63 puntos. Precio: $ 109.00

2.- Capa Tempranillo, cosecha 2007. 13.5 % Alc. Vol. Coupage de 90% Tempranillo y 10% Shiraz. Vino de la Tierra de Castilla. Crianza de 4 meses en barricas de roble francés y americano. Vinnico Export, S.A. Javea, Alicante, España. Calificación: 85.38 puntos. Precio: $ 99.00

3.- Monserat Cabernet Sauvignon, cosecha 2006. 13.0 % Alc. Vol. Monovarietal 100% Cabernet Sauvignon. Vin de Pays d’Oc. Sin crianza. Maison Bouey, S.A. Francia Calificación: 80.50 puntos. Precio: $ 89.00

4.- Carisma Clasico Malbec, cosecha 2008. 13.5% Alc. Vol. Crianza de 3 meses en botella, después de trasegado en barricas francesas. Valle de la Puerta, S.A. Famantina, La Rioja, Argentina. Calificación: 80.25 puntos. Precio: $ 115.00

Los integrantes de la Mesa de Catadores eligieron “mejor etiqueta” (entre los blancos) la del vino Portobello Pinot Grigio; y en el caso de los tintos la del Carmenere Rivas,

Una vez finalizada la cata fue servida una exquisita cena, preparada por los chefs del “Bistro 235”, Mauricio Rmero Gatica y Héctor Dongu. Inicialmente saboreamos una sopa de flor de calabaza y setas, al aroma de cilantro, acompañada con Moscato Spumante y Portobello Pinot Grigio. El plato fuerte fue Robalo en salsa negra con chutney de tomate, que maridamos con los vinos tintos Carisma Clásico Malbec y Carmenere Rivas.

El postre consistió en Higos laminados con queso manchego y mousse de chocolate, acompañado de una aromática taza de café espresso,.

lunes, 15 de junio de 2009

CATA MARIDAJE DE RONES AÑEJOS Y CAFES DE VERACRUZ




El Grupo Enológico Mexicano ha realizado en los años anteriores varias catas maridaje, entre las cuales figuran las siguientes: Cata maridaje de rones añejos con chocolates y puros, Cata maridaje de brandies Gran Reserva de Jerez, España, con chocolates de Bélgica. Cata maridaje de whiskeys de Irlanda y Estados Unidos de América y whiskys de Escocia, con chocolates de Bélgica y puros de México. La más reciente degustación de esta índole llevó por denominación Cata maridaje de rones añejos “Mocambo” y cafés de Veracruz, que tuvo verificativo el domingo 7 de junio en la ciudad de Córdoba, en el estado de Veracruz.
El hecho, deleitable en grado superlativo, de acompañar un alimento con alguna bebida (generalmente se habla de combinar los manjares de una comida con uno o varios vinos) recibe el nombre de maridaje, que tiene por sinónimo la palabra armonización.. Con estos términos se designa la acción degustativa de establecer una placentera concordancia entre el alimento y la bebida.

La palabra armonización deriva del griego harmonia, que significa acuerdo, para referirse al hecho de buscar el debido acompañamiento de un apetitoso platillo con un agradable vino, que permita apreciar la requerida conjunción de las cualidades olfativas y palatales de ambos alimentos.

Otra acción de concomitancia (el verbo concomitar significa acompañar una cosa con otra) está dada por el hecho que resulta más satisfactorio disfrutar de buenos platillos y exquisitos vinos en la compañía de personas con quienes existe cierto grado de afinidad espiritual (y es por ello que una actividad simplemente material, con fines nutricionales, como es el comer, queda nimbada por un halo en el cual la psiquis --el ánima— juega un papel en extremo importante. Debido a esta razón, quienes acompañan los manjares con los vinos que imaginan les resultan de alguna manera semejantes, frecuentemente manifiestan su sentir acerca de que no existe circunstancia más gratificante que aquella de estar reunidos con familiares y amigos, en el momento de saborear guisos y vinos de ostensible suculencia.

La combinación de diversas bebidas destiladas, como el cognac, el armagnac, el brandy, el whisky ---o el whiskey de Irlanda--- y el ron ( hablando en términos generales podría hacerse ese maridaje con cualquier clase de destilados, incluyendo el vodka, el aquavit, el arak, el pisco, el marc, el orujo y la bagaceira) con aromáticos cafés, es una atinado ejemplo del señalado placer palatal. que produce saborear ambas bebidas simultáneamente. Se trata de experimentar un acentuado agrado al ingerir en forma combinada ambos líquidos, el aguardiente y la infusión, bien el destilado en el interior de la taza que contiene el café ---generalmente express---, bien uno a continuación del otro, lo que acentúa el deleite gustativo que se obtiene en el momento de la ingestión. Hablando de este placer, quiero recordar que un gélido día de noviembre de 1986 me encontraba paseando con mi esposa y mi hija por Venecia, y a las 11 de la mañana degusté, en la Plaza de San Marcos, en el Café Florián, una taza de café espresso, de la marca Illy (esta afamada empresa productora de café, ubicada en la ciudad de Trieste, en Italia, dice que ese tipo especial de concentrado de café es “la quintaesencia del café”), acompañado con una copa de grappa, que es un delicioso destilado de vino. Quien ha probado ---prácticamente a cualquier hora, ---o bien en el momento preferido por cada uno--- esta exquisita forma de maridaje de dos tipos de bebidas, sabrá lo que estos diciendo.
La combinación del café con una bebida destilada es muy común en España. El carajillo, de acuerdo a lo que encontré en Wkipedia, es una bebida que combina café con una bebida espirituosa, normalmente brandy o ron. Es típica de España y su origen se remonta a cuando las tropas españolas ocuparon Cuba, ya que combinaban café con ron para coger "corajillo", de coraje, y de ahí viene la palabra carajillo. La forma más común de carajillo es una combinación de café y whisky. En la Comunidad Autónoma de Cataluña se habla del Cigalo o perfumat. La proporción de alcohol y café también es diferente según la zona geográfica, por ejemplo en Cataluña se utiliza poco café y un alto porcentaje de alcohol, mientras que en localidades como León la cantidad de café es mayor y el alcohol suele calentarse hasta hervir, antes de mezclar con el café.
“La palabra carajillo viene del principio de los tiempos de los marineros del puerto de Barcelona, que cuando debían zarpar a la mar, pasaban por la taberna y pedían (en catalán) "nanu posem un café cara-gitllu" por si no lo saben gitllu viene de gitllar marchar, la traducción correcta al castellano seria "chaval ponme un café que ahora me marcho". Como pueden imaginar para salir a la mar se debía ser muy valiente, de siempre la valentía se ha asociado al desinhibidor que es el alcohol, por lo que a ese café se le echaba un chorrito de ron, para salir a la mar. Esto fue bastante anterior a lo del cigaló que fue a partir de que se empezara a servir el "cara-gitllu" en vasos largos y finos con forma fálica”.

En varias ocasiones el Grupo Enológico Mexicano ha llevado a cabo degustaciones de ron “Mocambo”, producido por la empresa Licores Veracruz en la ciudad de Córdoba, Veracruz. Estos rones, de sobresaliente calidad, vienen en tres presentaciones de acuerdo al grado de añejamiento en barricas de roble blanco: diez, quince y veinte años, y son el resultado de un cuidadoso proceso de elaboración. El ron de veinte años de añejamiento cuenta con dos envases: el normal, en una esbelta botella de vidrio ---que contiene 500 ml de tan exquisito destilado a base de caña de azúcar---, y una edición especial, llamada de arte, realzada por una decorativa envoltura de papel de amate, que le confiere singular elegancia, El envejecimiento de este destilado (su idónea madurez) tiene lugar en barricas seleccionadas, razón por la cual este ron “Mocambo” 20 años es denominado “Ultra Premium”, y la etiqueta de cada una de las botellas está va numerada..

Por lo que respecta al café diré que es el fruto de un arbusto de las regiones tropicales, que pertenece al género coffea, de la familia de las rubiáceas. Dos son las especies más representativas: la Coffea arabica (cafeto arabica), la más antigua de las dos, la cual representa el 75% de la producción total de café en el planeta.Su origen es Etiopía, y hoy en día es cultivado en muchos países, entre otros Brasil, Camerum, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Guatemala, Haití, Jamaica, Java, Kenia, México, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, El Salvador, Tanzania y Venezuela. La otra especie es la Coffea robusta (cafeto robusta), muy apropiada para producir café instantáneo...Su origen es el Congo Belga (actualmente la República Democrática del Congo.

El Grupo Enológico Mexicano llevó a cabo ---el sábado 6 de junio--- su cata “ciega” número 174 en la cumbre del volcán Sierra Negra (donde se localiza el Gran Telescopio Milimétrico), a una altitud de 4.581 metros. Tomando en consideración el desplazamiento hacia el Estado de Veracruz de los Miembros de Número de esta asociación de enófilos, se pensó en la conveniencia de realizar una Cata maridaje de rones añejos “Mocambo” y Cafés de Córdoba en esta pintoresca ciudad veracruzana. Hasta donde puedo asegurarlo, no se había llevado a cabo en México, en una fecha anterior, una degustación de esta índole. Para ello fueron invitadas las empresas Licores Veracruz y Café Tostado de Exportación (cuyo café emblemático es del la marca “Los Portales”), ambas asentadas en Córdoba, Veracruz.

En un espacioso salón ---en un espacio rodeado de hermosos jardines--- fueron montadas las mesas, cubiertas por níveos manteles, para unas sesenta personas que asistieron a esta singular degustación. El presidium estuvo integrado por la señora Celia Barragán de Villanueva, presidente.del Consejo de Administración de Licores Veracruz (en cuya residencia se llevó a cabo esta cata maridaje); Miguel Guzmán Peredo, director general del Grupo Enológico Mexicano; Juan Antonio Lavín Torres, Presidente Municipal de Córdoba; Gabriel Bobadilla Mugirá, director de exportación de Café Tostado de Exportación; y Roberto Ladrón de Guevara, director de mecadotecnia de dicha empresa.

