miércoles, 4 de marzo de 2015

EL VINO EN LAS SAGRADAS ESCRITURAS



Alegría del corazón y bienestar del
alma es el vino bebido con sobriedad.
 ECLESIASTICO  31:28

El adjetivo sagrado, de acuerdo al Diccionario de la Real Academia Española, hace referencia a la divinidad, a su culto o lo relativo a ellos. Seguramente ese vocablo procede del verbo sacrare, en lengua latina, cuyo significado es consagrar. Otra palabra semejante  es sacrum, que alude a lo que es objeto de culto.

De acuerdo a la premisa anterior (in stricto sensu), los libros que recogen los relatos de las diferentes mitologías deben ser considerados dentro de esa categoría, ya que hacen alusión a las divinidades, en el caso particular de este ensayo a las del vino. En esas sagas legendarias se atribuye a las deidades tutelares de cada una de esas pretéritas civilizaciones la invención del vino. Los pueblos helénicos imaginaban que Dionisios era el dios del vino. Para los vedas era Brama el creador de esa  deleitable ambrosía. Los caldeos tenían en Xiutros a la misma deidad. Para los sumerios, quienes habitaron --- hace aproximadamente treinta siglos--- una región ubicada al sur de Mesopotamia (cuya civilización ha sido considerada la primera y más antigua del orbe) la diosa Gestin era honrada como deidad “madre cepa”. Otra divinidad conectada con el vino era el dios llamado Pa-Gestin-dug, que significa “buena cepa”, en tanto que el nombre de su esposa Nin-kasi significa “dama del fruto embriagador”.

Los egipcios, por su parte, honraban a Osiris como el numen tutelar que había otorgado a su pueblo el inapreciable don del vino. Baco era el nombre que esa divinidad recibió entre los romanos, y Flufans  lo era entre los etruscos.. No resulta, pues, nada extraño que en los libros sagrados de los pueblos de la antigüedad sea mencionado el vino como uno de los dones más emblemáticos que el género humano recibió de los dioses  ---quienes, en su augusta benevolencia, entregaron a los hombres tan preciado obsequio---,  y que en esas obras literarias sean descritos,  con lujo de pormenores, los cánticos y preces dirigidas a sus respectivas divinidades.

De igual manera, los códices prehispánicos tienen el carácter, a mi juicio, de “sagradas escrituras”, ya que en esos manuscritos se hace referencia a las divinidades de los diversos grupos étnicos que habitaron el área hoy en día denominada Mesoamérica. La bebida ancestral de varios de esos pueblos fue el pulque, llamada en lengua náhuatl iztac octli, cuya traducción literal es “bebida blanca”. La deidad del pulque fue Ome Tochtli (“dos-conejo”), también llamada Centzontotochtli (“cuatrocientos conejos”).

El termino Biblia procede del griego y significa “los libros”. Se trata del conjunto de libros canónicos del judaísmo y el cristianismo, escritos primero en hebreo y arameo, y luego en griego,  a lo largo de mil años, del 900 A.C. al 100 D.C.

En el hermoso  libro El cáliz de letras: Historia del vino en la literatura, escrito por Miguel Ángel Muro Munilla (editado por la  Fundación Dinastía Vivanco, que forma parte de la bodega vitivinícola  española Dinastía Vivanco) queda asentado que “La Biblia es, sin duda, el texto literario en el que el vino tiene mayor implantación, mayor importancia y ofrece más facetas de lo humano”. El autor agrega: “Es el libro fundamental del judaísmo, el cristianismo y, en parte, del islamismo”.

En el primero de los libros del Antiguo Testamento (llamado por los judíos Tanaj), el Génesis, viene el relato de la aventura náutica (no sabemos con precisión si fue lacustre o marítima) de Noé, a quien Jehová le ordenó construir un barco en forma de casa: el Arca, donde él y su familia, además de una pareja cada animal, habrían  de refugiarse durante el Diluvio Universal. Las dimensiones de ese extraño navío debían ser, según las precisas instrucciones de Jehová, ciento treinta y cinco metros de largo (eslora),  veintidós de ancho (manga), y trece de alto. Como punto de comparación diré que el “Titanic” medía 270 metros de largo por 28 de ancho.

El escritor argentino Víctor Ego Ducrot es el autor de un interesante artículo que lleva por título Algunas notas sobre el vino en el Corán, el Talmud y la Biblia, donde consigna que Noé es la versión bíblica de otros héroes diluviales, como Xixutros, de Caldea; Hasisadra, de Sumeria; Utnapistim, de Babilonia y Decaulion, de Grecia.

