miércoles, 14 de noviembre de 2012

CATA DE VINOS GRAFFIGNA, DE ARGENTINA, Y CAMPO VIEJO, DE ESPAÑA



“El vino argentino es un honorable embajador en el
mundo, y enorgullece a los argentinos que beben en
el mercado doméstico los mismos vinos que exportan
y que prestigian al país en todos los continentes”

DECRETO PRESIDENCIAL del 24 de noviembre
de 2010, declarando al vino Bebida Nacional.

Acerca de los vinos argentinos mencionaré que ese país ocupa el quinto lugar como productor en el mundo, por atrás de Francia, Italia, España y Estados Unidos de América. La  superficie del viñedo al comenzar el año 2012 era casi de doscientas veinte mil hectáreas, que cubre una extensión de 1.700 kilómetros, a lo largo de la Cordillera de los Andes. Las principales zonas vitivinícolas están comprendidas entre los 22 y los 40 grados de Latitud Sur, y son las siguientes: Mendoza (donde es elaborado el 70% del total del vino argentino, y cuyas exportaciones corresponden al 84% del total del vino comercializado en el exterior),  San Juan (22%) Río Negro (3%) La cantidad restante, el 5%, equivale a la producción en Salta, La Rioja Córdoba y Catamarca.
En Argentina (cuya extensión territorial es de casi dos millones ochocientos mil kilómetros cuadrados: exactamente 2.766.889)  existen casi mil bodegas, distribuidas en las principales zonas vitivinícolas. Y son elaborados cada año más de mil quinientos millones de litros. La primera región vitivinícola es Mendoza. Le sigue San Juan, en la provincia del mismo nombre, en la región de Cuyo, cuya principal área vitivinícola es el Valle de Tulum, en la parte meridional de esa zona geográfica. Por lo que concierne a la Bodega Graffigna, refiero la siguiente información: “En 1865 un inmigrante italiano llamado Juan Graffigna se estableció en Argentina, en el giro vinícola, en el cual tenía experiencia en su país de origen. En 1870 su sobrino Santiago se unió a la bodega que lleva su apellido, la cual es la más antigua de San Juan y la segunda más antigua en todo el país. Bodegas y Viñedos Santiago Graffigna representa uno de los emblemas que enorgullece a la provincia de San Juan. Más de 100 años de trayectoria en el mercado de la producción de vinos finos hicieron que Graffigna se convierta en la bodega argentina que más premios recibió en el concurso de vinos de Bruselas en la edición 2005. Todo comenzó cuando Juan Carlos Graffigna, inmigrante italiano, comenzó una humilde actividad vitivinícola en 1869. La visión de este pionero fue continuada con dedicación por sus sucesores,  quienes siempre desempeñaron la actividad en el Departamento de Pocito”.
(Para enfatizar la importancia que, a mi parecer, han tenido los emigrantes llegados a Argentina en el siglo XIX (muchos de ellos llegados de Italia y España, quienes en el país que los acogió continuaron con sus tareas vitivinícolas, aprendidas en el suelo materno) recordaré que en el libro El espejo enterrado, de Carlos Fuentes, queda asentado que  “en 1869 Argentina tenía una población de apenas dos millones de habitantes. Entre 1880 y 1905 llegaron al país tres millones de inmigrantes europeos, y en el año 1900 una tercera parte de la población de Buenos Aires había nacido en el extranjero”.  
A este particular agrego yo que la ciudad de Buenos Aires, la urbe porteña capital de ese país de  colosal extensión: 2.780,400 kilómetros cuadrados, tenía en 1869 una población de apenas 187.346 habitantes. En 1895 el número de habitantes de Argentina era de 3.995.000, y la población de Buenos Aires ascendía a 663.854 habitantes. . Como necesario punto de comparación diré que la población de México ---todo el país--- en 1867 era de 8.812.850 habitantes, en tanto que la de la ciudad de  México, en el año 1900  era de 541.515).
Considero importante señalar que esta afamada empresa vitivinícola ---cuyos vinos han sido galardonados con más de un centenar de medallas de oro, plata y bronce en los más prestigiados certámenes internacionales--- fundó un hermoso museo alusivo al vino, en el cual queda plasmada la centenaria historia de la bodega Graffigna, sita a un par de kilómetros de la parte céntrica de la ciudad de San Juan. Este recinto fue inaugurado en Noviembre de 2003, “con el fin de mantener en la memoria la tradición de sus fundadores”.  Como gran curiosidad en ese lugar se halla, en la sala de toneles, uno de estos recipientes cuya capacidad es de doscientos mil litros. Fue inaugurado en 1910, para conmemorar el Centenario de la Revolución de Mayo.