El licenciado José Villanueva Barragán, director general de Licores Veracruz, dio la bienvenida a los participantes, explicando la importancia de esta cata maridaje, cuya finalidad principal es de difundir el gusto por saborear la combinación de ambas bebidas cuyo origen es la ciudad de Córdoba.

Inicialmente Andrés Cachaldora, catador de Café Tostado de Exportación describió los tres tipos de café que serían degustados: Café de Altura Gourmet, Café Descafeinado Gourmet y Café Orgánico Gourmet, y las diferencias en la elaboración de los mismos.

A continuación Miguel Guzmán Peredo dio comienzo propiamente con esta Cata maridaje de rones añejos “Mocambo con cafés de Veracruz. Tres miembros del Grupo Enológico Mexicano describieron las cualidades organolépticas de cada uno de los rones degustados, enfatizando las características visuales, olfativas y gustativas de estos destilados: Raymundo López Castro hizo referencia al ron Mocambo 10 Años. En Seguida Roberto Quaas Weppen describió el ron Mocambo 15 años, y concluyó Darío Negrelos con el ron Mocambo 20 años.

La cata maridaje continuó con el servicio de los tres tipos de café. Primeramente se aprecia el café tostado y molido. En sendos platitos son servidos los tres tipos de café y el catador advierte su color, que oscila del marrón claro al negro, pasando por el marrón oscuro. Se juzga su fragancia, que transmite olores cítricos, a mandarina, limón, naranja o toronja. Luego son servidos en tres tazas, y se evalúan sus cualidades, a la vista, al olfato y al gusto. A la vista se aprecia el color y su intensidad, así como la limpidez que presenta. . Al olfato se analizan sus posibles aromas herbáceos, florales y de frutos secos. Viene luego el análisis de sus características gustativas, entre las cuales una de las principales es su acidez, su cuerpo y el retrogusto que posee..

Al concluir esta presentación, que despertó acentuado interés entre todos los participantes (quienes durante ese tiempo formularon numerosas preguntas y comentarios acerca de ambas bebidas y su maridaje), Miguel Guzmán Peredo expresó que de la misma manera como la bebida llamada “carajillo” es muy común en España, sería deseable que se instituyese otra semejante, que bien podría tener por nombre “café a la cordobesa”, resultado de la mezcla ---en la proporción que cada persona gustase--- de un café de la ciudad de Córdoba, como el de la marca “Los Portales” con un ron añejo, como el de la marca “Mocambo”.

Esta idea fue aceptada de inmediato por Juan Antonio Lavín Torres, .Presidente Municipal de Córdoba, quien mencionó que en breve se darían los primeros pasos para el lanzamiento de una campaña tendiente a promover esta deliciosa bebida, típica de la urbe cordobesa.

Para concluir con esta crónica transcribiré seis pensamientos en torno al café_

Claro que el café es un veneno lento; hace cuarenta años que lo bebo.VOLTAIRE

La mujer es como una buena taza de café: la primera vez que se toma, no deja dormir.ALEJANDRO DUMAS

Ni amigo reconciliado, ni café recalentadoANÓNIMO

El café es un bálsamo para el corazón y el espíritu.GIUSEPPE VERDI

El café es negro como el demonio, caliente como el infierno, puro como un ángel y dulce como el amor.
CHARLES MAURICE DE TALLEYRAND-PERIGORD

El café debe ser negro como el infierno, fuerte como la muerte y dulce como el amor.PROVERBIO TURCO


lunes, 8 de junio de 2009

CATA DE VINOS BLANCOS EN LA CUMBRE DEL VOLCAN SIERRA NEGRA


Degustación analítica de vinos a mayor altitud en el mundo


Imagine el lector lo que significa el hecho de encontrarse en la cumbre de un extinto volcán, de forma semejante a un cono, a una altitud cercana a los cinco mil metros, lugar al cual se tuvo acceso a bordo de un vehículo motorizado rodante. Allí en ese sitio, donde el aire es más límpido y pareciera que es posible tocar las vaporosas nubes con solo estirar las manos, ha sido construido un gigantesco aparato astronómico, visible desde una distancia considerable debido a su brillante color blanco, y a su forma semejante a una colosal cazuela metálica abierta al firmamento.

Al llegar a la cima de este agreste paraje de la alta montaña de México, nos encontramos frente a un enorme portón metálico, que permite el paso a una rotonda subterránea de casi cuarenta metros de diámetro, ubicada a seis metros de profundidad. Este insólito recinto, en las entrañas de la tierra, en la cúspide misma del volcán Sierra Negra, alberga los laboratorios, dormitorios, cocina, sanitarios y cuartos de control del Gran Telescopio Milimétrico, una prodigiosa obra de ingeniería astronómica que prestigia la investigación científica en nuestro país.

Haciendo un poco de historia mencionaré que en este amplio salón subterráneo se llevó a cabo, el sábado 14 de abril de 2007, una cata “ciega” de vinos tintos nacionales de calidad premium, organizada por el Grupo Enológico Mexicano. La experiencia resultó extraordinaria, pues los vinos ---debido a la menor presión barométrica propia de esa altitud--- mostraron características organolépticas (principalmente odoríferas) en extremo acentuadas.

Ese día tuvo verificativo una degustación insólita (el diccionario define la palabra insólita como “no común ni ordinario, desacostumbrado”) de vinos en la cumbre del volcán Sierra Negra, en el interior de las instalaciones del Gran Telescopio Milimétrico, en el lugar donde se encuentran las estancias de habitaciones, laboratorios, comedor y áreas de servicio, a casi cuatro metros bajo tierra (exactamente a tres metros setenta centímetros.. Allí se alojan los científicos que tienen a su cargo este modernísimo complejo astronómico. En el comedor se instalaron los miembros de número del Grupo Enológico Mexicano, acompañados por dos directivos del GTM, para llevar a cabo una evaluación vínica cata extraordinaria: la cata “ciega” de vinos realizada a mayor altitud en el mundo.. El Grupo Enológico Mexicano seleccionó para aquella extraordinaria degustación analítica seis vinos tintos mexicanos de gran clase, los cuales de alguna manera podrían ser calificados como premium, tanto por su cuidadosa vinificación y crianza, como por sus excelentes características organolépticas, que se ponen de manifiesto en sus magníficas cualidades a la vista, al olfato y al gusto).
Los vinos evaluados se hallaban a una temperatura de dieciséis grados centígrados.


Considerando que aquella degustación analítica había sido muy interesante, el Grupo Enológico Mexicano solicitó a los directivos del Gran Telescopio Milimétrico la autorización para realizar una segunda cata, ahora de vinos blancos, elaborados en nuestro país.

Antes de enfocar la atención en los pormenores de la segunda degustación, en ese fascinante sito de la alta montaña de México (ocasión en la cual la evaluación sensorial fue de siete vinos blancos mexicanos), señalaré algunas precisiones acerca de la ubicación del Gran Telescopio Milimétrico.

A una distancia de 250 kilómetros de la ciudad de México, en dirección sureste, se localiza la montaña más alta de este país: el Pico de Orizaba, también conocido con el nombre náhuatl de Citlaltépetl (“Cerro de la Estrella”). Está ubicada en los límites de los estados de Puebla y Veracruz. Su altitud es de 5.747 metros sobre el nivel del mar, y es la tercera altura en América del Norte, después del Monte McKinley, en Alaska (6.149 metros) y del Monte Logan, en el Yukón, en Canadá (5.951 metros). Se le conoce, igualmente, con otras denominaciones: Volcán de San Andrés, por el nombre de la población llamada anteriormente San Andrés Chalchicomula (esta palabra significa en náhuatl “siete arenales”), la actual Ciudad Serdán, ubicada a 19.3 kilómetros en línea recta de esa montaña. Se le llama Pico de Orizaba, pero cabe hacer la mención de que la distancia a la ciudad de Orizaba es de 26.4 kilómetros. Poyauhtécatl es otro de sus antiguos nombres, y significa en lengua náhuatl “el que está donde se adelgaza la neblina”. Otra designación de esta montaña es Sierra de Maltrata.

Junto al Citlaltépetl se halla otro volcán, cuyo cráter está actualmente extinguido. Su nombre es Sierra Negra, así mismo llamado cerro La Negra. Su nombre prehispánico era Tliltépetl (este vocablo significa, en lengua náhuatl, “cerro negro”), y alcanza una altitud, según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática de México ---INEGI--- de 4.583 metros sobre el nivel del mar, lo que la hace la quinta cumbre en México, después del Citlaltépetl (5.747), del Popocatépetl (5.452), de la Iztaccíhuatl (5.286) y del Nevado de Toluca ---Xinantécatl--- (4. 691 metros). Está situado a los 18°59’14.5’’ de latitud Norte, y 97°18’51.9’’ de longitud Occidente, al Oeste de Ciudad Serdán, frente a la cara sur del Citlaltépetl, a una distancia de siete kilómetros.

