miércoles, 15 de enero de 2014

LOS VINOS DEL LIBANO, ESPAÑA, GRECIA, PORTUGAL Y BULGARIA



Bebe porque eres feliz,  pero
nunca a causa de tu infelicidad.

GILBERT KEITH CHESTERTON (1874-1936)

En enero de 1995 dieron inicio las catas “ciegas” del Grupo Enológico Mexicano. Desde aquel año, hace casi cuatro lustros, ya que falta sólo un año para que se cumplan dos décadas de que estas interesantes degustaciones organolépticas tengan lugar, mes a mes.. Hasta el presente: enero de 2014, han sido 238 las evaluaciones sensoriales, de vinos de veintiún países, las que han sido celebradas. 

Cabe recordar que de este número (238),  216 han sido realizadas en un salón privado de un restaurante de la ciudad de México. Otras  dieciséis tuvieron lugar en parajes de la alta montaña de México, en altitudes superiores a los 4.000 metros. En catorce ---de estas dieciséis ocasiones--- evaluamos vinos “tranquilos” (nombre que reciben, genéricamente, los vinos blancos, rosados y tintos). Las dos catas restantes, “ciegas” como todas las que realiza el Grupo Enológico Mexicano,  fueron de brandies de España (en un caso de Cataluña y en el otro de Jerez). Cabe señalar que la octava  y la décimo tercera catas en la alta montaña tuvieron lugar (los días 14 de abril de 2007 y  6 de junio de 2009, respectivamente) en la cumbre del volcán Sierra Negra, en el estado de Puebla, a una altitud de 4.581 metros sobre el nivel del mar, lo que las hizo, en su momento, las degustaciones analíticas realizadas a mayor altitud en el mundo, en un sitio al cual se accede en un vehículo motorizado rodante. 

Otras seis catas han sido celebradas en diversos parajes al aire libre: una a bordo de una trajinera, la embarcación tradicional en la cual se navega en los canales del recinto lacustre del Parque Ecológico Xochimilco, a una altitud aproximada de 2.240 msnm. . Otra  (la Primera Cata en México en un Globo Aerostático) a bordo de un globo, a una altitud de 800 metros sobre el nivel del suelo, en Tequisquiapan, Querétaro. Una más en un lago de montaña (Valle de Bravo, a 1.805 metros sobre el nivel del mar), y la restante en la población de Temixco, en el Estado de Morelos, a 1.280 m.s.n.m..La cata 198  se llevó a cabo a bordo del buque escuela “Cuauhtémoc”, de la Secretaría de Marina de México, surto en la bahía de Acapulco, el sábado 9 de octubre de 2010. La cata 203 tuvo lugar en Viñedos “La Redonda”, en Ezequiel Montes, Querétaro.  En estas 238 catas “ciegas” han sido degustados 1.844 vinos, de veintiún países.
A más de las degustaciones anteriores, en el historial del Grupo Enológico Mexicano se incluye la celebración de diez catas “ciegas” de tequilas (dos en cada uno de los cinco años comprendidos entre 1997 y 2001), de las categorías denominadas “reposados” y “añejos”, en las cuales fueron evaluados ciento noventa y cinco tequilas.

Ahora bien, entrando ya en materia en torno a la cata del mes de Enero de 2014, diré que los historiadores del vino señalan que esta dionisíaca bebida tuvo su origen, hace más de seis mil años, en el Medio Oriente, en Mesopotamia, la feraz tierra bañada por los ríos Tigris y Eufrates. Otros opinan que el cultivo de la vid, y la consecuente elaboración del vino, se remonta a poco más de ocho mil años, y que ello tuvo lugar en Georgia, considerada la cuna de la viticultura.  Por su parte, Luis Tomás Melgar Gil, autor del libro La Enciclopedia del Vino (Editorial Ramón Llaca, Madrid, España, 2008),  asienta que “El Líbano fue acaso la primera región productora de vino en el mundo. La Biblia afirma que fue allí donde Noé  produjo y bebió el primer vino de uva de la historia”, lo que, comento yo, significaría una antigüedad más reciente a esta bebida etílica.

El autor citado líneas arriba consigna que “las dos zonas de cultivo más importantes de Líbano son el Valle de la Bekka (donde se encuentran Chateau Ksara, Chateau Kefraya y Massaya), y la región de Monte Líbano. Las bodegas de Ksara (ksara significa fortaleza) fueron propiedad de los francos, en tiempo de las Cruzadas, y fueron adquiridas por los jesuitas en 1857 cuando el vino elaborado en ellas era ya famoso. En la voluminosa obra titulada The global enciclopedia of wine, editada por Global Book Publishing (Australia, 2002), aparece el capítulo referente a los vinos del Medio Oriente, escrito por Brian Jordan, y allí aparece que esa bodega vinícola fue propiedad, en el año 1857,  de los monjes franciscanos, y que ahora pertenece a Charles Ghostine.

En el portal de esta bodega leo lo siguiente: “Líbano tiene una tradición vitivinícola de más de cinco mil años, cuando los primeros habitantes, los fenicios, comenzaron a cultivar las vides. Los fenicios exportaron vino a Egipto, Roma, Grecia y Cartago. La empresa Chateau Ksara produce aproximadamente tres millones de botellas de vino cada año, y comercializa sus productos en más de cuarenta países, principalmente Europa, Estados Unidos de América, Canadá, Japón, Hong Kong, Singapur, Brasil, África, Australia y los países árabes.  Château Ksara es la más antigua y más grande empresa vitivinícola del Líbano, así como la más visitada, pues cada año recibe a más de 70.000 visitantes, quienes degustan allí los vinos que elabora”. De esta bodega degustamos tres vinos tintos, en la cata 238 del Grupo Enológico Mexicano. 

Por lo que concierne a los vinos de Galicia mencionaré que la Denominación de Origen Rías Baixas (en lengua castellana Rías Bajas), establecida en 1988, es una de las cinco Denominaciones de Origen de vinos elaborados en esa Comunidad Autónoma de España. Las otras cuatro son D.O. Riberiro (1932, la más antigua de todas), Valdeorras (1977), Monterrei (1996) y Ribeira Sacra (1996). Esta última es la única región vitivinícola de Galicia en la cual predomina la producción de vinos tintos.  “Además de las cinco Denominaciones de Origen reconocidas en Galicia, la comunidad cuenta con tres Indicaciones Geográficas con derecho a mención Vino de la Tierra, que son: Betanzos, Valle del Miño-Orense y Barbanza e Iria”.
Las cepas blancas autorizadas por el Consejo Regulador de la D.O. Rías Baixas, con sede en Pontevedra, son las siguientes: Albariño, Loureira Blanca, Treixadur y Caiño Blanco, en tanto que las variedades tintas son Caíño Tinto, Espadeiro, Loureira Tinta y Sousón

En el portal Europa Press, del 16 de  Octubre de 2013 apareció publicada la noticia de que “La D.O. Rías Baixas había recogido la segunda mejor cosecha de su historia, con treinta y dos millones de kilos de uvas, lo que significa un incremento de más del 80 por ciento respecto a la cosecha de 2012, en la que se vendimiaron 17,5 millones de kilos, si bien aún está lejos de la mejor, que se registró en 2011, cuando los vendimiadores de esta D.O. recogieron 41,5 millones de kilos de uva”.