A propósito de los premios otorgados a Bodegas y Viñedos Graffigna cabe decir que en el boletín digital Día a Día del Vino, de Argentina, del día 25 de octubre de 2012, aparece  la noticia de que “en una nueva edición del Internacional Wine Challenge (IWC, celebrado en la ciudad de Londres), Bodegas Graffigna obtuvo la medalla de bronce por sus vinos Centenario Malbec 2010 y Santiago Graffigna 2008. Además, la bodega fue reconocida con una mención especial por el Grand Reserve Malbec 2008. El reconocido concurso IWC,  que elije los mejores vinos entre más de 50 países y reúne a 338 de los mejores jueces, destacó a Bodegas Graffigna por la gran calidad de sus vinos. De esta manera, la bodega continúa acumulando reconocimientos internacionales, tras haber sido premiada recientemente en el Concurso Internacional de Vinos y Licores 2012 (VINUS, celebrado en la ciudad de Mendoza, Argentina)” 

Por otro lado, haciendo referencia a los vinos de España, diré que existen, en esta materia, setenta y nueve  Denominaciones de Origen ---esta cifra aumenta paulatinamente, en virtud de los progresos que en tratándose de la calidad de los vinos alcanzan diversas otras regiones españolas--- de las cuales dos han alcanzado el honroso título de Calificadas: Rioja y Priorato, y por ello en las etiquetas figura la leyenda D.O.Ca Rioja y D.O.Ca Priorat.  En esta ocasión me ocuparé de los vinos de una empresa de La Rioja, asentada en la ciudad de Logroño; la Bodega Campo Viejo, productora de encomiables vinos blancos,  rosados, espumosos (Cava)  y tintos.

Primeramente señalaré que el área geográfica de La Rioja está dividida en tres subregiones: la más occidental es La Rioja Alta. La más oriental es La Rioja Baja. Y La Rioja Alavesa está ubicada en la comarca de Álava, en el País Vasco.  En el portal www.arecetas.com  leo lo referente a  la Denominación de Origen Calificada Rioja, la cual se extiende por la Comunidad Autónoma de La Rioja y por varios municipios del País Vasco y de Navarra, en una superficie estimada de sesenta mil hectáreas de viñedo. “Esta Denominación ampara vinos tintos, blancos y rosados. Los vinos de Rioja se catalogan en jóvenes, adecuados para consumir en su primer o segundo año y los criados en barrica. Estos últimos pueden ser Crianza, Reserva y Gran Reserva. Los vinos Crianza están en su tercer año. Los tintos han pasado al menos uno en barrica y los blancos, seis meses. Los vinos tintos Reserva han envejecido durante tres años y, al menos uno, en barrica, mientras que los blancos Reserva han pasado por un proceso de envejecimiento de 2 años y al menos 6 meses en barrica. Los Grandes Reservas tintos han pasado dos años en barrica y tres en botella, mientras que los blancos han envejecido durante cuatro años, de los que 6 meses han pasado en barrica. El Consejo Regulador de la DOCa Rioja es el organismo encargado de garantizar la calidad de los vinos de Rioja, y vela por el cumplimiento de las normas que marca el reglamento, tanto en el cultivo de la vid como en la elaboración del vino.
“Los vinos de Rioja se elaboran, tradicionalmente, con siete variedades de uva: Tempranillo (la más utilizada), Garnacha, Mazuelo y Graciano para los tintos; y Viura, Garnacha blanca y Malvasía para los blancos. El Consejo Regulador ha aprobado la incorporación de otras seis variedades blancas: Maturana, Turruntés, Tempranillo blanco, Chardonnay, Sauvignon Blanc y Verdejo, y una tinta: Maturana tinta. La Rioja cuenta, además,  con la tradición vitivinícola del Cava  Este vino espumoso se elabora principalmente con las variedades Macabeo, Xare.lo y Parellada, aunque también están permitidas la Malvasía (Subirat Parent) y la Chardonnay. Las variedades permitidas para los cavas rosados son Garnacha tinta, Monastrell, Pinot Noir y Trepat. Desde principios del siglo XX. Esta Comunidad Autónoma es la cuarta productora y cuenta con tres empresas elaboradoras de este vino espumoso, elaborado en siete comunidades autónomas: Cataluña, La Rioja, Aragón, Navarra, País Vasco, Comunidad Valenciana y Extremadura”. Hasta aquí esta cita.
Vitivinícolamente hablando el viñedo riojano se remonta a los tiempos de las incursiones de las legiones romanas en Hispania. En la página oficial de la bodega que ahora me ocupa aparece la razón de su nombre: “En tiempos del Imperio Romano, los soldados de la 4ª legión, licenciados con honores, eran recompensados con una parcela de terreno en Villar de Arnedo, población que entonces acabó siendo conocida como Campus Veteranus, que derivó en la actual denominación de Campo Viejo”.
Por lo que respecta a sus orígenes en el siglo veinte, mencionaré que en la misma fuente de información ---la página oficial de esta bodega---  aparece que “En 1959 José Ortigüela fundó una pequeña bodega en la ciudad de Logroño (que es la capital de la Comunidad Autónoma y Provincia de  La Rioja).  Su nombre es un recordatorio del terreno existente antaño en Villar de Arnedo, donde José pasó su infancia: el “Campo Viejo”. Su sueño, que hoy es ya una realidad, era crear una marca de calidad de Rioja que fuera perfecta para disfrutar en compañía de los amigos. Campo Viejo tiene una larga y orgullosa historia que se remonta al Imperio Romano. Desde nuestra primera cosecha  –elaborada en la antigua bodega de Ortigüela, en 1959–  hasta la inauguración de nuestra vanguardista bodega sostenible en 2001, hemos sido el buque insignia del sector vinicultor de Rioja”.

