miércoles, 9 de noviembre de 2011

CATA "CIEGA" DE VINOS DE PROLONGADA GUARDA EN BOTELLA


Sólo tengo conocimiento de dos cosas

que ganan con la edad: el vino y una amante

LOPE DE VEGA (1562-1635)

Cada año, desde 2005, al llegar el mes de noviembre la cata “ciega” mensual del Grupo Enológico Mexicano se lleva a cabo con una decena de vinos, cuya crianza en botella se ha prolongado, por lo menos, por tres lustros. En ocasiones ese envejecimiento es más dilatado, como es el caso de la cata mensual número 167, correspondiente a noviembre de 2008, en la cual fueron evaluados organolépticamente diez vinos de las siguientes cosechas 1983, 1987, 1988, 1989, 1991, 1992, 1995 y tres de la vendimia 1998.

Hasta ahora el vino más antiguo que hemos degustado fue en la cata 140, del 13 de Noviembre de 2006. Se trató del vino tinto Chateau Perigueux Premier Grand Cru Classé, cosecha 1948. Appellation Gascuña Grand Cru Classé Controlée. Perigord, Francia. Fue calificado con 74 puntos, lo que resultó sorprendente, ya que había sido elaborado con uvas de una cosecha realizada cincuenta y ocho años antes, y los catadores no solamente opinaron que aún era bebible, sino que mostraba calidades todavía estimables.

En mucho, como es lógico suponerlo, este texto guarda estrecha semejanza con los similares anteriores (en los cuales he hecho mención a las sucesivas catas novembrinas, con vinos de prolongado añejamiento en botella), donde he enfatizado ---nunca lo suficiente, porque, a mi parecer, en la mayoría de las publicaciones enológicas se consigna exiguamente lo referente a este tipo de vinos--- en el placer dado por la degustación de estos caldos, un poco provectos, a la vez que se formula una evaluación lo más objetiva posible de esos vinos, que han sido guardados convenientemente en una cava, durante muchos años. Por este motivo he conservado en este texto algunos de los conceptos señalados en varias ocasiones previas, para mejor entendimiento de este tema.

Me parece conveniente reiterar que desde hace muchísimas centurias, en los tiempos del florecimiento de las civilizaciones helénica y romana, los vinos que habían sido envejecidos por largos años en ánforas de terracota eran considerados superiores a los caldos jóvenes. Al respecto afirma Bernard Pívot, en su libro Dictionnaire amoureux du vin, que “griegos y romanos consideraban que los mejores vinos, como los de Sorrento, de Chio y de Lesbos, debían envejecer pacientemente de diez a veinticinco años, antes de ser juzgados dignos de la mesa de los poderosos y de los acaudalados”. Recuerdo, igualmente, que Julio César, quien seguramente fue un enófilo consumado, manifestaba su preferencia por el vino de Falerno añejado cien años en esos envases hechos con barro cocido.

Si bien en las Sagradas Escrituras se dice que San Lucas tenía conocimiento de que los vinos añosos eran mejores que los nuevos, existen testimonios históricos que permiten afirmar que los romanos de hace veinte centurias (también a los pueblos helénicos se les concede este mérito) fueron los primeros conocedores en el arte de apreciar la finura de los vinos que habían sido guardados, por algunos años, lustros y décadas, en ánforas de cerámica, que era el recipiente usual en aquellos días.

Los enófilos, aquellas sibaríticas personas que manifiestan complacencia por saborear diferentes vinos acompañando sus comidas, saben muy bien que existen vinos que deben ser bebidos a los pocos meses de haber sido embotellados, quizá, hablando en términos generales, dentro de los dos primeros años de haber sido envasados. El mejor ejemplo de la aseveración anterior está dado por el Beaujolais Nouveau (que es comercializado apenas unas pocas semanas después de la vendimia de cada año, el cual, según recomiendan los productores, debe ser degustado antes del primer año de haber sido puesto a la venta), un vino francés al cual se le ha hecho, desde hace unos años, una extraordinaria campaña de mercadoctenia, que alcanzó su clímax a comienzos de la década de los años noventas del siglo pasado, para inducir su consumo, a nivel mundial, a partir del tercer jueves del mes de noviembre de cada año. Este vino toma el nombre de la región francesa cuya denominación deriva del de la ciudad medieval de Beaujeu.

Otros vinos, resultado de la cuidadosa elaboración (utilización de cepas seleccionadas, fermentación en barrica y posterior guarda en barricas de roble durante algunos meses) que el enólogo despliega para hacer un excelente vino, son aptos para ser conservados durante años y años en la botella en que fueron envasados. A estos vinos se les suele dar el nombre de “vinos de guarda”, y también son llamados “vinos para añejar”. Conviene recordar el caso de numerosos vinos de Burdeos –-me refiero especialmente a los calificados como Premieur Cru, verdaderas gemas etílicas---, que al cabo de veinte o veinticinco años son re-encorchados de nueva cuenta, por el productor, para que pueda continuar la evolución del vino dentro de la botella, durante muchos años más.

En el enciclopédico libro The Oxford Companion to Wine, compilado por Jancis Robinson, encuentro el capítulo titulado “Ageing” (envejecer, madurar, en su acepción de mejorar al paso del tiempo, y no con el sentido peyorativo de senectud y decrepitud; igualmente se utiliza el término Aging ), en el cual se menciona que “cuando a un vino de gran clase se le permite evolucionar en la botella, se registran cambios espectaculares, que incrementan tanto su complejidad aromática y gustativa, como su valor monetario”. Esta maduración depende de varios factores: el primero está dado por el hecho de que intrínsecamente sea capaz de evolucionar, y que el vino sea guardado en las mejores condiciones posibles: en una cava oscura, a una temperatura constante, entre 10 y 12 grados centígrados. En donde no haya ruidos y olores, y cuya humedad oscile entre el 75 y el 80%.

Otro libro de lectura muy recomendable lleva por título The global enciclopedia of wine, publicado por Global Book Publishing, en Australia, en 2002. . En el capítulo “Aging” escribe Steve Charters lo siguiente: “La evolución del vino en la botella es aún poco comprendida por su complejidad. Sin embargo, puede ser descrita en pocas palabras como una lenta oxidación. En los vinos tintos las sustancias fenólicas protegen el vino gracias a que tienden a reaccionar con el oxígeno antes que otros compuestos químicos lo hagan. Con estos vinos acontece que las variedades consideradas más tánicas, como la Cabernet Sauvignon, la Merlot, la Nebbiolo y la Syrah propician un envejecimiento más prolongado. No obstante, esto puede depender del estilo del vino. Muchos vinos dulces, como los vinos de postre, de elevado grado alcohólico, envejecen muy bien, y el Madeira --junto con el Oporto, son los de mayor potencial de guarda en botella”.

En el libro titulado El Vino (una extraordinaria obra de consulta, de 928 páginas en gran formato, de la cual es compilador André Domine) aparece el capítulo “Los Vinos Añejos”---de su autoría---, del cual transcribo los tres primeros párrafos, alusivos al asunto que abordo en este ensayo. ““La denominación de “vino añejo” no está claramente definida ni química ni organolépticamente. No hay ningún criterio para definir el tiempo mínimo que una botella de vino debe madurar en la bodega. De igual modo hay pocas indicaciones acerca de cómo debe oler y saber un vino añejo”.

La palabra envejecimiento (ageing en lengua inglesa, que tiene por sinónimo el término maturing) equivale al vocablo vieillisement, en francés. En italiano corresponde al término invecchiamiento (vecchio se traduce por viejo), mientras que en portugués se dice envelhecimiento, fácilmente traducible como envejecimiento.

Si bien el vocablo fassreife, en el idioma germano, no hace alusión a la guarda prolongada de un vino en la botella, sí alude a su maduración en la barrica. Ese término, fassreife, tiene el significado de crianza en barrica, en su sentido de proporcionarle a ese néctar báquico el requerido reposo, para que llegue a un punto idóneo (la cima en la curva de Gauss) de perfección enológica, cuando se trata de un vino destinado, desde el momento de su elaboración, para ser guardado debida y prolongadamente en una cava. A todo lo anterior debo agregar que el vino, como los seres humanos presenta un estado de juventud, otro más de madurez y, finalmente, la etapa postrera de senectud, cuando tanto el vino como el ser humano van hacia la decrepitud. A este respecto recuerdo que en el libro El Quijote de la Mancha se hace alusión a un vino de estas características (acentuado envejecimiento), diciendo que “tiene algunos años de ancianidad”

En el párrafo alusivo al libro The Oxford Companion to Wine aparece un breve texto de Helen Bettinson, quien consigna que después del colapso del Imperio Romano desapareció el aprecio que motivaban los vinos envejecidos. Y no fue sino hasta la introducción, en el siglo XVII, de las botellas de vidrio, y del empleo de los tapones de corcho, que volvió la costumbre de guardar el vino en esos recipientes sellados. Corresponde a los ingleses, quienes tanto contribuyeron a la fama y acendrado prestigio de los “claretes” de Burdeos, y de los Oportos y los Madeiras, de Portugal, la primacía en la encomiable costumbre de que los vinos fuesen envejecidos, para degustarlos años después de haber sido embotellados, ya que descubrieron que sus apreciables cualidades aromáticas y gustativas se incrementaban notoriamente, lo que permitía un placer más acentuado al beberlos.

En el libro Larousse de los Vinos leo las siguientes recomendaciones: “”Los vinos que deben beberse jóvenes son todos aquellos cuyas cualidades esenciales son la ligereza y la frutalidad. No ofrecen ningún interés para ser envejecidos, ya que tienen tendencia a deteriorarse con el tiempo. Deben beberse en el año de su cosecha, o como máximo algunos meses después de haber sido comprados. Los vinos para guardar más de ocho años son aquellos que requieren de un periodo de envejecimiento, para acceder a su apogeo. Son esencialmente los que corresponden a las mejores añadas de los mejores pagos””. En esa misma obra, en el capítulo “El color del vino cambia con la edad” se menciona que “Los vinos tintos se aclaran. Los vinos blancos tienen tendencia a adoptar un color más oscuro. El tono de los vinos tintos puede ir desde el púrpura oscuro a toda una variedad de rojos, hasta adquirir una coloración teja con ciertos reflejos anaranjados”.