En el Consejo Regulador de la D.O. Rías Baixas está registrada ---entre casi doscientas empresas--- la Bodega Laval, la cual fue fundada en 1985, y “una de las primeras empresas  en las Rías Baixas en apostar por el potencial de la uva albariño, Además, La Val es una de las bodegas con más viñedo en propiedad en una denominación dominada por los minifundios”. Está ubicada en Pontevedra, Galicia. Otra empresa lleva por razón social el nombre de Bodega y Viñedos Don Olegario, asentada en Cambados, Galicia, fue fundada en 1980 por Olegario Falcón. En la página web de esta bodega leo que “La bodega tiene una única plantación de 5 hectáreas, con viñas de 30 años, situada en el privilegiado valle O Salnés, y en la cuna histórica del Albariño: Cambados, provincia de Pontevedra”.

Acerca de los vinos de Grecia mencionaré que en fecha reciente (según lo leí en un boletín del portal elmundovino.com) se llevó a cabo en la ciudad de Paris, en la sede de la Organización Internacional de la Viña y el Vino ---cuyas siglas son O.I.V., que agrupa a 45 Estados Miembros, entre los cuales no figura México---, una presentación de los principales vinos de Grecia. En esa muestra disertó Yiannis Paraskevopulos, enólogo de la Universidad de Burdeos, quien hizo mención a que en ese país existen quinientas bodegas, que producen cinco mil vinos diferentes. Hay más de trescientas variedades autóctonas de uvas, con las cuales son elaborados, cada año, cuatrocientos millones de litros de vino, de los cuales es exportado el 17%, principalmente a Europa. La extensión del viñedo helénico es superior a las ciento trece mil hectáreas. La producción es de un 60% de vinos blancos y 40% de vinos tintos, y de acuerdo al reglamento de elaboración existen treinta Denominaciones de Origen distintas. La Denominación de Origen Patras en la más renombrada en cuanto a los vinos blancos secos, y la D.O. Nemea es la más importante en los vinos tintos. Para esta Denominación de Origen se emplea la cepa Agiorgitiko (otra grafía de esta cepa es Aguiorguitiko), que significa San Jorge.  

En el portal de esta empresa leo que “Hace más de un siglo, en 1890, la familia Tsantalis comenzó a elaborar vinos y a destilar ouzo y tsipouro en Tracia oriental. Uno de sus descendientes, Evangelos Tsantalis, fundó su bodega basándose en un profundo respeto por la belleza de la tierra y un fuerte compromiso con la calidad. El espíritu pionero de Evangelos y sus descendientes ha logrado consolidar una orgullosa herencia vitícola que evoluciona más allá del tiempo y las generaciones. Por su capacidad de innovación, la bodega Tsantalis goza hoy en día de un liderazgo innegable dentro del panorama vitícola griego.

En 1970, Evangelos Tsantsalis rescata del olvido la rica tradición vitícola de la región del Monte Athos y fue el primero en exportar vino de esta región hacia el mundo. En 1973, realiza su primera exportación de vinos griegos. El lanzamiento de vinos de la región de Agioritikos, en 1975, marca un gran éxito comercial para esta casa. Finalmente, en 1991, Tsantalis adquiere la bodega Rapsani ubicada sobre el mítico Monte Olympus, hasta entonces en manos del Ministerio de Agricultura, y escribe una nueva página en la historia del vino de Grecia. Actualmente, Tsantalis está en manos de la tercera generación de esta familia y continúa preservando la tradición innovadora de sus predecesores”. Hasta aquí esa cita.

Ahora mencionaré algunos pormenores acerca del vino en Portugal. La extensión del viñedo era de 243.000 hectáreas en el año 2010, pero al igual que ha ocurrido en muchos otros países productores de vino en el mundo, se registró una disminución de la superficie cubierta de viñas, y para 2012 (de acuerdo con información de la Organización Internacional de la Viña y el Vino)  esta era de 239.000 hectáreas, y ocupa en cuarto lugar en el orbe, por atrás de España, Francia e Italia. Se estima que la producción de vino en 2012 fue de casi seiscientos millones de litros. “Las Denominaciones de Origen son las siguientes: Vinos de calidad producidos en un región determinada  (VCPRD), en portugués, Vinho de Qualidade Produzido em Região Determinada (VQPRD).. Son vinos de alta calidad producidos a partir de las variedades de uva permitidas, procedentes exclusivamente de una región determinada. Esta designación engloba a su vez todos los vinos clasificados como DOC, Denominación de Origen Controlada  (Denominação de Origem Controlada) e IPR, Indicación de Proveniencia Reglamentada (Indicação de Proveniência Regulamentada). Vinos Regionales (Vinhos Regionais), vinos de mesa producidos en una región específica de producción. Son equivalentes de los Vinos de la Tierra, en España. Vinos de Mesa (Vinhos de Mesa) son los vinos no encuadrados en las categorías anteriores”.

La empresa denominada Quinta da Plansel, fundada en 1997, está ubicada en Montemor-o-Novo, en la parte sur de Portugal, en la región central de Alentejo, a unos 100 kilómetros de Lisboa. Forma parte de la DOP de Évora. Sus viñas cubren una extensión de 70 hectáreas, y la producción anual de vino es aproximadamente de trescientos cincuenta mil litros. De este volumen, una parte es exportada a Alemania, Francia, Suiza, Brasil, China, Bélgica, Angola, Estados Unidos de América y México.
Con respecto a los vinos de Bulgaria señalaré que son elaborados en un país del centro de Europa, colindante con Rumania, Serbia, Grecia y Turquía, y también con el Mar Negro.  En el corazón de la península de los Balcanes se localiza Bulgaria, cuya superficie es de casi ciento once mil kilómetros cuadrados (exactamente 110.912). Como necesario punto de comparación diré que la extensión territorial de esa nación de Europa Oriental es menor a la del estado de Durango (entidad mexicana que cuenta con poco más de ciento diecinueve mil kilómetros cuadrados). El número de habitantes de Bulgaria es aproximadamente de diez  millones.

Los historiadores del vino aseveran que existen registros fidedignos que permiten conocer que los caldos etílicos búlgaros son los más antiguos del continente. Los vinos de la antigua Tracia (éste es el nombre de la región sudoriental de la península de los Balcanes, que se encuentra dividida, políticamente hablando, en Bulgaria, Grecia y Turquía) fueron elogiados desde tiempos pretéritos por los poetas helénicos. Homero, en sus libros “La Ilíada” y “La Odisea”, se refiere con encomio a ellos, mencionando sus agradables aromas y sabores.

Las modernas investigaciones arqueológicas permiten suponer que el territorio actualmente ocupado por Bulgaria, bien puede haber sido la primera región geográfica donde fueron plantadas viñas, y, por ende, la zona donde inicialmente sus moradores elaboraron vino. Se habla de que esta actividad vitivinícola tuvo lugar entre los años seis mil y tres mil antes de Cristo, cuando a estas tierras se les llamaba Tracia. Por lo tanto, miles de años antes  que los romanos difundieran por doquier sus vinos, los tracios plantaron los primeros viñedos en las áreas septentrional y meridional de los Balcanes, dando comienzo a la producción de caldos vínicos. Como dato curioso mencionaré que en esta misma región  --a la cual hace miles de años algunos llamaron  Pomoria—  se expidió una ley,  en el siglo II de nuestra era, mediante la cual los viñedos serían objeto de protección de parte del gobierno local.

