viernes, 27 de junio de 2014

EL ANALISIS SENSORIAL DEL VINO: VINOS DE MUY PROLONGADA GUARDA EN BOTELLA




"Le vin, produit de la vigne, et les terroirs
viticoles font partie du patrimoine culturel,
gastronomique et paysager de la France."

“El vino, producto de la viña y de los
terrenos vitícolas, forma parte del
patrimonio cultural, gastronómico y
paisajístico de Francia”.

DECLARACION DE LA ASAMBLEA
NACIONAL DE FRANCIA, DEL
12 DE ABRIL DE 2014

En numerosos libros referentes al vino he leído, en el capítulo donde se hace alusión al análisis sensorial del vino, que las características organolépticas observadas en ese exquisito néctar etílico son, en primer lugar, las visuales; en seguida las olfativas; y por último las gustativas. Esta es la regla común en varios tratados de degustación de vinos, pero ahora acabo de encontrar una opinión diferente a lo que antaño se tenía por norma básica de la cata, y a ella voy ahora a hacer mención, por el notorio interés que ese juicio puede tener para los enófilos que lean estas líneas.

Uno de esos excelentes libros es la obra que lleva por título simplemente El Vino, escrito por André Dominé, la cual fue publicada en el año 2000, en la ciudad de Colonia, Alemania, por la editorial Koneman. La traducción al castellano apareció a principios de 2001 en Barcelona, España. Es una voluminosa obra de gran calidad tipográfica, de novecientas veintiocho páginas, embellecida con centenares de fotografías a todo color.  Su contenido, según pude advertir en una primera ojeada  --y hojeada--, me pareció extraordinario, ya que aborda infinidad de temas en torno a la milenaria bebida que es el vino.

 En el capítulo “La degustación del vino” leo los siguientes párrafos: ”La degustación del vino es, en cierta forma, lo contrario de su consumo banal: si en el placer íntimo la impresión aromática es fundamental, en la cata prevalece la necesidad de descifrar, a través de los órganos sensitivos cada uno de los componentes del vino. El vino, en la actualidad, es el producto agrícola que presenta una mayor diversidad de estilos y calidades. En consecuencia, la cata de vinos es una de las más complejas degustaciones que existen en la gastronomía en general. La exigencia básica para cualquier cata, trátese de la más objetiva del especialista, o de la más subjetiva del profano, es la agudeza de los sentidos que intervienen en ella. El punto de partida de toda degustación es la técnica correcta de la cata. La apreciación sensorial completa de un vino requiere cuatro pasos: oler, saborear en la lengua, degustar en la cavidad faríngea y, por último, observar el color.

”Antes, en la mayoría de las degustaciones, se examinaba primero el color. Sin embargo, actualmente ya no se le concede tanta importancia. El tono oscuro de un vino tinto hace que éste resulte atractivo a veces sólo a la moda imperante, aunque su color no se deba a un proceso específico de elaboración. Lo mismo sucede con los reflejos azul-violáceos en una copa; no tienen por qué corresponder a la frescura de su contenido. Las características de un vino se demuestran, ante todo, en la combinación de su aroma y su sabor. El esquema “color-aroma-sabor”, válido hasta hace poco, está ya superado. El elemento de juicio contundente en un análisis sensorial es siempre el aroma, que tiene en cuenta las posibilidades técnicas y químicas de la moderna vitivinicultura. En segundo lugar está el sabor y, en el último, el color””
Hasta aquí lo concerniente al análisis sensorial del vino, respecto a la opinión de André Dominé. Quiero agregar que en este precioso libro, de casi mil páginas (una invaluable fuente de documentación acerca de esta báquica bebida),  al viñedo de Francia le dedica el autor ciento ochenta páginas; al de España, ciento setenta y seis; al de Alemania, ciento setenta y cuatro; y al de Italia, ciento doce. El capítulo alusivo al viñedo de América del Norte tiene una extensión de cuarenta y seis páginas, donde están descritos los vinos de Canadá y de Estados Unidos de América. De esas cuarenta y seis páginas, veintiséis corresponden a California. El viñedo de América del Sur ocupa diecinueve páginas. Y de México no hay la menor mención.