En la misma obra, en el capítulo titulado “La Crianza en Botella” queda asentado lo siguiente: “¿Cómo explicar las mutaciones que sufre un vino?. Las reacciones químicas que se desencadenan en el interior de una botella son complejas y poco conocidas. No obstante, algunas investigaciones han permitido explicar los cambios de color y aroma. Los taninos y los demás componentes aromáticos, que provienen esencialmente de los hollejos, y la madera de las barricas, se transforman. El vino de color rojo púrpura pasa a rojo rubí, y se aclara a continuación hasta adquirir un tono rojo ladrillo. La acidez astringente del fruto verde se suaviza. La agresividad del vino joven desaparece, para dar lugar a una redondez aterciopelada, que se manifiesta a través de aromas complejos”.

En el precioso libro Judgemnet of Paris, de George M. Taber (obra en la que se describe pormenorizadamente la histórica degustación celebrada en 1976, en Paris, en la cual los vinos estadounidenses elaborados en California alcanzaron calificaciones por arriba de los vinos de Burdeos y Borgoña), leo lo siguiente: “ La guarda en botella constituye el proceso anaeróbico durante el cual los aromas de las uvas y los aromas aportados por la barrica, en la que reposaron previamente, se funden para dar forma al bouquet. Esta fusión de aromas es lo que el enólogo Mike Grgrich llama “la luna de miel del vino”. Hasta aquí esa cita.

Como ya señalé en un párrafo anterior, no todos los vinos han sido elaborados para ser guardados por algunos años en su botella. De acuerdo a las normas vigentes en materia de vinos, en los países de la Unión Europea, aquellos vinos que, en las naciones angloparlantes, ostentan en la etiqueta la leyenda “Table Wine” (Vino de Mesa), o sus equivalentes de acuerdo a los diferentes países, no son apropiados para su envejecimiento. En otros países europeos esa denominación es la siguiente: “Vino da Tavola”, en Italia; “Vino de Mesa”, en España“; Vihno de Mesa”, en Portugal; “Vin de Table”, en Francia, y “Tafelwein” (la etiqueta debe ostentar la leyenda “Deutscher” para garantizar que fue elaborado en este país), en Alemania. Estos caldos son más agradables cuando son degustados jóvenes, ya que fueron elaborados para su pronto consumo. La misma premisa se aplica a los vinos envasados en tetra pak, ya que se trata de vinos ligeros, aptos para ser bebidos por el consumidor, inmediatamente después de haber sido elaborados. En este tipo de envase no hay ningún cambio con el paso del tiempo.

Respecto a los vinos que han sido guardados varios años en la botella (en las condiciones más apropiadas) se dice --y las opiniones en pro y en contra son muy numerosas-- que es recomendable decantarlos antes de ser servidos. A este particular en una página de internet leo lo siguiente: “”Se decanta un vino en primer lugar para eliminar el sedimento. El sedimento suele formarse sobre todo en los vinos con antigüedad mayor a 5 años. Se compone de depósitos de taninos y ácidos cristalizados, y es importante eliminarlo porque de lo contrario el vino tendrá menos presencia en la copa y, lo que es más importante, podría tener sabores amargos y una textura no deseada. También es recomendable tener la botella en forma vertical unos días antes del servicio para permitir la acumulación del sedimento en la base de la botella. Por otro lado, en vinos que han permanecido largo tiempo encerrados en la botella, pueden aparecer aromas poco agradables, llamados de reducción, que desaparecen al poner el vino en contacto con el oxígeno del medio ambiente”.

La cata “ciega” mensual número 213, del Grupo Enológico Mexicano, correspondiente a noviembre de 2011, se llevó a cabo en un salón privado del restaurante “La Finca Española”, de Polanco. Para esta degustación analítica fueron seleccionados doce vinos tintos, más o menos senectos, procedentes de la cava privada de siete de los Miembros de Número de esta agrupación de enófilos. Esos vinos fueron de las siguientes añadas 1991 (2), 1992 (1), 1993 (3), 1995 (3), 1996 (1), 1997 (1) y 1999 (1). Los dos vinos más antiguos fueron elaborados con uvas de una vendimia realizada veinte años atrás, en tanto que el más “joven” lo fue de una recolección hecha hace doce años.. La procedencia de los vinos fue, por orden alfabético, Chile, España, Francia e Italia.

La Mesa de Catadores estuvo integrada esa tarde por los siguientes enófilos: Patricia Amtmann, Alejandra Vergara, Roberto Quaas Weppen, Darío Negrelos, Gustavo Riva Palacio, José Del Valle Rivas, Philippe Seguin, Raymundo López Castro, Joaquín López Negrete y Miguel Guzmán Peredo.

Las calificaciones están basadas en los parámetros que maneja el Grupo Enológico Mexicano. Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 50 y los 59 puntos son considerados “no recomendables”. Si la puntuación se halla comprendida entre los 60 y los 74 puntos, son juzgados “bebibles”. Una calificación entre los 75 y los 84 puntos permite evaluarlos como “buenos”. Si el puntaje oscila entre los 85 y los 94 puntos, son juzgados “muy buenos”. En el caso de que la calificación esté comprendida entre los 95 y los 100 puntos, entonces alcanzan la categoría de “extraordinarios”.

Los resultados fueron los siguientes:

Primer lugar: Manso de Velasco. Cosecha 1996. 13.0 % Alc. Vol. Monovarietal 100% Cabernet Sauvignon. Crianza en barrica nueva francesa (Nevers) durante dieciocho meses, y posterior reposo en botella durante diez meses. Sociedad Vinícola Miguel Torres, S.A. Valle Central, Chile. Calificación: 85.12 puntos.

Segundo lugar: Conde de Valdemar Gran Reserva. Cosecha 1993. 13.0% Alc. Vol. Denominación de Origen Calificada Rioja, Coupage de Tempranillo y Mazuelo (se carece de la ficha técnica que indique el tiempo de crianza en barrica). Bodega Valdemar (Martínez Bujanda). Oyón, Rioja Alta. La Rioja, España. Calificación: 85.00 puntos.

Tercer lugar: Manso de Velasco. Cosecha 1997. 13.5 % Alc. Vol. Monovarietal 100% Cabernet Sauvignon. Crianza en barrica nueva francesa (Nevers) durante dieciocho meses, y posterior reposo en botella durante diez meses. Sociedad Vinícola Miguel Torres, S.A. Valle Central, Chile. Calificación: 84.25 puntos.

4.- Gran Reserva 890. Cosecha 1995. Gran Reserva. 12.7% Alc. Vol. Denominación de Origen Calificada Rioja, Coupage de 85% Tempranillo y el 15% restante de Mazuelo y Graciano. Crianza en barrica de roble americano durante seis años, y después fue embotellado sin filtrar. Sociedad Vinícola de La Rioja Alta, posteriormente denominada Bodega La Rioja Alta. Haro, La Rioja Alta, España. Calificación: 83.37 puntos

5.- Manso de Velasco. Cosecha 1995. 13.0 % Alc. Vol. Monovarietal 100% Cabernet Sauvignon. Crianza en barrica nueva francesa (Nevers) durante dieciocho meses, y posterior reposo en botella durante diez meses. Sociedad Vinícola Miguel Torres, S.A. Valle Central, Chile. Calificación: 83.12 puntos.

6.- Gran Coronas Reserva. Cosecha 1992. 12% Alc. Vol. Monovarietal 100% Cabernet Sauvignon. Miguel Torres, S.A. Vilafranca del Penedés, Cataluña, España. Calificación: 81.25 puntos

7.- Chateau Berliquet. Cosecha 1993. Grand Cru Classé. 12.5% Alc. Vol. Appellation Saint-Emilion Grand Cru Controlée. Coupage de 70% Merlot, 25% Cabernet Franc y 5% Cabernet Sauvignon. Fermentación maloláctica en barrica de roble francesa. .Crianza de 16 a 18 meses en barrica francesa, un 80% nuevas. Embotellado sin filtrar. Vte. et Vtesse P. de Lesquen. La Madelaine, Saint-Emilion, Gironde. France. Calificación: 81.20 puntos.

8.- Remelluri Reserva. Cosecha 1991. 12.5% Alc. Vol. Denominación de Origen Calificada Rioja. (Se carece de la ficha técnica). Granja Nuestra Señora de Remelluri. Labastida, Rioja Alavesa, España. Calificación: 80.12 puntos.

9.- Ruffino Riserva Ducale Oro. Cosecha 1993.12.0% Alc. Vol. (Se carece de la ficha técnica).Chianti Rufino, S.P.A. Pontassieve, Florencia, Italia. Calificación: 79.87 puntos.

9.- (Empate) Gevrey Chambertin. Cosecha 1999. 13.5% Alc. Vol. Monovarietal 100% Pinot Noir. Crianza en barrica de roble francés de 12 a 15 meses. Appellation Gevrey Chambertin Controlée. Louis Jadot. Cote de Nuits, Borgoña, Francia. Calificación: 79.87 puntos

10.- Rioja Bordón Reserva. Cosecha 1995. 12.5% Alc. Vol. Denominación de Origen Calificada Rioja. (Se carece de la ficha técnica). Bodegas Franco-Españolas. Logroño, La Rioja, España. Calificación: 79.50 puntos.

11.- Montepulciano d’Abruzzo. Cosecha 1991. 12.0% Alc. Vol. (Se carece de la ficha técnica). Italo Pietrantoni. Vittorito, Abruzzi, Italia. Calificación: 71.25 puntos.