En este lugar, la cima del volcán Sierra Negra (en el municipio de Atzitzintla, en el estado de Puebla), funciona actualmente el telescopio más grande del mundo para observaciones astronómicas, en longitudes de onda de 1 a 4 mms, que fue inaugurado en el mes de noviembre de 2006. Desde la base de la estructura hasta la punta extrema alcanza una altura de 57 metros, y la antena parabólica tiene 50 metros de diámetro. Con esta gran área colectora, permitirá la exploración del universo, en regiones localizadas a una distancia de hasta 13 mil 500 millones de años luz, Su peso es de 620 toneladas y está conformada por 180 paneles de níquel electro-formado. El denominado proyecto GTM fue concebido hace más de quince años por científicos del Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE) de México, y de la Universidad de Massachussets, en Amherst, Estados Unidos. Es un radiotelescopio diseñado para operar en longitudes de onda de uno a cuatro milímetros, denominadas microondas u ondas milimétricas. Este Gran Telescopio Milimétrico (GTM), es el resultado de una inversión de ciento veintiocho millones de dólares (el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología ---CONACYT---- de México aportó el 70% y la Universidad de Massachussets el 30% restante). Durante más de diez años una cuadrilla de setecientos obreros trabajó en este sitio, construyendo la base del GTM, que implicó la colocación de cinco mil trescientos metros cúbicos de concreto de alta resistencia. La estructura del Gran Telescopio Milimétrico incluye dos mil quinientas toneladas de acero, que habrán de moverse con una precisión mejor a 1 segundo de arco. Se halla montado sobre treinta y siete pilones de concreto introducidos veinte metros en la montaña. Por ello se estima que será capaz de soportar sismos de intensidad superior a los nueve grados en la escala de Richter, y vientos de unos 250 km/h.

El Grupo Enológico Mexicano ha realizado (desde diciembre de 2004 hasta el presente, junio de 2009) ciento setenta y cuatro degustaciones analíticas de vinos, de las cuales trece ---catas “ciegas”--- han tenido verificativo en la alta montaña de México, a altitudes superiores a los 3.800 metros sobre el nivel del mar. Cuatro catas tuvieron lugar entre los 3.800 y los 4.000 metros. En siete ocasiones (de las trece mencionadas) la degustación fue por arriba de los 4.200 metros, y en otras dos casi a los cuatro mil seiscientos metros de altitud).

La finalidad principal de estas singulares catas ha sido la de conocer cuáles son las variaciones que se registran en lo concerniente al mensaje aromático y gustativo que transmiten los vinos, y así mismo advertir los cambios que pueden experimentar los catadores, al analizar el mensaje odorífero y gustativo de un caldo etílico cuando la degustación tiene verificativo en un sitio de la alta montaña mexicana, a considerables altitudes. En este lugar ---donde se puede hablar, en estricto apego a la certeza, de que existen condiciones de hipoxia ambiental, es decir, de disminución de oxígeno--- la presión atmosférica, que a nivel del mar es de 760 milímetros de mercurio, es aproximadamente de 460 milímetros, y por lo que respecta a la presión parcial de Oxígeno --que a nivel del mar es de 181 milímetros de mercurio-- ésta es, aproximadamente, de 85 milímetros. Puede afirmarse, utilizando otras palabras, que en este punto la presión barométrica es de un sexto de atmósfera, ya que a nivel del mar esa presión es de una atmósfera. Los resultados de estas degustaciones han sido sorprendentes, ya que en esas alturas hay menos masa de aire, lo que permite que los aromas dentro de la copa se evaporen con mayor facilidad. Las cualidades aromáticas de los vinos resaltan más claramente, en un mensaje odorífero en extremo singular. Con base a la información mencionada queda asentado que no existe en México un paraje a una altitud superior a los 4.581 metros, al cual sea posible llegar en un vehículo motorizado rodante, y en ese sitio de la alta montaña realizar una cata “ciega” de vinos.

Desde la ciudad de México viajaron los participantes en esta cata en dirección a la ciudad de Puebla (2.162 metros sobre el nivel del mar). Siguieron a Amozoc, a diecisiete kilómetros de distancia. Luego a Esperanza, setenta y siete kilómetros adelante, que se halla a 2.450 metros sobre el nivel del mar. De Esperanza al poblado de Santiago Atzitzintla (esta palabra significa, en lengua náhuatl “nuestra señora del agüita”), sito a una altura de 2.680 metros, son nueve kilómetros. Siete kilómetros adelante se halla el villorrio de Texmalaquilla, a 3.100 metros de altitud. Pocos minutos después llegamos a un punto de control, ubicado a 4.200 metros de altitud, donde los siete Miembros de Número del Grupo Enológico Mexicano participantes en esta cata “ciega” se registraron (la persona que vigila el acceso a la cima del volcán Sierra Negra tenía anotados los nombres de quienes cuentan con el permiso para ascender) antes de proseguir hacia la cumbre de la montaña. Cabe hacer mención de que desde la población de Santiago Atzitzintla hasta la cúspide de la Sierra Negra hay un desnivel de 1.900 metros.

Dos años después de aquella degustación de abril de 2007, el sábado 6 de junio de 2009 se llevó a cabo, en un amplio salón anexo al recinto central, otra cata de vinos nacionales, en esta ocasión de siete vinos blancos. De nueva cuenta hicimos un detenido recorrido por las instalaciones del Gran Telescopio Milimétrico, que es considerado un gran prodigio de la ingeniería mexicana. Al concluir esa visita, dio comienzo la cata “ciega” a las 12 horas.

Para esta cata “ciega”, en la cual serían evaluadas las características organolépticas de siete vinos blancos nacionales, el Grupo Enológico Mexicano seleccionó los siguientes vinos (mencionados por orden alfabético): Casa Grande Chardonnay, cosecha 2007, de Casa Madero. Chenin Blanc, cosecha 2006, de Bodegas de Santo Tomás. Chateau Domecq Blanco, cosecha 2006, de Casa Pedro Domecq. Chenin Colombard, cosecha 2007, de Monte Xanic. El Gran Vino Blanco Fumé Blanc, cosecha 2006, de Chateau Camou. Viña Doña Dolores Sauvignon Blanc-Macabeu, cosecha 2005, de Freixenet de México. Viognier Don Luis Cetto, cosecha 2007, de Vinícola L. A. Cetto.

Tres de esos vinos fueron de la añada 2007. Tres de la añada 2006 y uno de la 2005.

El día que tuvo verificativo la cata en el volcán Sierra Negra la atmósfera estaba radiante y el aire en extremo diáfano. La nieve cubría casi por completo, hasta la parte inferior, el Pico de Orizaba. La temperatura en el exterior del Gran Telescopio Milimétrico, registrada en la entrada, era de 4 grados centígrados.

Los vinos fueron llevados desde la ciudad de México en un contenedor Coleman Cooler Poly Lite, cuyo interior se mantenía en condiciones de frialdad gracias a varias placas congeladoras (líquido refrigerante ---substituto de hielo--- Rubbermaid Blue Ice).

La temperatura a la que fueron degustados los vinos oscilaba entre los siete y los nueve grados centígrados. A este particular es conveniente mencionar lo siguiente:

En el libro La Enciclopedia del Vino, de Luis Tomás Melgar Gil, editada por Ramón Llaca, en la ciudad de Madrid, se menciona que la temperatura de servicio de los vinos blancos debe ser entre los seis y los trece grados centígrados. En la obra El Vino, de André Dominé, editada por Köneman, en Colonia, Alemania, queda asentado que la temperatura recomendable oscila entre los 6 y los ocho grados. Allí leo lo siguiente: “Cuanto más sencillo sea un vino blanco más fresco deberá beberse, ya que sólo a temperatura relativamente baja su sabor afrutado puede destacarse lo suficiente”. Emile Peynaud, autor de El Gusto del Vino (publicado en Madrid por Ediciones Mundi-Prensa), recomienda que sean servidos estos vinos entre los ocho y los diez grados. Jancis Robinson, compiladora de la enciclopédica obra titulada The Oxford Companion to Wine (publicada por Oxford University Press), recomienda servir los vinos blancos entre los seis y los diez grados.

La Mesa de Catadores estuvo integrada por los siguientes enófilos: Josefina Jácome, Darío Negrelos, José Villanueva Barragán, Juan José Furukawa, Miguel Guzmán Peredo,.
Raymundo López Castro, Roberto Quaas Weppen.

En el salón donde se llevó a cabo la cata fueron montadas dos mesas, y ante cada catador fue colocada una manteleta impresa, alusiva a esta degustación analítica. En el exterior de ese salón la temperatura ambiental era de 6° centígrados, y en el interior oscilaba entre los siete y los nueve grados.

Las calificaciones están basadas en los parámetros que maneja el Grupo Enológico Mexicano. Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 50 y los 59 puntos son considerados “no recomendables”. Si la puntuación se halla comprendida entre los 60 y los 74 puntos, son juzgados “bebibles”. Una calificación entre los 75 y los 84 puntos permite evaluarlos como “buenos”. Si el puntaje oscila entre los 85 y los 94 puntos, son juzgados “muy buenos”. En el caso de que la calificación esté comprendida entre los 95 y los 100 puntos, entonces alcanzan la categoría de “extraordinarios”.

Los resultados fueron los siguientes:

1°.- Viogner Don Luis Cetto, cosecha 2007. Valle de Guadalupe, Ensenada, Baja California. Monovarietal 100% Viognier. 14.0% Alc. Vol. Vinícola L. A. Cetto..
Calificación: 89.57 puntos. Precio: $ 146.00

2°.- El Gran Vino Blanco Fumé Blanc, cosecha 2006. Valle de Guadalupe, Ensenada, Baja California. Monovarietal 100% Sauvignon Blanc. 13.8% Alc. Vol. Fermentación en barrica nueva de roble francés con añejamiento sobre lías por doce meses. Chateau Camou. Calificación: 88.57 puntos. Precio: $ 250.00

3°.- Casa Grande Chardonnay, cosecha 2007. Denominación Valle de Parras. Coahuila. Monovarietal 100% Chardonnay. 13.2% Alc. Vol. Fermentación y añejamiento en barrica. Casa Madero. Calificación: 87.85 puntos. Precio: $ 310.00

4°.- Chenin Blanc, cosecha 2007. Valle de Santo Tomás. Ensenada, Baja California. Monovarietal 100% Chenin Blanc. 13.0% Alc. Vol. Calificación: 86.57 puntos.
Precio: $ 110.00

5°.- Sauvignon Blanc Viña Doña Dolores, cosecha 2005. Ezequiel Montes, Querétaro. Monovarietal 100% Sauvignon Blanc. 12.5% Alc. Vol. Freixenet de México. Calificación: 82.71 puntos. Precio: $ 110.00

6°.- Chenin Colombard, cosecha 2006. Valle de Guadalupe, Ensenada, Baja California. Coupage de 95% Chenin y 5% Colombard. 13.0% Alc. Vol. Sin crianza. Monte Xanic. Calificación: 82.40 puntos. Precio: $ 305.00

7°.- Chateau Domecq Blanco, cosecha 2006. Valle de Guadalupe. Ensenada, Baja California. Coupage de Chardonnay y Viognier. 13.0% Alc. Vol. Fermentación en barrica y crianza durante seis meses en barrica de roble francés. Casa Pedro Domecq. Calificación: 81.71 puntos. Precio: $ 170.00

De acuerdo a los parámetros de puntuación del Grupo Enológico Mexicano cuatro de los siete vinos alcanzaron calificaciones superiores a los 85 puntos, motivo por el cual quedan dentro de la categoría de “muy buenos vinos. Los tres restantes superaron los 81 puntos, quedando ubicados como “buenos” vinos.

