miércoles, 9 de marzo de 2011

LOS VINOS DE VIÑA CONCHA Y TORO, DE CHILE

El vino es sumamente benéfico,
pues da salud de los enfermos,
alegría a los tristes, y brinda valor y
atrevimiento a quienes están bien
SANTA BRIGIDA DE SUECIA (1303-1373)

En el panorama vinícola mundial Chile es un caso sorprendente, no sólo por la producción de vino que cada año registra un incremento en extremo considerable, sino también por el cuantioso volumen de exportación que, de manera tan acentuada, año con año aumenta considerablemente.

La antigüedad del viñedo chileno se remonta a mediados del siglo XVI, ya que fue entonces cuando llegaron las primeras vides procedentes de Perú, las cuales a su vez procedían del virreinato de la Nueva España, hoy en día México.

Los historiadores del vino en Chile mencionan que el sacerdote Francisco Carabantes desembarcó, en 1548, en un punto denominado Concepción, a quinientos kilómetros al sur de Santiago. Allí plantó vides, movido por el deseo de disponer de vino para la celebración de las misas. Un par de años más tarde, en 1550, Francisco de Aguirre se estableció al norte de la ciudad de Santiago, donde, igualmente, sembró vides con la misma finalidad que animó al fraile Carabantes.

Por su situación geográfica, extraordinariamente privilegiada desde el punto de vista vitivinícola ----colinda al norte con Bolivia, desierto de Atacama de por medio; al sur con la zona de la Antártida; al oriente con la Cordillera de los Andes; y al poniente con el Océano Pacífico--, Chile es un país del cual se dice que es el único en el mundo que no fue afectado por la plaga de la filoxera (que arrasó los viñedos de casi toda Europa a mediados del siglo pasado), motivo por el cual la industria del vino tiene extraordinaria importancia. Cabe decir que Chile comenzó a exportar vino a Europa en 1877, y en las Exposiciones de Burdeos, en 1882; Liverpool, en 1885; y Paris, en 1889, se puso de manifiesto la finura de estos caldos vínicos.

Mención especial quiero hacer respecto a que el viñedo chileno, que cubre una superficie superior a las ciento ochenta mil hectáreas (cifras oficiales en 2005), se ubica entre los paralelos veintisiete y treinta y nueve grados de latitud sur ---en la “franja del vino” meridional”--- , y por su especial situación geográfica (por un lado el océano Pacífico y por el otro la Cordillera de los Andes) las condiciones climatológicas imperantes en las viñas de Chile son muy favorables para elaborar buenos vinos..



Diversas circunstancias del todo propicias a un atinado desenvolvimiento de la vitivinicultura chilena, contribuyeron para que esa industria fuese cobrando mayor relevancia al paso de los años. En 1851 fue fundada la primera industria vinícola por Silvestre Ochagavía, y desde entonces la superficie sembrada con viñas (en este país del Cono Sur americano, cuya extensión territorial es un poco menor a los ochocientos mil kilómetros cuadrados, exactamente 756.626 kms cuadrados: un poco menos de la mitad de la superficie de México) ha experimentado un considerable aumento, factor que ha permitido que la producción de vino vaya in crescendo, año con año.

Merced a factores en extremo favorables ---franco apoyo del gobierno a los productores, en todo lo que concierne a las facilidades para la exportación, la aplicación de la más moderna tecnología vinícola y el cuidadoso proceso de vinificación utilizando las cepas más finas--- Chile ocupa actualmente un envidiable lugar en el concierto de las naciones vitivinícolas del orbe, ya que figura entre las diez primeras naciones del orbe por su producción. En el año 1994 ocupaba un lugar secundario como país comercializador de vinos allende sus fronteras, con apenas el uno punto siete por ciento del mercado de exportación mundial. En el año 2000 ocupó el quinto sitio en este renglón con el 4.6% del total, por atrás de Francia, Italia, España y Australia, ya que consiguió desplazar a naciones eminentemente exportadoras de vino, como es el caso de Alemania, Portugal y Estados Unidos de América.

Es interesante agregar que Francia concentraba, en el año 1994, más del cuarenta y cinco por ciento (46.1%) del mercado de exportación, y en 2000 descendió en ese mercado a casi el cuarenta y uno por ciento (40.8% ), lo que preocupó notoriamente a los productores de ese país, que vieron con ostensible temor que las naciones llamadas del “Nuevo Mundo” (Australia, Chile, Nueva Zelanda, Estados Unidos de América y Sudáfrica, principalmente) hubieran incrementado sus exportaciones de vinos, en detrimento de los de Francia.

Me parece sorprendente la cuantía de la producción de vino en este país. En l960 fueron elaborados 369 millones de litros. En 1970 esa cifra subió a poco más de 400 millones. En 1980 la producción fue de 586 millones de litros. En 1990 disminuyó a 320 millones, pero en 1999 se recuperó la producción, al ser de 428 millones de litros. La exportación de vino embotellado, actualmente a más de cien países en el mundo, ha sido, asimismo, extraordinaria. Mientras que en 1960 exportaron casi dos millones, en 1970 esa cifra fue de casi cinco millones. En 1980 llegó a 14.5 millones de litros, y en 1990 fue de poco más de 43 millones. En 1999 se incrementó a poco más de 234 millones. En 2000, ascendió a 266.5 millones de litros. En ese año, los diez principales países importadores de estas ambrosías etílicas chilenas fueron los siguientes: Gran Bretaña (la adquisición fue de más de treinta y seis millones de litros), Canadá, Alemania, Japón, Dinamarca, Holanda, Suecia, Irlanda, Brasil y México (los importadores nacionales compraron casi cinco millones de litros de vino).

Es prudente señalar que Chile exportó en 1965 poco más de 4.5 millones de litros de vino, a 25 países. 20 años más tarde la comercialización en el exterior, a 40 países, ascendió a poco más de 10 millones de litros. En el año 2001 Chile exportó casi 311 millones de litros de vino (la cifra oficial es de 310.925.579). De acuerdo a la Organización Internacional de la Viña y el Vino, en el año 2009 Chile ocupó el quinto lugar como exportador de vino, con 690 millones de litros, cantidad equivalente al 70 por ciento de la producción total de vino.

El organismo Vinos de Chile señaló, por conducto de René Araneda, su vicepresidente, que en 2010 Chile exportó 733 millones de litros. De esa cantidad, el 82% (426 millones) correspondió a vino embotellado.

En el boletín on-line E-lettre Vitisphere, de Francia, basado en la información proporcionada por el portal de internet chileno http://www.todovinos.cl/) de principios del mes de febrero de este año (2011), leí que se estimaba la producción de vino en 2011 en diez millones de hectolitros (mil millones de litros), lo que significa un incremento de más del veinte por ciento con relación a la producción de 2009

Es conveniente agregar que hoy en día, de la misma manera como acontece en otros países, priva en el ánimo de los vitivinicultores más importantes de Chile la idea de elaborar no sólo vinos de excelente calidad, sino que la tónica es la de producir caldos etílicos catalogados dentro del nivel “premium”, y también en una categoría superior, la de los vinos “super premium”, aquellos que por haber sido elaborados en viñedos muy seleccionados (es lo que los franceses han englobado dentro del concepto de “terroir”, que se puede traducir como “terruño”, y que otros denominan “pago”), con las cepas de mayor finura, son poseedores de cualidades organolépticas excepcionales. Estos vinos ---es lógico suponerlo— alcanzan precios mucho más altos que la mayoría de los caldos vínicos chilenos, pero resulta indudable que se trata de productos de la más alta calidad en esta materia.

Una de las empresas vitivinícolas más importantes de Chile lleva por nombre Viña Concha y Toro. Fue fundada en 1883 por dos empresarios: Ramón Subercaseux y Melchor de Concha y Toro (un aristócrata chileno a quien Felipe V, rey de España, concedió en 1718 el título nobiliario de Marqués de Casa Concha), en el Valle de Maipo, y en su larga trayectoria de 128 años de elaborar magníficos vinos de mesa, ha cosechado infinidad de lauros y reconocimientos, a nivel internacional, multiplicándose estas distinciones en los años más recientes. En 1999 la revista estadounidense “Wine Spectator” le confirió el diploma “Reader’s Choice Award” por ser la viña más importante de Chile y Argentina. En diez oportunidades, la revista “Wine and Spirits”, también de Estados Unidos de América, la ha distinguido al designarla “una de las cien mejores viñas del mundo”, siendo la más reciente la nominación el año 2004.

Gracias a la extraordinaria calidad de sus vinos, y a la pujanza comercial que esta compañía ha alcanzado en el mundo del vino, en el año 1997 estableció una alianza con la baronesa Philippine de Rothschild, propietaria de la compañía francesa Barón Philippe de Rothschild, tendiente a crear en Chile la Viña Almaviva, “destinada a producir un vino equivalente a un Grand Cru Classé de Burdeos. En 2001 la Viña Concha y Toro ingresó en el selectísimo “Club des Marques”, integrado únicamente por las catorce más prestigiadas viñas del orbe. Este distinguido grupo está integrado por ocho compañías de Francia, dos de Estados Unidos de América; una de Australia; otra de Gran Bretaña; una más de España; y la única de América Latina es la chilena Viña Concha y Toro.

La Viña Concha y Toro es la empresa vitivinícola más grande de Chile, ya que elabora un volumen superior al 20% del total del vino nacional. Es la compañía productora y exportadora de vinos en América Latina de mayor relevancia, y una de las diez mayores bodegas elaboradoras de vino en el mundo. Posee más de 20 viñedos en los cinco valles más importantes de Chile Maipo, Curicó, Maule, Rapel y Casablanca , y la superficie cubierta por viñas (en octubre de 2005) se estima en ocho mil trescientas hectáreas plantadas. Cuenta con treinta y cuatro mil barricas, y su capacidad de guarda es de 231 millones de litros. La producción de vino en ese año fue de casi 789 millones de litros. Y para el primer trimestre de 2007 cinco viñas de Chile exportaron el 40% del total del vino nacional comercializado en el extranjero. Por orden del volumen de vino enviado al exterior dichas viñas son: Concha y Toro, Cono Sur, San Pedro, Santa Rita y Montes. La Viña Concha y Toro es la empresa vitivinícola chilena más importante en Latinoamérica, por la cantidad que exporta, a más de ciento treinta y cinco mpaíses. Europa recibe el 51.2% de las exportaciones. Estados Unidos de América, el 20.4%; América Latina, el 17.5%; Asía, el 5.7% y Canadá, el 5.2% del total.

