domingo, 15 de abril de 2012

HACE 100 AÑOS SE HUNDIO EL TITANIC


¡Este barco no lo hunde ni Dios!

Conseja popular

Hoy, domingo 15 de abril de 2012, se cumplen cien años de la tragedia del Titanic, que en las primeras horas de la madrugada del lunes 15 de abril de 1912 se fue a pique, tras de haber chocado con un gigantesco témpano de hielo, cuando faltaban unas horas para que atracara en la ciudad de Nueva York, destino final de ese recorrido marítimo por el Atlántico Norte.

Lo primero que conviene señalar es que algún siniestro presagio debió existir en el momento en que los propietarios de la compañía naviera The White Star le dieron el nombre --en lengua inglesa--- de Titanic a un colosal navío, el cual debía ser, según sus constructores, el barco más grande, más lujoso y más rápido que jamás hubiera sido construido.

Hago alusión a una posible circunstancia funesta a la hora de bautizar ese gigantesco barco, en virtud de que, según la mitología helénica, Titán fue el nombre genérico de los 6 hijos varones y 6 hijas mujeres de Urano y Gea, Los hombres fueron llamados Titanes y las mujeres Titánides. Todos ellos se rebelaron contra Zeus y quisieron apoderarse del Cielo. La insurrección de estos dioses fue abolida cabalmente por Zeus, quien quedó como suprema autoridad entre las deidades del Olimpo, mientras que sus enemigos fueron aniquilados por completo.

En los primeros años del siglo XX los barcos constituían el único medio de transporte trasatlántico y transpacífico. Al no existir, todavía, la navegación aérea, ricos y pobres utilizaban las embarcaciones de gran calado para ir de un continente a otro. Las personas de escasos recursos, quienes emigraban de sus respectivos países en busca de mejores condiciones de vidas, solían viajar de Europa a América en esos barcos de colosales dimensiones, los cuales habían establecido una tenaz competencia (que se traducía en motivo de prestigio para las compañías navieras y los países donde estaban asentadas éstas), para alcanzar la distinción de ser galardonados con la “Cinta Azul”, que era otorgada al navío que efectuase en menor tiempo la travesía de Europa a América, y viceversa.

La compañía Cunard Line construyó el barco Mauretania, lanzado al agua en septiembre de 1907, el cual en las pruebas previas a ser puesto en servicio alcanzó una velocidad de 27.5 nudos (un nudo equivale a una milla náutica: casi dos kilómetros por hora (1.852 metros, exactamente), lo que corresponde a casi 51 kilómetros por hora. Este enorme barco cruzó el Océano Atlántico en 4 días, 10 horas y 51 minutos, a una velocidad promedio de 26 nudos (poco más de 48 kms/hora).

Durante 22 años, hasta 1929, ostentó el Mauretania la distinción de la preciada “Cinta Azul”, a más de que en el momento de su botadura fue el barco más largo, más rápido y lujoso de todos los que surcaban los mares.

Otro barco de la Cunard Line era el Lusitania (equipado con el máximo lujo para el confort de 2.300 pasajeros y 800 tripulantes), que efectuó su viaje inaugural en 1907. Este hermoso navío, prototipo de la suntuosidad más refinada, realizaba una travesía de Nueva York a Liverpool cuando fue alcanzado por un torpedo que le lanzó un submarino alemán, el 7 de mayo de 1915. En sólo 18 minutos se fue a pique ---en las proximidades de la costa de Irlanda--- a una profundidad de 96 metros, ocasionando la muerte de 1.198 personas: 785 pasajeros y 413 tripulantes.

El barco S.S. Normandie (de la Compagnie Générale Transatlantique), de 313 metros de eslora, cruzó el Atlántico el 29 de mayo de 1935 y atracó en Nueva York tras de una travesía de 4 días 3 horas y 14 minutos. Cuando fue lanzado al agua era el barco más largo y rápido de todos. Su velocidad máxima fue de casi 60 kilómetros por hora, si bien la velocidad promedio era de 56 kms/hora). Este buque registró el menor tiempo al cruzar el Atlántico, lo que le permitió obtener la “Cinta Azul”, que estaba en poder del crucero italiano Rex

Titanic fue el nombre de un navío de gran tamaño dimensiones e incomparable boato, cuya construcción, en los astilleros Harland & Wolf, de Belfast (la capital de Irlanda del Norte, una de las cuatro naciones que dan forma al Reino Unido), comenzó en 1908, y fue botado al agua el 31 de mayo de 1911 . Su denominación oficial era R.M.S. Titanic, ya que las iniciales R.M.S corresponden a las palabras Royal Mail Steamship. Medía 270 metros ---el tamaño de tres campos de fútbol--- de eslora (largo), 28 metros de manga (ancho) y 18.5 metros de altura total desde la línea de flotación a la cubierta. Contaba, para los pasajeros de primera clase, con lujosos comedores, piscina interior de seis metros de profundidad, tres elevadores, biblioteca, gimnasio y baños turcos. Las 29 calderas alimentadas con carbón le daban una velocidad de 23 nudos (42.5 kms/hora).

El 10 de abril de 1912, al filo del medio día, zarpó del puerto de Belfast rumbo a Southampton (Inglaterra).De aquí continuó a Cherburgo (Francia),y el jueves 11 de abril, a las 13:30 horas, salió de Queenstown (esta ciudad portuaria de la República de Irlanda llevó el nombre de Cobh, hasta 1849, y desde 1922 recuperó su antigua designación) hacia Nueva York. Este fue el último punto en tierra firme que tocó el Titanic, antes de navegar por las zonas septentrionales del océano Atlántico. Cabe decir que el costo del boleto de primera clase era de 870 Libras, en tanto que el de tercera era de dos Libras. En ese barco, donde se combinaba el lujo más refinado con la elegancia nunca antes vista, viajaban 1.343 pasajeros y 885 tripulantes. En total, 2.228 personas.