Otra  información de notorio interés para los enófilos, la cual hace mención a los volúmenes de vino elaborado en todo el mundo, es la que recientemente leí en el boletín francés E-Lettre Vitisphere, del pasado 21 de mayo de 2014, donde queda registrada la cuantiosa cantidad de vino que en el año anterior, en 2013, fue considerada como “más satisfactoria de lo previsto”. En ese documento queda asentado que: “Según la última noticia de la Organización Internacional de la Viña y del Vino (OIV), la producción mundial de vinos alcanzaría los 276 millones de hectolitros en 2013 (para convertir esta cifra en litros conviene multiplicar por 100, agrego yo), un incremento de un 8% respeto a la pequeña cosecha de 2012. La Unión Europea hubiera producido 162,2 millones de hectolitros de vinos, un aumento de un 11% respeto a 2012. Si la OIV opina que esta añada europea es globalmente “mediana” en cantidad, los expertos añaden que “esta conjetura es el fruto de una evolución coherente”, sostenida por vendimias en aumentación en todos los países productores (salvo Alemania, que produjo 8,3 millones de hectolitros, -8%). España registra la aumentación (sic) más notable. La OIV estima que la vendimia ibérica alcanzaría los 42,7 millones de hectolitros de vinos (una aumentación de 37%). Pero incluyendo los mostos, alcanzaría hasta los 50,6 millones de hectolitros, “una situación excepcional que llevó a España a no vinificar 7,9 millones de hectolitros contra 5 a 6 millones hectolitros habitualmente.
“Incluyendo los mostos, La Unione Italiana Vini relata que la producción europea alcanzaría los 181 millones de hectolitros, un aumento de un 20% respeto a 2012. La revista italiana califica a 2013 como “ una de la cosecha más abundante de la nueva OCM”, añadiendo que “esta reforma de 2008 ha sido inventada para acabar con los excedentes, y después de cuatro años de suceso (gracias a la prima por arranque), parece ahora incapaz de frenar una nueva ola de producción”. Si Italia se queda como el primer país productor de vinos en el mundo (rozando los 45 millones de hectolitros, +2%), Francia deja su sitio a España con 42 millones de hectolitros. Otros países europeos han aumentado su producción como Hungría y Rumania, que muestran un crecimiento de un 47 y de un 29% respeto a 2012 (con 842 000 y 966 000 hectolitros).
“El resto del mundo hubiera producido 79,3 millones de hectolitros de vinos en 2013, « una aumentación de un 8% respeto a 2012 » según la OIV. Chile registró una nueva cosecha récord (12,8 millones de hectolitros, +2%), como Nueva Zelanda (2,5 millones de hectolitros, +28%). Las cosechas en EEUU y África del Sur también alcanzaron cifras importantes, con 22 y 11 millones de hectolitros respectivamente (o sea +7% y +4%). Con 15 millones de hectolitros (+27%), Argentina “hubiera vuelto a una producción correspondiente a su potencial vitícola”, mientras que Australia con 12,5 millones “sigue recuperando”. Es de notar la disminución de la cosecha china con 11, 7 millones de hectolitros producidos, una caída de un 15%.”. Hasta aquí esa transcripción.  
Ahora considero pertinente señalar que el Grupo Enológico Mexicano ha llevado a cabo 243 degustaciones “ciegas” desde enero de 1995 hasta la más reciente, la correspondiente al mes de junio de 2014, y de todas ellas en ocho ocasiones han tenido lugar catas sensoriales en las cuales han sido evaluados vinos de “cierta ancianidad”, como en alguna ocasión lo expresó Miguel de Cervantes Saavedra. En efecto, en esa serie de catas extraordinarias (las cuales dieron comienzo en noviembre de 2005),  extraordinarias por la prolongada guarda en botella de los vinos analizados organolépticamente, que fueron las número 127, 140, 155, 167, 182, 201, 213 y 235 (las siete primeras de vinos tintos y la más reciente de vinos blancos), fue posible apreciar las características organolépticas de vinos de entre 20 y 25 años de guarda en la botella, en una cava mantenida en condiciones apropiadas. .
En ocasiones el vino tuvo un reposo en botella más prolongado aún, como ocurrió en la cata “ciega” número 140, celebrada en el mes de noviembre de 2006, cuando evaluamos el vino Chateau Perigueux Premier Grand Cru Classé, cosecha 1948. Appellation Gascuña Grand Cru Classé Controlée. Perigord, Francia  ---éste ha sido el vino más provecto que hemos gustado, ya que fue elaborado con uvas de una vendimia celebrada cincuenta y ocho años atrás---, que obtuvo una calificación de 74 puntos, lo que puso en evidencia que se trataba de un vino todavía en condiciones de ser degustado gratamente. De acuerdo a los parámetros del Grupo Enológico Mexicano,  un vino que obtiene esa calificación queda incluido en la categoría de “bebible”.
En estas catas se comprobado, de manera muy sorprendente al paladar de los catadores,  que muchos de los vinos que han tenido una adecuada guarda en botella, en una cava mantenida en condiciones idóneas,  especialmente los tintos, pueden soportar convenientemente el paso de los años, y una vez descorchados esos envases y servido el líquido que contenían esas botella, manifiestan matices cromáticos, aromas y sabores que no es común apreciar en vinos de cosechas recientes. Lo más interesante, a mi parecer, es que se trata de degustaciones sensoriales en verdad  insólitas, pues no es frecuente evaluar vinos tan añosos, y por ello el hecho de analizar los ostensibles cambios que experimenta el color de los vinos, las notorias variaciones que son percibidas en el aroma, así como las visibles alteraciones en el sabor de estos vinos resulta una experiencia en extremo singular. En estas degustaciones sensoriales, de vinos senectos pero no decrépitos,  han sido catados 99 vinos.
Para la cata “ciega número 243 del Grupo Enológico Mexicano, correspondiente al mes de junio de 2014, la cual se llevó a cabo el jueves 26 de ese mes,  fueron seleccionados  ocho  vinos de muy prolongada guarda en botella, los cuales fueron obsequiados por la señora Stella Aguilar de Amtmann (en cuyo domicilio tuvo lugar esta singular degustación). Siete de esos ocho vinos fueron elaborados en Francia, en la región de Borgoña. Seis de esos siete vinos tuvieron su origen en uvas de la variedad Pinot Noir, en tanto que el séptimo procedía de uvas de la cepa Gamay. .El octavo vino, chileno, fue elaborado con uvas Cabernet Sauvignon. 
Estos vinos estuvieron debidamente guardados, durante muchísimos años, en la cava familiar, mantenido este espacio en condiciones apropiadas para la guarda de las botellas.. Uno de los vinos era de la añada 1969, otro de la vendimia 1971 y cinco de la cosecha 1972,  y el restante de la cosecha 1973. Por lo tanto, todos ellos fueron elaborados hace más de cuatro décadas.