El panel de catadores eligió “mejor etiqueta” la del vino Chenin Colombard, de Monte Xanic. Y “mejor botella” la del vino Casa Grande Chardonnay, de Casa Madero..

miércoles, 27 de mayo de 2009

LOS VINOS DE AUSTRALIA Y NUEVA ZELANDIA


Hace ocho años, en ocasión de haber degustado algunos vinos australianos, escribí un reportaje acerca de aquella cata haciendo mención de que Australia es una colosal isla-continente, cuya dilatada extensión es de casi siete millones setecientos mil kilómetros cuadrados (exactamente 7.694.208, casi cuatro veces la superficie territorial de México), y cuenta --de acuerdo al censo de 2006--- con una población de poco más de veinte millones de habitantes.. Allí mencioné que en enero de 1788 desembarcaron en Australia --con la finalidad de establecer una colonia penal, en un lugar bastante alejado de la metrópoli británica-- los colonizadores ingleses que iban encabezados por Arthur Phillip. Lo hicieron en el sitio por ellos denominado Port Jackson, al cual algún tiempo más tarde se le cambió el nombre por el de Sydney, hoy en día la capital del estado de Nueva Gales del Sur.

Las primeras vides fueron plantadas, así lo aseguran los historiadores del vino en aquel país, por el propio Arthur Phillip, en las inmediaciones de la tienda de campaña que le servía de provisional habitación. Ya en un año tan lejano como 1822 un vino tinto elaborado por Gregory Blaxland ganó una medalla de plata, en un concurso celebrado en Londres. Cinco años más tarde ese mismo vitivinicultor recibió una medalla de oro en el mismo certamen, en virtud de la gran calidad de sus vinos.

(Acerca del vocablo Australia diré que en la Enciclopedia Wikipedia encontré la siguiente información: “ El nombre de Australia tiene una doble etimología. Por un lado deriva del latín Australis, que significa del sur: leyendas de una “tierra desconocida del sur” (terra australis incógnita) que datan de los tiempos romanos, y eran frecuentes en la geografía medieval, pero inciertas. Por otra parte, Pedro Fernández de Quirós descubrió una isla en el archipiélago de las Nuevas Hébridas (actual Vanuatu) nominada Austrialia del Espíritu Santo, mezclando las palabras Austral, de la leyenda, y Austria, la dinastía a la sazón reinante en España, originando así el nombre con el que en el futuro se conocerían las tierras al sur de la Nueva Guinea).

La producción de vino en Australia, en 1993, fue de cuatrocientos millones de litros, y la exportación llegó a los ciento dieciséis millones de litros, equivalente al veintiocho por ciento de la producción. Para 1995 esa comercialización en el exterior fue de más de ciento treinta millones de litros de vino, y se estimada que por esos días funcionaban en Australia más de novecientas empresas vitivinícolas. Doce de ellas, las más importantes por el volumen de vino que elaboraban, producen el sesenta por ciento del total del vino australiano.

Cifras más actualizadas permiten asegurar que la producción de vino en Australia, en 2008, fue de más de mil 200 millones de litros, lo que permite ubicar a este país dentro de los diez más importantes en el orbe. La superficie de su viñedo es de 166 mil hectáreas, ya que entre 1994 y 2004 se duplicó la superficie plantada con vid.

Australia produce actualmente alrededor de la tercera parte del vino que España, con tan sólo 166 mil hectáreas de viñedo, casi ocho veces menos que la superficie vitícola española (La superficie cultivada de viñas en aquel país europeo se aproxima al millón de hectáreas). En el año 2005 la producción de vino en Australia fue, por su volumen, la sexta más grande en el mundo, y se ha dicho que en los veinte años más recientes la superficie vitícola se ha incrementado un ciento sesenta por ciento. Con una producción estimada, aproximadamente, en mil trescientos millones de litros de vino alcanza sorprendentes niveles por su volumen de exportaciones, que son de mas del cuarenta por ciento de la producción total.

El vino es elaborado en más de sesenta regiones vitivinícolas, lo que pone de manifiesto la amplia gama de climas y suelos. En Australia hay viñedos en 4 de los 6 estados que integran la federación australiana, y el número de bodegas vitivinícolas asciende a mil trescientos cincuenta. Por lo que concierne a la producción de vino en el área de Australia Meridional es producido el 50% del vino australiano. En Nueva Gales del Sur es elaborado el 32% del total. Y en Victoria el 14% (por lo que ocupa el tercer lugar de la producción nacional.

Seis son las cepas más importantes por el volumen de su cultivo: Shiraz, Chardonnay, Cabernet Sauvignon, Merlot, Semillon y Colombard. La cepa Shiraz fue en 2006-2007 la más ampliamente utilizada para elaborar vinos australianos. En segundo lugar figuró la variedad Chardonnay. Y en tercer lugar la cepa Cabernet Sauvignon.

Me parece conveniente citar a Peter Forrestal, editor del libro The Global Enciclopedia of Wine (publicada en Australia, en 2002, por la empresa Global Book Publishing), quien afirma que dicho país insular exportó en 1997 doscientos dieciséis millones de litros de vino. Veintidós años antes esa comercialización había sido del orden de los treinta y nueve millones de litros. El 45% de esas ventas foráneas van al Reino Unido, y otros importantes importadores de estos deliciosos caldos báquicos son Estados Unidos de América, Canadá, Japón y los países escandinavos. Acerca de la colosal extensión de esta isla-continente ese autor refiere que la región vitivinícola de Margaret River (no lejos de la ciudad de Perth, en el extremo occidental de Australia) se halla más distante de Hunter Valley, en las cercanías de la ciudad de Sydney, que Jerez, en España, de Tokaji, en Hungría.

Stuart Pigott, autor del precioso libro Planet Wine, consigna que “las primeras vides de la variedad Shiraz ---llamada Syrah en el Valle del Ródano, en Francia--- fueron plantadas en el Valle de Barossa en los años posteriores a la fundación de la población de Betania (la más antigua en esta región), allá por el año 1842. Ese cultivo fue llevado por los emigrantes que profesaban el culto luterano, quienes se exiliaron de su natal Silesia, entonces Alemania y ahora Polonia”

Barossa Valley, en Australia Meridional, cerca de la ciudad de Adelaide, es la que posee el mayor numero de bodegas. De esta importante región vitivinícola australiana asienta Luis Tomás Melgar Gil, en la obra La Enciclopedia del Vino (Editorial Ramón Llaca y Cía, de Madrid; 2008), lo siguiente: “Es la zona vinícola más conocida de Australia, tanto por su antigüedad, 1847, como por la peculiaridad de sus vinos. Colonizada en gran parte por alemanes, aún se habla en ella un dialecto alemán”.

Abundando la información acerca de esta zona vitivinícola asentaré que en la década de los años treintas, del siglo pasado, en el Valle de Barossa se elaboraban las tres cuartas partes del vino en ese país meridional. Y al referirse al vitivinicultor Wolf Blass, el autor Anthony Rose señala (en la enciclopédica obra El vino, de casi mil páginas, publicada en la ciudad de Colonia, en el año 2000, por la editorial Könemann, de la cual figura como compilador André Dominé) lo siguiente: “En vinos tintos destacó Wolf Blass, con impecables mezclas de distintas variedades, y una perfecta crianza en barricas; sus vinos competían en ferias, y su vino Wolf Blass Black Label ganó en forma consecutiva en 1974, 1975 y 1976 los tres más preciados trofeos Jimmy-Watson”

Wolf Blass, un enólogo alemán avecindado en Australia, inició en 1967 sus actividades como productor independiente de vinos, en Nuriopta, en el extremo norte del Valle de Barrosa, y a fines de 1990 ya había recibido dos mil quinientos setenta y cinco premios, distinciones y medallas, en certámenes nacionales e internacionales..De ese crecidísimo número de galardones, suman 135 los trofeos, 712 las medallas de oro, 812 las preseas de plata, 869 las de bronce, y ascienden a 47 los diplomas recibidos por los vinos de esta bodega. En el portal Mondovino leo que “en los últimos años ha conseguido elevadas puntuaciones en revistas como Wine Spectator y The Wine News, así como importantes galardones (Internacional Wine Challenge 2007: medalla de oro). Y los premios "Winery of the Year 2002" (Internacional Wine Challenge) y "Australian Winery of the Year 2001" y "Winemaker of the Year 2002" (Internacional Wine & Spirits Competition).