En el año 1963 Bulgaria era el sexto país exportador de vinos en el mundo (en 1999 ocupó el lugar número cinco, por el volumen de sus ventas al exterior). En 1978 se estableció la ley que regula, de manera oficial, la actividad vitivinícola. A partir de esa fecha comenzó el sistema de categorías de los vinos búlgaros, señalándose en la etiqueta  –con leyendas en lengua inglesa, para hacer más fácil la comprensión de qué tipo de vino se trata, pues si lo hubieran hecho en alfabeto cirílico muy pocos pudiesen entender esos caracteres--  varios niveles de calidad enológica. La leyenda “country wine” equivale a “vin du pais” en la clasificación francesa. Si aparece la frase “declared geographical origin” (D.G.O..)  es equivalente a lo que Francia clasifica como Vino Delimitado de Calidad Superior. El nivel más alto de calidad en los vinos búlgaros está dado por la palabra “controliran”, equivalente a la Denominación de Origen Controlada. Estos vinos pueden ser de dos clases: Reserva y Reserva Especial, si han sido añejados en barrica, dependiendo del tiempo de su maduración.

La producción de vino en Bulgaria, en 1985, fue de 450 millones. En 1990 (considerada por los enólogos de ese país la mejor cosecha, en términos de calidad, en los cuarenta y cinco  años anteriores) disminuyó a 180 millones de litros. Tres años después ascendió a 205 de litros, ubicándose Bulgaria en el lugar número veinte como país productor. 

En Bulgaria hay cinco regiones vitivinícolas: la septentrional, la oriental, la subbalcánica, la meridional y la sudoccidental. La superficie cubierta de viñas es de casi ciento setenta mil hectáreas, y la producción anual promedio es de unos doscientos cincuenta millones de litros de vino. El veinte por ciento del total (cincuenta millones de litros) está destinado al mercado interno, mientras que el restante ochenta por ciento (doscientos millones de litros)  es comercializado en el exterior, en setenta países.  Con base a estas cifras es que se dice  que Bulgaria es el segundo país exportador de vio embotellado en el mundo, por atrás de Francia.
En algún portal de internet, referente a los vinos búlgaros, encontré la siguiente información: “Bulgaria cuenta con una riqueza ampelográfica notable. Algunas de las variedades de uva que se cultivan todavía hoy en día en Bulgaria tienen orígenes Tracios y no pueden encontrarse en ningún otro lugar del mundo. Cabe destacar la variedad tinta autóctona Mavrud. Son reseñables también uvas como la Pamid, la Dimiat, la Gamza, o la Misket Tinta. En la actualidad Bulgaria produce y exporta aproximadamente un 60% de vinos tintos, mientras que el resto del volumen se reparte en un 30% de vinos blancos, y el 10% restante distribuido entre vinos rosados, fortificados y espumosos”.

La bodega vitivinícola Damianitza fue fundada en 1940 en la región sudoeste de Bulgaria, -una de las mejores áreas vitivinícolas, en el valle bañado por el río Struma. Está ubicada en las proximidades de la ciudad de Sandanski.  Fue nacionalizada por el estado comunista en 1947 y finalmente privatizada en 1997. Su producción actual es de casi un millón y medio de botellas, cada año. Para varios de sus vinos utiliza cepas autóctonas, como la Shiroka Melnishka Loza, a más de las variedades clásicas como Cabernet Sauvignon, Merlot, Cabernet Franc, y otras. En su página oficial se enfatiza en el hecho de que la empresa Damianitza produce principalmente vinos tintos de la más alta categoría, y de que gran parte del vino elaborado es exportado a diversos países, entre los cuales figuran Alemania, Finlandia, la República Checa, Suecia, Dinamarca, Austria y México.

La cata “ciega” mensual número 238, correspondiente a enero de 2014, tuvo lugar el martes 14 de ese mes, en el salón “Decanter”, del hotel St. Regis México City, Para esta degustación analítica fueron seleccionados ocho vinos comercializados en México por la empresa Club del Gourmet. De esos ocho vinos tres fueron del Líbano, dos de España, y uno de cada uno de los siguientes países: Grecia, Portugal y Bulgaria.
La Mesa de Catadores estuvo integrada esa tarde por los siguientes enófilos: Patricia Amtmann,  Salomón Cohen, Joaquín López Negrete, Philippe Seguin, Oscar Nicanor, Rafael Fernández,  y Miguel Guzmán Peredo.
En estas degustaciones analíticas, en las cuales los catadores ignoran la marca y la procedencia del vino que van a degustar  ---motivo por el cual reciben el nombre de “ciegas”---,  los enófilos que participan en esas degustaciones sensoriales califican las características visuales, olfativas y gustativas de cada uno de los vinos, escribiendo junto con la puntuación otorgada en cada uno de estos tres renglones, sus comentarios respecto al color, al aroma o bouquet y al sabor de cada uno de los vinos sometidos al examen organoléptico de los miembros de la Mesa de Catadores que en esa ocasión participaron en dicha degustación. Una vez que los jueces analizaron esas características sensoriales, y  que se tiene inmediato conocimiento de cuál fue la calificación alcanzada por cada vino (momento éste en el que son descubiertas las botellas y se conoce de qué vino se trata en cada caso), cada catador  formula en voz alta sus propios comentarios, con la finalidad de escuchar las opiniones de los restantes catadores, enriqueciéndose, de esta manera, el imparcial juicio emitido por cada uno de esos enófilos.
Los  resultados fueron los siguientes:
 Vinos blancos:
1.- La Val Albariño, cosecha 2012  12.6 % Alc. Vol. Varietal 100% Albariño. Denominación de Origen Rías Baixas. Bodegas Laval, S.A. Pontevedra, Galicia, España. Calificación:     83.00 puntos  Precio: $ 433.00
2.- Don Olegario Albariño, cosecha 2011  13% Alc. Vol. Varietal 100% Albariño. Crianza  de ocho a doce meses en cubas de acero inoxidable. Denominación de Origen Rías Baixas. Bodegas y Viñedos Don Olegario, S.A. Corbillón, Pontevedra, Galicia, España. Calificación: 81.71   puntos  Precio: $ 499.00
3.- No Man’s Land Gold, cosecha 2010. 12.0% Alc. Vol. Coupage de 50% Sauvignon Blanc y 50% Chardonnay. Crianza del 10% del vino en barrica. Valle de Tracia. Bodega Damianitza, A.D. Sandanski, Bulgaria. Calificación: 81.14     puntos. Precio: $ 531.00