Como necesario punto de comparación en cuanto a la pujanza de sus exportaciones, agregaré que en el año 2001 Concha y Toro exportó, a más de noventa países en todo el mundo, la impresionante cifra de cinco millones cuatrocientas sesenta mil cajas de vino, equivalentes a poco más de sesenta y cinco millones y medio de botellas. Entre enero y marzo de 2005 esta bodega incremento sus exportaciones en un 15%, en relación con la comercialización foránea del mismo periodo del año 2004. En este año (2004) Viña Concha y Toro, S.A. exportó casi 7,8 millones de cajas de 12 botellas de vino, lo que hace un total de más de 70 millones de litros de vino. Información más actual me permite señalar que la exportación (como ya mencioné, a mas de 135 países) en 2010 fue de catorce millones quinientas mil cajas, de nueve litros cada un. Esto es: ciento treinta millones quinientos mil litros de vino

La publicación estadounidense Wine & Spirits la nombró la “Viña del Año, 2006”, reconocimiento que le fue otorgado por duodécima ocasión. La revista Wine Spectator publicó el resultado de una encuesta entre sus lectores, quienes opinaron sobre las bodegas vinícolas más importantes del mundo, y allí quedó consignado que Penfolds, de Australia y Nueva Zelanda, recibió 48.4% de los votos; Concha y Toro, de Chile, recibió el 41.1%; Robert Mondavi, de Estados Unidos de América, el 38%: Antinori, de Italia, el 27.5%; Torres, de España, el 24.5%; y Chateau Lafite Rothschild, de Francia, el 20.8%

En la revista Guía de Vinos de Chile apareció la noticia, hace unos años, de que los 35 enólogos más importantes de ese país sudamericano consideraron que Viña Concha y Toro es la “Mejor Viña de la Década”, “por su calidad invariable”. Otra distinción para esta bodega fue que, según esa prestigiada guía enológica, el vino tinto Don Melchor fue considerado el “mejor Cabernet Sauvignon de la década”, y el vino tinto Trío Merlot fue juzgado el “mejor merlot de la década”. Abundando en la información acerca de esos vinos, señalaré que en la edición de Wine Spectator correspondiente al mes de noviembre de 2006 quedó asentado que el vino Don Melchor, cosecha 2003, calificado con 96 puntos, fue considerado en lugar número 4 entre los 100 mejores vinos del mundo.

El periódico La Tercera, de la capital chilena, Santiago, publicó el 20 de mayo de 2007 la siguiente noticia: “La consultora británica independiente Intangible Business situó a Viña Concha y Toro tercera entre las marcas vinícolas más poderosas del mundo, en un ranking que elabora cada año. Superó nombres tan fuertes en esta industria como la estadounidense Mondavi, la australiana Yellow y la española (con un pie en Chile) Torres, que se situó en lugar 15. Viña Concha y Toro es la única vitivinícola latinoamericana. El informe analiza en total un conjunto de aproximadamente diez mil marcas de vinos y licores, y en este ranking global Viña Concha y Toro apareció en lugar 24”

Por otro lado, el boletín on-line Argentinewines.com (del 18 de mayo de 2007) refiere que el informe que lleva por título “The Power 100”, de la consultora intangible Bussiness, consigna que Francia no tiene ninguna marca entre los 100 lugares, y que de las diez marcas mas importantes en el mundo 5 son de Estados Unidos de América, 4 de Australia y 1 de Chile: Viña Concha y Toro..

Viña Concha y Toro, S.A. elabora vino con casi setenta etiquetas diferentes, desde la más exclusiva (“Almaviva”) hasta las más populares (“Frontera” y “Sunrise”), pasando por “Don Melchor”, “Amelia”, “Marqués de Casa Concha”, “Terrunyo”, “Casillero del Diablo”y “Trío”. Al presente, la superficie cubierta de viñedos de Viña Concha y Toro es ---como quedó asentado líneas arriba--- de más de 8.300 hectáreas, localizadas en los principales valles de Chile: Maipo, Curicó, Maule, Rapel y Casablanca.

La presencia de los vinos de la marca “Concha y Toro” en nuestro país se remonta a los años finales de la década de los setenta, del siglo pasado. De entonces a la fecha ha ido incrementándose la comercialización de esos vinos chilenos en México. Baste decir que en 1996 fueron importadas sesenta y cuatro mil cajas (de doce botellas cada una, lo que hace un total de setecientas sesenta y ocho mil botellas), y apenas un lustro más tarde, en 2001, de acuerdo a las cifras oficiales de la empresa Concha y Toro, ingresaron a México doscientas mil cajas, lo que significa una importación de dos millones cuatrocientas mil botellas. En 2010 la exportación de vinos Concha y Toro a México fue de cuatrocientas noventa mil cajas, de 9 litros cada una. Esto equivale a una cantidad de cuatro millones cuatrocientos mil litros..Cabe agregar que los vinos de las marcas elaboradas por Viña Concha y Toro son comercializados en México por la empresa Digrans,

La cata “ciega” mensual número 204, correspondiente al mes de marzo de 2011, del Grupo Enológico Mexicano, se llevó a cabo el martes 8 de ese mes en el salón privado del restaurante “Valkiria”, de la ciudad de México.
.
La Mesa de Catadores estuvo integrada esa tarde por los siguientes enófilos: Alejandra Vergara, Patricia Amtmann, Pilar Meré, Raymundo López Castro, Joaquín López Negrete, Gustavo Riva Palacio, Manuel García y Miguel Guzmán Peredo..

Las calificaciones están basadas en los parámetros que maneja el Grupo Enológico Mexicano. Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 50 y los 59 puntos son considerados “no recomendables”. Si la puntuación se halla comprendida entre los 60 y los 74 puntos, son juzgados “bebibles”. Una calificación entre los 75 y los 84 puntos permite evaluarlos como “buenos”. Si el puntaje oscila entre los 85 y los 94 puntos, son juzgados “muy buenos”. En el caso de que la calificación esté comprendida entre los 95 y los 100 puntos, entonces alcanzan la categoría de “extraordinarios”.

Los resultados fueron los siguientes:

Vinos blancos:

1.- Late Harvest Sauvignon Blanc Reserva Privada, cosecha 2004. Coupage de 85% Sauvignon Blanc, 10% Riesling y 5 % Gewürztraminer. 11.5% Alc. Vol. Guarda durante treinta meses en tanques de acero inoxidable, a baja temperatura. Valle del Maule. Viña Concha y Toro, Chile. Calificación: 90.00 puntos. Precio: $ 130.00 (botella de 375 ml)

2.-.Trío Reserva Chardonnay, Pinot Grigio y Pinot Blanc, cosecha 2008. 13.8% Alc. Vol. Coupage de 70% Chardonnay, 15% Pinot Grigio y 15% Pinot Blanc. El vino Chardonnay tuvo guarda en barrica francesa (el 60%) y en tanques de acero inoxidable (el 40%) durante siete meses. El vino Pinot Grigio tuvo guarda en tanques de acero inoxidable en sus borras finas, y el vino Pinot Blanc guarda en barrica francesa (de dos a tres años de uso) durante ocho meses. Denominación de Origen Valle de Casablanca. Viña Concha y Toro, Chile. .Calificación: 83.37 puntos. Precio: $ 151.00

3.- Espumoso Concha y Toro, Brut, sin añada.11.9% Alc.Vol. Coupage de 35% Chardonnay, 35% Riesling y 30% Chenin Blanc. Guarda de dos meses en tanques de acero inoxidable, con un trasiego. Valle Central. Viña Concha y Toro, Chile. Calificación: 82.87 puntos. Precio: $ 113.00

4.- Sauvignon Blanc Reserva Casillero del Diablo, cosecha 2009. Monovarietal 100% Sauvignon Blanc. 13.0 % Alc. Vol. Guarda en tanques de acero inoxidable, sobre sus lías, durante un periodo de tres a seis meses. Valle Central. Viña Concha y Toro, Chile. Calificación: 81.12 puntos. Precio: $ 132.00

Vinos tintos:

1.- Marqués de Casa Concha Reserva Especial, cosecha 2006. Monovarietal 100%. Cabernet Sauvignon. 14.8 % Alc. Vol. Crianza durante dieciséis meses en barrica francesa. Un tercio de las barricas nuevas, un tercio en barricas de segundo uso y un tercio en barricas de tercer uso. Denominación de Origen Puente Alto. Valle del Maipo. Viña Concha y Toro. Chile. Calificación: 92.12 puntos. Precio: $ 280.00

2.- Malbec Reserva Casillero del Diablo, cosecha 2009. Monovarietal 100% Malbec. 14.0% Alc. Vol. El 60% del vino tuvo crianza durante ocho meses en barricas de roble americano. Valle de Rapel. Viña Concha y Toro, Chile. Calificación: 87.87 puntos. Precio: $ 132.00

3.- Trio Reserva Merlot, Shiraz y Cabernet Sauvignon, cosecha 2007. 14.4% Alc. Vol. Coupage de 70% Merlot, 15% Shiraz y 15% Cabernet Sauvignon. Crianza en barrica francesa y americana durante doce meses. Valle de Rapel. Viña Concha y Toro, Chile. Calificación: 84.87 puntos. Precio: $ 157.00

4.-Carmenere Reserva Casillero del Diablo, cosecha 2009. Monovarietal 100% Carmenere. 14.0% Alc. Vol. El 70% del vino tuvo crianza durante ocho meses en barricas de roble americano. Valle de Rapel. Viña Concha y Toro, Chile. Calificación: 83.75 puntos. Precio: $ 132.00

A juicio de los catadores es encomiable la relación calidad/precio de todos los vinos degustados.

Al concluir la cata fue servida una deliciosa cena, preparada por Christian Mazrtínez, chef del restaurante “Valkiria”. La entrada fue Ensalada de pulpitos, aderezada con nopales en escabeche, rabanitos y zanahoria, en aguachile de chile serrano. En seguida sirvieron Camarones al ajillo con puré verde de perejil, condimentados con chile pasilla al vino blanco. El postre consistió en Parfait de maracuyá al vino blanco y salsa de cerezas negras al vino tinto. Una exquisitez.

Los vinos que acompañaron los manjares fueron los siguientes: Espumoso Concha y Toro, Brut, sin añada; Trío Reserva Chardonnay, Pinot Grigio y Pinot Blanc, cosecha 2008. Late Harvest Sauvignon Blanc Reserva Privada, cosecha 2004, y Marqués de Casa Concha Reserva Especial, cosecha 2006.
.


viernes, 25 de febrero de 2011

EL VINO EN EL REFRANERO DE MEXICO Y ESPAÑA


La paremiología es la rama de la literatura que estudia todo lo relacionado a los refranes. Las voces populares, los dichos y dicharachos, así como infinidad de expresiones jocosas, encierran en unas cuantas palabras ---expresadas con sin igual gracia y donaire--- el profundo conocimiento del pueblo en torno a una circunstancia determinada. Los romanos dieron a los refranes el nombre de proverbium, y también el de adagium. Y salta a la vista que de esas voces latinas derivaron las palabras proverbio y adagio, de amplio uso entre nosotros, cuando se habla de esos “evangelios chiquitos”, como fueron llamados hace varios siglos.

Acerca de la gran variedad de nombres que tales expresiones tienen, conviene señalar que en el libro Refrán viejo nunca miente, obra del notable paremiólogo mexicano Herón Pérez Martínez, aparecen las siguientes: dichos, refranes, proverbios, adagios, sentencias, máximas, aforismos, dicharachos , decires, proloquios, apotegmas, paremias y hasta anejines o anejires.

En un libro que aún no he publicado (cuyo titulo es El comer y el beber en el refranero mexicano) he reunido casi novecientos refranes ---de extendido uso en México---estrechamente relacionados con la comida y la bebida, y, por ende, con las funciones corporales inherentes a la ineludiblemente cotidiana necesidad de alimentarse.

En esa obra me ocupo también de los refranes que tienen al vino y a la embriaguez (consecuencia lógica de la ingesta desordenada de las bebidas alcohólicas) como común denominador.