La cata “ciega” número 224 del Grupo Enologico Mexicano se llevó a cabo el martes 13 de noviembre, en el salón “Decanter”, del hotel St. Regis México City. La Mesa de Catadores estuvo integrada esa tarde por los siguientes enófilos: Patricia Amtmann,  Alejandra Vergara, José del Valle Rivas, Darío Negrelos, Rodrigo García, Juan Ignacio Torreblanca, Roberto Quaas Weppen y  Miguel Guzmán Peredo.






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Las calificaciones están basadas en los parámetros que maneja el Grupo Enológico Mexicano. Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 50 y los 59 puntos son considerados “no recomendables”. Si la puntuación se halla comprendida entre los 60 y los 74 puntos, son juzgados “bebibles”. Una calificación entre los 75 y los 84 puntos permite evaluarlos como “buenos”. Si el puntaje oscila entre los 85 y los 94 puntos, son juzgados “muy buenos”. En el caso de que la calificación esté comprendida entre los 95 y los 100 puntos, entonces alcanzan la categoría de “extraordinarios”.

Los  resultados fueron los siguientes:

Vinos blancos:

1.-  Graffigna Centenario Pinot Grigio Reserve, cosecha 2011. Monovarietal 100% Pinot Grigio. 13.0 % Alc. Vol. Bodegas y Viñedos Graffigna. Valle de Tulum. San Juan, Argentina. Calificación: 82.16  puntos. Precio: $ 209.00

2.-  Campo Viejo Semidulce. Sin añada. Monovarietal 100% Viura. 11.0% Alc. Vol. El 10% del vino tiene una crianza de tres meses en barrica nueva de roble estadounidense, y envejecimiento sobre sus lías otros tres meses. Denominación de Origen Calificada Rioja. Bodega Campo Viejo. Logroño, La Rioja, España. Calificación:  80.50 puntos. Precio: $ 144.00

Vinos Tintos:

1.- Graffigna Grand Reserve Malbec, cosecha 2008. Monovarietal 100% Malbec. 14.5% Alc. Vol. Crianza en barrica de roble durante doce meses y posterior maduración en botella durante seis meses. Bodegas y Viñedos Graffigna. Valle del Pedernal. San Juan, Argentina. Calificación: 85.17 puntos. Precio: $ 355.00