La Biblia menciona que el Diluvio tuvo una duración de cuarenta días y cuarenta noches, y que la inundación se mantuvo por cincuenta días, y luego comenzó a menguar. Y una vez que Noé abandonó el Arca, donde había bogado (Bernard Pivot, autor del libro Dictionaire Amoreux du Vin así lo refiere) durante un año, un mes y diecisiete días, tomó los aperos de agricultor y sembró viñas. Luego cosechó uvas, elaboró vino y bebió demasiado y se embriagó, quedándose dormido, desnudo, en su tienda. Así de escueta es la Biblia al narrar ese episodio de la primera borrachera que registran las Sagradas Escrituras. Es un poco más explícita al relatar que Cam les comentó a sus hermanos Sem y Jafet que Noé estaba ebrio  por el vino ingerido. Ellos fueron a ver a su padre y lo cubrieron pudorosamente con un manto, y cuando éste despertó, y se enteró que Cam no lo había cubierto (evitando, de esta manera, el impúdico espectáculo que daba dando  ---¿a quiénes, porque se supone que estaba en su tienda, alejado de los ojos de los demás mortales que viviesen por allí?---)  lo maldijo con  altisonante voz, condenándolo a ser siervo de los siervos de sus hermanos.

Otra borrachera,  a todas luces inmoral,  es la del justo varón (en la Biblia al referirse a Lot se asienta que era un varón “justo”) llamado Lot.  Los ángeles enviados por Jehová a la ciudad de Sodoma le indican a Lot que debe salir, de inmediato, de esa población donde proliferaban los sodomitas, ya que del cielo caería lluvia de fuego. Lot acata la orden divina y sale acompañado de su esposa y de sus  dos hijas. Los mensajeros (este es el significado de la palabra ángel, en lengua griega) les habían dicho que no volviesen la cabeza para contemplar la ígnea destrucción de esa urbe, pero la mujer de Lot se volvió a mirar, movida por la curiosidad, y quedó convertida en estatua de sal.  Los tres sobrevivientes, Lot y sus hijas, llegaron a lugar seguro, y en una caverna moraban, aislados de cualquier otro grupo humano. La hermana mayor le dijo a la menor: “Nuestro padre es ya viejo, y aquí no hay hombres que entren en nosotras, como en todas partes se acostumbra. Vamos a embriagar a  nuestro padre y a acostarnos con él, para ver si tenemos descendencia”.

En un delicioso libro titulado La Biblia contada a los mayores, de Fernando Díaz-Plaja, queda descrito ese hecho de la siguiente manera: “.Así lo acordaron y, según menciona la Biblia (Génesis 19), se acostó con su padre la mayor “sin que él la sintiera al  acostarse ni al levantarse”. En vista de lo cual a la noche siguiente repitieron la operación,  con vino incluido, y se deslizó en su cama la menor, sin que la sintiera él en toda la noche. Lo cual demuestra que el buen varón Lot, el único puro de Sodoma, tenía el sueño más bien pesado”. Cabe agregar que ambas hermanas quedaron embarazadas de su propio padre, y tuvieron sendos hijos.

En el Eclesiástico, uno de los libros del Antiguo Testamento, consagrado a predicar virtuosas enseñanzas y  honestos preceptos preñados de gran sabiduría, queda recogida una nutrida serie de recomendaciones en torno al vino. Aquí transcribiré una sentencia preñada de gran certeza:  ”El vino fortalece si es bebido con moderación, pues ¿qué vida es la de los hombres que del todo carecen del vino?”.

De todos los Libros de la Biblia (Salmos, Samuel, Ester, Daniel, Macabeos, Ezequiel, Proverbios, etc) únicamente el de Jonás carece de referencias a la vid o al vino. Los especialistas en la Biblia señalan que hay más de cuatrocientas menciones al vino en esta obra, de las cuales la inmensa mayoría se hallan en el llamado Antiguo Testamento.

Salomón fue el tercero y último rey de todo Israel, incluido el reino de Judá. Era hijo de David y de Betsabé, y según la Biblia fue el hombre más sabio que ha existido en las faz de la Tierra. En esta obra se menciona que “tuvo setecientas mujeres reinas y trescientas concubinas, y sus mujeres le desviaron el corazón”.  A este hombre, sabio cual ninguno, según refiere ese libro sagrado  (a quien Jehova le permitió dar rienda suelta a sus desmedidos apetitos sexuales), se atribuye el Libro denominado Cantar de los Cantares (también  llamado “Canción de Canciones” o “Canticum Canticorum”), en el cual se exaltan los amores de una pareja, Salomón y la Sulamita, con encendidas palabras que los exegetas afirman son alegóricas y hacen referencia a la Iglesia, y que solamente los malévolos y mal pensados traducen literalmente como un cántico de amor sexual.