Primeramente enlistaré treinta y seis refranes en torno al vino, haciendo la necesaria aclaración que en México no existe (es indudable que esta sana y encomiable actitud alimenticia se viene incrementando, hoy en día, en un amplio sector de la población mexicana), como es común en otros países de Europa –inclusive como en Argentina y en Chile, donde sí se halla muy arraigado el hábito de acompañar los alimentos con vino—, la costumbre de beber vino a la hora de las comidas. Más todavía, en México es común designar con el nombre de vino cualquier clase de bebidas etílicas, trátese de fermentadas o de destiladas.

1.- A acocote nuevo, tlachiquero viejo.
2.- A boca de borracho, oídos de cantinero.
3.- A cena de vino, desayuno de agua.
4.- Agua de las verdes matas, tú me tumbas, tú me matas, tú me haces andar a gatas
5.- A las doce, una; y a la una, doce.
6.- Al maguey que no da pulque, no hay que llevar a acocote.
7.- Al pan, pan, y al vino , vino
8.- A mí no me toma el vino, soy yo quien me lo bebo.
9.- Al que va a la bodega por ver, se le cuenta beba o no beba
10.- Baco, Venus y tabaco, ponen al hombre flaco.
11.- Baraja, tabaco, vino y mujer, echan al hombre a perder.
12.- Botellita de Jerez, todo lo que me digas será al revés.
13.- Comenzar con champaña y acabar con moscatel.
14.- Con amor y aguardiente, nada se siente.
15.- Con pan y vino se anda bien el camino.
16.- Contra las muchas penas, las copas llenas; contra las penas pocas, llenas las copas.
17.- El agua es para los bueyes y el vino para los reyes.
18.- El aguardiente es como el agua bendita: lo mismo sirve para un bautizo que para un entierro.
19.- El que quiera ser buen charro, poco plato y menos jarro.
20.- El que toma una vez pulque, su casa es un tinacal.
21.- El vino anima pero no ayuda.
22.- Las mujeres y el vino hacen errar el camino.
23.- Los valientes y el buen vino no duran mucho tiempo
24.- Para beber pulque puro, beberlo en el tinacal.
25.- Para todo mal, mezcal; para todo bien, también.
26.- Quien con aguardiente cena con agua se desayuna.
27.- Quien es amigo del vino enemigo es de sí mismo.
28.- Quien ha bebido en pocillo no vuelve a beber en taza.
29.- Quien habiendo manzanilla bebe cerveza, ha perdido la cabeza
30.- Quien se entrega a la bebida, en poco estima su vida.
31.- Quien vive entre amor y vino, no se queje del destino.
32.- Si a este mundo vino, y no bebe vino, a que carajos vino.
33.- Si el vino te tiene loco, déjalo poco a poco.
34.- Sin contar a la mujer, lo más traidor es el vino.
35.- Toma vino, pero no dejes que el vino te tome a ti.
36.- Tras la sopa, la copa.

A continuación enlistare veintiséis refranes acerca de la embriaguez. Pero antes de entrar en materia quiero señalar algunas de las numerosas expresiones populares ampliamente utilizadas en México, que tienen estrecha vinculación con la ebriedad (Ivresse, en francés; ebrezza, en italiano; embriedade, en portugués), ya que son palabras, a mi parecer, en extremo curiosas y ocurrentes.

Ebriedad tiene como sinónimo embriaguez, vocablo que el Diccionario de la Real Academia Española define de la siguiente manera: “Trastorno temporal de las capacidades físicas o mentales causado por un consumo excesivo de bebidas alcohólicas, o por intoxicación de otras sustancias”.

En esta lista quedan, pues, las siguientes voces populares: borrachera, estar aconejado, andar a medios chiles, estar beodo, andar pedernal, guarapeta, andar pedo, cargarse una pítima de albañil, andar hasta atrás, estar briago, andar burro, estar cuete, estar hasta las chanclas y andar tuturusco, entre varias otras, En otros países se utilizan voces como cogorza, mamado, jumera, curda, melopea, mona y tranca.

Cabe agregar que la expresión estar pedo, o bien andar pedo, pudiera derivar (como lo asienta Guido Gómez de Silva, en su libro Diccionario Breve de Mexicanismos) “del español antiguo bebdo, bébedo “bebido, casi embriagado”, participio pasado de beber.


A continuación enlistaré aquellos refranes, ampliamente utilizados en México, que versan en torno a la embriaguez.

A boca de borracho, oídos de cantinero. Existen otros dos muy semejantes: uno es el siguiente: A palabras necias, oídos sordos; y el otro es: A chillidos de marrano, oídos de matancero.
Aguardiente y vino, borracho fino.
Borracho pero compracho.
Buena es el agua, que cuesta poco y nunca embriaga.
Cuando andes a medios chiles búscate medias cebollas.
De borracho que hace alarde de valiente, ríese la gente.
Dios mío, si borracho te ofendo, con la cruda me sales debiendo.
Divino licor, dulce tormento, ¿qué haces afuera?; vamos pa’dentro.
Dormir la mona.
El alcohol todo lo conserva, menos el trabajo.
El que una vez toma pulque, su casa es un tinacal.
Esta vida que llevo, sino fuera porque bebo, no la habría de merecer.
La embriaguez anima pero no ayuda.
Lo que en el pobre es borrachera, en el rico es alegría.
Los borrachos son el hazmerreír de los muchachos.
No bebe en cedazo porque todo se le tira.
No es borracho el que ha bebido, sino el que sigue bebiendo.
No es bueno empinar el codo, porque el que es borracho es todo.
No hay borracho que coma lumbre.
No tiene la culpa el pulque sino el briago que lo bebe.
Para agarrar borrachera, bueno es el vino cualquiera.
Para el catarro el jarro, y si no se quita la botella.
Quien es amigo del vino es enemigo de si mismo.
¿Quieres conocer a un hombre? ¡Emborráchalo!
Solo pedo o dormido no se siente lo jodido.
Toma vino, pero no dejes que el vino te tome a ti.

En seguida transcribiré once frases célebres que aluden a las consecuencias de ingerir en exceso bebidas etílicas.

1. ¿A qué mal no conduce la embriaguez? Revela los secretos, exagera nuestras esperanzas y nos arroja a la pelea. HORACIO
2. Con la embriaguez los hombres abrevian muchas veces su existencia. JOHN BUNYAN.
3. Cuando la violencia del vino se deja sentir en el alma, hace salir los vicios que se albergan en ella. La embriaguez no los hace nacer. Simplemente los pone de manifiesto. LUCIO ANNEO SÉNECA
4. Dos excesos se deben evitar en el comer y en el beber: la embriaguez y la gula. Consulta la necesidad y no te dejes arrastrar por el deseo desordenado del apetito. LUCIO ANNEO SÉNECA
5. El vino bebido con exceso, además de hacer perder la hermosura, acorta los días de la vida. SEXTO PROPERCIO.
6. La embriaguez deteriora la salud, desorganiza la mente y castra a los hombres. Revela secretos, es pendenciera, lasciva, desvergonzada, peligrosa y enloquecedora. WILLIAM PENN
7. La embriaguez es la ruina de la razón. Constituye una vejez prematura. Una muerte temporal. SAN BASILIO
8. La embriaguez es simplemente una demencia voluntaria. LUCIO ANNEO SÉNECA.
9. La embriaguez es un suicidio transitorio. La felicidad que proporciona es puramente negativa, pues constituye una cesación momentánea de la desdicha. BERTRAND ROUSSELL.
10. La embriaguez hace a unos hombres necios, o otros bestias, y a otros más demonios. H.G. BOHN.
11. La gente astuta cuando quiere averiguar el verdadero carácter de un hombre. Lo emborracha. MARTÍN LUTERO