Cabe mencionar que tratándose de la cata de vinos de tanta antigüedad, el principal factor en la conservación del vino (mantenida la botella en óptimas condiciones en una cava) está dado por el corcho, que obtura el cuello de la botella, y contribuye a su adecuado mantenimiento. A este respecto recordaré un par de párrafos de un texto que hace tiempo escribí acerca de los tapones de corcho: “Desde hace muchísimas centurias, en la época del esplendor de la antigua Grecia, se utilizaban tapones de corcho para obturar las ánforas que contenían vino. Ya desde aquellos lejanos días se tenía conocimiento que al ocluir de esa manera los recipientes donde se guardaba tan delicioso néctar etílico, se evitaba que el oxígeno del aire produjera una cierta alteración en el aroma y el sabor del vino. En el siglo II antes de Cristo un autor romano, llamado Cato, escribió que era muy conveniente tapar con un trozo de corcho las ánforas y las jarras donde era depositado el vino, una vez que la fermentación del mosto –y su  consiguiente transformación en vino—  había terminado. De esta manera era posible preservar por algún tiempo el vino, impidiendo el efecto deletéreo del aire.
“Ahora bien, el corcho utilizado desde hace varios milenios para proporcionar un cierre hermético a los recipientes que contienen vino, es producido a partir del alcornoque, un árbol característico de la zona mediterránea. Su nombre científico es Quercus suber, y el principal aprovechamiento está dado por el empleo de ese material vegetal para fabricar tapones de corcho para la industria vinícola y la de los destilados, así como para producir material aislante. El corcho es la capa externa, de acentuado espesor, de la corteza del alcornoque. Se trata de una masa elástica y homogénea de células muertas, aplanadas e impregnadas de una sustancia grasa que lo hace casi totalmente impermeable a los líquidos y a los gases. Este árbol, propio de los países ribereños del Mar Mediterráneo, alcanza una altura de treinta metros. Lo frecuente es que mida unos diez o quince metros. Los alcornoques jóvenes son desprovistos de su corteza  -descortezados- cuando llegan a una edad entre los quince y los veinte años. Este primer corcho es tosco, y de calidad irregular, pero los siguientes descortezamientos, que tienen lugar cada diez años, producen un producto mejor. El alcornoque es desprovisto de su corteza de quince a veinte ocasiones durante los ciento cincuenta años de vida que tiene, en promedio, este árbol. Cada “pela”, nombre que recibe la acción de descortezar el alcornoque, produce entre treinta y cincuenta kilos de corcho”.
En cuanto a la durabilidad de los tapones de corcho para las botellas de vino es conveniente señalar que en el blog Viños y Viñedos, del viernes 18 de diciembre de 2009, apareció un artículo del cual transcribo información que me parece muy interesante.”El punto débil de todo embotellado es el cierre o tapón. Una vez deteriorado el tapón se deteriora el contenido. Un tapón de corcho de alta calidad se deteriora en unos 30 años, precisándose un cambio del mismo. El contenido se altera en función de su grado de alcohol, acidez, taninos (factores de resistencia) y de la edad del producto. Si el vino es de poco grado alcohólico, inferior a 11%, el deterioro es fácil y si es de alta graduación como es el cognac, del orden de los 38% a 45% de alcohol el deterioro y envejecimiento del mismo son muy lentos. El alcohol deteriora el tapón de corcho en función del grado, por eso las botellas de cognac o espirituosas deben guardarse en posición vertical.
“En el caso del vino la condición es diferente. Con un contenido en alcohol inferior al 14% conviene que la botella permanezca en posición horizontal, pues el ataque del alcohol al tapón es muy lento y la humedad del vino ayuda al corcho a mantenerse hidratado e hinchado impidiendo de esta manera la entrada de excesivo oxigeno dentro de la botella. Los estudios muestran que a los 30 años de estancia de la botella en posición horizontal a la temperatura de 11-14º C y humedad del 85-95%, el tapón se contrae por ataque del vino desde su interior, cerrando progresivamente mal hasta que se pierde vino y entra aire, avinagrándose o estropeándose el vino. Por lo tanto, la durabilidad de un corcho de alta calidad si el ambiente de la bodega es idóneo puede llegar hasta los 30 años”.
El descorche de estas botellas fue muy laborioso ---a pesar de utilizar el descorchador de láminas o el de “dos pasos”---  pues todos los corchos (de más de 40 años de estar ocluyendo las botellas) estaban en extremo friables (el Diccionario de la Lengua Española Espasa-Calpe  señala que esa palabra significa que se desmenuza fácilmente), lo que obligó a colar los vinos, para retirar los múltiples fragmentos de corcho, y depositar el líquido en un decantador. Cabe agregar que ningún corcho pudo ser extraído íntegro, pues el prolongado tiempo en que el vino los impregnó los tornó muy frágiles y deleznables. En un caso, al retirar la cápsula de lacre (que cubría la parte superior de cuatro botellas) fue posible observar que el corcho se hallaba flotando en el seno del líquido, seguramente ocurrió que el paso del tiempo, de más de cuatro décadas, impregnó tanto el corcho que este se enjutó ---se adelgazó  por la prolongada humedad a la que estuvo sometido--- y se deslizó por el cuello de la botella.   
En dicha cata “ciega” número 243 la Mesa de Catadores estuvo integrada esa tarde por los siguientes enófilos: Stella Aguilar de Amtmann, Patricia Amtmann, Joaquín López Negrete, Salomón Cohen, Mauricio Romero, Philippe Seguin, Dario Negrelos, Rafael Fernández Flores,  Juan Carlos Chávez y Miguel Guzmán Peredo.
En estas degustaciones analíticas, en las cuales los catadores ignoran la marca y la procedencia de los vinos que van a degustar, motivo por el cual reciben el nombre de “ciegas”,  los enófilos que participan en esas degustaciones sensoriales califican las características visuales, olfativas y gustativas de cada uno de los vinos, escribiendo junto con la puntuación otorgada en cada uno de estos tres renglones, sus comentarios respecto al color, al aroma o bouquet y al sabor de cada uno de los vinos sometidos al examen organoléptico de los miembros de la Mesa de Catadores que en esa ocasión participaron en dicha degustación. Una vez que los jueces analizaron esas características sensoriales, y  que se tiene inmediato conocimiento de cuál fue la calificación alcanzada por cada vino (momento éste en el que son descubiertas las botellas y se conoce de qué vino se trata en cada caso), cada catador  formula en voz alta sus propios comentarios, con la finalidad de escuchar las opiniones de los restantes catadores, enriqueciéndose, de esta manera, el imparcial juicio emitido por cada uno de esos enófilos.
Las calificaciones están basadas en los parámetros que maneja el Grupo Enológico Mexicano. Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 50 y los 59 puntos son considerados “no recomendables”. Si la puntuación se halla comprendida entre los 60 y los 74 puntos, son juzgados “bebibles”. Una calificación entre los 75 y los 84 puntos permite evaluarlos como “buenos”. Si el puntaje oscila entre los 85 y los 94 puntos, son juzgados “muy buenos”. En el caso de que la calificación esté comprendida entre los 95 y los 100 puntos, entonces alcanzan la categoría de “extraordinarios”.