Vinos tintos:
1.- Plansel Selecta Reserva, cosecha 2010.  14.0% Alc. Vol.  Coupage de Trincadeira y Touriga Nacional. Crianza en barrica de robla francés durante doce meses. Posterior reposo en botella. Valle de Alentejo. Bodega Quinta de Plansel (Sociedade Vitivinícola, S.A.) Montemor O-Novo, Portugal. Calificación: 87.00    puntos. Precio: $ 512.00
2.- Chateau Ksara Cabernet Sauvignon, cosecha 2008. 14.0 % Alc. Vol. Coupage de 60% Cabernet Sauvignon, 30% Merlot y 10% Petit Verdot. Crianza en barrica de roble francés durante dieciocho meses. Valle de la Bekaa.  Chateau Ksara, S.A.L.  Bekka, Líbano. Calificación: 83.86   puntos. Precio: $ 600.00
2.-  (Empate) Nemea Tsantalis Reserva, cosecha 2009,  13.0 % Alc. Vol. Varietal 100% Agiorgitiko. Crianza en barrica nueva durante doce meses. D.O.G. Nemea. Bodega Evangelios Tsantalis, S.A.  Halkidiki, Grecia. Calificación: 83.86    puntos. Precio:$ 388.00
3.-  Chateau Ksara Reserve du Couvent, cosecha 2010 . 14.0 % Alc. Vol. Coupage 50% Grenache, 40% Syrah y 10% Carignan. Crianza en barrica durante seis meses. Valle de la Bekaa. Chateau Ksara, S.A.L.  Bekka, Líbano. Calificación: 83.29  puntos. Precio: $405.00
4.-  Chateau Ksara Le Prieure, cosecha 2010. 13.5% Alc. Vol. Coupage de Cabernet Sauvignon, Carignan 30%:¸Cinsault 30%,; Mourvedre  (Monastrell) 20%;  y Cabernet Sauvignon 20% . Crianza de catorce a dieciocho meses en barrica nueva, y posterior reposo en botella. Valle de la Bekaa. Chateau Ksara, S.A.L.  Bekka, Líbano. Calificación: 82.28    puntos. Precio: $306.00
Los catadores eligieron “mejor etiqueta” la del vino tinto Chateau Ksara Cabernet Sauvignon, cosecha 2008.

Al concluir la degustación fue servida una magnífica cena, diseñada por Guy Santoro, Chef ejecutivo del hotel St. Regis Mexico City.  El primer  tiempo fue Salmon Marinado al Caviar Sevruga con espuma de Limón (Saumon Marine au Caviar Sevruga, Mousseux Citron.  A continuación fue servido un exquisito Filete de Bacalao a la Vizcaína, Guiso de Alcachofas al Azafrán (Filet de Cabillaud Sauce Vizcaina , Poêlée d Artichauts au Safran. El deleite palatal continuó con Parmentier de Pato Gratinado, Huitlacoche, Ensalada de Brotes Surtidos (Parmentier de Canard Gratiné, Champignons de Mais, Salade de Pousses d'Herbes. El postre fue Barra Fondant de Naranja, Chocolate, Jarabe de Naranja (Barre Fondante d’Orange, Chocolat, Jus Corsé d’Orange.

El maridaje de estos platillos fue con los vinos blancos siguientes: Don Olegario Albariño, cosecha 2011; y No Man’s Land Gold, cosecha 2010, y con los tintos . Plansel Selecta Reserva, cosecha 2010 y   Chateau Ksara Cabernet Sauvignon, cosecha 2008.

viernes, 6 de diciembre de 2013

MITOS, LEYENDAS Y REALIDADES ACERCA DEL CHAMPAGNE



El  Champagne es el único vino que le permite a la mujer
conservarse hermosa después de haberlo bebido.

MARQUESA DE POMPADOUR
(JEANNE-ANTOINETTE POISSON 1721-1764


Un escritor francés mencionó que la anécdota era “la tienda donde se adquiere la historia al menudeo”. Con ello quería significar, a mi parecer, que un hecho anecdótico queda indeleblemente grabado en la memoria,  de manera más profunda que la escueta y fría realidad. Las más de las veces la posteridad recuerda claramente un relato carente de comprobación, pero que ha sido narrado en forma tal que al ser repetidamente descrito  pareciera que es indudablemente verídico,  y conforme transcurre el tiempo el hecho así descrito cobra visos de irrefutable certeza..

Digo lo anterior porque de cien personas que se precien de ser entendidas en materia de vinos, especialmente acerca del vino espumoso por excelencia: el Champagne (doy una cifra aproximada, sin ninguna base sólida de sustento, pero lo hago para señalar lo que bien puede ser un creíble porcentaje de opinión), noventa de ellas, interesadas en este tema, no dudarán en afirmar que esta báquica bebida fue “inventada”, o por lo menos “descubierta”,  por un monje llamado Dom Perignon.

Néstor Luján menciona en el libro Allegro Vivace (cuyo subtítulo es Historia del Champagne, el Cava y los vinos espumosos) que acerca de la biografía de Pierre Perignon, nacido en 1638 y fallecido en 1715,  “no conocemos apenas nada, al menos en noticias contemporáneas. Cabe agregar que en un libro escrito sesenta y dos años después de la muerte de Dom Perignon  (a quien le daban el respetuoso tratamiento de “Dom”, porque a partir de 1668 se hizo cargo de las bodegas de la abadía benedictina de Hautvillers, próxima a la ciudad de Epernay, en el corazón de la región de Champagne) se le recuerda como ameritado vitivinicultor, pero no se comenta nada acerca de que hiciese vinos espumosos. La leyenda dio comienzo cien años después de la muerte de Pierre Perignon, cuando se le atribuyó la invención del vino espumoso que hoy en día es mundialmente conocido con el nombre de Champagne”.

A propósito del nombre Dom Perignon diré que es la marca más prestigiada de la bodega Moët & Chandon  (fundada en la ciudad de Epernay   ---en el corazón de la región de Champagne--- en 1743,  por un vinicultor de nombre Claude Moët, quien ya años atrás, en 1730, elaboraba vinos espumosos), en recuerdo al monje más famoso en la historia del Champagne, aquel a quien se atribuye (¡de nueva cuenta surge la narración anecdótica, la leyenda preñada de notoria fantasía!)  la  hermosa frase: “¡venid, venid, hermanos, que estoy bebiendo estrellas!”, pronunciada, según se cuenta, cuando estaba degustando, por primera vez, una copa del vino espumoso por él producido. Cabe agregar que este delicioso Champagne es resultado de un coupage de 55% de la cepa Chardonnay y 45% de la Pinot Noir, y que el celebrado enólogo Robert Parker calificó este  vino espumoso con 96 puntos sobre 100.

En el portal web  www.avizora.com leo que “Dom Jean Oudart (1645-1725) encargado de la bodega de la abadía de Pierry, perfecciona la técnica de embotellado, decide añadir el licor de tiraje y es uno de los primeros en usar el tapón de corcho. Nuevamente la leyenda y la realidad se mezclan, y es difícil saber quién fue el primero que decidió utilizar un tapón de corcho para obturar la botella. Algunos aseguran que fue Dom Pérignon, tras visitar el monasterio benedictino de Sant Feliu de Guixols  (en la Provincia  de Gerona,  en la Comunidad Autónoma de Cataluña), quien aplicó tapones de corcho a las botellas que contenían ese vino burbujeante. No existen datos fiables sobre este hecho y mientras Oz Clarke se lo atribuye a él en su libro Atlas del vino, Hugh Jonhson lo desmiente en su obra El vino. Nuevo atlas mundial. Algunas de estas leyendas son debidas a la imaginación de Dom Grossard, el último bodeguero de la Abadía de Hautvillers, quien la abandona cuando los bienes de esa comunidad de religiosos son confiscados durante la revolución francesa, y desaparecen los archivos.