. A continuación enlistaré 167 refranes acerca del vino, conforme se escuchan en España.
A borracho fino, primero agua y luego vino.
Abril frío, poco pan y mucho vino
A catarro gallego, tajada de vino.
Aceite y vino, bálsamo divino
Aceitunas amargas, con el vino se pasan.
A cena de vino, desayuno de agua.
A donde entra mucho vino todos los vicios hacen camino.
A gloria me sabe el vino que viene de blanca mano y en un cristalito fino.
Agua beba quien vino no tenga
Aguardiente, en tienda; y vino en taberna.
Aguar el vino es criminal desatino
Ajo crudo y vino puro pasan el puerto seguro.
Ajo curado y vino puro, pasan el puerto seguro.
Ajo y vino puro, y luego verás quien es cada uno
A la carne vino, y si es jamón, con más razón.
A la col, tocino; y al tocino, vino.
A la mujer y al vino, con tino
Al catador que no es buen oledor, le falta mucho de lo mejor
Alforjas y buen vino hacen corto el camino
Al pan, pan, y al vino, vino.
Al que no fuma ni bebe vino, le sabe la boca a niño.
Al vino y al niño, hay que cuidarlos con cariño
Amor de puta y vino de frasco, a la noche gustosos, y a la mañana dan asco.
Amor es el vino que más pronto se avinagra.
Antes pan que vino, y antes vino que tocino, y antes tocino que lino.
Aunque se pudran las uvas, siempre habrá vino pa' zurras.
Avellanas con Montilla, almendritas con Jerez, nuececitas con Moriles, y en mi mesa pon los tres.
Bachiller en medicina, confunde el vino con la orina.
Baco, Venus y tabaco ponen al hombre flaco.
Bebe cada día vino
Bebe el vino a discreción y no a boca de cangilón.
Bebe el vino en vidrio; y si el vino es generoso, en cristal precioso.
Bebe leche y bebe vino y de viejo estarás como un niño.
Bebe leche y bebe vino, y te conservarás lechuguino.
Bebe vino, no bebas el seso.
Bebe vino manchego y te pondrá como nuevo.
Bebe vino y come queso y llegarás a viejo.
Bebe vino y come queso, y sabrás que es eso.
Beber en Jerez cerveza, no cabe mayor simpleza.
Beber, hasta la hez.
Beber y comer pescado, requieren de cuidado.
Bebido con buenos amigos, sabe bien cualquier vino.
Bebido el vino, perdido el tino.
Bebiendo con la bota, aunque bebas mucho, no se nota.
Bebo lo tinto y meo lo claro.
Bueno es el vino, cuando es del fino.
Buen queso y vino espeso, y con éste que sea largo el beso.
Buen vino tras buen caldo, no tengo bastante boca para alabarlo.
Buen vino y buena tajada y no apurarse por nada.
Buen vino y sopas hervidas, le alargan al viejo la vida.
Botellita de Jerez, todo lo que me digas será al revés.
Carne de cochino, pide vino
Clases de vino sólo hay dos, el bueno y el mejor.
Come, niño, y crecerás; bebe, viejo, y vivirás
Comer sin vino, comer mezquino.
Con buen queso y mejor vino, es más corto el camino.
Con caracoles picantes, vino abundante.
Con pan y vino se anda el camino
Cuando quieras nombrar un licor divino, dí ¡vino!
Cucas y vino, higos sin tinto, y luego vino para el camino.
Dar a la bota un beso, no es grave exceso; darlo a una mujer lo suele ser.
Da vino por vino y pan por pan, y todos te entenderán.
De aceituna, una; de vino una laguna; y de asado, hasta quedar botado.
De buena madre buen hijo, y de buena pipa buen vino.
De las uvas sale el vino, y del vino el desatino.
Del mal vino, buena borrachera.
Derramar vino, buen desatino; derramar sal, mala señal.
Después de comer, ni vino, ni mujer.
Después de la remolacha, ni vino ni muchacha.
Después del arroz, pescado y tocino, se bebe buen vino.
De un cólico de vino y espinacas no se muere ningún Papa.
Día de San Martino, todo mosto es buen vino.
Dijo el jamón al vino: aquí te espero, buen amigo.
Donde ajos hay, vino habrá.
Donde hay buen vino y la tabernera es guapa, allí se me caiga la capa.
Dulce y vino, borracho fino.
El amor y el vino sacan al hombre de tino.
El arandino se lava con vino, lo lleva de camino y lo bebe de continuo.
El bebedor fino, a sorbitos bebe el vino.
El borracho fino, después del dulce, vino.
El borracho fino, tras la leche, vino.
El borracho valiente se pasa del vino al aguardiente.
El buen vinagre del buen vino sale.
El buen vino, darlo a probar es darlo a comprar
El buen vino añejo hace al hombre niño y remoza al viejo.
El buen vino, de sí propio es padrino.
El buen vino, en copa cristalina, servida por mano femenina.
El buen vino, en cristal fino; y el peleón, en el jarro o en el porrón.
El buen vino en vaso chico.
El buen vino no merece probarlo quien no sabe paladearlo.
El buen vino para el catador fino.
El buen vino resucita al peregrino.
El buen vino, se bebe en cristal o en vidrio.
El buen vino se ha de beber en cristal fino.
El buen vino sin ramo se vende.
El buen vino sugiere buenos pensamientos y el malo perversos.
El buen vino, venta trae consigo.
El mejor vino se puede tornar vinagre.
El mejor vino se torna vinagre.
El mucho vino, no guarda secreto ni cumple palabra.
El pan, con ojos, el queso ciego, y el vino añejo.
Variante: El pan, con ojos, el queso ciego, y el vino que salte a ellos.
Variante: El pan con ojos, el queso sin ojos, y el vino que salte a los ojos.
El pan es freno del vino.
El pez fresco, frito y frío, y tras él, vino.
El que al mundo vino y no toma vino, ¿a qué vino?
El tabaco, el vino y la mujer, al hombre echan a perder.
El trigo en la panera, y el vino en la bodega.
El vino abre el camino.
El vino alegra el ojo, limpia el diente y sana el vientre.
El vino casi es pan.
El vino comerlo, y no beberlo.
El vino, comido mejor que bebido.
El vino con el amigo.
El vino debe tener tres prendas de mujer hermosa: buena cara, buen olor y buena boca.
El vino de cepas viejas calienta hasta las orejas.
El vino de Jerez, ya no lo deja quien lo probó una vez.
El vino, de la verdad es amigo.
El vino demasiado, ni guarda secreto, ni cumple palabra.
El vino desde que lo pisaron, por huir de los pies se sube a la cabeza.
El vino en bota, y la mujer en pelotas.
El vino en jarro cura el catarro.
El vino es la ganzúa de la verdad.
El vino es la leche de los viejos.
El vino es la teta del viejo.
El vino es un traidor: primero es amigo y después, enemigo.
El vino ha ahogado a más hombres que el mar.
El vino hace reír, hace dormir y los colores al rostro salir.
El vino más bueno, para quien no sabe mearlo, es un veneno.
El vino no tiene vergüenza.
El vino peleón, tomarlo en jarro o en porrón.
El vino poco, puro y a menudo.
El vino poco, trae ingenio; mucho, se lleva el seso.
El vino por el color, el pan por el olor y todo por el sabor.
El vino puro dirá quién es cada cual.
El vino puro dirá quién es cada uno.
El vino y el sol alegran el corazón
El vino y la mujer, el juicio hacen perder.
El vino y la mujer se burlan del saber.
El vivo se embriaga; y el pendejo paga.
En bien cortar y en vino echar, bien veo quién me quiere bien y quién me quiere mal.
En casa con hombres y sin vino, todo anda mohíno.
El vino peleón, tomarlo en jarro o en porrón.
En casa del rico, el vinagre se vuelve vino.
En casa de mi vecino, cuando no hay para pan, hay para vino.
En habiendo vino, aceite y manteca de cerdo, media botica tenemos.
En vino y en moro, no pongas tu tesoro.
Estreno de traje fino, preciso chorreón de vino.
Jacinto, no te lo consiento, que mezcles blanco con tinto.
Jamón y porrón, hacen buena reunión.
Más vale el vino peor que el vino mejor.
Mujeres y vino hacen que los hombres pierdan el tino.
No dejes para mañana comida, hembra o vino.
No hay mejor refrán que buen vino y buen pan
No le falte tabaco ni vino a quien hace camino.
Pan de ayer, carne de hoy y vino de antaño, salud para todo el año.
Quien bien come y bien bebe, sólo de viejo se muere.
Quien come y no bebe, mal digiere.
Quien tiene pan y vino, y se queja, es un pollino.
Si al mundo vino, y no toma vino a que vino.
Tabaco, vino y mujer, echan al hombre a perder.
Tinto con jamón es buena inyección.
Tres propiedades tiene el vino: hace freír, hace dormir y los colores al rostro salir.
Vino tinto con la vaca, y blanco con la espinaca.
Vino y mujeres dan más pesares que placeres
Viña que da mal vino, no vale un comino.
Ya decía Salomón que el buen vino alegra el corazón.
Ya no bebo vino, porque me cuesta dinero; pero siendo de balde, echa vino tabernero.

Yantar sin vino, convite canino

lunes, 14 de febrero de 2011

VISITA A VIÑEDOS "LA REDONDA", EN QUERETARO


Pocos kilómetros adelante de la pintoresca población queretana de Tequisquiapan, exactamente en el kilómetro 33.5 de la carretera que enlaza las ciudades de San Juan del Río y Ezequiel Montes, se localiza el municipio denominado Ezequiel Montes. Allí se ubican los Viñedos La Redonda, cuya antigüedad puede remontarse a poco más de treinta y cinco años, ya que desde entonces la viticultura en ese sitio permitió la producción de uvas para otras dos bodegas vinícolas, como Martell de México, donde eran elaborados ---en la década de los años setentas--- los vinos Clos San José (blanco y tinto) y el espumoso Domaine San José, y Cavas de San Juan, lugar éste de origen de los vinos de la marca Hidalgo.
En la página oficial de Viñedos La Redonda leo que “Con una historia de más de 35 años como vinicultores, nuestra casa ha emprendido la aventura de elaborar sus propios vinos, materializando así la amplia tradición vitivinícola de esta región de parajes semidesérticos y caprichoso clima, para ello nuestros vinos han sido concebidos con el sello regional que nace en el estado de Querétaro, con cepas adaptadas a esta tierra que con su ubicación geográfica en 1,950 sobre el nivel de mar, equivalente a 20° latitud Sur, coloca a esta región en una área similar a la mediterránea, que le permite a Viñedos La Redonda brindar al conocedor y no conocedor de vinos, un producto que puede equipararse con los vinos de las mejores áreas vitivinícolas del mundo. La segunda etapa, iniciada apartir de 2003, se da con la presentación al mercado de nuestras etiquetas de vinos tranquilos La Redonda (vinos jóvenes o de mesa), Orlandi (vinos varietales y con crianza) y Sierra Gorda (vinos de alta gama, vinos de guarda)” Hasta aquí esa cita..
En las quinta década del siglo pasado llegó a México Vittorio Bortoluz, procedente de su natal Italia, y fue en Baja California donde retomó su tarea de viticultor, elaborando uvas para los vinos “Urbinón” y “Terrasola”, que en aquellos lejanos años comenzaban a fincar cierto prestigio para los vinos mexicano. A principios de la década de los años setentas Vittorio Bortoluz y su hijo Claudio se afincaron en el Rancho La Redonda para dar forma al proyecto que los animaba como viticultores y vinicultores.
De las ciento sesenta hectáreas iniciales hoy en día cuentan con trescientas treinta, en el llamado “Corredor vitivinícola de Querétaro”, y por su ubicación geográfica puede decirse que son los viñedos más meridionales del hemisferio Norte.
Viñedos La Redonda ha impulsado notoriamente el interés hacia los vinos nacionales, especialmente con sus festivales a los cuales concurren nutridos contingentes de enófilos.
El año 2010 tuvo lugar en esta bodega la primera edición del Festival de 100 vinos mexicanos, que tuvo una asistencia de aproximadamente tres mil cien personas, que allí pudieron degustar algunos de los ciento diecinueve vinos de once bodegas vitivinícolas de México, que fueron presentados en esa ocasión. Para este año de 2011 (los días sábado 19 y domingo 20 de febrero) está programada la segunda edición de este interesante festival enológico.
A más de esta celebración Viñedos La Redonda organiza otras festividades, como el Festival de la Primavera, el Festival de Italia, las Fiestas de la Vendimia y el Festival de Otoño, en los cuales los visitantes pueden degustar no sólo los vinos elaborados en esa empresa, sino de muchas otras bodegas nacionales.
El sábado 12 de febrero nos reunimos algunos miembros del Grupo Enológico Mexicano en el restaurante “Los Arcos” (un par de kilómetros adelante de la caseta de peaje de “Palmillas”), y allí, de nueva cuenta almorzamos barbacoa acompañada del vino espumoso de la marca “Orlandi”, lo que ---tenemos sabido--- constituye un excelente maridaje para ese platillo. Al terminar ese delicioso desayuno fuimos a Viñedos “La Redonda”, donde nos esperaban Miguel Ángel de Santiago, enólogo de esta bodega vitivinícola, y Liliana Jurado Pacheco, gerente comercial y de relaciones públicas. Después de escuchar una breve explicación acerca de los viñedos y de visitar la sala de vinificación, procedimos a degustar ocho vinos elaborados en esta empresa. En la cata estuvo presente Miguel Ángel de Santiago, quien ---al concluir la degustación analítica--- hizo pormenorizada descripción de cada uno de los vinos evaluados. .
La cata “ciega” mensual número 203, correspondiente al mes de febrero de 2011, del Grupo Enológico Mexicano, se llevó a cabo el sábado 12 de ese mes en el salón privado cata de “La Redonda”. .
.
La Mesa de Catadores estuvo integrada esa tarde por los siguientes enófilos: Darío Negrelos, Raymundo López Castro, Rafael Fernández Flores, Gustavo Riva Palacio y Miguel Guzmán Peredo..

Las calificaciones están basadas en los parámetros que maneja el Grupo Enológico Mexicano. Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 50 y los 59 puntos son considerados “no recomendables”. Si la puntuación se halla comprendida entre los 60 y los 74 puntos, son juzgados “bebibles”. Una calificación entre los 75 y los 84 puntos permite evaluarlos como “buenos”. Si el puntaje oscila entre los 85 y los 94 puntos, son juzgados “muy buenos”. En el caso de que la calificación esté comprendida entre los 95 y los 100 puntos, entonces alcanzan la categoría de “extraordinarios”.