Los resultados fueron los siguientes:

1.-  Musigny Paul Bouchard, cosecha 1969. Varietal 100% Pinot Noir. 13.0% Alc. Vol. Appellation Musigny Controlée. Maison Paul Bouchard. Cote d’Or, Beaune,  Borgoña, Francia.  Calificación: 77.22    puntos.
2.-  Cote de Beaune Villages, cosecha 1971. Varietal 100% Pinot Noir. 13.4% Alc. Vol.
Appellation Cote de Beaune Controlée. Maison Paul Bouchard, : Cote de Beaune, Borgoña, Francia. Calificación: 75.77    puntos.
3.- Vosne-Romanée Les Malconsorts, cosecha 1973. Varietal 100% Pinot Noir. 12.5% Alc. Vol. Appellation Vosne-Romanée Controlée. Domaine de Moutille. Cote de Nuits, Cote d’Or, Beaune. Borgoña, Francia. Calificación: 75.00   puntos
4.-Clos de Vougeot Domaine du Clos Frantin, cosecha 1972. Varietal 100% Pinot Noir. 12.5% Alc. Vol. . Appellation Nuit-Saint-Georges Controlée. Maison Albert Bichot. Cote d’Or, Beaune, Borgoña, Francia.  Calificación:74.11  puntos.
5.- Pommard Paul Bouchard, cosecha 1972. Varietal 100% Pinot Noir. 12.8% Alc. Vol. Appellation Pommard Controlée. Maison Paul Bouchard. Cote d’Or, Beaune, Borgoña, Francia. Calificación:73.55  puntos.
6.-  Vosne-Romanée Paul Bouchard, cosecha 1972. Varietal 100% Pinot Noir. 13.3 % Alc. Vol. Maison Paul Bouchard. Cote d’Or, Beaune, Borgoña, Francia. Calificación: 72.44   puntos.
7.-  Viña Cousiño Macul Antiguas Reservas, cosecha 1972. Varietal 100% Cabernet Sauvignon. 12.0% Alc. Vol. Denominación Valle del Maipo. Viña Cousiño Macul. Chile. . Calificación: 70.22   puntos.


8.- Chateau de Bellevue, cosecha 1972.  Varietal 100% Gamay.  Sin mención del grado alcohólico.  Appellation Morgon Controlée.  Domaine La Princesse Lieven. Villie-Morgon, Beaujolais, Borgoña, Francia. Calificación: 70.11   puntos.

Considero conveniente señalar que el vino catado en octavo lugar (Vosne-Romanée Les Malconsorts, cosecha 1973, fue el que mantuvo un color menos atejado, a diferencia de los otros siete, cuya tonalidad cromática oscilaba de los matices teja a los caoba, producto del dilatado tiempo de reposo en la botella.