2.- Santiago Graffigna, cosecha 2005. Edición numerada. Coupage de 40% Malbec, 30% Cabernet Sauvignon y 30% Shiraz.  14.5% Alc. Vol. Crianza en barrica de roble francesa y estadounidense durante catorce meses.Bodegas y Viñedos Graffigna. San Juan, Argentina. Calificación: 84.33 puntos. Precio: $ 753.00

3.- Campo Viejo Gran Reserva, cosecha 2004. Coupage de 85% Tempranillo, 10% Garnacha y 5% Mazuelo. 13.0% Alc. Vol. Crianza en barricas de roble francés (80%) y americano (20%) durante veinticuatro meses y posterior reposo en botella durante tres  años. Denominación de Origen Calificada Rioja. Bodega Campo Viejo. Logroño, La Rioja, España. Calificación: 83.50 puntos. Precio: $ 305.00

3.-  (Empate) Graffigna Centenario Malbec Reserve, cosecha 2010   14.0% Alc. Vol. Monovarietal 100% Malbec.  Crianza del 50% del vino durante 12 meses en barricas de roble, y posterior reposo en botella durante seis meses. Bodegas y Viñedos Graffigna. Valle del Pedernal. San Juan, Argentina. Calificación:  83.50  puntos. Precio: $ 222.00

3.-  (Empate) Graffigna Centenario Cabernet Sauvignon Reserve, cosecha 2010.   
14.0  % Alc. Vol,  Monovarietal 100% Cabernet Sauvignon. Crianza durante doce meses en barricas de roble francesa y estadounidense, y posterior maduración en botella durante seis meses. Bodegas y Viñedos Graffigna. Valle del Pedernal. San Juan, Argentina. Calificación:      puntos. Precio: $ 222.00

4.- Campo Viejo Tempranillo, cosecha 2010.  Monovarietal 100% Tempranillo. 13.5% Alc.Vol. Crianza en barrica de roble americano durante cuatro meses, y posterior reposo en botella durante un año. Denominación de Origen Calificada Rioja. Bodega Campo Viejo. Logroño, La Rioja, España. Calificación: 82.83  puntos. Precio: $ 165.00

Los catadores eligieron “mejor etiqueta” y “mejor botella” la del vino Santiago Graffigna.

Al finalizar esta degustación evaluativa fue servida una deliciosa cena, diseñada por Guy Santoro,  chef ejecutivo del hotel St. Regis México City, y confeccionada por Sergio Esquivel, sous chef del mismo hotel. Los platillos consistieron en las siguientes exquisiteces: Como entrada Dúo de Foie Gras Frío y Caliente, Medio Cocido con Higos, Sellado con Mango (Duo Chaud Froid de Foie Gras, Mi-Cuit aux Figues, Poêlé a la Mangue). Luego, Fettuccini en Salsa de Chicharo y Peperonchino (Fettuccini en sauce de Petits Pois, Piment de Cayenne). En seguida Filete de Róbalo Rostizado, Espárragos y Alcachofa en Salsa Verde, Aceite de Oliva Virgen (Filet de Bar Roti, Asperges et Artichaut au Jus Vert, Huile d’Olive Vierge).  El postre fue  Variación de Chocolate de Cuatro Texturas. (Variation Au Chocolat Quatre Texture.  En suma, una cena de extraordinarios manjares, armonizada con magníficos vinos: Graffigna Centenario Pinot Grigio Reserve, cosecha 2011, Campo Viejo Gran Reserva, cosecha 2004, Graffigna Grand Reserve Malbec, cosecha 2008, y Santiago Graffigna, cosecha 2005.

A manera de colofón transcribiré la opinión que Elena Adell, enóloga de Bodega Campo Viejo, tiene acerca de esta dionisíaca bebida:  Creo que el vino es una bebida para disfrutar en compañía. Es una parte esencial de las celebraciones, cuando deseas compartir una ocasión especialmente feliz o una comida tranquila entre amigos. Mi objetivo es producir vinos que aporten un toque especial a cualquier ocasión y que te hagan desear tomarte otra copa.”


lunes, 5 de noviembre de 2012

LA MUERTE EN EL REFRANERO DE MEXICO




El pueblo mexicano ha sabido mantener incólumes muchas de sus más acendradas tradiciones, a pesar del avasallador empuje de las costumbres extranjerizantes, que socavan y minan el espíritu nacional, en aras de una falsa modernización. Los festejos propios del “Día de Muertos”, que por estos días estamos rememorando, constituyen el mejor ejemplo de las palabras anteriores, ya que por doquier se advierte la perniciosa influencia del “Halloween” (celebración nacida hace siglos, en la edad de los celtas, en Irlanda y Escocia) frente a las “Ofrendas de Muertos”, que en nuestro país se remontan  a los tiempos prehispánicos  ----hace de ello por lo menos cuarenta centurias----,  cuando los diversos grupos mesoamericanos honraban a sus difuntos, de la misma manera como lo hicieron los egipcios, los sumerios y los babilonios, para quienes recordar a sus muertos en una determinada época del año era motivo de importancia capital.