Los resultados fueron los siguientes:

Vinos blancos:

1.- Chardonnay Sierra Gorda, cosecha 2008. Monovarietal 100% Chardonnay. 12.5% Alc. Vol. Crianza en barrica de roble americano y francés. Calificación: 86.00 puntos: Precio: 327.00

2.- Orlandi Sauvignon Blanc, cosecha 2009. Monovarietal 100% Sauvignon Blanc. 12.5% Alc. Vol. Crianza de 12 meses en barrica de roble americano. Calificación: 85.20 puntos. Precio: $ 112.00
3.- La Redonda Blanco Seco cosecha 2009, Coupage de 50% Chanin Blanc, 30% Trebbiano y 20% Moscatel. 12.5% Alc. Vol. Calificación: 80.80 puntos. Precio: 94.00

Vino rosado:

Orlando Rosado Seco, cosecha 2009. Monovarietal 100% Cabernet Sauvignon, 12.5% Alc. Vol, Sin barrica. Calificación: 83.80 puntos. Precio: 112.00

Vinos tintos:
1.- Sierra Gorda Roble Francés, cosecha 2008. Coupage de 80% Cabernet Sauvignon y 20% Merlot. 12.5% Alc,. Vol. Crianza de 15 meses en barrica de roble francés y posterior reposo durante 14 meses en botella. Calificación: 87.40 puntos. Precio:$ 519.00
2.- Sierra Gorda Roble Americano, cosecha 2008. Coupage de 70 % Cabernet Sauvignon, 20% Merlot y 10% Malbec. 12.5 % Alc. Vol. Crianza de 14 meses en barrica de roble americano y posterior reposo en botella durante 14 meses, Calificación: 87.20 puntos. Precio: $ 440.00
3.- Orlandi Merlot Cabernet Sauvignon, cosecha 2008. Coupage de 60.% Merlot y 40% Cabernet Sauvignon. 12.5% Alc. Vol. Crianza de 12 meses en barrica americana y posterior reposo en botella durante 16 meses. Calificación: 86.60 puntos. Precio: $ 175.00
4.- Orlandi Cabernet Sauvignon Malbec, cosecha 2008. Coupage de 65% Cabernet Sauvignon y 35% Malbec. 12.5% Alc. Col, Crianza de 12 meses en barrica americana y posterior reposo en botella durante 14 meses. Calificación: 85.00 puntos. Precio: $ 175.00.
Es conveniente enfatizar en el hecho de que de los ocho vinos degustados de Viñedos "La Redonda" seis vinos superaron los 85 puntos de calificación, lo que pone de manifiesto, claramente, la encomiable calidad de esos caldos báquicos.

miércoles, 9 de febrero de 2011

CATA DE VINOS DE EUROPA Y AMERICA


Quien no ama el vino, las mujeres y el canto,
será un imbécil para el resto de su vida.

MARTÍN LUTERO (1483-1546).


La tarea de revisar periódicamente los diversos boletines electrónicos referentes al vino, permite, a mi parecer, conocer los juicios y opiniones de las personas directamente involucradas con esta deleitable actividad que es la enofilia. De esta manera, la persona interesada en conocer los pormenores del mundillo del vino puede informarse del cotidiano acontecer, mundial y nacional, en esta materia.

En su edición correspondiente al 6 de enero de 2011 el periódico El Mercurio, de Santiago, la capital de Chile, consigna que “ Las exportaciones de vinos chilenos crecieron un 9,9 por ciento en volumen y un 12,1 por ciento en valor en doce meses (diciembre 2009-noviembre 2010) respecto de igual período anterior, informaron hoy fuentes empresariales. En volumen, esas exportaciones alcanzaron a 737,56 millones de litros y en valor sumaron 1.528,86 millones de dólares, precisó el informe, de la asociación empresarial “Vinos de Chile”. Las ventas al exterior de esos vinos embotellados aumentaron en esos doce meses un 10,5% en volumen, hasta los 419,73 millones de litros y un 11,4% en valor, hasta los 1.258,43 millones de dólares. También facilitó cifras correspondientes al período de enero y noviembre de 2010, en el que las exportaciones crecieron un 7,0 por ciento en volumen, hasta los 671,22 millones de litros y un 11,6% en valor, hasta los 1.416,06 millones de dólares, respecto de igual período del año 2009. Entre diciembre de 2009 y noviembre de 2010 el principal destino de los vinos chilenos fue el Reino Unido, con 10,25 millones de cajas (de nueve litros cada una) y 212,334 millones de dólares. Le siguieron Estados Unidos (7,61 millones de cajas y 209,92 millones de dólares) y Canadá (2,10 millones de cajas y 80,69 millones de dólares)”

Por lo que respecta a la producción, consumo y exportación de vino en España, leí en el portal Vinos de los Andes el artículo titulado España no es capaz de beber todo su vino, donde queda asentado que “ preocupa, y mucho, la caída del consumo de vino per cápita en España, que se sitúa en 18 litros por persona y año. Algo incomprensible para un país productor como el nuestro, en donde el vino se ha considerado siempre un producto alimenticio más, ligado a nuestra dieta y cultura. En Suiza, por ejemplo, cada habitante consume una media de 42 litros al año, y eso sin hablar de Francia, Italia o Portugal, países productores, que nos triplican en consumo. Cada año parece que se ha tocado fondo y va a empezar la remontada, pero ese fondo no aparece nunca, aunque quizá llegue en 2011. El declive está resultando imparable. En 1980, cuando empieza a producirse la explosión del vino de calidad en España, arrancan las denominaciones de Ribera de Duero, Rías Baixas y sus albariños, y la gran revolución de calidad de Rioja. Por todas partes empiezan a surgir bodegas nuevas, bien equipadas, con enólogos preparados, mimando la viticultura. El consumo estaba entonces en unos 50 litros por cabeza, igualando el de la cerveza.
Treinta años después, por cada litro de vino que se consume, se beben tres de cerveza. Es sorprendente, y parece que mientras mejor hacemos los vinos, menos los bebemos. Este desfase se achaca a que no hay un público nuevo de recambio. Los jóvenes que beben le pegan más a la cerveza y a los destilados, pero el vino les parece elitista, un producto caro de personas mayores, al que acceden cuando van a un restaurante o cuando organizan una cena en su propia casa.

“Ante este panorama desolador, parece una paradoja decir que se empieza a salir de la crisis. Pero así es, gracias a que ya se exporta casi la tercera parte del vino que se produce. Las exportaciones de vino alcanzaron los 1.507 millones de euros hasta octubre de 2010, un 8,2% más que en el mismo periodo del año anterior, según datos del Observatorio Español del Mercado del Vino, perteneciente a la patronal del sector. En volumen se ha crecido más aún en esos diez meses, con 1.432 millones de litros exportados, un 15,2% más”.

El día que se llevó a cabo la cata motivo de esta crónica leí un comunicado del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Calificada Rioja, en cuya parte medular señalaba lo siguiente: “Rioja ha demostrado una vez más por qué es la Denominación de Origen. líder de los vinos españoles y una de las grandes zonas vinícolas del mundo. Su capacidad de recuperación ante los efectos de la crisis económica se ha puesto de manifiesto en el balance final de comercialización del año 2010, que ha alcanzado un volumen total de 267 millones de litros, lo que representa un crecimiento del 13,5%, es decir, 31 millones de litros más que el año anterior. Exportación y vinos con crianza en barrica han sido los principales protagonistas de este importante aumento de las ventas, que casi ha permitido recuperar el descenso experimentado durante los dos primeros años de la crisis.


Según las estadísticas elaboradas por el Consejo Regulador, del total de 267 millones de litros comercializados el pasado año, 240 corresponden a vinos tintos (el 90%), 14,5 a vinos blancos y 12,5 a vinos rosados. Las ventas en el mercado español han alcanzado los 181,2 millones de litros (68% del total), con un crecimiento del 10,7%, mientras que al mercado internacional se han exportado un total de 85,9 millones de litros (32%), con un crecimiento del 18,5%. En ambos mercados Rioja ostenta un destacado liderazgo respecto al conjunto de las Denominaciones españolas, con una cuota en torno al 40% del total de las ventas en cuanto a volumen, porcentaje aún más elevado en cuando al valor”.
Por otro lado, considero conveniente mencionar que la Organización Internacional de la Viña y el Vino (O.I.V.) es un organismo intergubernamental que agrupa a 43 Estados miembros, productores de vino en todo el mundo. En América figuran únicamente como miembros los siguientes cinco países: Argentina, Brasil, Chile, Perú y Uruguay. De acuerdo a los informes emitidos por ese organismo la producción mundial de vino en 2010, osciló entre 25.500 millones y 26.400 millones de litros. Los tres primeros países fueron Francia (4.475 millones de litros), Italia (4.258 millones de litros) y España (3.500 millones de litros)

Hace un mes, el 7 de enero de 2011, leí el cometario de quien firma sus escritos con el seudónimo de Apicio Gourmet. Allí aparece lo que a continuación transcribo, acerca de la comercialización de vinos en México: “Las empresas vitivinícolas extranjeras ponen sus ojos en México, vislumbrando un gran mercado donde invertir dentro de los próximos años. .El vino mexicano está experimentado un fuerte auge a pesar de que su consumo per capita sigue siendo muy bajo. ¿Cómo? En comparación con países como España, Italia o Francia, donde el consumo se estima en 50 litros per cápita, aproximadamente, en México alcanza apenas los 550 ml. por persona, situación que no ha variado mucho durante los últimos años. Pero, contrario a lo que muchos pueden pensar, dicha situación no es tan negativa. Que los índices de consumo no hayan cambiado durante una recesión mundial tan profunda como la reciente es un verdadero signo de crecimiento, especialmente cuando la mayoría de los países redujo dicho porcentaje.

“Dicho de otra forma: obviando la crisis, se puede decir que el consumo aumentó. En 2009, por ejemplo, se alcanzaron ventas de 66 millones de litros, incrementándose en 2% con respecto al año anterior. Incluso un estudio de la Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España en el país, llamado "El Mercado del Vino en México", estimó una tasa de crecimiento anual de consumo aproximada de 12% para los próximos años. Según los expertos del sector, se puede considerar la venta de vino en México como "un mercado en pleno ascenso", donde cada año aumenta tanto la producción de vino nacional e importaciones de vino extranjero, como su consumo. En el país existe una cantidad importante de marcas (más de dos mil etiquetas) aunque muchas son nuevas. De hecho, se estima que 33% de las etiquetas vendidas son recién incorporadas al mercado, es decir, se sustituyen rápidamente unas a otras”. Hasta aquí esa trascripción.

La cata “ciega” mensual número 202, correspondiente al mes de febrero de 2011, del Grupo Enológico Mexicano, se llevó a cabo el martes 8 de ese mes en un salón privado del restaurante “Valkiria”. Para esta degustación analítica fueron seleccionados ocho vinos comercializados en México por Bodegas La Negrita, que fueron elaborados en Argentina, Chile, España y México..Por lo tanto, podría decirse que fue una cata en la que fueron evaluados algunos vinos del “Viejo” y del “Nuevo” mundos.
.
La Mesa de Catadores estuvo integrada esa tarde por los siguientes enófilos: Patricia Amtmann, Areli Curiel, Philippe Seguin, José Del Valle Rivas, Manuel García, Roberto Quaas Weppen, Darío Negrelos, Mauricio Romero Gatica, Raymundo López Castro, Rafael Fernández y Miguel Guzmán Peredo..