En el libro cuyo título es Enciclopedia del Champagne y los vinos espumosos, escrito por Tom Stevenson, se consigna que fueron los ingleses los primeros en elaborar vinos espumosos. En esa obra asienta el autor que Christopher Merret reportó, en 1662, a la British Royal Society, cuya sede estaba en la ciudad de Londres,  los resultados de sus observaciones e investigaciones en torno a los vinos espumosos. Otra referencia a la antigüedad que los vinos espumosos tienen en Inglaterra es el comprobable hecho de que en la literatura inglesa anterior al año 1660 existen varias menciones a la degustación de este tipo de vinos efervescentes.

Las antiguas crónicas  refieren que hace muchísimas centurias el emperador romano Domiciano, teniendo noticias del auge que alcanzaban los vinos de la región de Champagne   (y temeroso de que los vinos de la península itálica dejaran de ser comercializados en las Galias),  ordenó ---a finales del siglo I de nuestra era---  que todos los viñedos sembrados en el país de los galos fuesen arrancados, y las tierras destinadas a otros cultivos. Esta irracional medida (semejante a la que, en el siglo XVI,  decretó el rey Felipe II de España con respecto a los viñedos de la entonces Nueva España) tuvo efecto poco menos de doscientos años, y después fueron reimplantadas las viñas y reanudado ese cultivo.

El nombre de Champagne deriva, seguramente, del latín campus, de donde procede el vocablo campiña, que hace referencia a una extensa superficie de tierra. Dicho sea de paso, el vino espumoso es “el” Champagne: y la región de donde procede tan reputado vino espumoso es “la” Champagne).

El Champagne era el vino tradicional que se bebía, ceremonialmente, en las coronaciones de los reyes de Francia, que tenían lugar en la catedral de Notre-Dame, en la ciudad de Reims.  En el libro Larousse de los Vinos leo que “Entre el año 816 y 1825,  treinta y siete reyes de Francia fueron coronados allí, después de que San Remigio bautizara en ese recinto a Clodoveo, en el año 496”.

A propósito de Clodoveo, bautizado el día de Navidad del año 498 (fecha ésta que yo encontré en otra fuente de información), las crónicas históricas refieren que además de recibir las aguas lustrales fue ungido con vino de Champagne. .Mas no se piense que ese néctar báquico era el que ahora conocemos. Aquel era un vino tinto, de tonalidades pálidas, no espumoso, llamado “gris”,  que por su calidad y sabor tenía amplio mercado allende las fronteras regionales y nacionales. Pero sucedía que frecuentemente la fermentación no se desarrollaba en forma correcta, y el vino se echaba a perder. Por otro lado, la presión del gas contenido en el seno del vino hacía saltar los tapones, motivo por el cual recibía el nombre de “vin diable” (vino del diablo”). 

Antiguas consejas narran que Dom Pierre Perignon observó, en cierta ocasión, las botellas de vino que portaban dos monjes españoles alojados en la Abadía de Hautvillers, y se percató que los tapones de esos envases eran de corcho, en lugar de los comunes tapones de madera envueltos en lienzos impregnados de aceite. Se dice que Dom Perignon aplicó el casual descubrimiento que había hecho y  que allí comenzó el proceso de la segunda fermentación en botella, que daría origen a la elaboración controlada del Champagne.

En la historia del Champagne figuran tres religiosos (conviene tener presente que en la Edad Media los mejores viñedos, en Europa, eran propiedad de diferentes órdenes eclesiásticas, y los monjes que habitaban esos cenobios solían combinar sus deberes piadosos con las tareas vitivinícolas), que fueron Thierry Ruinart (1657-1709), Jean Oudart (1654-1742) y Pierre Perignon (1638-1715). Ellos fueron los primeros protagonistas de la gesta que habría de desembocar, siglos más tarde, en el prestigio mundial de tan exquisita bebida. No faltan comentaristas que afirman que, a más de ser contemporáneos fueron buenos amigos,  y que intercambiaron experiencias acerca de la elaboración del vino espumoso que ahora me ocupa.   

 A ciento cincuenta kilómetros de Paris se localiza la región de Champagne, que por sus características  geológicas y climáticas  ---aunadas a las cualidades del suelo, el empleo de cepas seleccionadas, estrictos métodos de cultivo y de vinificación---  propicia la elaboración de un vino de prestigio mundial: el Champagne. La región vitivinícola de Champagne está comprendida en cinco Departamentos: Marne (donde se localiza el 80% del viñedo), Aube (allí se ubica el 15%),. Aisne, Haute-Marne y Seine-et-Marne. Las  cinco principales áreas geográficas, llevan los nombres de “ Montaña de Reims”, “Valle del Marne”, “Viñedos de Aube, “Costa de Sézanne” y “Costa de los Blancos”. Fuera de estas zonas de cultivo no es posible (de acuerdo con la legislación vitivinícola francesa) la producción  de un vino que lleve la denominación Champagne.

En la parte noreste de Francia  el viñedo de Champagne, el más septentrional de ese país, cubre una extensión aproximada de treinta y cuatro mil hectáreas, de las cuales el sesenta por ciento está cubierto de viñas. Allí hay doscientas sesenta mil parcelas,  cuyos propietarios son dieciséis mil viñadores, quienes siembran las  tres variedades de uvas autorizadas para la elaboración de este delicado vino burbujeante: Chardonnay, Pinot  Noir y Pinot Meunier,  en áreas clasificadas como Grands Crus, las más importantes  por la clase de las uvas que allí son vendimiadas,  y  Premiers Crus,  las que ocupan el segundo lugar en la categoría de terrenos más apropiados para el cultivo de las cepas  apropiadas  para elaborar  el Champagne. El 48 % del viñedo de Champagne está cubierta con la cepa Pinot Meuniere; el 28% con la variedad Pinot Noir, y el restante 24 % con la cepa Chardonnay.

En el caso de que un  Champagne haya sido elaborado únicamente con la variedad  Chardonnay recibe el nombre de “Blanc de Blanc” (Blanco de Blancas), y si es el resultado de la vinificación de las dos cepas tintas (Pinot Noir y Pinot Meunier), entonces es llamado “Blanc de Noirs” (Blanco de Negras). Hay otro Champagne cuyo nombre es Brut Rosé, resultado de cualquiera de estos dos procedimientos: o bien se le agrega vino tinto seleccionado,  o bien el mosto reposa algún tiempo en contacto con la piel de las uvas tintas.

En el libro The Companion to Wine escribe Steven Spurrier lo siguiente: “Champagne es la única entre las appellation controlée  de Francia  que omite la mención  Appellation d’Origine Controlée (Denominación de Origen Controlado” en la etiqueta. Sin embargo, el vino elaborado en Champagne es objeto de rígidos controles”.