Los catadores eligieron “mejor etiqueta” y “mejor botella” la del vino  Chateau de Bellevue, cosecha 1972.

Al concluir esta cata “ciega”, que a juicio de los catadores participantes fue una “interesante experiencia degustativa”, la anfitriona, Stella Aguilar de Amtmann, ofreció una exquisita cena, preparada por ella. El primer tiempo fue un consomé clarificado. El platillo principal fue budín de cangrejo, acompañado con ensalada mixta, el postre, una deliciosa bavaresa. Con estos manjares bebimos el vino Cariole Hills Primum Merlot, cosecha 2010, elaborado en Australia por la empresa Mclaren Vale, de magnífico sabor.


viernes, 30 de mayo de 2014

LA CEPA CABERNET SAUVIGNON



Prohibirle a la humanidad el consumo de vino
equivale a inducirle a que consuma bebidas nocivas.
La mejor defensa contra el alcoholismo será el uso
de la bebida natural, el vino, que alimenta y es
restaurador de la salud, a la vez que fuente de vigor
y de alegría.
GEORGES PORTMAN (1890-1986)

La vid es la planta cuyo fruto son las uvas, las cuales se dividen, en términos generales, en dos clases principales: aquellas apropiadas para elaborar vino, y las que son degustadas como alimento. Dice José Juan de Blas, en su libro El Vino y la Mesa, que “todas las vides pertenecen a un mismo género llamado Vitis; y que éste se divide en especies. Las vides europeas son de la especie denominada vinifera, que es la que produce buenos vinos. En América existen varias especies: rupestris, riparia, berlandieri, entre otras, las cuales son utilizadas como portainjertos”.

El nombre científico de la vid es Vitis vinífera. La primera parte de este nombre corresponde al género, el cual siempre es escrito con mayúscula (Vitis), y la otra parte del nombre denomina a la especie (vinífera), que invariablemente es escrito con minúscula. Los estudiosos de la viticultura ----el cultivo de las uvas--- señalan que existen descritas más de 800 especies, pertenecientes a la Familia Vitaceae.

En la obra La Cultura del Vino en México, escrita por Ángel Morales. (Ediciones Castillo. Monterrey, Nuevo León, 1980), leo lo siguiente: “La Vitis vinifera es originaria de las regiones cercanas a los mares Caspio y Negro, en Asia Menor, y de ella se han derivado más de seis mil variedades diferentes (también llamadas cepas o vidueños, agrego yo),  cuyas plantaciones comerciales producen las uvas para mesa, vino y pasas, que consumimos en la actualidad”.

En el portal  www.videsyvinos.com apareció un interesante artículo acerca de la vid y su historia, del cual ahora transcribo los siguientes párrafos: “Durante la era terciaria, en el período cretácico, aparecieron las plantas sobre la faz de la tierra y con ellas, las vides. Estas plantas antiguas eran muy diferentes a la vid cultivada que conocemos hoy. Su forma era la de verdaderas enredaderas que trepaban a los árboles, dejando caer sus lianas. En la era cuaternaria, cuando el hombre apareció sobre la tierra, se encontró con esta vid silvestre que lo atrajo con la delicia de sus frutos. Cuando el hombre dejó de ser nómada para transformarse en sedentario, comenzó a domesticar animales y plantas, y fue a partir de entonces que la vid inició su evolución de Vitis silvestris (vid silvestre) a Vitis vinífera sativa (vid cultivada). El origen de la vid cultivada, Vitis vinifera, se produjo en la región de la Transcaucasia, entre el Mar Negro y el Mar Caspio. Desde allí, fue difundida hacia el occidente”. Hasta aquí esa cita.   

De ese crecidísimo número de distintas variedades de uvas (más de seis mil, como ya anoté, si bien no faltan investigadores que mencionan que “el número de variedades de vid cultivadas en el mundo se sitúa entre 10.000 y 20.000, en su gran mayoría pertenecen a la Vitis vinífera”),  los viticultores dedicados a la tarea de producir racimos de uvas para elaborar vinos, señalan que únicamente unas doscientas cincuenta, en todo el mundo, son las más apropiadas para elaborar vinos de buena calidad. Por su parte, el renombrado enólogo británico Michael Broadvent asienta que los grandes vinos “los de calidad y características gustativas excepcionales, distintivas y refinadas, proceden de un grupo limitado de vidueños nobles, entre los que destacan cuatro variedades: Cabernet Sauvignon y Pinot Noir,  uvas negras o tintas, y Riesling y Chardonnay, uvas blancas”.

A continuación enfocaré mi atención a la variedad Cabernet Sauvignon, también llamada Petit Cabernet y Petit Bouchet, la cual ocupa el primer lugar de las uvas finas más idóneas para producir los vinos tintos más afamados  (se ha dicho que la variedad Cabernet Sauvignon es la reina de las uvas negras, y que la variedad Chardonnay es la reina de las uvas blancas). Esa cepa, Cabernet Sauvignon, es utilizada ampliamente en la región vitivinícola de Burdeos, en Francia, junto con  otras dos variedades: Merlot y Cabernet Franc, para hacer un “coupage” (palabra francesa que tiene el significado de mezcla, mixtura y también combinación) y de esta manera elaborar vinos de finura indiscutible, de armonioso cuerpo y muy delicioso sabor.