Una manifestación en extremo popular en la manera de hablar y expresarse del pueblo mexicano está dada por la vigente presencia de los refranes. Esos “evangelios chiquitos”, como han sido atinadamente llamadas esas expresiones folclóricas, expresan en unas cuantas palabras diversas ideas complejas. A la gracia se une la brevedad (si bueno y breve, dos veces bueno, aseguró Baltasar Gracián) de esos aforismos, de los cuales se tiene noticia en las literaturas más antiguas,  que en ocasiones se remontan al tercer milenio antes de Cristo.

El refranero mexicano es un vasto almacén de aforismos y proverbios, que pueden  --y de hecho así ocurre frecuentemente---  ser agrupados en diferentes temas: la enfermedad, el agua, las bebidas etílicas, el pan,  la religión, la embriaguez,  las comidas, los dulces, el amor y, como los anteriores,  varios otros asuntos de cotidiana permanencia.

La muerte es una de esas materias que el pueblo ha sabido recrear con sin igual gracia, por ello en el refranero mexicano hay numerosos proverbios a ese respecto, mismos que en esta colaboración periodística consagrada a la gastronomía y a la enología ahora incluyo, por su temporalidad con los días llamados de “muertos”.

A continuación enlistaré aquellos refranes que manifiestan la relación que suele existir entre el comer y el beber y la muerte. Cabe agregar que en nuestro país el pueblo, que ha sabido reírse, burlarse y satirizar ese fatal acontecimiento,  le ha dado diversos nombres a esa macabra figura: la pelona, la parca, la dientona, la catrina, la huesuda y la calaca, entre varios otros, de indudable jocosidad.

1.      De limpios y tragones están llenos los panteones.
2.      Aguacate con leche, muerte segura.
3.      Agua de las verdes matas, tú me tumbas tu me matas, tú me haces andar a gatas.
4.      Ahí verás si mueres de hambre o comes lo que te dan.
5.      Como el caballo del español, que se murió cuando ya estaba aprendiendo a no comer.
6.      El comer mató a muchos, el hambre a ninguno.
7.      Genio y figura hasta la sepultura.
8.      Matar el gusanillo del hambre.
9.      Más vale llorarlas muertas y no en ajeno poder.
10.  Más vale que digan “aquí corrió, y no “aquí murió”.
11.  Más vale morir de pie que vivir de rodillas.
12.  Al cabo la muerte es flaca y no ha de poder conmigo.
13.  Como los que hacen el muerto y luego se asustan del petate.
14.  Vámonos muriendo ahorita que están enterrando gratis.
15.  Hay muertos que no hacen ruido y son más grandes sus penas.
16.  El que a hierro mata, a hierro muere.
17.  Muerto el ahijado se acabó el compadrazgo.
18.  Muerto el perico, para qué quiero la jaula.
19.  Muerto el perro se acabó la rabia.
20.  De que se muera mi padre, a que me muera yo, mejor que se muera mi padre que es más viejo que yo.
21.  Entre varios, pesa menos el muerto.
22.  Hasta que no muere el arriero no se sabe de quién es la recua.
23.  Si se alivió fue la virgen, si se murió fue el doctor.
24.  ¡Ay, muerte, no te me acerques, que estoy temblando de miedo!.
25.  Mujeres juntas, sólo difuntas.
26.  Sólo el que carga el cajón sabe lo que pesa el muerto.
27.  Si me muero, lo perdono; si me alivio, ya veremos.
28.  ¿De qué mueren los quemados? ...De ardidos.
29.  Te asustas de la mortaja y te abrazas del difunto.
30.   Amigos hasta morir, pero de prestarte, nada.
31.  Se hace pesado el muerto cuando siente que lo cargan.
32.  El muerto y el arrimado a los tres días apestan.
33.  Al que se aleja lo olvidan, y al que se muere lo entierran.
34.  Cuánto me gusta lo negro, aunque me asuste el difunto.
35.  De la suerte y de la muerte no se escapa ni el débil ni el fuerte.
36.  El muerto a la sepultura y el vivo a la travesura.
37.  Matrimonio y mortaja del cielo baja.
38.  Más vale oler a unto y no a difunto.
39.  Asustarse con el petate del muerto
40.  Cuando el tecolote canta el indio muere; eso no es cierto, pero sucede.
41.  El que por su gusto muere, aunque lo entierren parado.
42.  Lo que no mata, engorda.
43.  Lo que en la leche se mama en la mortaja se derrama.
44.  No me asusten con matarme, que no he comprado la vida.
45.  No es mala la muerte cuando se lleva a quien debe.
46.  No vas a morir de parto ni de cornada de burro.
47.  Poco veneno no mata, ni mucho si no es activo.
48.  Pretextos busca la muerte para llevarse al enfermo.
49.  Quien nació para ahorcado no morirá ahogado.
50.  Quien vive pobre pa’ morir rico, no parece hombre sino borrico.