Respecto a Nueva Zelandia ( New Zealand, o bien Aotearoa , “la tierra de la blanca nube”) en lengua maorí) mencionaré que es un país insular, distante casi mil setecientos kilómetros de Australia, cuya extensión territorial es de 268.680 kilómetros cuadrados. Como punto de comparación diré que la superficie del estado de Chihuahua, en México, es un poco menor: ----247.087 kilómetros cuadrados----, y que el número de sus habitantes, de acuerdo al censo de 2007, asciende a poco más de cuatro millones.

El nombre de este país de Oceanía deriva del que impusieron los cartógrafos holandeses: Nova Zeelandia, en honor a una provincia de Holanda llamada Zelanda. En Hispanoamérica se utiliza la denominación Nueva Zelandia, mientras que en España se le designa Nueva Zelanda. En inglés es New Zealand

(Cabe agregar que existen otros nombres cuya grafía termina en ia, como los que a continuación enlisto: Amazonia, Lacandonia, Patagonia, Bolivia y Morelia, entre varios otros)

En el año 1819, cuando esta nación se hallaba bajo la hegemonía del Reino Unido, fueron sembradas las primeras vides, llevadas desde Australia por Samuel Marsden. Ese cultivo dio comienzo en la zona denominada Kerikeri, cerca de la costa noreste de la Isla Norte. Existen registros de ese inicial sembradío del misionero inglés Marsden, pero no de que haya elaborado vino..

La vendimia de 2005, en Nueva Zelandia, produjo más de cien millones de litros de vino. Un año más tarde la producción llegó a los ciento treinta y tres millones de litros. Conviene recordar que diez años antes, en 1996, había sido de cincuenta y siete millones de litros. Los principales mercados foráneos son, por orden de importancia los siguientes: Australia, Estados Unidos de América, Reino Unido, Canadá, Dinamarca e Irlanda..

Anthony Rose, citado líneas arriba, afirma que “Nueva Zelandia es la zona vitícola más austral del hemisferio sur. Las once regiones vitícolas de este país se extienden a lo largo de mil doscientos kilómetros, lo cual corresponde en el hemisferio norte a la distancia entre Champagne, en Francia, y los viñedos del norte de África”.

La región más famosa en Nueva Zelandia, vitivinícolamente hablando, es Marlborough, en la parte septentrional de la Isla del Sur, al sureste de la ciudad de Nelson. Allí prolifera el cultivo de la cepa Sauvignon Blanc, sembrada en el 58% del viñedo nacional. El viñedo en Marlborogh se remonta al año 1870, si bien la industria vínica comenzó en gran escala en 1973. Es la segunda área por su producción de vino (existen 60 bodegas, en comparación con el área de Auckland (nombre de la ciudad más importante de Nueva Zelandia; la capital es Wellington), que cuenta con más de ochenta empresas), pero ostenta el galardón de contar con la mayor extensión en lo que concierne a la superficie del viñedo en el país..

Por la importancia de su terroir fue escogida esta área neocelandesa por el Marqués Lodovico Antinori, prestigiado productor de vinos en Italia, para instalar allí la bodega Tenuta Campo di Sasso, en la ciudad de Blenheim, en el Valle de Marlborough. .

Un pormenor más acerca de la vitivinicultura en Nueva Zelandia. En alguna fuente de información leí que la obturación de las botellas de vino por medio de una tapa rosca (screw cap) comenzó en esta nación austral. Este procedimiento ---que ha motivado profundas controversias a nivel mundial, porque los tradicionalistas señalan que no existe nada mejor que el tapón de corcho--- empezó en el año 1972, en Suiza, para obturar vinos de la bodega Hammel, elaborados con la cepa Chasselas. En Francia, las botellas de los excelentes vinos de la marca Chateau Haut-Brion, de las cosechas 1971 y 1972, fueron cerradas con tapa rosca. En 1976 un grupo de expertos catadores, convocado por esa prestigiada bodega de Burdeos, degustó esos vinos y su opinión fue en el sentido de que mostraban las mismas características organolépticas que los vinos que llevaban tapón de corcho.

En Australia fue adoptado este método a fines de 1976, ya que tanto los australianos como los neocelandeses mostraban mucha resistencia al empleo de la tapa rosca. Cabe agregar que en el año 2001, en Nueva Zelandia, el 1% del vino embotellado llevaba esta tapa. Tres años más tarde, el 70% de las botellas de vino de ese país contaba con screw cap, Esto significa, en números redondos, que ciento veinte millones de botellas (noventa millones de litros) de vino de Nueva Zelanda llevan tapa rosca.

Para concluir con el tema de la tapa rosca mencionaré que en Estados Unidos de América (principalmente en California y en Oregon) este método de obturación de las botellas que contienen vino ha cobrado un señalado incremento. .

La cata “ciega mensual número 173 del Grupo Enológico Mexicano tuvo lugar, en fecha reciente, en un salón del restaurante “Bistro 235”, en Polanco. Para esa degustación analítica fueron seleccionados cinco vinos de Australia y uno de Nueva Zelandia, comercializados en México por la empresa Cyrnos..

La Mesa de Catadores estuvo integrada esa tarde por los siguientes enófilos: Patricia Amtmann, Alejandra Vergara de Del Valle, Roberto Quaas Weppen, José del Valle Rivas, Darío Negrelos, Rafael Fernández Flores, Joaquín López Negrete, Rafael De Orellana, Gabriel Iguiniz, Mauricio Romero Gatica y Miguel Guzmán Peredo.

Las calificaciones están basadas en los parámetros que maneja el Grupo Enológico Mexicano. Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 50 y los 59 puntos son considerados “no recomendables”. Si la puntuación se halla comprendida entre los 60 y los 74 puntos, son juzgados “bebibles”. Una calificación entre los 75 y los 84 puntos permite evaluarlos como “buenos”. Si el puntaje oscila entre los 85 y los 94 puntos, son juzgados “muy buenos”. En el caso de que la calificación esté comprendida entre los 95 y los 100 puntos, entonces alcanzan la categoría de “extraordinarios”.

Los resultados fueron los siguientes:

Vinos blancos:

1.- Black Opal Chardonnay, cosecha 2005. Barossa Valley, Australia. Monovarietal 100% Chardonnay. 13.o% Alc. Vol. Crianza de 3 meses en barrica de roble francés. Wolf Blass Winery. Calificación: 83.77 puntos. Precio: $ 197.00

2.- Wolf Blass Yellow Label Chardonnay, cosecha 2006. Barossa Valley, Australia. Monovarietal 100% Chardonnay. 13.0% Alc. Vol. Crianza de 4 a 6 meses en barrica de roble francés y americano. Wolf Blass Winery. Calificación: 82.22 puntos. Precio: $ 267.00

3.- Mount Nelson Sauvignon Blanc, cosecha 2007. Marlborough, New Zeland. Monovarietal 100% Sauvignon Blanc. 12.5% Alc. Vol. Crianza de 3 meses en barricas de roble francés y americano. Tenuta Campo di Sasso Limited. Blenheim, New Zealand. Calificación:82.00 puntos. Precio: $ 386.00

Vinos tintos:

1.- Wolf Blass Yellow Label Cabernet Sauvignon, cosecha 2004. Barossa Valley, Australia. Monovarietal 100% Cabernet Sauvignon. 13.5 % Alc. Vol. Crianza de 4 a 6 meses en barrica de roble francés y americano. Wolf Blass Winery. Calificación: 84.44 puntos. Precio: $ 267.00

2.- Presidents Selection Shiraz, cosecha 2004. Barossa Valley, Australia. Monovarietal 100% Shiraz. 14.5% Alc. Vol. Crianza de 14 meses en barrica de roble francés y americano. Wolf Blass Winery. Calificación: 84.22 puntos. Precio: $ 472.00


3.- Black Opal Shiraz/Cabernet, cosecha 2004. Barossa Valley, Australia. Coupage de 53% Shiraz y 47% Cabernet Sauvignon. 13.4 % Alc. Vol. Crianza de 4 a 6 meses en barricas de roble francés y americano. Wolf Blass Winery. Calificación: 82.33 puntos.
Precio: $ 197.00

Al finalizar la evaluación de tan magníficos vinos fue servida una exquisita cena, confeccionada por Mauricio Romero Gatica y Héctor Dongú, chefs del restaurante “Bistro 235”. La entrada fue Ensalada de espárragos verdes, con pera, queso azul y crocante de amaranto. El platillo principal fue Solomillo de ternera con costra de frutos secos y adobo de tres chiles. El postre consistió en Jericaya con helado de rompope.

Los vinos blancos degustados con los manjares fueron los siguientes: Black Opal Chardonnay, cosecha 2005, y Mount Nelson Sauvignon Blanc, cosecha 2007. Y el vino tinto President’s Selection Shiraz, cosecha 2004.

miércoles, 1 de abril de 2009

CATA DE VINOS LURTON DE ESPAÑA Y FRANCIA

Francois Lurton es toda una institución en el mundo de los vinos, a quien el boletín Cava Argentina (edición del 9 de marzo de 2009) entrevistó, con la finalidad de ponderar su ameritada proyección en la vitivinicultura de ese país del Cono Sur, ya que es reconocido como uno de los grandes personajes franceses de la vitivinicultura mundial, que ha realizado crecidísimas inversiones , desde hace más de diez años en Argentina.

Produce más de 70 vinos en sus distintas bodegas ubicadas en Francia, España, Portugal, Argentina y Chile. Se inició en el mundo del vino con su familia. Recuerda que, cuando tenía 14 años, con su hermano Jacques jugaban a las cartas en las noches para no quedarse dormidos y cada una hora chequear la temperatura de las cubas, cuando estas no eran tan sofisticadas como las actuales. Posteriormente llegó a Mendoza para invertir en la producción de su primer vino argentino "Gran Lurton". Allí comenzó con una producción de 25.000 botellas. Hoy, ya lleva invertidos más 14 millones de dólares, y frente a la coyuntura actual, sus bodegas en todo el mundo le permiten desarrollar estrategias para amortiguar los coletazos de la crisis internacional.