No deja de parecerme sorprendente que un vino de la cosecha 1991 (Remelluri Reserva, de la Denominación de Origen Calificada Rioja) haya obtenido en esta cata “ciega” una calificación de 80.12 puntos. Y agregaré que, en general, los vinos degustados mostraron cualidades organolépticas no despreciables, ya que los catadores hicieron una cuidadosa evaluación de estos vinos de cierta “ancianidad”

Al concluir esta interesante degustación de vinos de prolongada guarda en botella, saboreamos una exquisita cena, preparada por Estela Pérez, cocinera-propietaria del restaurante “La Finca Española” (la sede de las catas del Grupo Enológico Mexicano). El primer tiempo consistió en Ensalada especial de tomate y atún. El guiso fuerte fue Escalopines “al cabrales”. El postre, Flan casero, y luego una taza de aromático café express.

El vino para acompañar estos sabrosos manjares fue Cabernet Sauvignon Reserva Privada, cosecha 2004, de la bodega L.A.Cetto. Es un vino monovarietal 100% Cabernet Sauvignon, cuya crianza en barrica se prolonga de doce a dieciséis meses, y después un reposo de dieciocho meses en botella. Este vino fue liberado, para su comercialización, en el año 2007.

viernes, 21 de octubre de 2011

PRUEBA DE MENU EN EL RESTAURANTE "NICOS"


Una buena comida debe consistir de un solo y buen plato,

precedido por otros dos que entonen el estómago y

hagan boca, y seguido de otros dos, que sean la trancisión

hasta llegar al postre.

JULIO CAMBA ( 1882-1962)


En el extenso panorama del arte culinario nacional figura de manera preponderante Gerardo Vázquez Lugo, un excelente chef que ha conferido al restaurante “Nicos” ---de su propiedad--- un renovado prestigio, cimentado en la gran creatividad que ha alcanzado su cocina. Utilizo las palabra renovado porque deseo señalar que fueron sus padres, Raymundo Vázquez Estévez y María Elena Lugo, quienes, en el año 1957, inauguraron dicho restaurante en el sitio que actualmente ocupa, después de 54 años de ininterrumpido funcionamiento, en la avenida Cuitláhuac 3102, esquina con avenida Clavería, en la Delegación Azcapotzalco.

Antes de ponderar los méritos de este chef señalaré dos hechos a mi parecer dignos de ser enfatizados. El primero está dado por el hecho de que, desde sus comienzos, el menú en “Nicos” estaba basado, y así ocurre ahora, en infinidad de apetitosos guisos de la cocina mexicana tradicional (en muchas ocasiones los platillos estaban confeccionados siguiendo antiguas recetas de ancestral aplicación culinaria) presentados en forma por demás elegante y atractiva a los ojos del comensal. El segundo es que hace 44 años, cuando casi nadie en México se preocupaba por fomentar una verdadera cultura gastronómica y enológica, en agosto de 1967 Raymundo Vázquez Estévez inició la encomiable costumbre, que perdura al presente, de que los comensales acompañaran sus platillos con vinos, vendidos éstos a precios sumamente razonables. Así nació el festival “Agosto el mes del vino en “Nicos”, que tanto éxito ha tenido al paso de más de cuatro décadas.

Hace diez años Gerardo Vázquez Lugo se hizo cargo de la cocina y de la dirección de “Nicos”. En este tiempo ha mostrado cabalmente sus dotes de creatividad, al diseñar platillos de extraordinaria sabrositud, que la repetitiva clientela de este salón comedor ha celebrado con creces, y como asiduo comensal me he percatado del. crecimiento profesional de este chef ---con quien me ligan lazos de entrañable afecto, iniciado éste hace más de tres décadas, cuando tuve la suerte de conocer a sus progenitores---, saboreando sus guisos y observando que en muchísimas publicaciones gastronómicas su nombre es cada día más mencionado, en forma encomiástica.

A una pregunta mía acerca de cuáles son los países del mundo donde ha presentado muestras gastronómicas de su cocina, me dijo que son los que a continuación enlisto: Argentina, Bolivia, Canadá, China, Colombia, España, Estados Unidos de América, Francia, Guatemala, Kenia, Italia, Japón, Perú, Puerto Rico y Uruguay. Por supuesto que en infinidad de estados de la República Mexicana.

Hace unos días comí de nueva cuenta en “Nicos”, y Gerardo Vázquez Lugo me mostró el libro “Lista Gourmand de los cincuenta mejores restaurantes 2011 en México”, una lujosa publicación realizada por Bancomer. De esta guía supe días más tarde que “refleja el consenso de un equipo experto de “gourmands”, quienes visitaron cada restaurante un mínimo de seis ocasiones, durante un período de un año, practicando un ejercicio ajeno a intereses particulares o comerciales”. En esta selecta guía aparece incluido el restaurante “Nicos” de la ciudad de México (es conveniente mencionar que en la ciudad de Querétaro funciona otro “Nicos”, también creación de Raymundo Vázquez Estévez, y cuya cocina es supervisada por Gerardo Vázquez Lugo), quedando señalados los atributos que distinguen este feudo culinario, de grata atmósfera, excelente cocina, magnífica carta de vinos y encomiable servicio.

En la ocasión más reciente que comí en “Nicos” Gerardo Vázquez Lugo me brindó una espléndida “prueba de menú”, para tener la primicia de saborear algunos de los guisos que habrá de incorporar, en fecha próxima, a la carta. El deleite palatal comenzó con dos deliciosas tostadas, la primera de ceviche estilo Colima, hecha con robalo, y la otra una tostada Tuxtleca, de carne tártara. Luego sirvieron jaiba suave en huatape, con salsa de tomate verde, nopales y unas gotas de chile serrano. A continuación vendría una trucha Atapacua (guiso purépecha cuya denominación puede ser traducida como “guiso que sustenta la vida”.), con un mole espesado con granos de maíz y aguacate, a la manera de un mole amarillito de Oaxaca.. El acompañamiento de estos manjares fue con el magnífico vino blanco Chardonnay Casa Grande, de Casa Madero.

En seguida sirvieron conejo deshuesado en salsa de sidra y chile pasilla, con relleno de ciruelas pasa. Toda una ambrosía al paladar. Hicimos el maridaje con el vino tinto Cabernet Sauvignon Casa Grande, de Casa Madero.

El festín de aromas y sabores concluyó con un postre. Elegí, de la bien surtida carta de postres, donde aparecen quince melindres de gran sabor, la espuma helada de limón en caldillo de cítricos al perfume de tomillo.

Para terminar, quiero expresar mi satisfacción al advertir el crecimiento que ha tenido, en su aún breve vida profesional, Gerardo Vázquez Lugo, chef propietario de “Nicos”, un restaurante capitalino tan próximo a mi corazón.

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miércoles, 12 de octubre de 2011

LA COMIDA EN LAS CARABELAS DE CRISTOBAL COLON

En alguna ocasión, hace años, escribí un articulo periodístico titulado “El Almirante de las cien patrias”, para hacer mención a la gesta épica de Cristóbal Colón, un navegante cuyos orígenes están nimbados por una densa oscuridad. Los historiadores no se han puesto de acuerdo si Colón había nacido en Génova (Italia), en Cataluña (España), en Pontevedra, Galicia o en la isla de Mallorca (España), en Portugal o si bien era judío. Ese mismo misterio rodea el lugar donde se encuentran sus restos, ya que hay opiniones de que se hallan en la Catedral de Sevilla,, en la Catedral de la ciudad de Santo Domingo, e incluso de que se localizan en La Habana.

(No hay que olvidar que está cabalmente demostrado, por los hallazgos de las primitivas construcciones vikingas que han sido debidamente estudiadas, que los primeros en pisar suelo del continente americano, en el actual Golfo de San Lorenzo, fueron los vikingos, en el año 1000 de nuestra era. Esos navegantes venían encabezados por Leif Eriksson, quien fundó un establecimiento denominado Leifboundir, en la costa de Terranova (Canadá). A la región por ellos vislumbrada le dieron el nombre de Visland, en lengua islandesa, y a la cual nosotros conocemos como Vinlandia, por la abundancia de viñas que allí encontraron).

Hoy, miércoles 12 de Octubre, se cumplen 519 años de la llegada de Cristóbal Colón, a una pequeña isla del Mar Caribe. Habiendo zarpado del puerto de Palos de la Frontera (también llamado Palos de Moguer) el viernes 3 de Agosto de 1492, a bordo de una nao, la “Santa María” (anteriormente denominada la “Marigalante”), y dos carabelas, “La Pinta”, y “La Niña”, desembarcó ---tras 70 días de navegación--- en Guanahaní (una isla a 400 kms al norte de Cuba, del grupo de las Bahamas), a la cual Colón bautizó con el nombre de San Salvador.

Es casi seguro que no pocos se habrán preguntado qué comían los tripulantes de esas tres embarcaciones, en aquel histórico periplo náutico. Y acerca de este asunto de notoria importancia, ya que alimentarse durante los setenta días que tardaron en cruzar el Atlántico debió ser motivo de preocupación, tanto para Colón como para los marinos que lo acompañaron en aquel tormentoso viaje, comentaré que en el libro Las Naves de Colón, del historiador español José María Martínez Hidalgo, leo los pormenores de la pitanza de los noventa hombres que viajaron con Colón. “”Para la comida tenían gamellas (recipientes para colocar los alimentos), platos de madera, escudillas de barro y cuchillos, así como liarias (vasos rústicamente hechos) para la ración de agua. Los víveres embarcados comprendían agua, vino, aceite, manteca de cerdo, harina, bizcocho o galleta, tocino, sal, vinagre, judías, lentejas, cebollas, habas, ajos, aceitunas, pescado seco y en salazón, arroz, azúcar, carne de membrillo (sic), miel, queso, almendras, pasas y otras frutas secas en cantidad suficiente para un año. La base de la alimentación era el bizcocho, tocino, garbanzos, salazón y queso. Fernando Colón (hijo del Almirante) decía haber visto a muchos comer de noche la mazamorra, cuando no eran perceptibles los gusanos que, con la humedad y el calor de la bodega, pronto hacían su aparición”.