viernes, 2 de noviembre de 2012

LA GASTRONOMIA DEL "DIA DE MUERTOS".



Decían los antiguos que cuando morían, los
hombres no perecían, sino que de nuevo
comenzaban a vivir, casi despertando de un sueño,
y se convertían en espíritus o dioses.
BERNARDINO DE SAHAGUN (1499-1590)
  
Desde tiempos inmemoriales, que se pierden en la negrura de la noche de los tiempos, los hombres imaginaron que al morir habrían de ir a otros mundos, ya que suponían que al dejar la envoltura carnal que durante su vida terrenal habían tenido, su espíritu se encaminaría a otros lugares donde disfrutarían de alguna forma de vida después de la muerte. Igualmente tenían la firme creencia de que desde esos ignotos parajes, en otra dimensión cósmica,  podían ponerse en contacto con sus familiares y seres queridos en ocasiones muy señaladas.

 En infinidad de parajes, en todo el mundo, han sido encontrados entierros en los cuales al lado de los restos óseos de quien allí fue inhumado, hay vasijas en los que alguna vez hubo alimentos para el postrer viaje de esa persona a las regiones ignotas del más allá. Se tiene noticia que uno de los más antiguos entierros rituales es el que fue localizado  en las montañas de Zagrós, en Irak, donde fue descubierta una  tumba  de una edad aproximada de sesenta mil años. En efecto, en aquella lejana época algunos miembros de esa comunidad
(cuyos integrantes  fueron considerados por los prehistoriadores como homo sapiens neandertaliensis) enterraron a uno de los suyos, y a su lado colocaron vasijas con alimentos y bebidas para su viaje a otros mundos.

Estas creencias,  firmemente arraigadas en el ánimo de muchos de los pobladores del planeta Tierra, de una vida después de la muerte, lo mismo aparecen entre los egipcios, griegos, sumerios y babilonios, que entre los primeros pobladores de Mesoamérica. Al respecto menciona Eduardo Matos Moctezuma, en su obra Miccaihuitl: el culto a la muerte, que “Durante el horizonte Preclásico (1800--200 A.C.) se ve ya un culto a los muertos muy elaborado. En sitios como Tlatilco, Cuicuilco, Tlapacoya y Copilco, en el centro de México, se han encontrado gran cantidad de entierros a los que se acompañan con ofrendas, especialmente objetos de barro, entre los que  se incluyen diversos tipos de vasijas, figurillas y máscaras, que nos dan una idea sobre la creencia que en otra vida tuvieron esos grupos étnicos”. Considero pertinente agregar que otros investigadores afirman que el periodo Preclásico, también llamado Formativo, es aquel que se extendió del año 6.000 A.C. al  año 200 A.C., mientras que otros aseveran que tuvo una duración, aproximada, de dos mil trescientos años, del 2.300 A.C. al comienzo de la era cristiana.

Entre los antiguos habitantes de Mesoamérica solían realizarse solemnes rogativas a sus deidades tutelares, en especial durante el mes noveno, llamado miccaihuitontli,  que se traduce, según menciona Alfonso Caso, en su libro Los calendarios prehispánicos, como “pequeña fiesta de los muertos”, y que correspondería a lo que para nosotros son los últimos días del mes de octubre y los primeros del mes de noviembre, tiempo éste en el que se celebraba la venida de los dioses.