La cepa Cabernet Sauvignon permite elaborar vinos de coloración muy intensa, muy ricos en tanino, de gran cuerpo.  Estos vinos, al envejecer  (madurar, reposar, son sinónimos del término anterior), tanto en barrica como en botella, ganan mucho en finura, aroma y sabor. Cuando son jóvenes, son afrutados , aromáticos, ligeramente herbáceos, de acentuado color rojo frambuesa y tonalidades violáceas. A este respecto la enóloga británica Serena Sutcliffe señala que “la variedad de uva Cabernet Sauvignon es una de las mejores de uva negra, y produce vinos llenos de afrutado (sic), tanino y aroma, y con un excelente equilibrio de la acidez, todos éstos son requisitos indispensables para un correcto envejecimiento. Mezclada con Cabernet Franc y Merlot produce magníficos vinos de larga vida, en Burdeos”.

The Oxford Companion to Wine ( Oxford University Press, Oxford, England, 1994) es una enciclopédica obra editada por la famosa enóloga Jancis Robinson. Allí encontré que “la uva más renombrada a nivel mundial  es la Cabernet Sauvignon, con la cual son elaborados vinos tintos de gran finura. Es originaria de Burdeos, donde invariablemente es mezclada con otras cepas. De aquí ha sido llevada tanto a otras regiones vitivinícolas de Francia como a otros países del Viejo y del Nuevo Mundo, donde ha sido mezclada. con variedades de uvas autóctonas, o bien empleada para producir vinos monovarietales. Sus orígenes más remotos permanecen en el misterio. Uno de sus nombres en el siglo XVII fue Bidure, lo que nos permite asegurar que se trata de una variedad descendiente de la cepa llamada Bitúrica por Plinio el Viejo, en el siglo I D..C., quien tomó ese nombre de la tribu de los biturigos, quienes estuvieron asentados en la región de Bordeaux desde tiempo atrás”.

.Los orígenes de la variedad Cabernet Sauvignon son bastante oscuros, y a diferencia de otras cepas, de las cuales se tiene un conocimiento más preciso, de aquella se habla que permanece en el más denso de los misterios su procedencia. En el siglo XVII se le llamaba Bidure, y así mismo Vidure, palabra que bien puede ser una corrupción de la expresión “vigne dure” (viña dura), aludiendo probablemente a la dureza de los sarmientos de esta planta. Otros nombres para designar esta cepa son los siguientes: Sauvignon Rouge, Bordeaux, Bouchet, Carbonet, Marchoupet, Lafit, Vaucluse, Carmenet, Burdeos Tinto, Castet, Cabernet Petit, Veron, Bordo, Breton, Petit Cabernet, Petit Vidure, Kaberne Sovinjon, Carboet, Carbouet, Navarre y Lafet.

No fue sino hasta fines del siglo XVIII cuando el cultivo de la variedad Cabernet Sauvignon  comenzó a incrementarse de una manera muy ostensible en el área de Burdeos, y por la clase de los vinos elaborados con esta cepa cada día se fue ampliando la extensión de los viñedos bordaleses cubiertas con uvas de este noble vidueño. Al presente, aproximadamente un ochenta por ciento de la región vitivinícola de Burdeos (la más importante de Francia, junto con Borgoña,  en lo referente a los vinos tintos) está sembrada con esta cepa. Y cabe agregar que dos de las empresas más importantes allí ubicadas: Chateau Latour y Chateau Lafite Rothschild  --ambas clasificadas como Premier Cru de Pauillac--, tienen viñedos con un ochenta por ciento de esta variedad de uva. Los vinos de esas dos marcas, de notorio prestigio en todo el mundo, si  bien son diferentes unos de otros, son muy apreciados por su deliciosa finura y acentuada posibilidad de longevidad.

Abundando en esta información, acerca de la historia de esta cepa de tan extendida utilización en todo el mundo, diré que en el libro El Pequeño Larousse de los Vinos (Editorial Larousse, México, D.F., 2007)  leo que “los ampelógrafos aseveran que el análisis de su genoma muestra que la cepa Cabernet Sauvignon, la más famosa del mundo, nació de la cruza de una Sauvignon Blanc con una Cabernet Franc.  Esta fecundación se hizo hace unos tres siglos, en algún lugar de la Gironde, en el suroeste de Francia”.

Los granos de las uvas de la variedad Cabernet Sauvignon son de tamaño pequeño. La piel (también llamada cáscara u hollejo) es gruesa y es rica en polifenoles –sustancias químicas que le confieren a los vinos hechos con este vidueño el factor agregado de resultar muy convenientes para la salud humana--. Las semillas o pepitas, situadas en la parte media de la pulpa de la uva, están cargadas de taninos.