La escritora española María Inés Chamorro Fernández consignó en su libro Gastronomía del Siglo de Oro Español (2002) que “Se llamaba mazamorra al guiso con el que se alimentaba a los galeotes (remeros, casi siempre forzados, en los navíos llamados galeras) y a los marineros, que consistía en las legumbres disponibles, generalmente lentejas y garbanzos, cocidos juntos, y aliñados con algunos vegetales disponibles, normalmente pimientos”.

Al continuar con la lectura de Las Naves de Colón, me entero que ”Es probable que sólo hicieran una comida caliente al día, a eso de las once de la mañana, antes del relevo de la guardia, y siempre que el tiempo lo permitiera. No debía resultar cosa fácil, mientras la nave daba fuertes bandazos y se encapillaban golpes de mar, hacer una simple mazamorra en el fogón, reducidos a trébedes sobre una plancha de hierro o una losa con mamparos para resguardarlo del viento, y tierra para aislar el fuego de la cubierta. El capitán, el maestre, el piloto y el escribano comían en mesa, y el anuncio para sentarse a ella lo hacía un grumete diciendo: “tabla, tabla, señor capitán y maestre. Tabla en buena hora. Quien no viniera, que no coma”.

En otro párrafo leo que ”Los marineros, sin esperar llamadas rimbombantes ni discretas, irían a las inmediaciones del fogón ---la isla de la olla, le decían--- cuando su olfato adivinara que estaban hervidos los ollaos, y alargando la escudilla al paje en funciones le dirían: ¡Por la mesana!, acomodándose luego encima de unas adujas de cabo, en los cuarteles de la escotilla o en el sitio más resguardado que encontraran”.

“”Salazar describe la comida de la marinería: “En un santiamén se sienta la gente marina en el suelo, y sin esperar bendición sacan los caballeros de la tabla redonda sus cuchillos y gañavetes de diversas hechuras, que algunos hicieron para matar puercos, otros para desollar borregos, otros para cortar bolsas, y cogen entre sus manos los pobres huesos, y así los van desforneciendo de sus nervios y cuerdas, y en un credo los dejan más tersos y limpios que el marfil. Los viernes y vigilias comen sus habas guisadas con agua y sal. Las fiestas recias comen su abadejo. Anda un paje con la gaveta del brebaje en la mano, y con taza, dándoles de beber harto menos y peor vino, y más bautizado que ellos querían. Pedid de beber en medio del mar, moriréis de sed, que os darán agua por onzas, después de estar hartos de cecina y cosas saladas, que la señora mar no conserva carnes ni pescados que no vistan su sal. Y así todo lo que más se come es corrompido y hediondo””.

Esta era, según lo relata José María Martínez Hidalgo la comida en las embarcaciones de Cristóbal Colón (a quien el historiador Luis Amador Sánchez llamó “”el primer Quijote español””) hace 519 años.

En otro hermoso libro, Pasajeros de las Indias, escrito por el historiador mexicano José Luis Martínez, se describen las peripecias de quienes, una vez “descubierto” el Nuevo Mundo, conquistadas y a punto de ser colonizadas sus principales ciudades, decidían viajar, décadas más tarde, a las tierras allende los mares. En ese interesante volumen leo lo siguiente, acerca de la alimentación de aquellos viajeros: “”Lo primero que tenían que tenían que hacer quienes decidían viajar a América era llegar a Sevilla, donde contrataban e iniciaban el viaje. En seguida, se requería tener el permiso expedido por la Casa de la Contratación de las Indias, o bien de las Reales Audiencias, los virreyes o los gobernantes de las Indias, en el caso de los viajes a Europa. Una vez instalados en el puerto de salida y provistos de los permisos correspondientes, los pasajeros debían tratar con el dueño de un barco, su capitán o su maestre, para establecer el pago del pasaje, además de que se debían prevenir para llevar consigo todo el matalotaje y los alimentos que hubieran menester para el viaje. Salvo el agua de que los proveía, parca y malamente el barco, los pasajeros debían llevar cuanto necesitasen para su persona y alimentación. Los pasajeros que se embarcaban en España se proveían en Sevilla con relativa facilidad, y los que lo hacían en Veracruz, La Habana, Cartagena o Santo Domingo, de lo que allí hubiere. Las provisiones constaban, por lo general, de bizcocho, vino, puerco y pescados salados; vaca, probablemente como cecina; habas, guisantes y arroz; queso, aceite y vinagre.

“”Ya en espera en el puerto, obtenidos los permisos, compradas las provisiones y los ajuares personales y pagado el pasaje, el traslado y acomodo de cuanto tenía que llevar el pasajero , debió ser difícil y después un problema permanente. Además de la ropa, objetos personales, cama, cacharros para preparar los alimentos, guardados en fuertes y pesados baúles, el pasajero tenía que llevar su alimentación y bebidas para dos o tres meses de travesía. El peso de los víveres por hombre oscilaba entre ochocientos y novecientos kilogramos en la salida.

“”Una vez superados los mareos y adaptados al ritmo de vida del barco, y a su monotonía mientras no se presentaran tormentas y peligros, los primeros días de navegación debieron ser agradables a los pasajeros. El agua, el vino y las provisiones eran aún abundantes y frescas; y para quienes no supieran cocinar ni llevaran un criado que los auxiliara, el intento por prepararse un potaje caliente debió ser motivo de diversión para los demás. En el desayuno se comía cualquier cosa fría. La comida del medio día era la más importante, y probablemente la única caliente. Entonces se prendía un fogón colectivo, siempre que hubiera buen tiempo, y allí acercaban todos sus sartenes, asadores y pucheros para cocinar sus alimentos. Si no se tenía amistad con el cocinero la preparación de los guisos se tornaba bastante problemática, dada la afluencia de quienes deseaban acercar sus cacharros al fogón.

“”Es posible que los momentos más gratos del viaje fuesen las escalas, en las Canarias, apenas iniciado el viaje, y en las islas del Nuevo Mundo, cuando ya estaba a punto de concluir la navegación oceánica. Eran un descanso de las incomodidades del barco, y la ocasión de beber agua fresca, lavarse y probar las comidas y las frutas americanas”

Para concluir, quiero señalar que no es fácil imaginar lo que en su momento significó cruzar el Atlántico, hace poco más de cinco siglos, en una lenta embarcación movida por el viento. Ese viaje seguramente fue considerado por muchos de los pasajeros como una verdadera penalidad, especialmente en lo que concierne a la alimentación a bordo. El hecho de no disponer de suficiente agua fresca y de alimentos en buen estado de conservación durante la dilatada travesía de poco más de dos meses, debió ser motivo de incomodidad y desaliento para aquellos viajeros, quienes se vieron obligados a comer carnes secas, saladas y agusanadas, con tal de cumplir su anhelo de llegar a las tierras recientemente descubiertas, en las cuales pensaban encontrar grandes riquezas.

CATA "CIEGA" DE VINOS DE MONTE XANIC


El cielo hizo el agua

para Juan-que-llora,

e hizo el vino para Juan-que-ríe

ANTOINE DESAUGIERS (1772-1827)

Las catas “ciegas” del Grupo Enológico Mexicano, de periodicidad mensual, dieron comienzo en enero de 1995. Estas degustaciones también han sido llamadas “doble ciegas”, en virtud de que los participantes ignoran la marca del vino, con cuál o cuáles cepas ha sido elaborado, así como la procedencia (país y región) del mismo. Estas catas tienen la finalidad de analizar las características organolépticas de ocho vinos en cada ocasión, y permiten que cada vino reciba, mediante la puntuación otorgada por los catadores participantes, una calificación determinada, que de alguna manera muestra cuáles son sus atributos de calidad y finura, o bien si esa valoración no es alta daría cuenta de algún defecto o minusvalía del vino.

Desde enero de 1995 hasta octubre de 2011 han sido realizadas, en dieciséis años, diez catas con vinos de la bodega vitivinícola Monte Xanic, la cual, desde sus comienzos, vino a marcar una pauta en la elaboración de vinos de notable finura y excelente calidad enológica.

Acerca de sus orígenes, hace casi un cuarto de siglo, transcribiré un párrafo de un documento oficial de la bodega que señala que En 1987, se reunieron cinco amigos (Hans Backhoff, Manuel Castro, Tomás Fernández, Eric Hagsater y Ricardo Hojel), todos grandes amantes del vino, que se lanzaron a la aventura de crear un gran vino mexicano. Soñaban con elaborar vinos que expresaran el terruño del Valle de Guadalupe, Baja California, con fineza y distinción, con personalidad propia y de la mejor calidad posiblequienes tenían como común denominador su afición, podría yo decir, verdadera pasión, por degustar vinos de gran clase, y de ellos nació la idea de ”crear un gran vino mexicano, ya que soñaban con elaborar vinos que expresaran el terruño del Valle de Guadalupe con fineza y distinción, con personalidad propia y de la mejor calidad posible. Así nació la bodega Monte Xanic. “El nombre Monte Xanic es una combinación de la palabra “Monte” y del vocablo “Xanic” que proviene de los indios Cora, quienes todavía habitan regiones de Nayarit, entre Puerto Vallarta y Mazatlán, en la costa del Pacífico de México, y quiere decir "flor que brota después de la primera lluvia". En noviembre de 1987, durante la primer visita a las veinte hectáreas que hoy forman parte de nuestros viñedos, iniciaba la temporada de lluvia y los montes estaban cubiertos de flores; esta señal nos pareció indicar que este nombre "Monte Xanic" era el más apropiado”.