Para elaborar Champagne son utilizadas las tres variedades de uvas ya señaladas: Pinot Noir y Pinot Meunier, ambas cepas son tintas, y la variedad Chardonnay, que es blanca. Las uvas, cuidadosamente seleccionadas, son llevadas a las enormes prensas, cada una de las cuales recibe cuatro mil kilogramos de ese fruto, del cual son extraídos 2.666 litros de mosto (parece ser que hoy en día la norma indica que únicamente deben obtenerse 2.500 litros). La primera prensada produce  dos mil litros y la segunda los restantes 666 litros. El mosto obtenido más allá de este límite, según establece la ley francesa, no puede ser  utilizado para producir tan extraordinario vino espumoso. La primera fermentación tiene lugar en las cubas donde es colocado el mosto. Allí permanece durante varias semanas, y se obtiene un vino “tranquilo”.

Durante el invierno se trasiega varias veces, de modo que llegue a ser perfectamente claro. Meses más tarde, al llegar la primavera, se prepara una mezcla de veinte o treinta vinos diferentes, con objeto de obtener un tipo de vino  que tenga equilibrio y semejanza con los vinos de años anteriores.  Esta es una operación denominada cuvée, la más delicada e importante, ya que viene a ser el toque mágico de cada casa productora de Champagne. Es muy frecuente que a la cuvée se le agregue una cierta proporción de vino de reserva de años anteriores  (que por su calidad es utilizado para mejorar la producción de otros años),  obteniéndose de esta manera un vino que es llamado Champagne Non Vintgage (Champagne sin añada). Pero cuando en un año determinado la vendimia permite obtener uvas de calidad muy señalada,  entonces el Champagne alcanza la categoría de Millesimé, que es una verdadera delicia al paladar de quien lo degusta. Conviene agregar que en la década de los años ochentas, en el siglo veinte, únicamente cuatro vendimias fueron consideradas “extraordinarias”: 1982, 1983, 1985 y 1986.

Por arriba de la categoría Millesimé existe el nivel de mayor excelencia, ocupado por los Champagnes denominados Cuvée de Prestige, que viene a ser el emblemático de cada casa productora de Champagne. Los más conocidos de todos son Dom Perignon, de la casa Moët & Chandon; Cristal, de la empresa Louis Roederer; La Grande  Dame, de Veuve Clicquot Ponsardin; Cuvée Sir Winston Churchill, de Pol Roger; Blanc des Millenaires, de Charles Heidsieck; Rosé Fleur de Champagne, de Perrier-Jouet; y Comtes de Champagne, de la firma Taittinger.

La extraordinaria calidad y el señalado renombre de estos vinos se halla en  razón directa a su precio, las más de las veces muy costoso. Por ello, no son pocos quienes opinan que la mejor relación calidad/precio de un Champagne corresponde a la clase Non Vintage.

Una vez elaborada la cuvée se le agrega una pequeña cantidad de azúcar de caña y de levaduras. Luego el vino es embotellado. En cavas profundas y frescas, excavadas en la creta del subsuelo, (la empresa Moët & Chandon tiene veinticinco kilómetros de  galerías subterráneas, a una profundidad de treinta y cinco metros) son colocadas las botellas en posición horizontal. Allí comienza la segunda fermentación. Las levaduras del vino transforman el azúcar en gas carbónico, y   éste se disuelve en el seno del líquido, de donde escapará más tarde en forma de burbujas, Esta fermentación producirá también un poso o sedimento.

Las botellas que hasta entonces estuvieron acostadas horizontalmente son colocadas en estantes inclinados, llamados “pupitres”, de manera que el cuello quede en la parte de abajo,  La leyenda, ¡nuevamente la leyenda!,  asegura que fue Madame Nicole Barbe Ponsardin, mejor conocida como “Viuda de Clicquot” (ya que enviudó, en 1805,  de su esposo Francois Clicquot y se hizo cargo de la empresa familiar), la inventora de este artefacto, en el año 1818, para efectuar el “removido” de los sedimentos contenidos en el interior de las botellas. Actualmente, obreros especializados  remueven las botellas, día a día, durante varios meses, para que el sedimento que se halla adherido en el costado de la botella se vaya deslizando, por acción de la gravedad,  a la parte inferior, al cuello del envase, y pueda ser expulsado en posterior maniobra.

Una vez que el poso está en contacto con el tapón que obtura la botella, se procede a la expulsión del mismo. Para ello se introduce el cuello de la botella en una solución refrigerante, de modo que se forme un trozo de hielo donde está incluido el sedimento. Mediante un movimiento preciso, fruto de la experiencia, el operario levanta la botella, la destapa, y sale un chorro de espuma, impulsado por el gas del interior, y el pedazo de hielo, donde están contenidos los posos, que podían afectar la transparencia del Champagne. En seguida se rellena el espacio vacío  con vino de la misma Cuvée, y con cierta cantidad de “licor” que es una mezcla de azúcar de caña y vino viejo de Champagne. Esta proporción va en relación con el tipo de Champagne que se desea elaborar: Brut  (el más seco, que contiene menos de 5 gramos de azúcar residual),  Extra Sec igualmente llamado Extra Dry, que tiene de 12 a 20 gramos de azúcar residual. Otro tipo es el  Sec, que es medianamente seco, con un porcentaje de azúcar residual de 17 a 35 gramos y Demi Sec, que es dulce, con un porcentaje de azúcar residual que oscila entre 30 y 50 gramos. Y el Doux, muy dulce, con más de 50 gramos de azúcar residual. Hay una clase de Champagne a la cual no se le agrega dicho  “licor”, y es la de carácter más Brut,  Este Champagne es llamado Extra Brut, Brut Integral y Brut Zero.

Una vez efectuada esta maniobra la botella queda definitivamente tapada por el corcho, que está firmemente sujetado por un alambre trenzado. Luego se le coloca el collarín, y la cápsula de estaño y la etiqueta. Entonces  la botella está lista de ser puesta a la venta.

El Champagne así elaborado puede ostentar en la etiqueta la leyenda “Methode Traditionale”, antaño llamado “Methode Champenoise”. Cuando el vino espumoso es producido por una segunda fermentación en tanques (en lugar de que ese proceso haya tenido lugar en la botella en la cual saldrá a la venta) se habla del Método Charmat, o de los grandes envases (en España es conocido como granvas). En el año 1919 Eugéne Charmat inventó un procedimiento para producir un vino espumoso que fuera parecido al Champagne, pero más económico. El vino así elaborado no puede, de acuerdo a la ley, llevar en la etiqueta la palabra “Champagne”   

A propósito de los vinos espumosos (cuyo representante de mayor excelencia es el Champagne, elaborado en la región homónima de Francia), es prudente referir que en este país reciben el nombre de Vin Mousseux si no proceden de dicha área   –Champagne—  y deben haber sido producidos de acuerdo a los lineamientos establecidos por el “Methode Traditionale”. Otra designación a estos vinos es Vin Pétillant  (vino chispeante, llamados en Alemania Spritzig), que en realidad es un vino semiespumoso, ya que el gas contenido en el interior de la botella no excede de las dos y media atmósferas de presión, a diferencia de las cinco o seis atmósferas (equivalente a 72.5 libras y a 87.0 libras, respectivamente) que hay dentro de una botella de Champagne, Entre los Mousseux y los Pétillants están ubicados los Crémants (cremosos), que son unos vinos de burbujas poco abundantes. La presión ejercida por el gas de estos vinos sobre la botella que los contiene es un poco superior al de los Pétillants, de 2 a 2.5 atmósferas,  y un poco inferior a la de los Mousseux, de 5 a 6 atmósferas. (La presión de estos vinos   –Cremants--  es de 3.6 atmósferas) Dos ejemplos de los Vins Crémants están dados por el  Crémant de Alsace y el Cremant de Limoux.