Cuando se le preguntó acerca de sus orígenes como viticultor, y de los motivos que lo llevaron a elaborar vinos fuera de Francia, respondió diciendo: “Al principio, cuando con mi hermano Jacques decidimos hacer vinos fuera de nuestro país, fuimos llamados traidores por los franceses, porque estábamos exportando el conocimiento sobre cómo se hacen los vinos allá. Soy la quinta generación de bodegueros de mi familia. Dentro de Francia tenemos una reputación muy grande, y mi padre durante años se ha peleado con el Estado por obtener beneficios para los bodegueros. Entonces ver a su hijo que producía vinos en la competencia fue muy difícil, tanto para mi padre como para mi familia. Pero le expliqué a todo el mundo, en ese momento, que la mejor manera de exportar vinos franceses a esos países era ser conocido allí. Y para lograr este objetivo había que producir vinos en el país, porque así mi nombre y marca se conocen más. Eso es lo que llamamos globalización. Es lo que ha hecho Chandon antes que nosotros”. .
Al preguntársele con respecto a su producción de vinos en cinco países: Argentina, Chile, España, Francia y Portugal, afirma que “Tener esta malla de bodegas en todo el mundo, me permite responder a cada mercado de acuerdo a lo que demande. La idea es ofrecer mis vinos y adaptarme a los requerimientos del mercado. Por ejemplo, hay plazas que hoy buscan vinos baratos, entonces lo que puedo hacer frente a la crisis es ofrecerle vinos de Argentina o Chile, que son baratos, cosa que no podría hacer con vinos de Francia. Le puedo ofrecer a mi distribuidor diferentes productos, que se adapten a sus necesidades”

En seguida agrega: “Hay una idea en e Nuevo Mundo acerca de que los vinos de calidad deben ser producidos en poco volumen. Yo vengo de Burdeos, y los vinos caros tienen altos volúmenes. Por ejemplo: Chateau Margaux (uno de los vinos más caros del mundo, cuyo precio por botella, de una cosecha reciente, supera los mil quinientos dólares) tiene una producción de 300.000 botellas. Mi trabajo es tratar de desarrollar vinos caros y de altos volúmenes, pero no vendo mis vino sen todos los mercados, porque los vinos tienen que estar adaptados al mercado. Los vinos de Argentina se adaptan muy bien a los mercados de América, como Estados Unidos, Brasil, Canadá y al norte de Europa”

Francois Lurton tiene 50 años y es la quinta generación bodeguera de su familia. Su padre, André, es dueño de siete chateaux en Francia..

La cata “ciega mensual número 172 del Grupo Enológico Mexicano tuvo lugar en un salón del restaurante “Bistro 235”, en Polanco. Para esa degustación analítica fueron seleccionados ocho vinos de Domaines Francois Lurton, elaborados en España y Francia.

La Mesa de Catadores estuvo integrada esa tarde por los siguientes enófilos: Patricia Amtmann, Alejandra Vergara de Del Valle, José del Valle, Darío Negrelos, Alejandro Guzmán Galán, Joaquín López Negrete, Robertop Quaas, Rodolfo Fonseca Larios, Mauricio Romero Gatica y Miguel Guzmán Peredo.

Las calificaciones están basadas en los parámetros que maneja el Grupo Enológico Mexicano. Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 50 y los 59 puntos son considerados “no recomendables”. Si la puntuación se halla comprendida entre los 60 y los 74 puntos, son juzgados “bebibles”. Una calificación entre los 75 y los 84 puntos permite evaluarlos como “buenos”. Si el puntaje oscila entre los 85 y los 94 puntos, son juzgados “muy buenos”. En el caso de que la calificación esté comprendida entre los 95 y los 100 puntos, entonces alcanzan la categoría de “extraordinarios”.

Los resultados fueron los siguientes:

Vino blanco:

Les Salices Sauvignon Blanc, cosecha 2007. Vin de Pays d’Oc. Francia. Monovarietal 100% Sauvignon Blanc. 12.08% Alc. Vol. Crianza de 6 meses (una parte del vino) en barrica. Domaines Francois Lurton. Calificación: 82.25 puntos: Precio: $ 180.00

Vinos tintos:

1.- Chateau des Erles, cosecha 2004. A.O.C. Fitou. Francia. Coupage de 50% Syrah, 25% Garnacha y 25% Cariñena 13.5% Alc. Vol. Crianza durante 18 meses en “demi-muid” (barrica de 600 litros). Embotellado sin filtración. Domaines Francois Lurton. Calificación: 88.75 puntos. Precio: $ 1.1.80.00

2.- El Albar Excelencia, cosecha 2003. Denominación de Origen Toro. España. Monovarietal 100% Tinta del País. 15.0 % Alc. Vol. Crianza de 16 a 18 meses. Embotellado sin filtración. Domaines Francois Lurton. Calificación: 86.13 puntos .. Precio: $ 945.00

3.- El Albar Barricas, cosecha 2004. Denominación de Origen Toro. España. Monovarietal 100% Tinta del País. 15.0 % Alc. Vol. Crianza de doce meses en barricas, un tercio nuevas. Domaines Francois Lurton. Calificación: 85.75 puntos. Precio: $ 466.00
4.- Mas Janeil, cosecha 2006. A.O.C. Cotes de Rousillon. Coupage de 60% Garnacha, 30% Syrah y 10% Monastrell. 14.38% Alc. Vol. Cada cepa se cría por separado en barricas de roble francés, durante doce meses, antes de ensamblarlas. Domaine Maury Village.
Calificación: 83.25 puntos. Precio: $ 298.00

5.- Salamandra, cosecha 2006. Vino de la Tierra de Castilla y Leon. España. Monovarietal 100% Tempranillo. 13.0% Alc. Vol. Crianza de tres meses en barrica de roble francés. Domaines Francois Lurton. Calificación: 81.13 puntos. Precio: $ 199.00

6.- Les Salices Pinot Noir, cosecha 2007. Vin de Pays d’Oc. Francia. Monovarietal 100% Pinot Noir. 13.24% Alc. Vol. Crianza de seis meses en barrica. Domaines Francois Lurton. Calificación: 78.63 puntos. Precio: $ 208.00

7.- Cuvés des Ardoises, cosecha 2003. A.O.C. Fitou. Francia. Coupage de 40% Garnacha, 30% Syrah y 30% Cariñena. 13.0% Alc. Vol. Crianza de doce meses en barrica, de las cuales un tercio son nuevas. Domaines Francois Lurton. Calificación: 78.38 puntos. Precio: $ 305.00

Al concluir la degustación evalativa los catadores saborearon una exquisita cena, preparada por los chefs del “Bistro 235” Mauricio Romero y Héctor Dongu, consistente en Crema de lenteja con jamón serrano y raviol de Foie, y a continuación Esmedregal con mejillones al curry y azafrán. Con el primer guiso bebimos Les Salices Sauvignon Blanc, cosecha 2007, y el pescado lo acompañamos con los vinos El Albar Barricas, cosecha 2004, y Chateau des Erles, cosecha 2004. Luego sirvieron el postre: Tarta de chocolate blanco y zarzamoras, muy delicioso.

viernes, 27 de marzo de 2009

LA GASTRONOMIA EN EL ALCAZAR DE CHAPULTEPEC

Después de una azarosa peregrinación llegaron, en 1325, al Valle de Anáhuac los tenochcas --los aztecas que habrían de fundar la ciudad de México-Tenochtitlan---, quienes habían sido guiados por su deidad tutelar Huitzilopochtli (“colibrí izquierdo” o “colibrí del sur”) desde las áridas tierras septentrionales hasta nuevas y promisorias regiones, donde habrían de encontrar la señal de que allí era el sitio escogido por sus divinidades, para que fuese su lugar de residencia y desde donde habrían de enseñorearse por doquier.

En aquel feraz valle lacustre los mexicas contemplaron un promontorio natural y lo llamaron Chapultépetl. Esta palabra proviene de las raíces, en lengua náhuatl, chapul o chapulli, que significa grillo, y tépetl, que es equivalente a cerro. Es probable que en ese paraje hubiese una gran cantidad de esos insectos (también llamados saltamontes y langostas), y por esa razón le dieran ese nombre a una colina que se levantaba en medio de un tupido bosque.

En la obra Enciclopedia de México se menciona que “chapulín (langosta en náhuatl) es la denominación genérica para todos los insectos acrídicos llamados saltamontes”. Al hacer mención de la palabra Chapultepec consigna que “los aztecas llegaron en el año 9-Pedernal (1280 de nuestra era) y fundaron México-Tenochtitlan en 1325. Chapultepec se convirtió para los aztecas en lugar sagrado”.

Hermilo de la Cueva, en su libro Chapultepec, consigna que los aztecas, guiados por su caudillo Tenoch ---el supremo sacerdote de esa tribu--- llegaron en 1216 y contemplaron un bosque y un cerro al que dieron el nombre de Chapultépetl.

Por otro lado, en el libro La fundación de la ciudad de México, del ameritado historiador Luis Castillo Ledón, leo que “los aztecas estuvieron en Chapultepec, al que dieron nombre, entre los años 1245 y 1280. Ya los toltecas lo habían descubierto en 1122. El nombre de Chapultepec proviene de las raíces chapolin, que significa en náhuatl chapulín o grillo, y tépetl, cerro. La razón de esta denominación es obvia, porque el cerro tiene forma de chapulín”.