Hasta el año 2008 los vinos de la marca Monte Xanic habían sido galardonados ---en poco más de veinte años de elaborar caldos de excelente calidad--- con más de ochenta premios internacionales (medallas de oro, de plata y de bronce, además de reconocimientos diversos). En el año 2007 recibieron mayor número de preseas que en los años anteriores. Estos certámenes internacionales han sido celebrados en Alemania, Bélgica, Canadá, Estados Unidos de América, Francia y Portugal. Entre todos ellos sobresalen la medalla de oro y el reconocimiento “Best of Class”, concedido al vino”Gran Ricardo”, cosecha 2002, en el Pacific Rim International Wine Competition, que tuvo lugar en el año 2007, en California, Estados Unidos de América, así como la medalla de oro otorgada, en el mismo año, al vino.Sauvignon Blanc (“Viña Kristel”),cosecha 2004, en el Challenge International du Vin, que se llevó a cabo en Francia.

En el presente año, 2011, las medallas de oro, plata y bronce conferidos a los vinos de Monte Xanic se han multiplicado, y hasta septiembre sumaban cincuenta y cinco estos galardones, en certámenes tan prestigiados como Challenge International Du Vin, de Bourg, Francia; Wine Masters Challenge (XIII World Wine Contest), de Estoril, Portugal; Pacific Rim Wine Competition, de San Bernardino, California (U.S.A.; Tasters Guild International Wine Judging, de Grand Rapids, Michigan (U.S.A) y Riverside International Wine Competition, Murrieta, California (U.S.A.)

Cabe agregar que la producción anual de Monte Xanic es, actualmente, de cuarenta y dos mil cajas (52.400 botellas de 750 mililitros) , distribuidas en cuatro grupos: Monte Xanic, Gran Ricardo, Ediciones Limitadas y Calixa. En la clase Monte Xanic, figuran los siguientes vinos: Chenin Colombard, Chenin Blanc Cosecha Tardía, Sauvignon Blanc y Chardonnay, en los blancos. En el renglón tintos figuran: Cabernet Sauvignon, Merlot y Cabernet Sauvignon/Merlot. El vino Gran Ricardo es una vino super premium.. Y en el segmento Ediciones Especiales están Petit Verdot, Sangiovese, Malbec, Syrah, Toscano, Nebbiolo/Anglianico, Syrah/Cabernet Sauvignon y Petit Syrah. Por lo que respecta a lalínea Caliza, ésta cuenta con tres vinos: Cabernet Sauvignon/Syrah, Chardonnay y Grenache.

Para la cata número 212, correspondiente al mes de octubre de 2011 (la número 212, desde enero de 1995) , nuevamente fueron seleccionados ocho vinos de esa empresa, varios de los cuales (de las añadas degustadas por los catadores abajo citados) obtuvieron importantes preseas ---este año de 2011--- en dichos concursos. El vino Chenin Blanc Cosecha Tardía, vendimia 2010, fue distinguido con cinco medallas. Dos de oro: una en el Challenge International du Vin; y otra en el Tasters Guild International Wine Judging. Y tres de plata: una en el Wine Master Challenge; otra en el Pacific Rim Wine Competition; y la tercera en el Riverside International Wine Competition.

El vino Sauvignon Blanc, cosecha 2010 recibió tres medallas de plata: una en el Challenge International du Vin; otra en el Tasters Guild International Wine Judging, y la tercera en el Wine Master Challenge. Y dos medallas de bronce: una en el Pacif Rim Wine Competition y otra en el Riverside International Wine Competition.

El vino Cabernet Sauvignon/Merlot, cosecha 2008, fue premiado con medalla de plata en el Wine Master Challenge.

El vino Calixa Chardonnay, cosecha 2010, recibió dos medallas de plata: una en el Tasters Guild International Wine Competition y otra en el Wine Master Challenge.

Esta degustación evaluativa se llevó a cabo en la nueva sede del Grupo Enológico Mexicano: un salón privado del restaurante “La Finca Española”, en Polanco. La Mesa de Catadores estuvo integrada esa tarde por los siguientes enófilos: Alejandra Vergara, Patricia Amtmann, José del Valle Rivas, Mauricio Romero, Mauricio Millán, Carlos Ruíz y Miguel Guzmán Peredo.

Las calificaciones están basadas en los parámetros que maneja el Grupo Enológico Mexicano. Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 50 y los 59 puntos son considerados “no recomendables”. Si la puntuación se halla comprendida entre los 60 y los 74 puntos, son juzgados “bebibles”. Una calificación entre los 75 y los 84 puntos permite evaluarlos como “buenos”. Si el puntaje oscila entre los 85 y los 94 puntos, son juzgados “muy buenos”. En el caso de que la calificación esté comprendida entre los 95 y los 100 puntos, entonces alcanzan la categoría de “extraordinarios”.

Los resultados fueron los siguientes:

Vinos Blancos

1.- Chenin Blanc Cosecha Tardía, cosecha 2010. 13.5% Alc. Vol. 100% Chenin Blanc. . Calificación: 83.86 puntos. Precio: $ 179.00

2.- Calixa Chardonnay, cosecha 2010. 13.5% Alc. Vol. Monovarietal 100% Chardonnay. Calificación: 81.57 puntos. Precio: $ 199.00

3.- Chenin Colombard, cosecha 2009. 13.5% Alc. Vol. Coupage de 98% Chenin Blanc y 2% Colombard.. Calificación: 81.14 puntos. Precio: $ 150.00

4.- Sauvignon Blanc Viña Kristel, cosecha 2010. 13.5% Alc. Vol. Monovarietal 100% Sauvignon Blanc. Calificación: 77.86 puntos. Precio: $ 179.00

Vinos Tintos

1.- Cabernet Sauvignon, cosecha 2007. 13.5% Alc. Vol, Monovarietal 100% Cabernet Sauvignon. Crianza de 18 meses en barrica de roble francés. Calificación: 86.71 puntos. Precio: $325.00

2.- Cabernet Sauvignon/Merlot, cosecha 2008. 13.5% Alc. Vol. Coupage de 70% Cabernet Sauvignon, 20% Merlot y 10 % Petit Verdot. Crianza de 18 meses en barrica de roble francés. Calificación: 82.71 puntos. Precio: $ 369.00.

3.-.Calixa Cabernet Sauvgnon/Syrah, cosecha 2009. 13.5% Alc. Vol. Coupage de 80% Cabernet Sauvignon y 20% Syrah. Crianza de 12 meses en barrica de roble francés. Calificación: 81.57 puntos. Precio: $ 199.00

4.- Merlot, cosecha 2008. 13.5 % Alc. Vol. Monovarietal 100% Merlot. Crianza de 18 meses de crianza en barrica de robla francés. Calificación: 79.00 puntos. Precio: $325.00

Los catadores eligieron mejor etiqueta la del vino Calixa Chardonnay, en los blancos, y la de Calixa Cabernet Sauvugnon/Syrah, en el caso de los tintos.

Al finalizar esta interesante degustación organoléptica fue servida una exquisita cena, confeccionada por Estela Pérez, cocinera propietaria del restaurante “La Finca Española”, la sede de estas catas “ciegas” del Grupo Enológico Mexicano.

El primer platillo fue Croquetas de Bacalao, que armonizamos con el vino Calixa Chardonnay, cosecha 2010. En seguida llegó el manjar principal, una deliciosa Merluza a la Cazuela, maridada con dos vinos: Cabernet Sauvignon/Merlot, cosecha 2008, y Calixa Cabernet Sauvgnon/Syrah, cosecha 2009. El postre consistió en Fresas con Natas, que acompañamos con el magnífico vino Chenin Blanc Cosecha Tardía, cosecha 2010, estableciéndose un singular maridaje.

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jueves, 22 de septiembre de 2011

LA PUBLICIDAD DEL VINO HACE CASI 100 AÑOS


Una comida sin vino es como una belleza

sin gracia, como una flor sin perfume,

como una mesa sin música.

MAURICE DES OMBIAUX (1868-1943)

En fecha reciente se llevó a cabo la trigésima cena de la serie Gastrónomos y Epicúreos, del Grupo Enológico Mexicano, en el restaurante “La Finca Española”, de Polanco. En esa ocasión Miguel Guzmán Peredo disertó acerca del tema “El encanto de los carteles antiguos”. El título de esta charla bien podría haber sido “La publicidad del vino hace casi 100 años”, porque lo expuesto ---en esa presentación audiovisual--- hizo clara alusión a la forma como eran promocionados los vinos, principalmente en el continente europeo, a finales del siglo XIX y principios del XX..

En su presentación audiovisual el conferenciante hizo pormenorizada referencia a esa singular forma publicitaria, utilizada ya desde el siglo XVIII tanto por las bodegas vitivinícolas como por las productoras de licores, destilados y otras bebidas etílicas.

Acerca de la publicidad cabe señalar que hay quienes la remontan a los tiempos cuando se construyó la Torre de Babel, ya que se afirma que el primer testimonio del cual se tiene conocimiento es una tablilla de barro cocido, del año 3.000 A.C., con la escritura cuneiforme propia de los sumerios. En esa placa hay menciones a un comerciante de ungüentos y a un zapatero.

A continuación, en esta crónica, aparece un extracto de esa plática mencionada líneas arriba, utilizando la primera persona del singular para describir el tema presentado.

En alguna página de internet leí que “Los asirios, fenicios, árabes, griegos y cretenses realizaban el trabajo de mercadeo o comercio. Hace más de 2500 años las caravanas de mercaderes babilónicos se valían de hombres heraldos, de voz potente y clara pronunciación, para anunciar sus productos. Los griegos contaban con pregoneros que anunciaban la llegada de los barcos con cargamento de vino, especias y metales. Con frecuencia, el pregonero iba acompañado de un músico que sólo se mantenía en el tono adecuado. Los pregoneros después se convirtieron en el medio más común de anuncios públicos en muchos países europeos, como Inglaterra o España y continuaron en boga durante muchos siglos”.