En los países anglófonos esta clase de vinos, genéricamente denominados espumosos,  recibe el nombre de Sparkling. En Italia son llamados Spumanti, si bien hay otros cuya denominación es Frizzanti, que corresponde a una categoría de semiespumosos. En España y el resto de los países hispanoparlantes su denominación es Espumosos, si bien los producidos en la región de Penedés (de donde procede el 70% de esos caldos) son llamados Cava. Otras áreas productoras de Cava en este país son La Rioja, el País Vasco, Navarra, Aragón, Extremadura y Valencia. En Alemania y en Austria se les conoce con el nombre de Sekt, y también como  Qualitatschaumwein. En estos países existen vinos gasificados artificialmente, los llamados Perlwein.

Actualmente, de acuerdo a la información del boletín on-line Vitisphere (del 13 de septiembre de 2007), son cincuenta los países productores de esta categoría de vinos. Francia y Alemania producen más del 50% del total mundial. Allí mismo aparece que “de acuerdo a la legislación vitivinícola francesa existen en este país 33 denominaciones VMQPRD (Vins Mousseux de Qualité Produits dans une Region Determinée, que significa Vinos Espumosos de Calidad Producidos en una Región Determinada ), en las regiones siguientes: Champagne, Alsace, Bourgogne, Bordalais, Sud-Ouest, Vallée du Rhone, Jura, Bugey, Savoie, Vallée de la Loire, Anjou, Saumurois, Toraine y Languedoc”.

La botella de tamaño convencional tiene una capacidad de setecientos cincuenta centímetros cúbicos (750 ml). Hay dos más pequeñas: la “media” y la de un cuarto, cuyas respectivas capacidades son de 375 y 187 mililitros, respectivamente. A esta botella se le da en España el nombre de “Benjamín”. Las de mayor tamaño reciben los nombres siguientes: Magnum, que tiene el doble de capacidad que la botella normal, es decir un litro y medio. La llamada Jeroboam equivale a cuatro botellas convencionales, con tres litros de contenido. La Rehoboam equivale a seis botellas de tres cuartos de litro, cuyo contenido es de cuatro litros y medio. Luego viene la Matusalén, cuyo contenido es equivalente al de ocho botellas de tamaño corriente,  y su capacidad es de seis litros. La botella llamada Salmanazar equivale a doce botellas de 750 ml., y contiene nueve litros. La Baltasar tiene una capacidad de doce litros, equivalente a dieciséis botellas de tamaño normal. Hay otra más grande, en tamaño y en capacidad: la Nabucodonosor, que contiene 15 litros y equivale al contenido de veinte botellas. Otros tamaños colosales de botellas son las siguientes: Salomón (en un par de páginas de internet leí que también se le llama Melchor), cuya capacidad es de dieciocho litros, equivale a la capacidad de veinticuatro botellas.  Soberano, que contiene poco más de veintiséis litros, equivalente a treinta y cinco botellas. Primat, con veintisiete litros (capacidad de treinta y seis botellas corrientes de 750 ml, y Melquizidec, con treinta litros de espumoso, como si se tratara de cuarenta botellas.

Mientras que de una botella de 750 ml pueden ser servidas de siete a ocho copas, de una del tamaño llamado Baltasar se obtienen 130 copas, y de una botella gigantesca, como la Nabucodonosor es posible servir 175 copas. De la botella llamada Melquisidec pueden ser servidas 260 copas. Para ello se requiere de balancines metálicos especiales, para manipular botellas tan voluminosas y de tanto peso como éstas.

En la página de internet  Wikipedia leo que “Sólo la media botella, la botella común y el tamaño Mágnum se usan para criar el vino. Los otros formatos se rellenan con vino ya fermentado. La tradición dice que el tamaño idóneo es el Mágnum, que permite que el Champagne envejezca mejor. Los tamaños de Salomón en adelante son recientes y se consideran un tanto extravagantes. Las dimensiones de las botellas superiores al Jeroboam son infrecuentes, porque éstas son difíciles de manejar, frágiles y caras de producir. Los nombres de botellas superiores al Mágnum vienen de reyes de la Biblia, salvo el Soberano y el Primat” Yo agrego que, igualmente, el nombre de Matusalén no corresponde a un rey, como sí es el caso de Jeroboam, Rehoboam, Salmanazar, Baltasar, Nabucodonosor y Salomón, mencionados en  el Antiguo Testamento, en las Sagradas Escrituras. 

Respecto de las copas para servir el Champagne, existen tres modelos diferentes. La primera, conocida como “champañera”, es muy amplia en la parte superior y ello facilita que se pierdan rápidamente las burbujas, la característica distintiva de este vino (mientras más pequeñas sean las burbujas, y mientras más tiempo se vayan desprendiendo del líquido contenido en la copa, se considera que ese vino espumoso es más fino). Las otras dos formas de copas  ---que a mi parecer son las apropiadas para degustar tan exquisito néctar etílico---  reciben los nombres de “flauta” y “tulipán”, por su diseño alargado y angosto. Por el reducido diámetro de la boca de estas copas, así como su mayor profundidad, se propicia que las burbujas no se pierdan tan fugazmente, y que lo que yo llamo “cascada invertida” (las burbujas escapando del seno del líquido, donde estaban disueltas a presión) sea visible durante un tiempo más prolongado. Acerca de la forma de estas tres copas existe la leyenda  (ningún otro vino ha generado tantas leyendas y mitos) que asegura que la copa “champañera” fue moldeada en el pecho de Helena de Troya, de quien se enamoró Paris, mientras que las otras dos copas (“tulipán” y “flauta”) fueron diseñadas en el busto de María Antonieta de Francia. Otra versión es la que encontré en la página de internet www.directoalpaladar.com, donde se hace referencia a la llamada copa “champañera”, comentando que “ya casi queda descartada, desde hace unos años, la llamada “Pompadour”. Dicen que fue diseñada a semejanza de los senos de la amante de Luis XV, madame Pompadour, en el Palacio de Versalles, en el siglo XVIII. Sea como fuere,  es una copa sin interés enológico. El gas se escapa, el vino se calienta y es casi imposible apreciar cualquier aroma en esa gran obertura”.