Acerca del hecho de que, a juicio de ese autor, el cerro tenga la forma de un chapulín, recuerdo que muchos otros cerros ---a lo largo y ancho de México--- tienen un nombre que, de alguna manera hace alusión a una planta o a un animal, lo que, a mi parecer, me inclina a suponer que, en el pasado, en esos sitios hubiese abundancia de las especies botánicas y zoológicas cuyo nombre va implícito en su denominación. A manera de ejemplo enlistare los siguientes: Ahuacatepec (cerro de los aguacates), Chiltepec (cerro de los chiles), Jilotepec (cerro de los jilotes: mazorca de maíz tierna), Juchitepec (cerro de las flores), Coatepec (cerro de las víboras), Totoltepec (cerro de los guajolotes), Cacalotepec (cerro de los cuervos), Huilotepec (cerro de las huilotas, una especie de paloma).

Abundando en estas citas diré que en la Guía de la ciudad de México encontré la siguiente información: “El célebre rey poeta Nezahualcóyotl vino a residir a Chapultepec, donde construyó un palacio al pie del cerro, así como las obras de los manantiales y acueductos. La casa de Nezahualcóyotl, junto al cerro, continuó siendo residencia de los tlatoanis, y el sitio fue siempre un lugar sagrado...Hubo en la cima del cerro un teocalli, y sirvió también como sitio de observación astronómica, materia en la que los indios lograron grandes progresos”.

Pasados los años, el tlatoani mexica Moctezuma Ilhuicamina (“iracundo”) ---el primer gobernante del imperio azteca en llevar el nombre de Moctezuma--- ordenó, en 1440, la construcción de un acueducto para aprovechar las cristalinas aguas de los manantiales de Chapultepec, y llevar ese cauce hídrico hasta la parte céntrica de Tenochtitlan. En la cumbre de esa colina los aztecas edificaron un recinto ceremonial para honrar a sus númenes tutelares.

A la caída de Tenochtitlan, en 1521, en manos de los conquistadores españoles, encabezados por Hernán Cortés, dio comienzo el periodo virreinal en el país llamado la Nueva España. El cuadragésimo octavo virrey Matías de Gálvez ordenó, en 1784, la edificación de una fortaleza, a la cual se le comenzó a llamar el Castillo de Chapultepec. Su hijo y sucesor Bernardo de Gálvez concluyó esa obra, en estilo barroco, en el año 1786, que debía servir como casa de verano para el virrey. Entre 1789 y 1794 fungió como virrey Juan Vicente de Güemes, Conde de Revillagigedo, y decidió que ese edificio fuese destinado a albergar el Archivo General del Reino de la Nueva España, pero la idea no prosperó. En el año 1806 el Castillo de Chapultepec fue adquirido por el gobierno municipal de la ciudad de México, pero permaneció abandonado de 1810 a 1821. Dos décadas más tarde se instaló allí la Academia Militar, siendo severamente bombardeado por el ejército invasor en septiembre de 1847, en ocasión de la intervención estadounidense en México. El Castillo quedó semidestruido, saqueado y abandonado hasta el año 1859, cuando Miguel Miramón, presidente de México (quien había sido cadete durante el bombardeo de Chapultepec, en 1847), ordeno su reconstrucción y la reinstalación del Colegio Militar.

A esta edificación se le suele llamar el Alcázar de Chapultepec, denominación que proviene del nombre de los castillos de los reyes moros de Sevilla. La palabra deriva del árabe
qasr, con adición del artículo al, que significa palacio, e igualmente castillo. En el portal Wikipedia aparece que “un alcázar es un tipo de edificación en España similar a un castillo o palacio”. Agregaré que son famosos en España los siguientes llamados genéricamente Alcázar: el de Toledo, el de Segovia, el de Córdoba y el de Madrid.

Debido a los múltiples conflictos políticos, bélicos, económicos y sociales que se registraban en México entre los años 1821 y 1860, no faltaron aquellos que pensaron que los mexicanos eran incapaces de gobernarse por sí mismos, y para ello comenzaron las gestiones de un grupúsculo de descastados, quienes en 1859 fueron a Europa a entrevistarse con Maximiliano (en el Castillo de Miramar), para ofrecerle que viniese a ceñirse la corona del Imperio de México. Ya había quedado atrás la triste experiencia del Primer Imperio Mexicano, cuando Agustín de Iturbide (quien combatió al ejército insurgente de Miguel Hidalgo, en la batalla de Las Cruces; y quien también, junto con Vicente Guerrero, culminó el movimiento de consumación de la independencia nacional) se hizo elegir Emperador de México en 1821, Coronado el 20 de julio de 1822 , Agustín I se vio obligado a abdicar el 19 de marzo del año siguiente. Fue exiliado a Europa, pero retornó a México alentado por sus partidarios. Desembarcó el 14 de julio de 1824 en Soto la Marina, en el estado de Tamaulipas, pero fue reconocido y, como pesaba sobre su cabeza la pena de muerte si volvía a México, se le sometió a un juicio sumario y fue fusilado el 19 de ese mismo mes, en la población de Padilla, en la misma entidad..

El Segundo Imperio Mexicano fue el de Ferdinand Maximilian Joseph von Habsburg-Lothringen, nacido el 6 de julio de 1832 en Viena, segundo hijo del archiduque Francisco Carlos del Imperio Austro-Húngaro, y de la archiduquesa Sofía de Baviera, si bien se piensa que su padre fue, en realidad, Napoleón II, el hijo de Napoleón Bonaparte (a quien El Gran Corso llamaba “El Aguilucho”). Maximiliano contrajo nupcias, el 27 de julio de 1857, con la hija del rey de Bélgica, Leopoldo I, quien nacida el 7 de junio de 1840
fue bautizada con los siguientes nombres: Marie Charlotte Amelie Augustine Victoire Clementine Leopoldine.

Ya desde 1860 tanto Napoleón III, de Francia, como Francisco José, Emperador de Austria (y hermano mayor de quien habría de figurar como “Emperador de México”), y Leopoldo I, de Bélgica, buscaban que el archiduque Maximiliano aceptara la corona del “Imperio de México”, pues significaría para aquellos una forma de intervención política, militar y económica en un país tan ubérrimo como México. Vino entonces la segunda intervención bélica de Francia en México (la primera tuvo lugar en 1847), y el 5 de mayo de 1862 el general Ignacio Zaragoza derrotó, en Puebla, al llamado “primer ejército del mundo”, comandado por Charles Ferdinand Latrille conde de Lorencez, formado por nutridos contingentes de zuavos.y de húsares. (Zuavo era el nombre de ciertos regimientos ---originarios de Argelia--- de infantería del ejército francés a partir de 1830. Los húsares, palabra húngara que significa “bandido del gran camino”, tuvieron su origen en Hungría, en 1485, y eran regimientos de caballería ligera)

Continuaron desencadenándose los acontecimientos y las intrigas palaciegas, y tras de verse obligado a renunciar a sus títulos de Archiduque de Austria y Príncipe de Hungría y Bohemia, condición sine qua non para que viajase a México como cabeza del imperio, Maximiliano y Carlota dejaron su hermoso castillo de Miramar, en la costa italiana de Trieste, bañada por el mar Adriático, y salieron en la fragata austriaca “Novara” hacia México, el 14 de abril de 1864, país que, de acuerdo a lo que aseguran los historiadores, contaba entonces con ocho millones de habitantes. Los indígenas sumaban cinco millones, Había dos millones de negros y mestizos, y un millón de blancos. .

Desembarcaron en Veracruz el 28 de mayo de 1864 y llegaron a la ciudad de México dos semanas más tarde. La entrada triunfal a la capital del nuevo imperio fue el 12 de junio. Maximiliano y Carlota eligieron vivir en el Castillo de Chapultepec, al que ---una vez remozado de acuerdo a sus deseos--- darían el nombre de Palacio Imperial de Chapultepec y Miravalle, en recuerdo de su añorado Castillo de Miramar. Para ello ordenó Maximiliano que su rehabilitación fuese en un estilo neoclásico y estuviese a la obra cargo de arquitectos mexicanos y europeos. Una de sus primeras indicaciones fue que se construyese una amplia avenida que permitiese el recorrido entre Chapultepec y el Palacio Nacional, en la plaza principal de México, la cual que llevaría el nombre de Paseo de la Emperatriz. Años más tarde esa hermosa vía recibió el nombre de actualmente lleva: Paseo de la Reforma.

Ese año de 1864 Maximiliano cambió de sede el Colegio Militar, y dispuso que las habitaciones de los monarcas fuesen instaladas en el extremo oriental del Alcázar de Chapultepec. Luego encargó a Europa jarrones de alabastro, mármoles y bronces, candiles de Murano, tibores de China, gobelinos de Flandes y alfombras persas. A más de lo anterior, deseoso de que el Castillo de Chapultepec fuese una lujosa residencia imperial, hizo traer las más finas vajillas, cristalería de Checoslovaquia y cubertería de Christofle, para que las recepciones ofrecidas por sus Majestades fuesen dignas del boato más exquisito.

Es del todo interesante conocer la opinión de Suzanne Desternes y Henriette Chandel, autoras del documentado libro Maximiliano y Carlota, acerca de la cotidiana manducatoria de los monarcas: “”La pareja imperial lleva una vida simple. El emperador, levantado a las cuatro de la mañana, se pone ante su escritorio. A las nueve, frugal desayuno. Luego reanuda su labor, lecturas, audiencias, consejo de ministros. La comida a las tres de la tarde, se sirve con sencillez burguesa. El emperador y la emperatriz se sientan uno al lado del otro. En general, tres o cuatro invitados que se sientan a su vera, a menos que los soberanos los llamen cerca de ellos. Tres criados para el servicio; a veces dos solamente. En suma, una existencia sin aparato. Maximiliano siempre viste de gris, de pies a cabeza. Carlota usa vestidos que suben, lisos, oscuros, alegrados únicamente por el cuello y los puños de encaje blanco. Todo el lujo imperial está concentrado en Chapultepec, la residencia de los soberanos fuera de la capital. Maximiliano no ha podido resistirse a su demonio: quiere hacer de Chapultepec un Miramar mexicano”

Luego estas autoras comentan que “Los soberanos hacen traer de Europa muebles antiguos y modernos, con frecuencia escogidos por la emperatriz Eugenia, la consorte de Napoleón III, el monarca de Francia. Pianos de ébano con incrustaciones de oro, gabinetes de Boulle. La recámara de gala es magnífica: lecho y velador en madera negra taraceada de rojo, asientos cubiertos de sedería azul, que hacen resaltar los dorados de las paredes y de los techos. Se cuelgan tapicerías en las grandes salas castellanas. Se instalan salas de baño en mármol. Dondequiera las arañas de cristal arrojan un resplandor maravilloso. Maximiliano se complace en crear este lujo en armonía con el marco grandioso. Un lujo que, ¡ay!, exige mucho dinero”.