Para muestra basta un botón de las ardientes frases que ambos esposos se prodigan:

¡Oh si él me besara con ósculos de su boca!  Porque mejores son tus amores que el vino.
Llévame en pos de ti, correremos. Metióme el rey en sus cámaras: Nos gozaremos y alegraremos en ti; Acordarémonos de tus amores más que del vino: Los rectos te aman.
He aquí que tú eres hermosa, amiga mía; He aquí que eres bella: tus ojos de paloma.
He aquí que tú eres hermoso, amado mío, y suave: Nuestro lecho también florido.
Las vigas de nuestra casa son de cedro, Y de ciprés los artesonados. 
Llevóme á la cámara del vino, Y su bandera sobre mí fue amor.
Tus dos pechos, como dos cabritos mellizos de gama, Que son apacentados entre azucenas.
¡Cuán hermosos son tus amores, hermana, esposa mía! ¡Cuánto mejores que el vino tus amores, Y el olor de tus ungüentos que todas las especias aromáticas!
¡Cuán hermosos son tus pies en los calzados, oh hija de príncipe! Los contornos de tus muslos son como joyas, Obra de mano de excelente maestro.
Tu ombligo, como una taza redonda, Que no le falta bebida. Tu vientre, como montón de trigo, Cercado de lirios.
Tus dos pechos, como dos cabritos Mellizos de gama.
¡Qué hermosa eres, y cuán suave, Oh amor deleitoso!
Y tu estatura es semejante á la palma, Y tus pechos á los racimos!
Yo dije: Subiré á la palma, Asiré sus ramos: Y tus pechos serán ahora como racimos de vid, Y el olor de tu boca como de manzanas;
Y tu paladar como el buen vino, Que se entra á mi amado suavemente, Y hace hablar los labios de los viejos.

En otra versión del Cantar de los Cantares (que a mí me agrada sobremanera, por su encendido erotismo y bellas imágenes poéticas)  figuran estos versos:

Un olor de manzanas parecía el huelgo de tu boca, tan graciosa.
Y como suave vino bien olía tu lindo paladar, oh esposa mía.
Cual vino que al amado bien sabía.
Y a las derechas era dulce cosa
Que dispuestos los labios ya caídos
gobierna la lengua y los sentidos.

(Huelgo significa resuello, respiración, aliento)

Fray Luis de León (1527-1591), monje agustino y catedrático en la Universidad de Salamanca, tradujo el Cantar de los Cantares del griego al castellano. Por ello, y porque el Tribunal de la Inquisición de Valladolid  consideraba a este ilustre humanista un herético propagador de peligrosas interpretaciones bíblicas, fue encarcelado durante cinco años, de 1572 a 1576. Al día siguiente de haber sido puesto en libertad volvió a su cátedra en la Universidad salmantina, y al reanudar sus lecciones fue entonces cuando pronunció las palabras “Decíamos ayer”.

En el Nuevo Testamento, escrito en griego, que es aceptado por los cristianos y rechazado por el judaísmo, leemos lo que Juan el evangelista escribió acerca del primer milagro de Jesús, ocurrido durante unos  esponsales celebrados en la población de Caná de Galilea. Así queda descrito ese hecho portentoso, en la Sagrada Biblia (edición preparada por Eloíno Nácar y Alberto Colunga, que cuenta con los debidos Nihil Obstat e Imprimatur): “Al tercer día hubo una boda en Caná de Galilea, y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también Jesús con sus discípulos. .No tenían  vino porque el vino de la boda se había acabado. En esto dijo la madre de Jesús a éste: No tienen vino. Dijole Jesús: Mujer ¿qué nos va a mí y a ti? No es aún llegada mi hora. Dijo la madre a los servidores: Haced lo que él os diga. Había allí seis tinajas de piedra para las purificaciones de los judíos, en cada una de las cuales cabían dos o tres metretas. Díjoles Jesús: Llenad las tinajas de agua. Las llenaron hasta el borde, y Él les dijo: Sacad ahora y llevadlo al maestresala. Se lo llevaron, y luego que el maestresala probó el agua convertida en vino  ---él no sabía de dónde venía, pero lo sabían los servidores, que habían sacado el agua---  llamó al novio y el dijo: Todos sirven primero el vino bueno, y cuando ya están bebidos, el peor, pero tú has guardado hasta ahora el vino mejor”. Hasta aquí la cita alusiva a ese episodio, según el Evangelio de San Juan.