Durante la Edad Media se registró un acentuado analfabetismo en Europa, lo que propició que los comerciantes se sirviesen de carteles pictóricos, colocados en exteriores, donde una imagen (un zapato, una copa de vino, una llave, un sombrero, etc,) fuese la clave para proyectar un mensaje visual, entendible por la inmensa mayoría de los transeúntes, que se enterarían que en ese local reparaban o vendían zapatos, vino, forjarían llaves o hacían o arreglaban sombreros. Este tipo de publicidad tuvo una amplísima difusión, principalmente en Europa, y hoy en día constituye una forma muy pintoresca de dar a conocer la actividad comercial de un establecimiento. Estos anuncios constituían una forma simbólica de dar a conocer lo que en lenguaje escrito muy pocas personas podrían entender. De esta manera, con una imagen fácilmente comprensible por todos, se hacía posible anunciar un producto determinado.

Partiendo de la base de que quien tiene por actividad el comercio requiere que el público consumidor esté informado de sus productos o servicios, se hace evidente la certeza de la voz popular que afirma “el que no enseña no vende”. Otros promotores de las virtudes de la publicidad recuerdan que “la gallina no sólo pone el huevo, sino que cacarea”, para avisar de ese hecho. Este vocablo, cacarear, tiene el sentido figurado de exaltar los méritos propios.

Una de las formas más antiguas de la publicidad, que se remota a varios siglos, es aquella que tiene lugar en exteriores, y puede aseverarse que a raíz de la invención de la imprenta dieron comienzo los primeros anuncios, de los cuales los carteles significaron un nuevo paso en la estrategia de anunciar diversos productos, que combinaron atinadamente imágenes artísticas con un breve texto, que era suficiente para motivar la atención de quien contemplaba ese anuncio comercial.

En el caso de los vinos, de los destilados y los licores, y por ende todo tipo de bebidas alcohólicas, los carteles constituyeron una manera muy atractiva de anunciar esos productos. El Diccionario de la Real Academia Española define así la palabra cartel: “El papel que se fija en algún paraje público para hacer saber alguna cosa”. En Francia el cartel toma el nombre de Affiche, mientras que en Italia es llamado Etichette. Y en los países angloparlantes utilizan el vocablo Poster, para ese medio de comunicación.

Me parece interesante consignar que en octubre de 2007 tuvo lugar en Logroño, el corazón de La Rioja, en España, una exposición de treinta carteles donde se mostraban las imágenes publicitarias de las principales bodegas riojanas, de tradición centenaria, como AGE, Bilbaínas, CVNE, Franco Españolas, López de Heredia, Martínez Lacuesta, Marqués de Murrieta, Paternina y La Rioja Alta.

También en Madrid se llevó a cabo, en noviembre y diciembre de 2007, otra exposición de carteles, con la finalidad de conmemorar el aniversario 75 de haber sido implantado en España el sistema de las Denominaciones de Origen. De esta singular muestra artística escribió Helena Sánchez-Monge lo siguiente: “Los carteles expuestos en el Ministerio de Agricultura se presentan en soportes muy diferentes como chapa, papel, cartón, cartulina o tela. Y recogen, en siete apartados, los aspectos principales del sector vitivinícola: viñedos, uvas y pasas; vinos, temas generales; vinos generosos y mistelas; vinos espumosos; aguardientes vínicos; aperitivos vínicos; y vinos y exportación, etc. Los carteles de esta exposición abarcan el periodo de 1890 a 1960. En ellos se advierten detalles como el marco paisajístico que rodea al producto, el cuidado con que se recolecta la materia prima, así como distintos momentos del consumo, incluyendo el acto de cata y escenas típicas de comidas en diversos ambientes. Se puede apreciar también la evolución del vestido, con una gran variedad de trajes y atuendos, regionales, típicos y de etiqueta”.

Por lo que concierne a Italia quiero mencionar que en este país, de acentuada tradición vitivinícola, existe una agrupación integrada por personas que coleccionan carteles (en italiano la palabra que significa cartel es Etichette). Lleva el nombre de Associazione Italiana Collezionisti Etichette del Vino: Asociación Italiana de Coleccionistas de Carteles del Vino: A.I.C.E.V.). En este grupo figura Angelo Musanti, quien posee 2.800 carteles cuya antigüedad se remonta al año 1775 y se extiende al año 1950.

En la disertación aludida en esta crónica Miguel Guzmán Peredo proyectó en una pantalla una cincuentena de bellas imágenes, que están basadas en carteles de España y de Francia, de años pretéritos. Allí se muestrean generalmente mujeres, elegantemente ataviadas a la moda característica de estos dos países. En algunos casos se aprecian vestimentas propias de la Belle Epoque, aquel período de la historia de Europa comprendido entre los postreros años del siglo XIX y la primera década del XX. En el caso de las bebidas etílicas españolas, brandies, cavas, manzanillas y licores, las mujeres principalmente portan atuendos típicos de Andalucía.

Al concluir esta disertación hizo uso de la palabra Sergio Olmos de Urquidi, directivo de la empresa “La Villa de Madrid”, para hacer referencia a una bodega de La Rioja, cuya razón social es Viña Ijalba. Hizo mención que fue fundada por Dionisio Ruiz Ijalba, en el año 1991, y al presente ha alcanzado numerosas distinciones por la calidad de sus vinos. De esta bodega degustamos el vino blanco Genolí, un monovarietal 100% de cepa Viura, cuyas características organolépticas fueron ponderadas por los participantes en esa cena, destacando sus delicados aromas frutales y florales. Entre varias otras cualidades.

Igualmente saboreamos el vino tinto Múrice, Crianza, cosecha 2005 (resultado de un coupage de Tempranillo con Graciano), igualmente de Viña Ijalba, al cual seguramente el enólogo de esa bodega le dio ese nombre por recordar que un molusco del género Murex (Murex brandaris), propio del Mediterráneo, producía un colorante empleado para teñir las vestiduras de reyes y alta jerarquía civil y eclesiástica, al colorear de una tonalidad púrpura los ropajes de esa aristocracia. Es un vino en extremo delicioso, de color violáceo profundo y de exquisito bouquet y delicioso sabor.

Al llegar el momento de la cena nos dispusimos a degustar dos platillos de señalada sabrositud, preparados por Estela Pérez, cocinera-propietaria de “La Finca Española” (muy agradable restaurante sito en Sudermann 235, en el área de Polanco). Inicialmente sirvieron Calamares a la Romana, sobre una cama de lechuga, y posteriormente Entrecot al queso cabrales. Con el primer manjar bebimos el vino blanco Genolí, cosecha 2010, estableciéndose un sápido maridaje. Con el platillo principal la armonización fue con Múrice, y la combinación fue excelente. El postre fue Arroz con lecha, tradicional de este salón comedor.

Antes del café bebimos una copa del mezcal “Pierde Almas”, elaborado en forma artesanal con el agave Do-ba-daán, cuyo grado alcohólico oscila entre los 48 y los 53 grados. Se trata de un destilado de grato aroma e intenso sabor, que día a día viene cobrando mayor demanda entre los consumidores nacionales.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

CATA "CIEGA" DE VINOS MULTINACIONALES


Para no ser esclavos martirizados por el tiempo,

¡embriagaos!, ¡embriagaos!, ¡embriagaos

constantemente!.

De vino, de poesía o de virtud, a vuestro antojo.

CHARLES BAUDELAIRE (1821-1867)

La degustación evaluativa de vinos de diversa procedencia geográfica, elaborados con cepas distintas unas de otras, entraña para el enófilo acentuado interés, porque permite la posibilidad ---en la ocasión que tiene lugar esa cata organoléptica--- de advertir sensaciones olfativas y gustativas de aromas y sabores distintos, así como de la calidad propia de esos caldos, lo que orilla a un análisis cuidadoso de su parte, para que su calificación a cada uno de esos vinos sea lo más objetiva posible, máxime que ignora (porque se trata de una cata “ciega”) el país de origen, la región productora, la variedad con que está elaborado, así como la marca y, por ende, el precio al público de ese vino.

Los vinos evaluados en la cata “ciega” número 211 del Grupo Enológico Mexicano, correspondiente al mes de septiembre de 2011, fueron elaborados en cinco países: Argentina, Chile, España, Francia y México. Estos vinos son comercializados en nuestro país por la empresa La Selección del Sommelier.

Con la finalidad de proporcionar a quien lea esta crónica, alguna información actualizada acerca de esos países productores de tan deliciosa ambrosía etílica, mencionaré lo siguiente:

Con respecto a la producción del vino en Argentina, señalaré por su volumen es el quinto país a nivel mundial, por atrás de Francia, Italia, España y Estados Unidos de América. En 2008 el volumen total comercializado ascendió a mil trescientos diez millones de litros. De esta considerable cantidad el 79% fue derivado al consumo interno, y el restante 21% a las exportaciones, a todo el mundo.

En el año 2003 la producción de vino en Argentina fue de 1.200 millones, y por ello ocupó el primer lugar en América del Sur, por delante de Chile. Y fue el segundo exportador, por detrás de su vecino, Chile. La extensión del viñedo en 2008 alcanzaba las 229.500 hectáreas. El viñedo en Mendoza representa el 70.33% del total nacional. El de San Juan, el 21.69%, y el de La Rioja el 3.76%. El restante 4.22 % corresponde a las otras zonas vitícolas. El total de las bodegas registradas fue de mil trescientas treinta y una. Ese año la producción sumó mil quinientos cuatro millones de litros.