La cepa Cabernet Sauvignon tiene la propiedad de aclimatarse con extrema facilidad en las principales regiones vitivinícolas de todo el mundo. En Francia se sirven de esta variedad principalmente en Burdeos, pero también en Provenza y Languedoc. Y por lo que respecta a otros países, se hacen “coupages” con ese vidueño en Italia, con la cepa nativa Sangiovese; en Hungría, con la variedad autóctona Kekfrancos ; en España, con la cepa Garnacha y Tempranillo. Otras naciones vinícolas que utilizan ampliamente la cepa Cabernet Sauvignon  son Rusia, Ucrania, Australia, Nueva Zelandia, Sudáfrica, Chile, México, Brasil, Perú, Uruguay, Bolivia, Estados Unidos de América (no sólo en California, sino también en Arizona, Texas y Washington), Bulgaria y Rumania, entre muchas.

Cabe agregar que, a juicio de Joaquín Fernández Rizo (quien en el boletín Hojas del Valle: sección “Catando letras, escribiendo vinos” --- publicado en Tijuana, Baja California--- escribió un breve texto acerca de la cepa Cabernet Sauvignon), el nombre de esa cepa  significa pimiento salvaje. A mi parecer, es más atinada la opinión de Diego Di Giacomo, autor de un interesante escrito, cuyo título es “Historias curiosas: El origen de los nombres de las uvas tintas” (publicado en el portal anb gastronomía, de San Carlos de Bariloche, Argentina, el 2 de marzo de 2013). Allí aparece que “Cabernet viene de la deformación de “cavernícola” y Sauvignon de “salvaje”. O sea, “cavernícola salvaje” o “salvaje de las cavernas”.

En el portal de Wikipedia aparece que la variedad Cabernet Sauvignon “es una cepa de origen francés, de la región vinícola de Burdeos, y una de las más reconocidas variedades de uva a nivel mundial. Se cultiva en casi todos los principales países productores de vino. Se adapta a un amplio espectro de condiciones climáticas, desde el valle Okanagan, al sur de la provincia canadiense de Columbia Británica, hasta el valle de la Becá, en Líbano. El Cabernet Sauvignon comenzó a ser reconocido internacionalmente a partir de su destacada presencia en el vino proveniente de Burdeos, donde suele utilizarse en vinos de corte con Merlot y Cabernet Franc.

“Desde Francia, la uva se diseminó por Europa y América donde se adaptó con facilidad a varios lugares como la zona vinícola estadounidense del valle de Napa, la región australiana de Coonawarra, el valle del Maipo en Chile, entre otros. Durante casi todo el siglo XX fue la variedad premium más cosechada del mundo, hasta que fue superada por el Merlot en la década de los años 90.
 
“A pesar de su destacada presencia en la industria del vino, esta uva es relativamente una nueva variedad, producto de un cruce entre el Cabernet Franc y el Sauvignon Blanc durante el siglo XVII en el suroeste de Francia. Su popularidad se atribuye a la facilidad de cultivo -las uvas tienen piel gruesa y los viñedos son resistentes a la descomposición y a las heladas- a su presentación de estructura consistente y a los sabores que expresan el típico carácter de la variedad. La familiaridad con la cepa y la facilidad de pronunciación en varios idiomas también han ayudado a divulgar los vinos Cabernet Sauvignon entre los consumidores. Sin embargo, su extendida popularidad también ha contribuido a que esta uva sea criticada como una variedad «colonizadora» que termina monopolizando regiones vineras a expensas de variedades de uva nativas. Se cultiva en Francia, sobre todo en la región vinícola de Burdeos, en Italia, en países de Europa Central (Bulgaria, Hungría, Eslovenia, entre otros), y en la región mediterránea oriental (Chipre, Grecia, Israel y Líbano). En California, Estados Unidos, el Cabernet Sauvignon ha desarrollado su característico estilo y reputación, reconocible en el mercado mundial. La producción y viñedos de esta variedad en California son similares en cantidad a los de Burdeos. En Hispanoamérica tiene fuerte presencia en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, México, Perú y Uruguay. También se cultiva en Australia y Sudáfrica”. Hasta aquí esa cita. 

Para la cata “ciega número 242 del Grupo Enológico Mexicano, correspondiente al mes de mayo de 2014,  la cual se llevó a cabo el jueves 29 de ese mes, fueron seleccionados  nueve  vinos elaborados en nuestro país, con la cepa Cabernet Sauvignon, los cuales fueron aportados por los catadores participantes en esta evaluación sensorial. 

La Mesa de Catadores estuvo integrada esa tarde por los siguientes enófilos: Patricia Amtmann,  Mariana Fernández, Gustavo Riva Palacio, Darío Negrelos,  Rafael Fernández Flores, Mauricio Romero,  y Miguel Guzmán Peredo. 

En estas degustaciones analíticas, en las cuales los catadores ignoran la marca y la procedencia de los vinos que van a degustar  (pues únicamente tienen conocimiento del que cada uno de ellos aportó para la cata), motivo por el cual reciben el nombre de “ciegas”,  los enófilos que participan en esas degustaciones sensoriales califican las características visuales, olfativas y gustativas de cada uno de los vinos, escribiendo junto con la puntuación otorgada en cada uno de estos tres renglones, sus comentarios respecto al color, al aroma o bouquet y al sabor de cada uno de los vinos sometidos al examen organoléptico de los miembros de la Mesa de Catadores que en esa ocasión participaron en dicha degustación. Una vez que los jueces analizaron esas características sensoriales, y  que se tiene inmediato conocimiento de cuál fue la calificación alcanzada por cada vino (momento éste en el que son descubiertas las botellas y se conoce de qué vino se trata en cada caso), cada catador  formula en voz alta sus propios comentarios, con la finalidad de escuchar las opiniones de los restantes catadores, enriqueciéndose, de esta manera, el imparcial juicio emitido por cada uno de esos enófilos.