Las calificaciones están basadas en los parámetros que maneja el Grupo Enológico Mexicano. Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 50 y los 59 puntos son considerados “no recomendables”. Si la puntuación se halla comprendida entre los 60 y los 74 puntos, son juzgados “bebibles”. Una calificación entre los 75 y los 84 puntos permite evaluarlos como “buenos”. Si el puntaje oscila entre los 85 y los 94 puntos, son juzgados “muy buenos”. En el caso de que la calificación esté comprendida entre los 95 y los 100 puntos, entonces alcanzan la categoría de “extraordinarios”.

Los resultados fueron los siguientes:

Vinos blancos:

1.- Viña Esmeralda, cosecha 2009. 11.5% Alc. Vol.. Coupage de 85% Moscatel y 15% Gewurztraminer. Bodega Miguel Torres. Vilafranca del Penedés, Cataluña, España. . Calificación: 84.44 puntos. Precio: $ 125.00 .

1.- (Empate) Gran Vino Blanco, cosecha 2004. 13.4% Alc. Vol. Coupage de 96% Sauvignon Blanc, 2% Chenin Blanc y 2% Chardonnay. Chateau Camou, S.A. Valle de Guadalupe, Ensenada, Baja California, México. Calificación: 84.44 puntos. Precio: $ 350.00.

Vinos tintos:

1.- Perpetual, Salmos, cosecha 2005. 15.0 % Alc. Vol. . Coupage de Garnacha Tinta y Cariñena Denominación de Origen Priorat . Crianza durante 16 meses en barrica nueva de roble francés. Bodega Miguel Torres, S.A Vilafranca del Penedés, Cataluña, España. .. Calificación: 87.78 puntos. Precio: $ 500.00

2.- Manso de Velasco, cosecha 2006. (Viñas Viejas). 14.0 % Alc. Vol. . Monovarietal 100% Cabernet Sauvignon. Valle de Curicó, Chile. Crianza durante 18 meses en barrica nueva de roble francés (Nevers), y posterior reposo en botella durante 10 meses. Calificación: 86.44 puntos. Precio: $ 550.00.

3.- Primus Merlot Salentein, cosecha 2003. 15.5% Alc. Vol. . Monovarietal 100% Merlot. . Crianza durante 20 meses en barrica nueva de roble francés, y. posterior reposo en botella durante 12 meses. Producción limitada a 28.199 botellas. Alto Valle de Uco. Bodega Salentein. Mendoza, Argentina. Calificación: 85.00 puntos. Precio: $ 790.00.

4.- Arzuaga Crianza, cosecha 2006. 13.5% Alc. Vol. Coupage de 95% Tempranillo y 5% Merlot,. Denominación de Origen Ribera del Duero. Crianza durante 14 meses en barrica de roble americano. Bodega Arzuaga Navarro. Quintanilla de Onésimo, Valladolid, España. Calificación: 84.89 puntos. Precio: $ 372.00.

5.- Prestigio Matarromera, cosecha 2005. 14.0% Alc. Vol. . Monovarietal 100% Tempranillo. Denominación de Origen Ribera del Duero. Crianza durante 9 meses en barrica americana y de 9 meses en barrica de roble francés, Bodegas Matarromera. Valbuena del Duero, Valladolid, España. Calificación: 84.78 puntos. Precio: $ 890.00

6.- Marqués de Vargas, Reserva, cosecha 2003. 14% Alc. Vol. Coupage de Tempranillo, Mazuelo, Graciano y Cabernet Sauvignon. Denominación de Origen Calificada Rioja. Crianza durante veintitrés meses en barrica nueva de roble de Rusia. Bodegas y viñedos del Marqués de Vargas. Logroño, Rioja, España, Calificación: 82.23 puntos. Precio: $ 884.00.

Los catadores eligieron “mejor etiqueta” y “mejor botella” la del vino Viña Esmeralda, en el caso de los vinos blancos, y en los tintos la “mejor etiqueta” registró empate entre los vinos Perpetual Salmos y Manso de Velasco..

Al finalizar esta degustación fue servida una apetitosa cena preparada por Christian Martínez, Chef del restaurante “Valkiria”. El primer tiempo fue Ensalada Valkiria, una sabrosa variante de la clásica Ensalada César. El manjar principal consistió en una ración del pescado llamado “Escolar” (igualmente llamado “Bruja”, con salsa bernesa aderezada con hongos, epazote y salsa de chile cascabel. El postre fue pastel de calabaza con helado de pitaya.

Armonizamos tan sápida cena con los siguientes vinos. Gran Vino Blanco, de Chateau Camou , cosecha 2004 (México), Marqués de Vargas, Reserva, cosecha 2003, y Prestigio Matarromera, cosecha 2005 (ambos de España).




lunes, 31 de enero de 2011

EL CELULAR Y LA URBANIDAD EN LA MESA



Hace ya muchos ayeres, cuando yo cursaba la instrucción primaria, fue publicado un voluminoso libro cuyo título fue Etiqueta, Urbanidad y Distinción Social . El autor, según creo recordar, ocultó su nombre en el seudónimo Irma Carlota, y llevó a cabo en su obra --publicada en los comienzos de los años cincuentas-- una brillante descripción de las buenas maneras que deben imperar en todos los momentos de la vida en sociedad. Para tener una idea exacta, precisa, del significado del término etiqueta, he consultado un venerable libraco de mi biblioteca: Novísimo Diccionario de la Lengua Castellana (que comprende la última edición integra del publicado por la Academia Española), que fue editado en 1883, en Paris, por la Librería de Garnier Hermanos. Allí leo que la palabra etiqueta tiene el siguiente significado: “ceremonial de los estilos, usos y costumbres que se deben observar y guardar en las casas reales; por extensión, ceremonia en la manera de tratarse las personas particulares, o en actos de la vida privada, a diferencia de los usos de confianza o familiaridad”. Casi cien años después, en 1977, fue editada en la ciudad de Barcelona la Enciclopedia Teide, que recoge idéntica explicación, palabra más, palabra menos, para ese vocablo, que bien puede tener como sinónimos cortesía y buenos modales.

Ahora bien, en 1934 apareció en la ciudad de México la primera edición del libro Manuel de Urbanidad y Buenas Maneras, escrito por Manuel Antonio Carreño, quien animado por mostrar las excelencias de la urbanidad y las buenas maneras (la “etiqueta”, en una palabra) redactó una obra literaria la cual, hace casi ocho décadas, fue sumamente popular en el México de nuestros ancestros, quienes estaban imbuidos de los sólidos principios determinados por las buenas maneras. Recuerdo muy bien que en aquellos años se decía de una persona incivilizada y grosera, cuyos modales dejaban mucho que desear, que le hacía falta leer “el Carreño”, lo que puso de manifiesto la amplia difusión que por entonces alcanzó este libro, que hoy en día muchos pueden juzgar, equivocadamente, obsoleto y pasado de moda.

En su libro, Manuel Antonio Carreño señala que “la mesa es uno de los lugares donde más clara y prontamente se revela el grado de educación y de cultura de una persona, por cuanto son tantas, y de naturaleza tan severa y, sobre todo, tan fáciles de ser quebrantadas las reglas y las prohibiciones a las que está sometida”. Señalo lo anterior ya que tengo la clara impresión de que los usos y costumbres, referentes a la educación y a las buenas maneras que deben ser observados en la mesa, se han relajado notoriamente, al grado que actualmente es muy frecuente observar en numerosos restaurantes la triste actitud individuos zafios e incultos, cuya incivilidad salta a la vista, a quienes no parece preocuparles nada el mostrarse ante los ojos de quienes los rodean como sujetos carentes de la menor educación.

Entre las diversas situaciones propicias a mostrar el grado de estulticia que distingue a estos gamberros (en nuestro país, un término parecido, si bien de menor alcance que el que está dado por la palabra española que yo he usado en este párrafo, sería naco, pero pienso que éste no describe tan claramente la deplorable, y muy censurable, actitud de esos cretinos), la más ilustrativa es el empleo indiscriminado del teléfono celular en los restaurantes. Allí se pone de manifiesto no sólo la carencia de educación, sino también los complejos y muy profundos sentimientos de frustración e inseguridad que, a mi parecer, presentan quienes hacen cabal ostentación de su seudo importancia, y de su mínima educación, al recibir o hacer una llamada telefónica, informando a propios y extraños (porque, además, elevan el tono y engolan la voz para que los que están cerca de ellos escuchen la mayor parte de la conversación) de lo que se supone es una charla privada, o en el mejor de los casos una plática de negocios, a todas luces fuera de lugar, porque un restaurante no es el sitio más apropiado para esta clase de intercambio de opiniones.

(Quiero extenderme en este asunto mencionando que ha llegado a tal extremo el uso de los teléfonos celulares, lo mismo utilizados por hombres que mujeres, que ahora no resulta nada insólito observar que en los automóviles, en el supermercado, en una iglesia (lo mismo si es velorio que matrimonio), o en un concierto sinfónico y en una representación de ópera, tanto jóvenes como personas adultas entornan los ojos al contestar alguna llamada telefónica. Y cuando cualquier hijo de vecino pensaría que van a decirle, a la persona que se comunicó con ellos mediante la telefonía celular, que no pueden atenderla, pues resulta que sí, que toman la llamada y se extienden en una insulsa charla, en el lugar y el momento menos apropiado).

Este asunto me hizo pensar en cuáles hubieran sido los temas de una posible conversación con don Manuel Antonio Carreño, si acaso hubiésemos coincidido en una elegante mesa, bien en el Olimpo, bien en el Parnaso (en ambos parajes degustaríamos deliciosos platillos, y un émulo de Ganímedes nos llevaría una jarra de vino, quizá conteniendo un exquisito caldo de Lesbos, o de Chío, o de Naxos), o bien deambulando por los Campos Elíseos, aquella etérea región próxima al Jardín de las Hespérides. Dejando volar la imaginación, en esa charla yo le habría formulado, como primer pregunta, la siguiente: ¿Qué es para usted la urbanidad? Mi interlocutor seguramente me habría contestado las siguientes palabras: “Llámase urbanidad al conjunto de reglas que tenemos que observar para comunicar dignidad, decoro y elegancia a nuestras acciones y palabras, y para manifestar a los demás la benevolencia, atención y respecto que les son debidos”.

Ahora creo recordar que en seguida le hice la siguiente pregunta: ¿Era prudente, en su tiempo, manifestar en voz alta la satisfacción de haber comido un guiso de acentuada suculencia?. Manuel Antonio Carreño me contestó, diciendo que “En las mesas de etiqueta no está admitido elogiar los platos. En las mesas pequeñas y de confianza puede un invitado hacerlo alguna vez, mas en cuanto a los dueños de la casa, ellos apenas se permitirán hacer una ligera recomendación a un plato, cuando el mérito de éste sea tan exquisito que no pueda menos que ser conocido por los demás”.