Las principales regiones vitivinícolas de Argentina son Mendoza (su producción corresponde al 60% del total nacional), San Juan, Salta, La Rioja, Córdoba, Catamarca. En fecha reciente han comenzado a ser consideradas otras zonas, como Neuquen, Río Negro, Entre Ríos, Chubut, Buenos Aires y Santa Fe,

Finalmente diré que en fecha reciente, el 24 de noviembre de 2010, la presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, expidió el decreto por el cual el vino fue declarado “la bebida nacional” de esa nación del Cono Sur.

En la página oficial de la bodega Francois Lurton leo la siguiente información: “ François Lurton desciende de una de las familias más famosas de la viticultura bordelesa y en el transcurso de los últimos veinte años supo ganarse una reputación gracias a su pericia y a su visión moderna de los vinos. Después de trabajar diez años con su padre decidió crear, junto a su hermano Jacques, una sociedad sociedad vitivinícola. Su propósito fue aún más transparente, producir vinos fuera de Burdeos y empezó a buscar viñedos en Languedoc y en Argentina.

Durante los primeros años, Jacques & François Lurton es esencialmente una sociedad de asesoramiento para la crianza, la vinificación y el marketing de los vinos. Sus clientes son viticultores que quieren adaptar su producción a las expectativas de los diferentes mercados, así como negociantes y minoristas deseosos de satisfacer las nuevas demandas de los consumidores. Durante estos últimos años construyeron bodegas y compraron viñedos en Languedoc, España, Argentina, Chile y Portugal. Los hermanos Lurton disponen de sus propios equipos de enólogos en cada país, las uvas proceden de viñedos contratados o que les pertenecen y únicamente comercializan sus propios vinos. Hace poco François adquirió la parte de su hermano convirtiéndose así en el accionista mayoritario de la sociedad y toma entonces su actual nombre: 'François Lurton, S.A”. Hasta aquí esa cita.

Considero conveniente agregar que Francois Lurton posee bodegas vitivinícolas en Argentina, Chile, Francia, España y Portugal.

De este emporio comercial degustamos tres vinos elaborados en la región de Mendoza, en Argentina: el vino blanco Gran Lurton Corte Friulano, y los vinos tintos Bonarda y Alcayata.

Por lo que concierne a España mencionaré que es el país que cuenta con la mayor extensión cultivada de viñas en el mundo. Suman un millón las hectáreas cubiertas de viñedos (otras fuentes de información acrecientan esa cantidad a un millón doscientas mil), lo que viene a ser el 15% del total mundial. A pesar de esa colosal superficie cubierta de viñas España es el tercer productor de vino en el orbe, por atrás de Francia e Italia. Se habla de que el consumo anual per capita asciende a 38 litros, lo que lo coloca como noveno país consumidor en el mundo. Hay sembradas más de seiscientas cepas diferentes, si bien el 80% del vino producido es elaborado con únicamente veinte variedades, entre las que sobresalen Tempranillo, Albariño, Garnacha, Palomino, Airén, Macabeo, Parellada, Xarel·lo, Cariñena y Monastrell. En Wikipedia leo también que “Algunas de las zonas vinícolas más conocidas internacionalmente son Rioja, Ribera del Duero, el Marco de Jerez, Rías Baixas, Penedés, y Priorat.

En este país existen actualmente sesenta y nueve Denominaciones de Origen, con sus respectivos Consejos Reguladores, pero esta cifra se incrementa constantemente.

Se ha estimado que la producción en 2010 fue del orden de los 40.2 millones de hectolitros (cuatro mil doscientos millones de litros), y que las regiones de Castilla-La Mancha, La Rioja, Cataluña y Valencia incrementarían su producción, en tanto que decrecería en Castilla-León, Andalucía y Galicia.

Existen predicciones que aseguran que antes del año 2015 (según leo en el boletín on-line Argentinewines.com, del 10 de julio de 2008) España ocupara el primer lugar mundial como productor de vino, debido a que la producción francesa pasaría de 52,8 millones de hectolitros en el período 2000-2004 a 43,9 millones en 2015, estimó el Centro de Investigaciones para el Estudio y la Observación de las Condiciones de Vida (CREDOC) en este estudio. Los vinos franceses son castigados por la reducción del volumen que se consume, sobre todo de los vinos tintos, un fenómeno al que resisten mejor los tintos españoles. Respecto a las exportaciones, lo viticultores franceses sufrirán una pérdida de mercado en los mercados tradicionales y en los emergentes (China, Japón. frente a la competencia de los nuevos productores en América y Oceanía.

Acerca de la empresa denominada Bodega y Viñedo Tinedo, productora del vino Cala 2, degustado en la cata del martes 13 de septiembre de 2011, señalaré que es la finca propiedad de la familia Álvarez-Arenas, ubicada en el municipio de Socuéllamos, de Castilla-La Mancha (próximo a las Provincias de Ciudad Real y Cuenca), donde cuenta con cuarenta y siete hectáreas de viñedos. En la página de esa bodega queda asentado que la antigüedad de esa familia en dicha zona se remonta a algunos años anteriores a 1742. Allí elaboran los vinos Cala 1 y Cala 2, de gran clase enológica.

De la producción de vinos en Chile asentaré (de acuerdo a lo que aparece en el portal www.todovinos.cl, que se estimaba que la vendimia de 2011 permitiría alcanzar los diez millones de hectolitros (un mil millones de litros), lo que significaría un incremento superior al 20% en comparación con la vendimia de 2010. Esta cantidad permite suponer que el viñedo chileno se ha recuperado después de la traumática experiencia del terremoto que asoló 1.25 millones de hectáreas. A este particular conviene recordar que el viñedo chileno se extendía en el año 2005 en una superficie de casi dos millones de hectáreas (1.959.000 exactamente).

Por lo que concierne a las exportaciones de esta “golosina líquida” (como llamó Emile Peynaud, renombrado enólogo francés, al vino) en Chile, en 2010, Pedro Araneda, vicepresidente de la empresa Vinos de Chile, consignó que habían sido del orden de los 733 millones de litros.

De este país catamos un vino blanco, resultado de un coupage de las cepas Sauvignon Blanc y Gewürztraminer, elaborado por la bodega Viña Ventisquero, una empresa fundada en 1998 que ha alcanzado un notorio crecimiento y prestigio, ya que desde 2007 figura como una de las diez más importantes de Chile. Los vinos de esta bodega, que posee viñedos en Valle de Maipo, Valle de Casablanca, Valle de Colchagua, Valle de Leyda y Valle de Apalta, están comprendidos en tres niveles: Yali, Viña Ventisquero y Ramirana. .

Al ocuparme de Francia me extenderé un poco más, por tratarse del país que ocupa, al paso de los años, el primer lugar mundial, con algunas altibajas, como productor de vino en el orbe, oscilando dicha producción anual entre los cinco mil quinientos y los cinco mil ochocientos millones de litros. Por la extensión de su viñedo ocupa el segundo lugar mundial (800.000 hectáreas, en números redondos), por atrás de España, lo que viene a ser el 10.3% del total del viñedo mundial.

Las principales regiones productoras de vino en Francia son las siguientes: Alsacia, Burdeos, Borgoña, Champagne, Jura, Languedoc-Roussillon, Loira, Provenza, Ródano, Saboya y Sudeste.

La producción de vino en la región de Languedoc-Roussillon (ubicada en el sur de Francia en los Pirineos Orientales, colindando con Cataluña) viene cobrando una señalada importancia, pues su exportación se ha incrementado notoriamente a nivel mundial. De esta zona vitivinícola son dos de los vinos catados, procedentes de la bodega Mas Janeil, perteneciente a la empresa Domaines Francois Lurton y adscritos a la Denominación de Origen Cotes du Roussillon-Villages. Cabe agregar que la palabra Mas es un vocablo catalán que equivale a las palabras francesas Domaine o Chateau. El vino tinto Mas Janeil es resultado de un coupage de Grenache (60%), Carignan, (30%) y Syrah (10%). Las tres variedades tienen crianza en barrica francesa durante un año, antes de ser mezcladas. El vino Mas Janeil Rosé es un coupage de 60% Grenache Noir, 30% Syrah y 10% Grenache Gris.

Otras noticias referentes al vino en Francia son las siguientes: de acuerdo al informe publicado el 12 de agosto de 2011, en el boletín digital Argentinewines,com “la producción de vino en Francia en 2008 disminuyó a 45,8 millones de hectolitros, el 1,5% menos en comparación con los 46,5 millones de hectolitros de 2007, y un 12% menor frente a la media de los últimos cinco años, según datos de la Oficina Interprofesional de Vinos y Hortícola (Viniflhor). La Interprofesional, en sus últimas estimaciones de fin de julio, detalla que de los casi 46 millones de hectolitros que se prevén de esta vendimia, unos 22 millones de hectolitros corresponden a vinos de calidad producido en región determinada (vcprd), el 4,5% menos frente a los 23,2 millones de hectolitros anteriores. En lo que se refiere a vinos de la tierra y de mesa, mostos y zumos, la producción de esta campaña rondará los 17 millones de hectolitros, cantidad similar a los 16,9 millones de hectolitros de 2007, mientras que serán 6,5 millones de hectolitros los que se destinarán a la producción de coñac y armañac. Por regiones, destacan la producción de Languedoc-Rousillon, que aportará este año al balance nacional 14,8 millones de hectolitros; la de Aquitania, con 6,7 millones de hectolitros, y la de Charentes, con 6,5 millones de hectolitros”

Al mencionar esas cifras millonarias cabe recordar, agrego yo, que la cosecha promedio habitual de vino en Francia se sitúa entre 53 y 58 millones de hectolitros cada año.