Las tinajas utilizadas por los judíos para sus abluciones rituales, por medio del agua,.  tenían una capacidad de dos a tres metretas. La palabra metreta era el nombre de una vasija, generalmente de piedra, en la cual los griegos y los romanos guardaban vino o aceite. (Este vocablo tuvo su origen en el término helénico metretés, que designaba una antigua medida de capacidad para líquidos, equivalente a unos treinta y seis litros). Existen diversas opiniones al respecto,  pero se acepta que la metreta equivalía a un volumen de treinta y seis a cuarenta litros. Por lo tanto, cada tinaja contenía  entre setenta y dos y ochenta litros (si cada metreta fuese de 36 litros) y ciento ocho y ciento veinte litros (si la metreta tuviese una capacidad de 40 litros) tuviesen . Las seis tinajas de piedra llenas de agua habrán contenido entre cuatrocientos ochenta y setecientos veinte litros.  Con estas cantidades podríamos llenar entre 640 y  960  botellas de 750 centímetros cúbicos (tres cuartos de litro, el contenido usual de una botella de vino de nuestros días). Fue, sin duda alguna, además de un hecho milagroso un espléndido regalo para los contrayentes, tanto por la cantidad como por la calidad del vino que Jesús les obsequió

En algún portal de internet encontré lo siguiente: “quedarse sin vino en una fiesta de bodas es una calamidad tremenda en la mentalidad hebrea, y en la de muchas personas. Sería tomado como un reflejo de la familia. Esto pasó, probablemente, porque la cantidad de personas era mayor a la esperada y duró más largo de lo planeado. El milagro podría haber sido realizado durante el segundo o tercer día, en una fiesta que duraba siete días. El día tres podría aplicarse al tercer día después del último acontecimiento, habiéndose gastado todo durante la fiesta, y ésta es la intención probable de Juan 2:1. Como esto era en Caná de Galilea, en el camino de Nazaret a Tiberiades, el Mesías, su familia y sus amigos estuvieron allí. Probablemente esta fiesta incluyó a la mayor parte de Caná y Nazaret. Tal vez, muchos cientos estuvieron relacionados con ella. Cualquier proveedor de festejos testificaría el hecho que 72 a 180 galones apenas alcanzarían cuatro días para un grupo semejante y sobre la base de esto, la porción sería aproximadamente de 18 a 45 galones (68 a 170 litros) de vino por día”.

Por otro lado, conviene tener en cuenta que, entre los judíos, “No se concebía ningún casamiento sin vino, porque el Talmud dice: “donde no hay vino no hay alegría”, y en el Salmo 104:15 leemos que “El vino alegra el corazón del hombre”. Por eso, cuando faltó el vino, María se alarmó, porque era algo vergonzoso para el novio, y para toda la familia anfitriona”

En el Nuevo Testamento ocupa primordial lugar la Cena Pascual, llamada la “Última Cena”. Los evangelistas Lucas, Marcos y Mateo, quienes no hacen referencia  a la transmutación del agua en vino, en las bodas de Caná, como lo hizo Juan en su Evangelio (quien no menciona la institución de la Eucaristía, en la postrera cena de Jesús con sus discípulos), relatan las palabras de Jesús al darles el pan y el vino a los apóstoles: “Tomad y comed de este pan, que es mi cuerpo”, y a continuación los invitó a degustar del vino servido en el cáliz, diciéndoles “Tomad y bebed, que es sangre de mi sangre, que será derramada por vosotros”. 

Para concluir diré que en la obra denominada El Corán, el libro sagrado de los musulmanes, (quienes tienen terminantemente prohibido el consumo de vino) se describe que el cielo (igualmente designado con otros nombres:  la morada de los justos: al-jann: el jardín,  el Jardín del Edén: jannat-adan, y el Jardín de las Delicias: jannat al-na’im) en realidad se halla formado por siete cielos, era la mansión a donde iban los seres elegidos de Alá. Allí había “hermosos jardines, regados por corrientes de cristalinas aguas y  con arroyos de vino, que será la delicia de quienes lo beban....(y) exquisitos frutos al alcance de todas las manos....disfrutarán de vírgenes de grandes ojos negros, púdica mirada y tez de incomparable hermosura, que no han sido tocadas ni por hombres ni por genios, las cuales permanecerán así eternamente”. Estas juncales mujeres, las huríes,  fueron prometidas por Mahoma, el profeta de Alá, a los fieles seguidores de la religión musulmana, una vez que hubiesen llegado a ese recinto,  donde los que allí habitaban permanecían por siempre en un estado de inmarcesible lozanía.


miércoles, 18 de febrero de 2015

EL FALSO COGNAC "NAPOLEON EMPERADOR" Y LAS DOS TUMBAS DE ESE MILITAR LLAMADO EL "GRAN CORSO".