No deja de parecerme curioso  --por darle algún calificativo a este pensamiento—   que los pueblos helénicos imaginasen que los muertos serían guiados por Caronte, a quien acompañaba un can llamado Cerbero, cuando hiciesen la travesía, a bordo de una balsa, desde  la laguna Estigia al lugar donde descansarían después de su fallecimiento. Los pueblos prehispánicos de Mesoamérica suponían que para llegar a Mictlán (el reino de los difuntos, donde reina Mictlantecuhtli, al lado de su consorte Mictlancihuatl, la diosa de la muerte), que es el inframundo    ---sitio que para ellos equivalía al cielo de los cristianos, y no el infierno, vocablo éste derivado del latín inferus, que significa región inferior---, debían cruzar el río Chiconahuapan, lo que hacían auxiliados de un perro xoloitzcuintle. A este particular Alfonso Caso, en su libro La religión de los aztecas, señala: “El infierno no es para los aztecas el lugar a donde van los réprobos; simplemente es el lugar a donde van los muertos”

Estas creencias y festejos a los muertos ya eran conocidas de los españoles, llegados al país ahora llamado México a raíz de la conquista de Tenochtitlan. En Cantabria y en Asturias, por sólo mencionar dos regiones hispanas, eran comunes esas festividades en memoria de los muertos, herencia, seguramente, de las costumbres celtíberas.  En la Nueva España, a partir del siglo XVI, los misioneros fueron los encargados de amalgamar esos hábitos y costumbres, los de Europa con los de América,  en un sincretismo cultural que aún hoy en día tiene cabal vigencia entre nosotros. La forma externa más común de recordar a los seres queridos que emprendieron el viaje al más allá es la ofrenda,  o Altar de Muertos,  que en infinidad de hogares y lugares es instalado siguiendo las centenarias tradiciones que privan en nuestro país.

Amando Farga, en su libro Historia de la comida en México, señala que la costumbre de colocar un altar a los muertos se remonta al año 1563, cuando el beato Sebastián de Aparicio instituyó estos festejos en la Hacienda de Careaga, en las proximidades de Azcapotzalco. Y así dice Farga: “Encontrando esta costumbre, que se venía practicando desde antiguo en otros lugares del mundo, fácil eco entre los indios, quienes consideraban que, de alguna manera, había que honrar a sus difuntos, siendo hechas estas ofrendas a base de los productos y comidas de la preferencia de los desaparecidos”. De acuerdo con esta tradicional costumbre el día primero de noviembre se recuerda a “los muertos chiquitos”, y para ello se hacen ofrendas en las cuales hay abundancia de atole de leche y de pan “de muertos”. Ya al día siguiente se hace un adorno más elaborado y vistoso, con profusión de
velas, flores, y diversos alimentos como tamales, mole, dulces, a más de bebidas de todo tipo: pulque, aguardiente y cerveza.  Cabe agregar que la investigadora Virginia Rodríguez Rivera asienta en su libro La comida en el México antiguo y moderno, que en Milpa Alta le informaron, en 1945, que “solamente a los tres días de haber sido montada la ofrenda pueden comer los familiares estos alimentos, a los que, según la creencia popular, ya les falta la sustancia, pues la absorbieron los seres del más allá”

El pueblo mexicano ha sabido mantener incólumes muchas de sus más acendradas tradiciones, resistiendo el  avasallador empuje de las costumbres extranjerizantes, que socavan y minan el espíritu nacional, en aras de una falsa modernización. Los festejos propios del “Día de Muertos” constituyen el mejor ejemplo de las palabras anteriores, ya que por doquier se advierte la perniciosa influencia del “Halloween” (celebración nacida hace varios siglos, en la época de los celtas, en Irlanda y Escocia) frente a las “Ofrendas de Muertos”, que en nuestro país se remontan  a los tiempos prehispánicos  ----hace de ello por lo menos cuarenta centurias----,  cuando los diversos grupos mesoamericanos honraban a sus difuntos, de la misma manera como lo hicieron los egipcios, los sumerios y los babilonios, para quienes recordar a sus muertos en una determinada época del año era motivo de importancia capital.