A continuación, yo le hice el comentario a aquel Petronio de las buenas maneras --del México de hace ya casi ocho décadas--- que Confucio había dicho que quien se embriaga manifiesta no saber beber, y que Brillat-Savarin , en uno de sus célebres aforismos, había asentado que los que se indigestan y se emborrachan no saben comer ni beber. Cuando estaba a punto de formularle una pregunta al respecto, él me dijo, esbozando una gran sonrisa, que era indudable que “la sobriedad y la templanza son las naturales reguladoras de los placeres de la mesa, las que los honran y los ennoblecen, las que los preservan de los excesos que pudieran envilecerlos, y cual genios tutelares de la salud y la dignidad personal nos defienden en los banquetes de los extravíos, que conducen a los sufrimientos físicos, y que nos hacen capaces de manejarnos, en medio de los más deliciosos licores y manjares, con aquella circunspección y elegancia que distinguen siempre al hombre civilizado y culto”.

Momentos más tarde le pregunté cuál era su opinión de aquellos que se jactan no sólo de su parco comer, sino que cuando les sirven deliciosos platillos simplemente pican desganadamente la comida, y la hacen retirar luego de haber utilizado ese plato como cenicero, habiendo dejado caer, de manera indolente, la ceniza sobre los manjares tan deliciosamente cocinados. Fue entonces cuando me pareció advertir, quizá la única ocasión durante nuestra charla, que un ceño de disgusto ensombrecía su rostro, tranquilo y sereno. Haciendo un esfuerzo por contenerse me dijo lo siguiente: “Jamás llegará a ser excesivo el cuidado que pongamos en el modo de conducirnos en la mesa, manifestando en todos nuestros actos aquella delicadeza, moderación y compostura que distinguen siempre al hombre verdaderamente fino”.

Es muy probable que no falte quien asegure que, en pleno siglo XXI, este asunto de las buenas maneras y la urbanidad en el comportamiento sea materia obsoleta y pasada de moda. Yo tengo la certeza de que nada tiene que ver la época en que transcurre nuestra existencia con la urbanidad que nos debe caracterizar en todo momento. Por ello he querido ocuparme ahora de este tema, de permanente vigencia en la vida social, para que nuestra relación con quienes nos rodean sea más agradable y placentera.

martes, 18 de enero de 2011

EL LIBRO NUEVA GUIA DE DESCARRIADOS


El escritor francés Guy de Maupassant señaló, manifestando con ello el sentimiento que le merecía la gastrosofía, “Sólo los tontos no son golosos. Se es gourmet como se es artista, como se es poeta. El gusto es un órgano delicado, perfectible y respetable como la vista y el oído”. Y es que el autor de novelas tan hermosas como “Bola de Sebo” y “Bel Ami” había sabido asimilar las sabias enseñanzas de Jean Anthelme Brillat Savarin ---denominado con acierto el “pontífice universal de la gastronomía”---, quien en su libro “Fisiología del Gusto” sentó las bases de esta deleitable actividad, que lo mismo es intrincada ciencia que delicado arte, y que en las desquiciantes complicaciones de la vida moderna significa un remanso de paz y tranquilidad para aquellos que han hecho suyas las atinadas enseñanzas del escritor Francois La Rochefoucauld, quien en el siglo XVIII aseveró que “el comer es una necesidad, pero el comer inteligentemente es un arte”.

Las palabras anteriores sirven de preámbulo para la presente nota bibliográfica, en la cual me ocuparé de un precioso libro (publicado originalmente en octubre de 1977, por la Editorial Joaquín Mortiz, y cuya segunda edición, en la Editorial Grijalbo, se remonta a noviembre de 1991) que no ha tenido en México la difusión que, a mi parecer, merece, por sus indudables méritos literarios y gastronómicos. Se trata de la obra “Nueva Guía de Descarriados”, del escritor mexicano José Fuentes Mares ---prestigiado historiador---, en la cual deja correr la pluma con amenidad y desenfado, con ostensible elegancia y donaire, para presentarnos sus muy particulares puntos de vista acerca de un asunto de capital importancia: el arte del bien comer y del mejor beber, que a muchos debía interesar sobre manera, por lo que a la salud del cuerpo y del alma concierne.

Con el gracejo que lo caracterizaba, e ironizando y pontificando a placer, José Fuentes Mares se ocupó en este libro (que todos aquellos que gustan de los placeres de la buena mesa debían leer, una y varias veces, por las sabias sugerencias que a raudales prodiga, con ingenio y galanura) de las mil y un deleitosas cuestiones que convergen en la gastronomía, a la vez que hizo befa y escarnio de la cultura ---¿no sería mejor que yo dijera, de la incultura?--- que está dada por el hecho de comer de pie, en una farmacia, al estilo estadounidense, alimentos chatarra, ya que la costumbre de ingerir esas bazofias han incidido, severa y lamentablemente, en los hábitos alimenticios de muchos mexicanos, quienes se sienten motivados por el estilo “fast food” de nuestros vecinos del Norte.

En la solapa de este interesante libro leo que “cuando alguien le preguntó a José Fuentes Mares por qué abordaba un tema como el de la gastronomía, respondió que si el rabino Maimónides había escrito, en el siglo XII, su “Guía de Descarriados” para salvar almas mediante la correcta interpretación del Talmud, él había concebido la “Nueva Guía de Descarriados” para salvar cuerpos a punto de perderse”. Y en las páginas iniciales, en donde aparece una Advertencia, a manera de prólogo, el autor escribió que “Comer y beber como seres ideados a imagen y semejanza del Creador es el pretexto más sabroso para escribir un libro. Si usted es de los que piensan que la gastronomía nada tiene que ver con la salvación de las almas, ahora mismo le sugiero ahorrarse la lectura de las páginas que siguen. Mas si dista de ser un protozoario con hábitos sociales y es un hombre cabal, orgulloso de su especie, le invito a seguirme. Sin ufanía ni postín, que no merezco, le aseguro que la pasará fenomenal en mi compañía”.

Así la he pasado yo las numerosas ocasiones que he leído y releído este amenísimo libro, en el cual he encontrado sesudos conceptos, certeras sugerencias y cautivantes consejos en torno a la plural materia gastronómica. Por ejemplo, veamos esta premisa fundamental de José Fuentes Mares: “El arte de comer y beber es la manifestación más elevada de la cultura, noble fórmula que nuestra especie tiene a su alcance para definir su nivel de humanidad”. En otra parte de su ensayo afirma: “Mientras se piense que el siglo XVIII fue importante porque produjo la Revolución Francesa, y no porque en ese siglo se conocieron el azúcar y el aguardiente, se crearon los licores y se popularizaron el cacao y el café, seguiremos en la onda de esta cultura miserable que culmina con los excesos de la bomba atómica, y en los más horrendos todavía del “quick lunch” y del “fast drink”.....No quiero engañar a nadie, y el que me lea sabrá que esta “Nueva Guía de Descarriados” tiene un fin proselitista. Cuando Erasmo de Rotterdam escribió que “hay más diferencia entre tales y tales hombres que entre tales hombres y tales bestias” pensaba sin duda en el hombre a la hora de comer y beber, momento que nos permite seguir el curso de su historia, y dividir sus etapas desde la pobre aurora en que los hombres comieron y bebieron como canguros, hasta el medio día luminoso de las trufas hojaldradas, de la salsa de mole poblano, del gazpacho, de los callos a la madrileña, del huachinango a la veracruzana, de los chiles en nogada y del champán”.

Cada uno de los capítulos de este libro de José Fuentes Mares es un aleccionador recorrido por los diversos asuntos referentes al arte de comer y beber. A lo largo de las páginas de “Nueva Guía de Descarriados” analiza las múltiples facetas inherentes a esta ciencia-arte, de tanta trascendencia para la humanidad, y a manera de deliciosas gotas de ambrosía van cayendo sus conceptos acerca de manjares y de vinos, y entona sus mejores cantos al exaltar la dionisiaca bebida, el vino, que con maestría elaboran los enólogos de Francia y de España (¿por qué razón se habrá olvidado el autor de este hermoso libro de otros vinos, como de los de Italia, cuando ya desde los tiempos de los decadentes césares ya se elaboraban vinos de alcurnia, como el Falerno?). Y concluye su meritorio estudio con una guía gastronómica de España, país de prosapia en las lides culinarias, por el cual José Fuentes Mares tenía sin igual preferencia.

miércoles, 12 de enero de 2011

LOS VINOS DE PROLONGADO REPOSO EN BOTELLA


El vino maduro, de buena calidad,
mejora la sangre de quien diariamente lo bebe.

Código de Salud de la Escuela de Salerno
(Régimen Sanitario Salernitano. Siglo XIII)

Al igual que los amigos, es mejor el vino viejo que el nuevo.

Charles Kingsley (1819-1875

Iniciadas las catas “ciegas” del Grupo Enológico Mexicano en enero de 1995, al cumplirse una década de estas degustaciones, en las cuales se evaluaban ---y se sigue haciendo esta deleitable práctica gustativa--- vinos de reciente lanzamiento en el mercado, digamos de cosechas de tres o cuatro años anteriores a la fecha de su apreciación sensorial, en noviembre de 2005, se adoptó la costumbre de realizar, una vez al año, una cata con vinos tintos de prolongada guarda en botella, que hubieran estado en óptimas condiciones de conservación en una cava, durante un lapso de unos tres a cuatro lustros.

Cabe en este momento citar, brevemente, lo que en otras ocasiones he expresado, a propósito de este tipo de catas: “La finalidad es la de evaluar los visibles cambios ---en el color, en el aroma y en el sabor--- que tienen lugar en esos caldos al paso de los años. La degustación de esta clase de vinos suele resultar sorprendente, en cuanto a que hay vinos que «se resisten a envejecer», y manifiestan, transcurridos tres o cuatro lustros, gran vitalidad y una «juventud prolongada» que a los catadores no deja de parecer en extremo interesante, a más de que saborear esos vinos de cierta « ancianidad » (como alguna vez expresó Don Quijote de la Mancha) resulta muy deleitable al paladar, como experiencia gustativa poco frecuente.

Considero conveniente transcribir un par de párrafos del libro titulado El Vino, una extraordinaria obra de consulta, de 928 páginas, de la cual es compilador André Domine. En el capítulo “Los Vinos Añejos” ---de su autoría---, leo lo siguiente: ““La denominación de “vino añejo” no está claramente definida ni química ni organolépticamente. No hay ningún criterio para definir el tiempo mínimo que una botella de vino debe madurar en la bodega. De igual modo hay pocas indicaciones acerca de cómo debe oler y saber un vino añejo. “Cada vino tiene un potencial de envejecimiento distinto, que depende fundamentalmente del tipo de uva y de la cuvée, y en menor medida de la cosecha, del método de elaboración, de los factores alcohol, azúcar y acidez y, finalmente, del almacenamiento una vez embotellado. Los sedimentos de la botella son fundamentales para determinar el estado de los vinos tintos en proceso de maduración, considerando también el tipo de cerpa y la cosecha. Los sedimentos rojizos y marrones están compuestos de fenoles polimerizados, es decir, de tanino y sustancias colorantes. Estos producen enlaces tan fuertes que no pueden mantenerse diluidos en el líquido. Cuanto más poso se forme y más claro se vuelva el color del vino, más suave será éste. Un Cabernet Sauvignon rico en tanino y en sustancias colorantes durante su juventud, formará considerablemente más heces que un sedoso Pinot Noir.