Los frecuentes banquetes servidos en el Alcázar de Chapultepec muy pronto hicieron indispensable (como asienta Adela Fernández en su obra La tradicional cocina mexicana) la presencia de un Inspector de Cocina, cargo que recayó en un cocinero húngaro de apellido Tudor. Bajo sus órdenes estaban seis cocineros, cuatro confiteros, un panadero y más de una docena de ayudantes. Esta investigadora de la gastronomía mexicana menciona que “Fue Tudor quien introdujo al país varios platillos de origen francés, italiano y austrohúngaro. Un ejemplo de tal influencia es el menú de la cena efectuada en el Castillo de Chapultepec el día 29 de marzo de 1865, en honor de Bazaine, Mariscal de Francia:

Potaje tapioca
Releves
Bouchés Aux huitres.
Poisson aux fines herbes
Filet braise, sauce Riuchelieu
Entrées
Cotolettes Jardinieri
Saumons a la tartare
Cailles Perigueux.

Maximiliano gustaba de viajar, con cierta frecuencia, a Cuernavaca, donde tenía encuentros secretos (en el poblado de Acapatzingo, actualmente englobado por la urbe de la “eterna primavera”) con su amante, conocida por el mote de la “India Bonita”, de la cual se decía que era la hija de un jardinero. En Acapatzingo mandó construir el emperador una pequeña quinta, a la cual denominó “El Olvido”, donde disfrutaba de paz y esparcimiento en los brazos de su amada.. Hoy en día es la sede del Jardín Botánico y del Museo de Medicina Tradicional.

Derrotado el ejército imperialista por las fuerzas republicanas (se habla, incluso de la traición de un coronel muy allegado al emperador, quien entregó el Convento de la Cruz, en Querétaro, donde hallaba el estado mayor de las fuerzas imperiales), Maximiliano fue juzgado por un Consejo de Guerra, el cual lo encontró culpable y lo condenó a muerte. Fue fusilado en el Cerro de las Campanas (donde semanas antes había entregado su espada al general republicano Mariano Escobedo, en señal de rendición), el día 19 de junio de 1867 (aún no cumplía los 35 años de edad), junto con los generales imperialistas Miguel Miramón y Tomás Mejía. Cabe agregar que enfrentó su fusilamiento con dignidad, valor, entereza y serenidad. Sus restos fueron llevados a Viena y recibieron sepultura en la Cripta Imperial (Kaisergruft) de la dinastía Habsburgo de Austria, que se halla en la parte inferior de la iglesia de los Capuchinos, también llamada de Santa María de los Ángeles. Su viuda, María Carlota Amalia, lo sobrevivió más de 60 años, y falleció el 19 de enero de 1927, a la edad de 87 años.

A la muerte de Maximiliano el Alcázar de Chapultepec permaneció abandonado por casi diez años. En 1876 se firmó el decreto que establecía que en ese sitio estaría la sede del primer Observatorio Astronómico de México, que fue inaugurado dos años más tarde. Durante cinco años estuvo en funcionamiento, y luego fue cambiado a Tacubaya. En Chapultepec funcionó una central telefónica y telegráfica para uso exclusivo de los presidentes. Tras de hacerse las restauraciones requeridas, de nueva cuenta el Colegio Militar estuvo en ese Alcázar (que sufrió otro cambio, en 1913, cuando fue trasladado a Popotla), al tiempo mismo que se remodelaba el edificio para que fuese el lugar de residencia del Presidente de México.

Allí residió Porfirio Díaz, cuyos banquetes, al cuidado del chef francés Sylvain Daumont, fueron de antología gastronómica. Acerca del esplendor que, en el renglón gastronomía, caracterizó el larguísimo periodo de la vida nacional llamado “porfiriato” transcribiré un párrafo de un artículo escrito por Arturo Reyes Fragoso (aparecido en el portal www.articlearchives. com): “Porfirio Díaz ofreció un suntuoso banquete la noche del 15 de septiembre de 1910, en uno de los más grandes salones de Palacio Nacional, atestado de arreglos florales e iluminado por hileras de focos blancos, se llevó al cabo el festín para celebrar tanto el Centenario de la Independencia como el octogésimo cumpleaños

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del presidente de la República, el general Porfirio Díaz. El chef Sylvain Daumont, originario de Verneuil-sur-Seine (población cercana a París) y cocinero personal de Porfirio Díaz, se había esmerado en preparar el extraordinario menú para 10 000 personas.

Diligente, un ejército de meseros sirvió la entrada a los comensales (cuyos atavíos parecían competir en cuanto a lujo): melón helado con champaña (equivalente a las modernas perlas de melón al oporto), para continuar con salmón asado del Rhin con salsa de mariscos; langostinos; berenjenas al vino del Rhin; duraznos Florida (hoy serían melocotones Melba); chocolates, pastelillos y tartaletas de postre. (Este menú, escrito en francés como era la
costumbre, se conserva en el Archivo Porfirio Díaz, que resguarda la Universidad Iberoamericana en la ciudad de México.) . El día anterior a esta fastuosa celebración, o sea, el día 14, el chef Daumont se había hecho cargo del lunch-champagne que Carmen Romero de Díaz, esposa del general, ofreció en los salones del Castillo de Chapultepec como parte de las fiestas por el centenario”.

Al salir Porfirio Díaz exiliado a Europa los posteriores Presidentes de México: Francisco I. Madero, Venustiano Carranza, Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo Rodríguez. Habitaron en el Alcázar de Chapultepec.

Lázaro Cárdenas, el siguiente Presidente, decidió no residir en ese sitio, como lo habían acostumbrado sus antecesores. Para ello ordenó, el 3 de febrero de 1939, que la residencia presidencial estuviese ubicada en un área próxima al Bosque de Chapultepec, que habría de llevar el nombre de Los Pinos, y que el Castillo de Chapultepec fuese la sede del Museo Nacional de Historia, que abrió sus puertas al público el 27 de septiembre de 1944.

La décimo novena comida de la serie Tertulias Gastronómicas, (excelentes convivios manducatorios ---organizados conjuntamente por el Grupo Enológico Mexicano y el Colegio Superior de Gastronomía---, que tienen lugar, bimestralmente, en el restaurante “Monte Cervino”, de esa institución académica, la primera universidad gastronómica de México), se llevó a cabo en fecha reciente y fue titulada La gastronomía en el alcázar de Chapultepec. Para esta ocasión fueron elegidos dos vinos de la marca L. A. Cetto, bodega vitivinícola mexicana establecida en el Valle de Guadalupe, no lejos de la ciudad de Ensenada, en el estado de Baja California.

Enrique Zertuche, director de mercadotecnica de Vinícola L. A. Cetto, fue invitado a disertar acerca de esta empresa mexicana cuya dirección se halla en manos de la tercera generación, después de haber sido fundada, hace poco más de ochenta años, por Angelo Cetto, un italiano que vino a radicar a México en la segunda década del siglo veinte. En su charla hizo hincapié en que se trata de la bodega nacional cuyos vinos ostentan la señalada distinción de ser los más premiados a nivel internacional. Al presente suman más de doscientas las medallas, de oro, pata y bronce, con que han sido galardonados estos caldos báquicos en los certámenes más prestigiados del mundo.

El primer vino que degustamos fue Chardonnay, cosecha 2008, que fue descrito por los miembros del Grupo Enológico Mexicano allí congregados. Se trata de un vino de color amarillo paja, magnífico escurrimiento de glicerol y delicados aromas de cítricos (mandarina y toronja, principalmente) y con gratas notas florales. Su ataque manifestó una
equilibrada acidez y buen cuerpo. El vino tinto fue Petite Syrah, cosecha 2006, sin lugar a duda el vino tinto mexicano más premiado en todo el orbe, ya que ha acumulado un gran número de preseas. Es un vino de color rojo rubí, halo violáceo, capa alta, acentuado escurrimiento de glicerol, aromas de frutos rojos en vías de maduración, como grosella, cereza, zarzamora, ciruela y notas de tabaco, barrica y especias. Es un vino de ataque untuoso, carnoso y bien estructurado en sus taninos, acidez y vinosidad. Su retrogusto es prolongado.

Con estos deliciosos vinos acompañamos los manjares de ese buen yantar, preparados por el chef Jair del Monte (a quien Gabriel Iguiniz, el chef ejecutivo del Colegio Superior de Gastronomia, encargó la confección del menú). A manera de entrada saboreamos los Canapés Emperatriz: huevo de codorniz con caviar, quesadillas de escamoles, bombón de salmón y Vol au vent de pasta de hojaldre. A continuación fue servida una sutil Crema de almendra y espárragos tiernos. En seguida degustamos Raviolli vitello, salteados en mantequilla y salsa de espinaca. Con estos guisos el vino Chardonnay maridó magníficamente.

Luego vino el platillo principal: Magret de pato a la naranja, acompañado de risotto y corazones de alcachofa, marinados a las finas hierbas. Su armonización con el vino tinto Petite Syrah fue excelente.

Al final fueron servidos los Petit Fours: Carlota Royal, Sachertorte y helado de champurrado, tres melindres de notoria sabrositud.