En el Altar de Muertos son colocados diversos alimentos y bebidas, ya que se piensa que en esos días, especialmente el 2 de noviembre, vienen las almas a comer los guisos que eran de su agrado durante su vida terrenal. De ahí que no falte en esa ofrenda, presidida por la fotografía de la persona a recordar, que ha sido adornada por un ramo de aromáticas flores amarillas de cempasúchil,  “”consideradas ya (como lo asienta Paul Westheim, en su obra La calavera) , en el México prehispánico como flores de muertos””, y con vistosas y  policromas guirnaldas de papel de china, en las cuales hay diversos platillos, como atole y tamales, chocolate y pan llamado “de muertos”,  calabaza en tacha, mole salpicado de ajonjolí, frijoles,  y bebidas como pulque, cerveza y tequila, sin que falte una cajetilla de cigarros y una jarra de barro con agua. Igualmente,  es común colocar un incensario de barro negro vidriado que contiene copal, para que el aromático incienso prehispánico atraiga más fácilmente el espíritu de los seres queridos, a quienes de esta manera están honrando sus deudos.

En esos primeros días del mes de noviembre se recuerda  a  nuestros ancestros ya desaparecidos. A “los muertos chiquitos”, el día 1º  de noviembre (dedicado a Todos Santos), y el 2, con sagrado a los “fieles difuntos”. Estas fechas son ocasión propicia para recordar esas bellas tradiciones mexicanas, y tener presente que el Altar de Muertos es una ofrenda que, a más de la complicada y simbólica parafernalia que le da forma (comprende un “árbol de la vida”,  críptico elemento decorativo presente no solamente en México sino también en varios otros países del viejo mundo), presenta una amplia variedad de postres y melindres propios de la cocina mexicana, como calaveras de azúcar, calabaza en tacha, guayabas y tejocotes en almíbar, muéganos, pan “de muertos”, arroz de leche y varios otros dulces mexicanos.

Este fin de semana, en el cual se recuerda  a “los muertos chiquitos”, el día 1º  de noviembre, y el 2 del mismo mes a los fieles difuntos,  es ocasión propicia para visitar el restaurante “Nicos” (sito en la avenida Clavería 3102) y admirar el hermoso “Altar de Muertos” que en ese afamado establecimiento de restauración del área de Azcapotzalco es instalado desde hace ya un par de décadas, por lo menos. Esta ofrenda constituye un motivo de agrado para quien lo contempla, ya que a más de la complicada parafernalia de esa tradicional presentación (que comprende, entre varios otros motivos ornamentales, un “árbol de la vida”,  críptico elemento decorativo presente no solamente en México sino también en varios otros países del viejo mundo),  hay una amplia variedad de postres y melindres, como calaveras de azúcar, calabaza en tacha, guayabas y tejocotes en almíbar, muéganos, capirotada. pan de muertos, arroz de leche y varios otros dulces mexicanos, de los cuales los comensales se sirven  ad libitum al concluir su apetitosa manducatoria.

En estos días de “muertos” el menú enlista, como especialidades de temporada,  suculencias tales como el chile miahuateco relleno de trucha ahumada (se trata de una ensalada de trucha orgánica, ahumada con leña de encino y arropada con chile rojo de Miahuatlán, Oaxaca, en escabeche); la lengua en cuñete (este manjar se basa en una antigua receta en la cual la lengua va acompañada de verduras, vinagre, vino blanco y hierbas de olor); el chichilo negro con carne Wagyu (uno de los tradicionales siete moles oaxaqueños, elaborado con el chile chilhuacle y carne del rancho “Las Luisas”, del estado de Tamaulipas); el Mextlapique de trucha y milpa (la trucha y las verduras de la milpa van envueltos en hojas de totomoxtle, que son tatemadas al comal, y el Pato en tlatonile (sabrosas carnitas de pato en mole de fiesta veracruzano, elaborado con chile comapeño).

En el restaurante “Nicos” la carta de postres es muy sugestiva, por los numerosos melindres que incluye, pero en estos días hay además otra, llamada de “Ofrenda de muertos” , que incluye apetitosidades como la capirotada, la calabaza en dulce de piloncillo, los tejocotes con miel de piloncillo y las guayabas en almíbar, perfumadas a la canela, entre varias otras suculencias.