En enero de 2010 la OIV (Organización Internacional de la Viña y del Vino) declaró que en 2009 Francia produjo casi 46 millones de hectolitros de vino (casi 4.600 millones de litros), una cifra muy próxima a los 45,5 millones italianos, que ahora ocupa el segundo lugar, y con ello recuperó el primer lugar mundial. De acuerdo a dicho organismo rector de la viticultura en el mundo “En 2008 Francia consideró que su reinado se vio superado y perdió el primer puesto en el ranking de la producción mundial de vinos, con 41,4 millones de hectolitros, 7 millones menos que en Italia, en 2009 los productores galos recuperaron su dignidad”.

Acerca de la disminución que se registra actualmente en el consumo de vino en Francia considero conveniente transcribir algunas frases, recientes (del 7 de julio de 2011), que leí en un texto titulado “Adiós al vino”, de quien firma con el seudónimo de Apicio Gourmet (apicio.gourmet@yahoo.com), donde asienta: “¿Está ocurriendo lo impensable en Francia?
Un viejo amor de los franceses parece sentir el desgaste del tiempo: la tradicional pasión de esta sociedad por el vino como un elemento distintivo de su cultura está en pleno declive, afirma un nuevo estudio. El cambio se constata tanto en el marcado descenso del consumo de vino en Francia como en una actitud más distante de los jóvenes hacia esa bebida, según el trabajo de expertos del Grupo Escuela Superior de Comercio de Pau (ESC Pau) y la Universidad de Toulouse. Los expertos se basaron en investigaciones previas según las cuales el consumo de vino en Francia descendió de 50 millones de hectolitros en 1980 a 32 millones en 2008.

En promedio, se estima que un francés adulto bebe como máximo una botella de vino por semana. Una de las razones de esta caída, explicó el estudio, es la disminución en la cantidad de franceses que beben vino regularmente, que una proyección ubica en 16,5%. Pero también se ha registrado un aumento en la cantidad de franceses que directamente evitan consumir vino, que se duplicó entre 1980 y 2005 para llegar a 38% del total”.

Respecto a los vinos de España mencionaré lo siguiente: este país europeo cuenta con la mayor extensión cultivada de viñas en el mundo (en unas fuentes de información aparece un millón de hectáreas, en tanto que en otras se menciona la cifra de un millón doscientas mil hectáreas), lo que viene a ser el 15% del total mundial. Allí están sembradas más de seiscientas variedades autóctonas, pero cabe decir que el ochenta por ciento del vino elaborado procede únicamente de veinte cepas. España es el tercer productor mundial, por atrás de Francia y de Italia, con un total promedio aproximado de cuatro mil millones de litros.

De los vinos de nuestro país, México, transcribiré un par de párrafos de un escrito de quien firma con el seudónimo de Apicio.gourmet (apicio.gourmet@yahoo.com), publicado el 7 de enero de 2011. Allí leí que “En 2009 se alcanzaron ventas de 66 millones de litros, incrementándose en 2% con respecto al año anterior. Incluso un estudio de la Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España en México, llamado "El Mercado del Vino en México", estimó una tasa de crecimiento anual de consumo aproximada de 12% para los próximos años.

Según los expertos del sector, se puede considerar la venta de vino en México como "un mercado en pleno ascenso", donde cada año aumenta tanto la producción de vino nacional e importaciones de vino extranjero, como su consumo. En el país existe una cantidad importante de marcas (más de dos mil etiquetas) aunque muchas son nuevas. De hecho, se estima que 33% de las etiquetas vendidas son recién incorporadas al mercado, es decir, se sustituyen rápidamente unas a otras.

Otra información en extremo importante es la que leí en el boletín on-line E-Lettre Vitisphere, de Francia, del 6 de junio de 2011. Allí aparecen las declaraciones de Luis Alberto Cetto, Presidente del Consejo Mexicano Vitivinícola, a la vez que Presidente y Director General de la empresa Productos de Uva, elaboradora de los vinos de la marca L.A.Cetto, en el sentido de que “el consumo de vino per capita en México se incrementará en un 13% en relación al volumen de 2010, y que en los cuatro años venideros se duplicará esa cantidad. Se tiene proyectado que en el año 2015 la producción de vino en México será de un millón de hectolitros (cien millones de litros)”

Y agregó, de acuerdo a esa noticia: “Actualmente sólo 1.3 millones de mexicanos (el 1% de la población) consume el 80% del volumen de los vinos comercializados en el país. El mercado mexicano es aún pequeño, el consumo anual per capita es de 400 ml. Se puede advertir el gran potencial de este mercado, en comparación con el consumo anual de parte de sus vecinos estadounidenses, que fue de doce litros. En Chile fue de diecinueve litros, en tanto que en Argentina alcanzó los cuarenta litros”.

El vino mexicano evaluado en la cata 211 del Grupo Enológico Mexicano fue Tierra de Misiones Barlovento, cosecha 2007. Es un vino elaborado con un coupage de 40% Tempranillo, 30% Cabernet Sauvignon, 15% Merlot y 15% Petite Syrah, que tiene un tiempo de crianza de ocho meses en barricas de roble Francés y Americano.

La cata mensual número 211, correspondiente al mes de septiembre, tuvo lugar en un salón privado del restaurante “Valkiria”, la sede permanente de estas degustaciones analíticas. La Mesa de Catadores estuvo integrada esa tarde por los siguientes enófilos: Alejandra Vergara, Patricia Amtmann, Joaquín López Negrete, José del Valle Rivas, Darío Negrelos, Manuel García y Miguel Guzmán Peredo.

Las calificaciones están basadas en los parámetros que maneja el Grupo Enológico Mexicano. Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 50 y los 59 puntos son considerados “no recomendables”. Si la puntuación se halla comprendida entre los 60 y los 74 puntos, son juzgados “bebibles”. Una calificación entre los 75 y los 84 puntos permite evaluarlos como “buenos”. Si el puntaje oscila entre los 85 y los 94 puntos, son juzgados “muy buenos”. En el caso de que la calificación esté comprendida entre los 95 y los 100 puntos, entonces alcanzan la categoría de “extraordinarios”.

Los resultados fueron los siguientes:

Vinos Blancos

1.- Gran Lurton Corte Friulano. Cosecha 2009. Coupage de 75% Tokai Friulano, 20% Pinot Gris, 2.5% Torrontés y 2.5% Chardonay. 13.0% Alc. Vol. Crianza de ocho meses en barrica de roble francés. Viñedos y Bodega Lurton. Valle de Uco, Mendoza, Argentina. Calificación: 86.71 puntos. Precio: $ 480.00

2.- Ramirana Gran Reserva Sauvignon Blanc/Gewürztraminer. Cosecha 2009. Coupage de 70% Sauvignon Blanc y 30% Gewürztraminer. 13.5% Alc. Vol. Viña Ventisquero. Chile. Calificación: 85.71 puntos. Precio: $ 339.00

Vinos Rosados

1.- Lurton Bonarda. Cosecha 2007. Monovarietal 100% Bonarda. 12.5% Alc. Vol. Crianza de dos meses en barrica de roble francés y posterior reposo en botella durante seis meses. Viñedos y Bodega Lurton. Valle de Uco, Mendoza, Argentina. Calificación: 83.29 puntos. Precio: $ 216.00

2.- Mas Janeil Rosé. Cosecha 2008. Coupage de 60% Grenache Noir, 30% Syrah y 10% Grenache Gris. 13.9% Alc. Vol. Crianza de ocho meses en barrica de roble francés. A.O.C.. Cotes du Rousillon-Villages. Domaines Francois Lurton. Languedoc. Francia. Calificación: 76.86 puntos. Precio: $ 378.00

Vinos Tintos

1.- Alcayata. Cosecha 2006.Coupage de 85% Malbec y 15% Syrah. 14.0% Alc. Vol. Crianza de doce meses en barrica de roble francés, el 85% del vino, y el 15% del vino en barrica americana). Viñedos y Bodega Lurton. Mendoza, Argentina. (este vino fue premiado con medalla de oro en el certamen Argentina Wines Awards). Calificación: 89.14 puntos. Precio: $600.00

2.- Tierra de Misiones Barlovento. Cosecha 2007.Coupage de 40% Tempranillo, 30% Cabernet Sauvignon, 15% Petite Syrah. 13.7% Alc. Vol. Crianza de diez meses en barrica de roble francés. Viñedos y Bodega Parras de Guadalupe. Valle de Guadalupe. Ensenada, Baja California, México. Calificación: 87.57 puntos. Precio: $369.00

3.- Cala 2, cosecha 2008. Coupage de 85% Tempranillo y 15% Cabernet Sauvignon. 14.0% Alc. Vol. Crianza de dieciocho meses en barrica. Producción limitada a 4.500 botellas. Bodega y Viñedo Tinedo. Municipio de Socuéllamos, La Mancha, España. Calificación: 86.71 puntos. Precio: $ 428.00

4.- Mas Janeil Tinto. Cosecha 2007.Coupage de 60% Grenache, 30% Syrah y 10% Monastrel. 14.0% Alc. Vol. Crianza de doce meses en barrica de roble francés y reposo de doce meses más en botella. A:O:C: Cotes du Rousillon-Villages. Domaines Francois Lurton. Languedoc. Francia. (este vino fue galardonado con medalla de oro en Vinalies International, de Francia, y medalla de oro en Concours des Altides, también de Francia). Calificación: 85.57 puntos. Precio: $ 450.00.

Los miembros de la Mesa de Catadores eligieron “mejor etiqueta”, en el caso de los vinos bancos, la del vino Gran Lurton Corte Friulano; y en el caso de los tinto, la del vino Cala 2.

De los ocho vinos degustados seis rebasaron los 85 puntos de calificación, lo que de acuerdo a los parámetros del Grupo Enológico Mexicano significa que se trata de “muy buenos”.

Al concluir la degustación saboreamos una deliciosa cena, acompañada de tres vinos previamente catados: Ramirana Gran Reserva Sauvignon Blanc/ Gewürztraminer, Mas Janeil Tinto y Alcayata.