A Francia lo condujo, y a Italia floreciente,
a Iberia belicosa, y a la ilustrada Prusia,
al Austria formidable y a la potente Rusia,
y luego a Santa Elena, y ¡adiós Emperador!.

(Poesía “Napoleón en el Mar Rojo”

MANUEL CARPIO (1791-1860)
A lo largo de un par de décadas, en cuatro o cinco ocasiones he sido consultado acerca de botellas “muy valiosas”, cuyo contenido era, supuestamente, un cognac de gran clase. Las personas que me interpelaban deseaban conocer mi opinión  acerca del  posible precio al que podrían ser puestas a la venta, por sus respectivos propietarios, quienes, de pronto, descubrían ---mejor dicho, imaginaban--- que tenían en su poder un costoso  destilado, susceptible de ser  comercializado ventajosamente, obteniendo de esa transacción comercial una gran ganancia.

En aquellas circunstancias pude observar que generalmente se trataba de botellas de vidrio esmerilado, también llamado vidrio opacado, y que las etiquetas ---por lo general de factura muy ordinaria, o rústica, si se prefiere esta expresión--- ostentaban la leyenda COGNAC NAPOLEON EMPERADOR, Reserva 1802.  Me parece pertinente hacer la aclaración que unas de las etiquetas de esas botellas, que tuve en mis manos, señalaban “Emperador” (como si la casa productora en Francia pusiera nombre en lengua española a sus destilados), y en otra si aparecía esa palabra en lengua gala: “Empereur”.

Varios de estos envases agregaban una fecha: 1802. A este particular mencionaré que Napoleón Bonaparte se proclamó Emperador de Francia en el año 1804.  Para hacer más ostensible el fraude, quizá pensando el defraudador  ---quien seguramente imaginó hallar un fértil campo para sus burdas falsificaciones--- que el adquiriente de ese “extraordinario” elíxir etílico no revisaría cuidadosamente la botella, me encontré que en la base de una de ellas aparecía, grabada en la parte inferior del envase, la razón social Martell et Cie, denominación de una de las principales compañías francesas productoras de esta deleitable clase de destilados  (a la vez que una de las más antiguas, pues fue fundada en 1715) , la cual, dicho sea para aclarar más el caso, no elabora ningún cognac de la categoría “Emperador”.. Los productos más conocidos de esa bicentenaria casa, asentada en la región de Cognac, en Francia, son Martell VS, Martell VSOP, Martell Cordon Bleu y Martell XO, entre varios otros de gran finura. 

Cabe agregar que en aquellas ocasiones no tuve el cuidado de guardar las botellas de esos destilados  ---a mi parecer falsificados---, y en mi descargo hago la aclaración que
tales pseudo cognacs no eran de mi propiedad, como para quedarme con ellos. Ahora que escribo este texto pienso que mucho me hubiera gustado haber captado las fotografías de las  etiquetas de esos envases, para ilustrar debidamente mis aseveraciones.