“Los vinos blancos maduros también cambian de color. Sin embargo, durante la estancia en la botella, el vino blanco no se tornará más claro sino más bien amarronado, a causa de la oxidación progresiva de los fenoles. En este caso hay que tener en cuenta que los vinos dulces y generosos pueden madurar mucho más tiempo que los vinos secos. A su vez, entre estos últimos maduran mejor los vinos previamente fermentados y elaborados en barricas, que aquellos que proceden de tanques de acero inoxidable””.

Abundando en este tema diré que la palabra envejecimiento (ageing en lengua inglesa, que tiene por sinónimo el término maturing) equivale al vocablo vieillisement, en francés. En italiano corresponde al término invecchiamiento (vecchio se traduce por viejo), mientras que en portugués se dice envelhecimiento, fácilmente traducible como envejecimiento.

Acerca de este asunto a mi parecer muy interesante, --el de los vinos que han sido guardados de manera idónea en una cava, por un periodo prolongado de tiempo--, voy a transcribir ahora un breve texto publicado, en fecha reciente, en el portal Vinos Kupel, de España (autodenominado blog para amantes del vino), ya que enfatiza el atractivo que tiene la degustación de vinos que han sido guardados por varios años en su recipiente natural, la botella: “El prestigio del que suelen gozar los vinos viejos tiene mucho de mito. La cuestión radica en la carga emotiva que provoca esa aureola de historia con que el tiempo sella una botella del pasado. Es difícil saber con exactitud cuanto dura el vino.
Los vinos evolucionan positivamente en la botella durante un período determinado de tiempo. Superado éste, el vino inicia un proceso de declive. Un tinto de la Rioja, por ejemplo, experimenta durante 10 años aproximadamente una evolución creciente, seguido de un período estacionario, no inferior a 5 años, para continuar con una caída lenta y progresiva. Pasado este tiempo lo mejor que puede pasarle a un vino es que tenga las mismas características que un vino de 20 ó 30 años más, siempre que se conserve en inmejorables condiciones.
Todos los vinos de mesa no envejecen de igual forma. Los ciclos pueden ser más o menos distintos dependiendo de factores como la variedad de uva utilizada, las características de una cosecha determinada, o los métodos de elaboración. Así, por ejemplo, un cariñena es un vino de duración corta pues no tarda mucho en enranciarse y tornarse ajerezado. De igual forma, su plenitud es también más temprana que la de un vino de Rioja o de Burdeos, ambos de ciclos evolutivos más lentos y, por consiguiente, más largos. Esto significa que las posibilidades de envejecimiento de un vino van en función de que su evolución sea más lenta.

Hay vinos que son auténticas obras de arte más por lo que simbolizan que por ellos mismos. Son aquellos que jamás saldrán de las silenciosas bodegas convertidas casi en museos. Su etiqueta tiene más valor sentimental que el propio vino y su destino: ser coleccionado, guardado celosamente como curiosidad o recordatorio y, de ser bebido, sólo lo será en una ocasión muy especial. En lo más profundo de las bodegas españolas siempre hay rincones oscuros, generalmente lóbregos, donde reposan un determinado número de botellas emblemáticas. A través de ellas se pueden reconstruir sus avatares históricos y sus mejores vendimias. No está totalmente comprobado que el vino con el tiempo mejora, ya que entre el principio y el fin no dejan de suceder cosas.
El fervor por el vino viejo es una cuestión de gusto mediatizado por esa ineludible subjetividad que se genera ante el bien escaso o raro, frente a lo abundante o cotidiano. En definitiva se puede afirmar que gusta lo viejo. Y ese gusto puede alcanzar lo sublime si se trata de un vino antiguo e irrepetible, cuyo descorche ha privado al resto del mundo de disfrutar una sensación parecida. Ante este espectáculo, el equilibrio calidad/precio deja de ser considerado y el precio se dispara a medida de que los compañeros de viaje de esa marca son bebidos en el transcurso de los años.

Además de la uva, la cosecha y los métodos de elaboración, hay que contar con una serie de factores externos que también pueden alterar la vida de un vino: la temperatura, la humedad del recinto y el estado del tapón. Lo ideal es una temperatura fresca y estable, alrededor de 18ºC, una humedad del 75-80%, una buena ventilación y la sustitución del tapón cada 15 años aproximadamente. En cualquier caso, lo que hay que tener en cuenta es que la edad del vino no es siempre garantía de calidad, que no todos se prestan a la crianza y que en los vinos más viejos no siempre hay que fiarse de la añada a la hora de elegirlo.

No hay que perder de vista que hasta agosto de 1979 en España no existía una legislación para el control de las añadas ni una reglamentación adecuada para el Reserva y Gran Reserva. Hasta entonces los menos escrupulosos no dudaban en poner en la etiqueta un año que no se correspondía con la realidad, hasta el punto que ciertas cosechas famosas parecían inagotables, e incluso casos en los que se omitía el año, jugando con la incertidumbre del consumidor” Hasta aquí esa cita..
A la que ahora hago referencia es la sexta ocasión en que los catadores del Grupo Enológico Mexicano degustan esta categoría de vinos “añosos” (de ninguna manera podría yo decir que fuesen decrépitos, y sin ningún interés desde el punto de vista de la apreciación de sus características organolépticas), que han resultado, las más de las veces, sorprendentes, por las cualidades que presentan esos caldos, aún encomiables al paso de los años.

La cata “ciega” mensual número 201, correspondiente a enero de 2011, del Grupo Enológico Mexicano, se llevó a cabo el martes 11 de enero de 2011 en un salón privado del restaurante “Valkiria”. Para esta degustación analítica fueron seleccionados ocho vinos tintos, más o menos añosos pero de ninguna manera caducos, procedentes de la cava privada de tres de los Miembros de Número. La procedencia de los vinos fue, por orden alfabético, Chile, España, Estados Unidos de América y Francia.

La Mesa de Catadores estuvo integrada esa tarde por los siguientes enófilos: Patricia Amtmann, Alejandra Vergara, Carlos Ruíz, José Del Valle Rivas, Joaquín López Negrete, Manuel García, Eoberto Quaas Weppen y Miguel Guzmán Peredo.

Las calificaciones están basadas en los parámetros que maneja el Grupo Enológico Mexicano. Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 50 y los 59 puntos son considerados “no recomendables”. Si la puntuación se halla comprendida entre los 60 y los 74 puntos, son juzgados “bebibles”. Una calificación entre los 75 y los 84 puntos permite evaluarlos como “buenos”. Si el puntaje oscila entre los 85 y los 94 puntos, son juzgados “muy buenos”. En el caso de que la calificación esté comprendida entre los 95 y los 100 puntos, entonces alcanzan la categoría de “extraordinarios”.

Es prudente señalar que en esta ocasión no se consignan los precios de cada uno de los vinos, porque se trata de añadas que no se encuentran en el mercado.

Antes de comentar los resultados de la cata número 201, considero conveniente mencionar que, previamente a la evaluación de los ocho vinos motivo de esta cata, fue degustado un vino blanco francés, de la región de Borgoña, de la cosecha 1959: Pouilly-Fuisse Clos Reissier. Viene en una botella de 509 ml. (La etiqueta señala un contenido de una pinta y una onza líquida), y aparece la leyenda “Appellation d’Origine Controlée”, que hoy en día es “Appellation Pouilly-Fuisse Controlée”. En internet aparece una mención a esta marca mencionando que se trata de un vino existente desde hace mas de 200 años.

Este vino fue obsequiado a uno de los Miembros de Número del Grupo Enológico Mexicano, y al observar el nivel del líquido se infiere que estuvo mal guardado, por la acentuada merma del vino que mostraba la botella, la cual, a mi parecer, es un modelo antiguo utilizado en Borgoña.

El color de este vino era francamente ambarino, con tonalidades caoba, lo que resulta natural por su prolongado reposo en botella,. Al olfato se percibían aromas de frutos pasificados, y el comentario de los catadores fue que recordaba el aroma del Jerez Oloroso Viejo. A la boca mostró cabal decrepitud, con sensaciones gustativas de ácido acético. Este vino no fue incluido entre los otros vinos degustados en esa ocasión, ocho vinos tintos de las siguientes cosechas: 1980, 1991, 1993, 1996, 1997 y 1998, .. .

Los resultados fueron los siguientes:

1.- Cabernet Sauvignon Reserva Errazuriz, cosecha 1998. 14.0% Alc. Vol. Viña Errazuriz. Panquehue, San Felipe, Chile. Calificación: 81.67 puntos.

2.- Murrieta’s Well, cosecha 1993. Coupage de 60% Cabernet Sauvignon, 16% Cabernet Franc, 12% Merlot y 12% Zinfandel. 13.5% Alc. Vol. Livermore Valley & Estate Vineyards. Wente Bros. Winery. California. Estados Unidos de América. Calificación: 81.17 puntos.

3.- Coto de Imaz Gran Reserva, cosecha 1991. Denominación de Origen Calificada Rioja. 12.5% Alc. Vol. Coto de Rioja, S.A., Oyón, Rioja Alavesa, España. Calificación: 80.83 puntos

3.- (empate) Viña Pedrosa, Crianza. cosecha 1997. Denominación de Origen Duero. 13.0% Alc. Vol. Bodegas Hnos. Pérez Pascuas, S.L. Pedrosa del Duero, Burgos, España. Calificación: 80.83 puntos.

4.- Faustino I Gran Reserva, cosecha 1996. Denominación de Origen Calificada Rioja. 13.0% Alc. Vol. Bodegas Faustino. Oyón, Rioja, España. Calificación: 80.67.

5.- Casillero del Diablo Reserva Especial, cosecha 1980. Monovarietal 100% Cabernet Sauvignon. 12.5 Alc. Vol. Viña Concha y Toro. Maipo, Chile. Calificación: 77.67 puntos.

6.- Gran Sangre de Toro, Reserva, cosecha 1991. Denominación de Origen Penedés. 13.0% Alc. Vol. Miguel Torres, S.A. Vilafranca del Penedés, Cataluña, España. Calificación: 76.83 puntos.

7.- Chateau Plagnac, cosecha 1998. Appellation Medoc Contrtolée. Cru Bourgeois. 12.0% Alc. Vol. Ets. Cordier. Blanquefort, Francia. Calificación: 75.50 puntos.

Me parece conveniente señalar que las calificaciones de los ocho vinos están comprendidas entre los 75 y los 84 puntos, lo que los ubica en la categoría de “buenos”, y esto después de una prolongada guarda en botella habla muy bien, a mi juicio, de la calidad y sabor de dichos caldos báquicos.

Al finalizar la evaluación degustamos una deliciosa cena, preparada por Christian Martínez, el chef del restaurante “Valkiria”. Inicialmente saboreamos la Ensalada Valkiria. A continuación una exquisita Crema de Champiñones, y el plato fuerte fue Bacalao con miel de azafrán, Jerez y espinacas. El postre consistió en Pastel de elote y nieve de mamey. Con una taza de Café de la Olla concluyó esta cena, cuyos manjares fueron acompañados con dos vinos igualmente de cierta edad: Chardonnay Reserva Errazuriz, cosecha 1996. 13.0% Alc. Vol. Viña Errazuriz, Valle de Casablanca, Chile, y Remelluri Reserva, cosecha 1991. Denominación de Origen Calificada Rioja. 12.5% Alc. Vol. Granja de Nuestra Señora de Remelluri, S.A., Labastida, Rioja Alavesa, España.



.