Ahora se avizora un cambio (¿cuánto tendrá de impacto mercadológico esta nueva tendencia?) en lo referente a cuáles son las copas más apropiadas para servir el Champagne, y por ende también los demás vinos espumosos,  ya que apenas hace dos días leí, en el boletín Día a Día del Vino, publicado en Argentina el pasado 4 de diciembre de 2013,  que “la tendencia ahora es beber espumante en copa para blancos”. De acuerdo con lo que preconiza Richard Geoffroy, chef de cave de Dom Pérignon, quien en una presentación del Champagne Dom Pérignon Vintage 2004, manifestó que "No usamos más copas flautas, usamos copas Chardonnay”. La razón, dijo es que "la copa flauta envía el vino de manera directa donde menos papilas gustativas hay. Esto no permite disfrutar y percibir la calidad del champagne en todo su esplendor". Como contrapartida, enfatizó que "la copa más amplia, como la de vino blanco, da más volumen y permite que el champagne logre una mayor expresión y relieve". Incluso, fue un paso más allá al asegurar que "para un champagne de más de 30 años utilizaríamos copas incluso más grandes".

Las once casas productoras de Champagne más antiguas son las siguientes. Entre paréntesis figura el año de su fundación: Ruinart (1729; es la casa más antigua); Taittanger (1734); Moët & Chandon (1743); Henri Abelé ( 1757); Veuve Clicquot (1772) ; Heidsieck (1785);
Henriot (1808); Perrier-Jouët (1811); Boizel (1834); Bollinger (1829); Deutz (1839) y Paul Roger (1840)

Acerca del tiempo que puede ser guardada una botella de Champagne en una cava, comentaré que en 1974 visité la casa Moët & Chandon, en la ciudad de Epernay, (próxima a Reims, la urbe donde fueron coronados los reyes de Francia hasta el año 1825),  y allí recorrí una parte de las cavas subterráneas, a 35 metros de profundidad, en compañía de Philippe Coulon, el enólogo de esa acreditada empresa. A él le pregunté qué tanto tiempo podían ser guardadas las botellas de este vino. Su respuesta fue que un  Champagne Non Vintage está listo para ser degustado al ser puesto a la venta, y que puede ser guardado un año. Un Champagne Millesimé puede ser conservado en una cava idónea hasta por cinco años. Más tiempo no es recomendable, ya que al paso de los años se pierden las burbujas, principal característica de este excelente vino.

Yo he tenido la oportunidad de saborear, en tres ocasiones anteriores, el Champagne (Cuvée de Prestige) de sendas botellas muy antiguas de tres marcas en extremo prestigiadas, que en la etiqueta lucían el año de su elaboración.  Una fue del Champagne Comtes de Champagne, de la empresa Taittinger, de una cosecha realizada veinticinco años atrás. Otra fue de La Grande Dame, de la bodega Veuve Clicquot Ponsardin, producto de una vendimia que tuvo lugar veinte años antes de haber sido degustado. Al servir el vino, en estas  dos ocasiones que yo puedo calificar de memorables, porque no fácilmente se tiene la oportunidad de saborear un Champagne de tanta “ancianidad”  (palabra que ahora tomo prestada a don Miguel de Cervantes Saavedra, cuando él hablaba de vinos provectos)  era visible la casi absoluta ausencia de burbujas, y el color, que usualmente en un Champagne de reciente elaboración es amarillo paja, muy pálido, con iridiscencias verdosas,  era más bien ambarino, con tonalidad caoba. A la nariz, en ambas ocasiones, fue posible advertir deleitables notas de frutos secos  --almendras, avellanas, nueces, castañas--, aromas de caramelo y vainilla, así como una complejidad en verdad muy grande de estas percepciones olfativas, que me hicieron recordar las características olfativas que distinguen a un Jerez Oloroso muy viejo. A la boca su ataque fue en extremo delicioso. Nada que ver con un Champagne, pero quiero enfatizar que la sensación gustativa me pareció de sorprendente exquisitez. 

En la tercera ocasión, en agosto de 2013, degusté  --en la grata compañía de unos amigos muy cercanos a mí--- una botella de Champagne Dom Perignon, millesimée 1990, la cual fue servida a una temperatura de servicio de 10° centígrados. Este vino fue elaborado con las uvas procedentes de una vendimia efectuada veintitrés años atrás.En mis notas de cata apunté lo siguiente: El corcho se encontraba en perfecto estado de conservación. A la vista el vino mostró presencia de burbujas finas y constantes, de prolongada permanencia.  Color oro viejo, ambarino pálido con reflejos cobrizos. Al olfato: Aromas de caramelo de mantequilla, de pan tostado, con suaves notas herbales de espárragos. Percepción ligera de  flores marchitas (clavel blanco) y sensación olfativa de mar (notas yodáceas).  Al gusto: grata acidez, sensación de mantequilla y de cítricos, leve dejo de amargor final. Retrogusto prolongado. Como es posible advertir por este comentario sensorial, saborear un Champagne  como éste, de casi 23 años de edad, constituye un deleite gustativo pocas veces experimentado.

Para concluir diré que la fama, el prestigio, el renombre y la seducción del Champagne han permeado las bellas artes. En la literatura, la pintura y el cine son frecuentes las alusiones a esta bebida, sinónimo de festividad y de alegría. En la música, por referirme únicamente a una de esas manifestaciones artísticas, aparece el Champagne en el “Brindis”,  de la ópera “La Traviata”, de Giuseppe Verdi.  En la ópera “Don Giovanni”, de Wolfgang Amadeus Mozart, figura un fragmento musical  ---aria--- dedicada  al Champagne.  En la ópera “Cavalleria Rusticana”, de Pietro Mascagni, se hace referencia a un vino “spumeggiante”, palabra que en lengua italiana significa efervescente, y también tiene la connotación de espumoso. En las operetas “El Murciélago”, de Johann Strauss hijo, y “La Viuda Alegre”, de Franz Lehar, hay bellos pasajes musicales en los cuales este vino es el protagonista.

A manera de colofón transcribiré nueve frases célebres acerca del Champagne:

1.- Champagne: el gran civilizador. Charles Maurice de Talleyrand. 1754-1838
2.- Yo soy abstemio de cerveza, no de champagne. George Bernard Shaw. 1856-1950
3.- En la victoria mereces beber champagne; ¡en la derrota lo necesitas!. Napoleón Bonaparte.1769-1821
4.- El champagne es uno de los extras elegantes de la vida. Charles Dickens. 1812-1870
5.- El monarca de todos los vinos es el Champagne. Benjamin Cummings Truman (1874-1969)
6.- Puedes tener mucho champagne; pero nunca tendrás suficiente. Elmer Rice. 1892-1967
7.- El Champagne es el lujo de los amantes del vino. Jancis Robinson  1950--
8.-  Señores, en el breve instante que nos queda entre la crisis y la catástrofe, ¡bien podemos beber una copa de Champagne!. Paul Claudel   1868-1955
9.-  Bebo Champagne cuando estoy feliz y cuando estoy triste. Algunas  veces lo bebo cuando estoy sola. Cuando estoy acompañada lo considero obligatorio. Como con él si no tengo hambre y lo bebo cuando sí la tengo. En cualquier otro caso no lo bebo, a menos que tenga sed.  Lily Bollinger (1899—1977),  (Su nombre de soltera fue Elisabeth Law de Lauriston-Boubers, quien fue la viuda de  Jacques Bollinger, fallecido en 1941. En otras notas biográficas aparece con el nombre de Emily.  Ella dirigió la empresa hasta el año de 1971.