Continuando con este relato señalaré que un colega mío, el doctor David Martínez Villaseñor (con quien estuve intercambiando mensajes acerca de este tipo de destilados,  los cuales pueden ser catalogados afamados por su rareza o bien descartables por su falsedad)  me hizo saber que en la casa de subastas Christie’s, de la ciudad de Nueva York, había tenido lugar, el 8 de diciembre de 2007,  un remate de diversos destilados: Ese día fue vendida  una botella de Cognac Napoleón Grande Fine Champagne 1802, elaborada por E. Piercel de Saint Jacques, en dos mil doscientos ochenta dólares. 
El doctor Martínez Villaseñor abundó en su comentario al señalar lo siguiente, acerca de una botella semejante de la cual él era propietario: “La botella no es desde luego conmemorativa. El cognac mencionado se data como Reserve 1802, aun cuando actualmente ya no se acostumbre ponerle fecha. La región de la campiña Fine Champagne, ubicada en Charente, en la zona de Cognac,  corresponde a las áreas de Grande y Petite Champagne que dicen es la mejor zona para producir cognac, que es donde se localiza Saint Jacques. Posiblemente Pierre Célestin o E, Piercel, quizá dueños del viñedo y/o bodegas, fueron nombrados proveedores oficiales del Emperador Napoleón después de 1802, o en 1804, lo cual pudo hacer posible que un producto de 1802, tal vez mezcla de varios cognacs, haya sido nombrada Reserve 1802, fuera la embotellada y promovida entonces como  Napoleón por los dueños. En la etiqueta posterior dice en francés: était le fornisseur officel (sic) de l’Empereur Napoleon, es decir: Pierre Celestin de la Maison de Saint Jacques fue el proveedor oficial del emperador Napoleón, no dice a partir de cuándo ni tampoco cuándo fue embotellado el cognac de marras”.
Ahora que me ocupo de una clase de cognac que en la etiqueta ostenta el nombre de Napoleón Bonaparte, mencionaré que este militar (una de las personalidades de la historia universal que más me fascinan)   nació el 15 de agosto de 1769,  en la isla de Ajaccio, nombre de la ciudad capital del Departamento de Córcega del Sur, apenas un año después de que Francia adquiriese la isla de Córcega a la República de Génova. Por el lugar de su natalicio era llamado el “Gran Corso”  tan célebre guerrero francés. En Wikipedia leo que “Nacido Napoleone di Buonaparte  (Nabolione o Nabulione en corso), años después, cambió su nombre por el afrancesado Napoléon Bonaparte. Fue un militar y gobernante francés, general republicano durante la Revolución y el Directorio, artífice del golpe de Estado del 18 Brumario que lo convirtió en primer cónsul (Premier Consul) de la República el 11 de noviembre de 1799; cónsul vitalicio desde el 2 de agosto de 1802 hasta su proclamación como emperador de los franceses (Empereur des Français) el 18 de mayo de 1804, siendo coronado el 2 de diciembre; proclamado Rey de Italia el 18 de marzo de 1805 y coronado el 26 de mayo, ostentó ambos títulos hasta el 11 de abril de 1814 y, nuevamente, desde el 20 de marzo hasta el 22 de junio de 1815”.

Tras la derrota sufrida en Waterloo, en las proximidades de la localidad del mismo nombre, en Bélgica, el 18 de junio de 1815,  por el ejercito conjunto de tropas británicas, holandesas y alemanas, comandado por Arthur Wellesley, mejor conocido por su título de Duque de Wellington, y el ejercito de Prusia, del Mariscal Gebhard Leberech von Blücher, Napoléon Bonaparte fue encarcelado y desterrado por el gobierno de la Gran Bretaña a la isla de Santa Elena, en el océano Atlántico, el 15 de junio de 1815. 

En algún portal de internet leí que “El Northumberland, un navío de guerra de la Royal Navy,  al mando del almirante Cockburn, transportó a Napoleón a la isla volcánica de Santa Elena, que pertenecía a la Compañía de las Indias Orientales, donde fue confinado en un peñasco azotado por vientos impetuosos y expuesto a lluvias copiosas o a un sol que caía a plomo. El 17 de octubre de 1815 desembarcó en la isla y durante las primeras semanas se alojó en una pequeña habitación, situada bajo un granero, en una casa de campo llamada Briars, al cuidado de la acogedora familia de William Balcombe, un comerciante local, con cuya hija entabló una amistad. Betsy, de 13 años de edad, quien era el único miembro de la familia que sabía hablar francés. 

La salud de Napoleón empeoró con su traslado a Longwood House, una vivienda expuesta a un clima insalubre, que se convirtió en su último asilo en la isla. La muerte se debió, según la autopsia, a un cáncer de estómago, aunque existe la creencia de que pudo ser víctima de un envenenamiento con arsénico”.
Allí murió el 5 de mayo de 1821, antes de cumplir los 52 años de edad, quizá como resultado de un cáncer gástrico, o bien envenenado con arsénico por sus captores. La causa real no está del todo clara.

El inhóspito escenario del exilio de Napoleón Bonaparte, la isla de Santa Elena, forma parte del llamado Territorio de Ultramar del Reino Unido, junto a las islas de Ascensión, Tristán da Cunha y Diego Alvares. Tiene una extensión de 121  kilómetros cuadrados (como punto de comparación diré que la extensión territorial de la Delegación Iztapalapa, en el Distrito Federal, es de 116 kilómetros cuadrados).. La capital es Jamestown y el número de habitantes no llega a 7.000. 