Las calificaciones están basadas en los parámetros que maneja el Grupo Enológico Mexicano. Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 50 y los 59 puntos son considerados “no recomendables”. Si la puntuación se halla comprendida entre los 60 y los 74 puntos, son juzgados “bebibles”. Una calificación entre los 75 y los 84 puntos permite evaluarlos como “buenos”. Si el puntaje oscila entre los 85 y los 94 puntos, son juzgados “muy buenos”. En el caso de que la calificación esté comprendida entre los 95 y los 100 puntos, entonces alcanzan la categoría de “extraordinarios”.

Los resultados fueron los siguientes:

1.- Cabernet Sauvignon Xecué, cosecha 2010. 14.4% Alc. Vol. Varietal 100% Cabernet Sauvignon. Crianza de 12 meses en barrica de roble francés. Bodegas Xecué. Rancho Llano Colorado. Valle de San Vicente. Ensenada, Baja California. México. Calificación: 85.14 puntos. Precio: $ 400.00  (APORTADO POR MAURICIO ROMERO GATICA)
2.- Casa Madero Cabernet Sauvignon, cosecha 2012.   13.7 % Alc. Vol. Varietal 100% Cabernet Sauvignon. La fermentación se realizó en tanques rotatorios con levaduras seleccionadas y control de temperatura para conservar los aromas frutales; permaneció de 11 a 12 meses en barricas de roble francés y americano. Valle de Parras. Casa Madero. Parras, Coahuila, México. Calificación: 84.85 puntos. Precio: $ 220.00.  (APORTADO POR GUSTAVO RIVA PALACIO)
3.- Casa Madero Cabernet Sauvignon, cosecha 2012.   13.7 % Alc. Vol. Varietal 100% Cabernet Sauvignon. La fermentación se realizó en tanques rotatorios con levaduras seleccionadas y control de temperatura para conservar los aromas frutales; permaneció de 11 a 12 meses en barricas de roble francés y americano. Valle de Parras. Casa Madero. Parras, Coahuila, México. Calificación: 82.85   puntos. Precio: $ 220.00. (APORTADO POR PATRICIA AMTMANN)
4.-  Cabernet Sauvignon Monte Xanic, cosecha  2011. 13.5%  Alc. Vol.  Varietal 100% Cabernet Sauvignon. Crianza de 18 meses en barrica de roble francés. Bodega Monte Xanic. Valle de Guadalupe.  Ensenada, Baja California. México. Calificación: 82.00 puntos. Precio: $ 450.00    (APORTADO POR MARIANA FERNANDEZ)
5.- Cabernet Sauvignon Relieve, cosecha  2011  13.5% Alc. Vol. Varietal 100% Cabernet Sauvignon.   Crianza de siete meses en barricas  de roble americano San Antonio de las Minas. Ensenada, Baja California, México. Calificación: 78.14      puntos. Precio: $ 550.00 (APORTADO POR RAFAEL FERNANDEZ)
6.-  Cabernet Sauvignon Casa Grande,  Casa Madero, cosecha 1998. 13.5 % Alc. Vol. Varietal 100% Cabernet Sauvignon. La fermentación se realizó en tanques rotatorios con levaduras seleccionadas y control de temperatura para conservar los aromas frutales; Crianza de 11 a 12 meses en barricas nuevas de roble francés y americano. Valle de Parras. Casa Madero. Parras, Coahuila, México. Calificación: 73.85  puntos. Precio: $ 615.00. (APORTADO POR MIGUEL GUZMAN PEREDO  
7.-  Cabernet Sauvignon Ojos Negros, cosecha 2010, 13.9 %  Alc. Vol. Varietal 100% Cabernet Sauvignon. Crianza de 18 meses en barrica de roble americano.  Bodegas San Rafael. Valle de Ojos Negros. Ensenada, Baja California, México. Calificación:     70.14 puntos. Precio; $ 630.00  (APORTADO POR DARIO NEGRELOS)

Los catadores eligieron “mejor etiqueta” la del vino Cabernet Sauvignon Xecué, cosecha 2010.

Al concluir la evaluación organoléptica los catadores saboreamos una deliciosa cena degustación, preparada por la Chef Liette Castaño, propietaria del restaurante Mon Paradis: A la Maison, ubicado en la ciudad de Tequisquiapan (en el estado de Querétaro). Esas sabrositudes consistieron en los siguientes platillos, en pequeñas raciones;
Granite de tomate -Basilio (albahaca).
Pollo con tagliattelle de verduras en salsa de miel y balsámico 
Salmón en naranja con espinacas y anís estrella 
Veloute de espárragos 
Tartines de fromage(queso) con beurre ail-romarin (mantequilla ajo-Romero )
Soupe de pain con champiñón y tocino chip
Terrine de hachís parmentier
Salade Pop con vinagreta de framboise, cebolla ,papa y jamón Serrano 
Mini costilla con puré de cebolla a la canela y durazno en cardamomo 
Merengue con compota de manzana y chocolate  y
Lemon con frambuesa.