Está ubicada en medio del océano Atlántico Sur, a una distancia de más de 2.800 kilómetros de la República de Angola, en África, situada al Este, y a una mayor distancia de Brasil, en América del Sur, al Oeste. Su latitud geográfica es de  15°57S 5°42O.  mas o menos la misma que la de Angola, y la de Brasilia, la capital de Brasil, . La distancia entre las  islas arriba mencionadas es la siguiente: entre Santa Elena y Ascensión es de 1.300 kilómetros, y entre Santa Elena y Tristán da Cunha es de  3.700 kilómetros. Por este motivo Santa Elena ha sido llamada la “isla más remota del mundo”.   La distancia a las islas Malvinas es de  más de 7.000 kilómetros.

En alguna página de internet leí que “Para llegar a Santa Elena sólo tenemos una opción y es surcar las aguas del océano Atlántico. Tan solo podremos arribar a esta isla remota viajando en algún carguero de los que visitan estas latitudes cada dos o tres meses”

En Wikipedia queda asentado que “Napoleón había dispuesto en su testamento el deseo de ser enterrado a las orillas del Sena, pero se le dio sepultura en Santa Elena. En 1840, a instancias del gobierno de Luis Felipe I, sus restos fueron repatriados. Trasladados en la fragata Belle-Poule, fueron depositados en Les Invalides (París). La llegada de los restos de Napoleón fue muy esperada en Francia. Durante su funeral sonó el Réquiem de Mozart. Cientos de millones de personas han visitado su tumba desde esa fecha”.

Napoléon Bonaparte fue inhumado en un paraje llamado “Valle de los Geranios” (no lejos de la casa que habitó aquí este controvertido personaje, la cual era llamada Longwood House),  el cual posteriormente recibió la denominación de “Valle de la tumba de Napoleón”. Actualmente ese sitio es propiedad del gobierno de Francia, y existe una persona, quien habita en esta isla y tiene el encargo de cuidar esta área estrechamente vinculada con quien fuera Emperador de los franceses.  

A continuación cambio un poco de tema para señalar que el pasado 18 de diciembre de 2014, hallándome en Puerto Morelos,  en la casa de mi hija Luz María, quien había congregado --- a un convivio de fin de año---  a sus numerosos amigos, todos ellos estrechamente relacionados con la biología y la investigación submarina. Ese día  conversé con Rafael de la Parra (*), quien me comentó que visitaría la isla de Santa Elena. De inmediato le solicité que si tenía la suerte de hallarse frente a la tumba de Napoleón Bonaparte  (quien asevera Wikipedia  “es considerado como uno de los mayores genios militares de la Historia, habiendo comandado campañas bélicas muy exitosas, aunque con ciertas derrotas igualmente estrepitosas, y a quien sus soldados lo llamaban el Pequeño Cabo (le Petit Caporal), en tanto que los ingleses se referían a él con el despectivo Boney y las monarquías europeas como el tirano Bonaparte, el Ogro de Ajaccio o el Usurpador Universal) tomara algunas fotografías, pues yo pensaba escribir algún texto acerca de ese personaje, y que me enviara un breve relato de su viaje de tan distante isla.

Rafael de la Parra atendió mi solicitud  ---captar imágenes de ese sitio y de describir la ruta de llegada a la isla de Santa Elena, así como los motivos de su viaje de investigación del tiburón ballena, el pez más grande del mundo--- y por ello me envió un extenso relato de su viaje a ese lejanísimo lugar (conviene tener presente que no sólo cuenta la gran distancia sino también la notoria dificultad para arribar a ese aislado peñón rocoso perdido en la inmensidad del Atlántico). De esa narración transcribo ahora algunos párrafos, ya que considero son muy interesantes para este artículo.    

“En el año 2007 registramos,  mediante rastreo satelital, una hembra que recorrió más de 7000 km desde la Isla Contoy, en el Mar Caribe,  hasta el sur de las rocas de San Pedro y San Pablo,  en el hemisferio sur. Hace 2 años en la Tercera Conferencia Internacional sobre Tiburón Ballena, celebrada en Atlanta, Georgia; nuestra colega Elizabeth Clingham nos visitó desde la Isla de Santa Elena, y nos compartió sus hallazgos: la presencia de  tiburones ballena de alrededor de 10 metros de largo, con una interesante proporción de hembras presumiblemente preñadas, la cual se presenta en las cercanías de la isla, anualmente entre octubre y mayo.

“Nuestros colaboradores del Acuario de Georgia organizaron entonces una expedición de dos investigadores para estudiar esta interesante agregación. Sin embargo, uno de ellos enfermó y el médico le recomendó abstenerse de este viaje, A principios de diciembre de 2014 fui contactado, y me propusieron sustituir a este colega, en cuyo caso debía tramitar la visa sudafricana y los documentos necesarios para la expedición. Partí el 26 de diciembre de 2014 de Cancún con rumbo a Atlanta, para reunirme con nuestro colaborador, el Dr. Al  Dove, del Georgia Aquarium, y recoger una de dos enormes maletas con equipo, instrumentos, reactivos químicos y cámaras fotográficas submarinas (una de ellas diseñada para bajar hasta 600 m). De Atlanta fuimos a Londres y posteriormente a Ciudad del Cabo, en Sudáfrica.
.
“El 29 de diciembre nos embarcamos Al y yo en el "Royal Mail Ship Saint Helena", con rumbo a la isla, a donde llegamos el 3 de enero de 2015, tras un crucero de fábula muy a lo "old fashion” inglés. El barco es mitad carguero y mitad crucero, así que las cenas de gala, y algunas de ellas de etiqueta, eran siempre de seis tiempos, con deliciosos manjares. ¡El año nuevo en medio del Atlántico fue sensacional!

“Durante nuestra estancia localizamos hasta tres grupos diferentes de tiburones ballena. Colocamos un total de 14 dispositivos de rastreo satelital. Obtuvimos más de 20 biopsias de tejido dérmico. Colocamos un dispositivo de seguimiento del comportamiento y fotografiamos más de 40 tiburones, probablemente diferentes, los cuales en promedio miden alrededor de 9.5 a 10 metros, mientras que aquí (en el Mar Caribe, en las aguas de la Isla de Contoy)  tienen una longitud promedio de 6.5-7 metros. La proporción de machos a hembras es casi de 1 a 1. Hicimos estimaciones fotogramétricas utilizando apuntadores láser. Colectamos muestras de zooplancton para conocer su alimento (muy similar al de aquí, en las  inmediaciones de Contoy, y se compone principalmente de huevos de túnidos. Realizamos unas 5 o 6 inmersiones de buceo scuba, la temperatura del agua es de 22 o 23 °C, a lo cual no estamos acostumbrados.

“Aún cuando nos informaron que era muy tarde para ver ballenas jorobadas, tuvimos la fortuna de ver a una hembra y su cría a su paso por la isla. Registramos y vídeo-grabamos a un tiburón martillo dentro del agua, así como un cardumen de "wahoos".
En fin una experiencia única e inolvidable. En esta isla estuvieron,  entre otras personalidades, Napoleón Bonaparte, Sir Edmund Halley y Charles Darwin, quien fue a estudiar la geología de la isla. Los "Saints" o Helenitas son gente extremadamente amable y muy hospitalaria. Disfrutamos la deliciosa variedad de vinos sudafricanos y probamos el licor de "amarula". No dejamos pasar la oportunidad de tomar el café cultivado en la isla, que tiene un sabor muy exquisito.

“El día 16 de enero de 2015 emprendimos el regreso, por la misma ruta en sentido inverso y llegué a Cancún el 25 de enero de 2015.
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“Fíjate Miguel, que los británicos escogieron un sitio muy hermoso para la sepultura de Napoleón.  Caminas por un prado muy bien cuidado y llegas a un claro en medio de un bosquecillo, con muchas flores. Algunas Bugambilias de diferentes colores han invadido los árboles más grandes y le dan un aspecto solemne a todo el entorno. .Hay unas aves introducidas que realmente parece que "rebuznaran", pero al menos en esta parte escuchamos otras aves diferentes, y armoniosos cantos de pajarillos, y esto me emocionó mucho”.

Hasta aquí el relato de Rafael de la Parra, de quien líneas abajo incluyo un extracto muy breve de su extenso Curriculum Vitae. .

(*)  Coordinador de Investigación del Proyecto Dominó de 2004 a 2010 (estudio y estrategias de Conservación del tiburón ballena en el Atlántico Mexicano).
Investigador asociado de Ch’ooj Ajauil AC, Blue Realm, Utila Whale Shark Research group, Marine Meganet, Somemma, Ecocean.

Artículos técnicos publicados en revistas y publicaciones científicas, en temas sobre Mamíferos Marinos, Lagunas Costeras, Arrecifes Coralinos y Tiburón Ballena.
Participación en Talleres, Simposios, Congresos y Conferencias nacionales e internacionales, en Panamá, Honduras, Belice, Guatemala, México, Cuba y Estados Unidos.

(Tres de las fotos de este artículo fueron captadas por Rafael de la Parra, en Santa Elena. Las otras dos, de la tumba de Napoleón Bonaparte, en Paris, son de Google)