En alguna página de internet leí que “El precio de un camarote en primera clase oscilaba en torno a los 2.000 dólares. Si ese precio lo ajustásemos a hoy en día nos costaría aproximadamente unos 100.000 dólares. En cambio, en tercera clase un camarote costaba 32 dólares y su equivalente al siglo 21 sería unos 1.300 dólares”

En una excelente reportaje de Marcelo C. Ossó, titulado Crónica de un naufragio anunciado, publicado en el portal www.cibernautica.com, leí que un operario del astillero Harland & Wolf (donde fue construido el Titanic, cuyo costo previsto fue de un millón quinientas mil Libras, equivalentes a siete millones y medio de dólares) tenía un salario de dos Libras por semana.

En la noche del domingo 14 de abril, a las 23:40 horas, cuando navegaba a una velocidad de casi 41 kms/hora, un iceberg de 100 metros de altura ---que sobresalía dieciocho metros sobre el agua--- rozó el costado de estribor del Titanic, por muchos considerado “insumergible”. El daño ocasionó la entrada de gran cantidad de agua, que fue inundando los compartimentos estancos del barco, lo que hizo pensar a los oficiales que tenían a su cargo esta nave, que zozobraría en poco tiempo. Evaluados los cuantiosos daños se tomó la decisión de bajar las 20 lanchas salvavidas, en las cuales únicamente podían tener cabida 1.178 personas, poco más de la mitad del pasaje.

En menos de tres horas el Titanic se partió en dos, y a las 02:20 de la madrugada, del lunes 15 de abril de 1912, se hundió a una profundidad de casi 4.000 metros, ocasionando la muerte de la gran mayoría de quienes viajaban en ese barco, un verdadero palacio sobre las aguas. Los reportes varían en el número de fallecidos: unas fuentes de información mencionan a 1.503; otros a 1.517; y alguno más a 1.523).. De los 2.228 seres que allí se encontraban únicamente sobrevivieron 705, quienes fueron llevados a Nueva York (a donde llegaron el 18 de abril) a bordo del barco Carpathia, de la compañía Cunard Line. El “Titanic” se encontraba en el momento del hundimiento a 160 kilómetros al sur del Gran Banco de Terranova.

Me parece interesante consignar que en primera clase viajaban 173 pasajeros del sexo masculino, de los cuales el 66% pereció. Se salvaron 97 de las 100 mujeres que ocupaban dicha primera clase, así como los 5 niños que acompañaban a sus padres. De los pasajeros de segunda clase (cuyo número era de 635) sobrevivió el 8% de los hombres y el 84% de las mujeres, así como los 24 niños que allí viajaban. Del total de ocupantes de los camarotes de tercera clase (1.024) murió el 88% de los hombres y el 45% de las mujeres, así como el 70% de los niños.

Los barcos que llegaron horas después del hundimiento del Titanic recogieron los cuerpos de 328 personas que habían muerto por hipotermia o ahogamiento. 208 de ellos fueron sepultados en la ciudad de Halifax, en la Provincia de Nueva Escocia, Canadá. Los restantes, cuyos cuerpos se hallaban sumamente deteriorados por el oleaje marino, fueron sepultados en el mar.

En la Enciclopedia Wikipedia leo que El Titanic ha protagonizado un gran número de películas y series, siendo la más destacada la película estrenada en el año 1997, obra del director canadiense James Cameron, que consiguió ser un gran éxito de crítica y público, ganando 11 Oscars, y convirtiéndose en la película más taquillera de la historia, con una recaudación mundial total de 1.800 millones de dólares. Otras obras que cuentan la historia del Titanic son:

No deja de parecerme sorprendente lo que se consigna en ese portal de internet: El hecho de que “14 años antes que navegara el Titanic existió un libro de ficción llamado Futility, de Morgan Robertson, que describió un barco llamado Titán, que se creía insumergible. El autor lo llenó de gente rica y despreocupada, pero choca con algo parecido a un iceberg y se hunde en una noche de abril, además tenía casi el mismo peso, longitud y capacidad de pasajeros. Se considera que el autor usó el libro como una predicción del desastre del Titanic. Para otros es una asombrosa coincidencia”.

El investigador marino Robert Ballard, del Instituto Oceanográfico Woods Hole, de Massachussetts, localizó en septiembre de 1985 el pecio del Titanic, a una profundidad de 3.844 metros bajo el nivel del mar. Después de una exploración exhaustiva de aquellos parajes, y sirviéndose de batíscafos y de los vehículos a control remoto más sofisticados, pudo descubrir y filmar los destrozados restos de ese barco. En su libro Adventures in ocean exploración, bellamente ilustrado con infinidad de fotografías de los pecios por él explorados, entre otros el R.M.S. Lusitania y el Bismarck, narra con lujo de pormenores la dramática odisea del Titanic, y describe paso a paso la prolongada búsqueda y el exitoso encuentro con ese navío, hundido en el Océano Atlántico en abril de 1912, setenta y tres años antes.

Hace poco más de quince años apareció, en Barcelona, el libro La cocina del Titanic, escrito por Alejandro Sicilia, David Zurdo y Juan Agustín Rodríguez. En el prólogo asienta Javier Zapatero que “El Titanic era un gran hotel de lujo, flotante, al estilo de los famosos Ritz o Carlton. Todo estaba cuidado al mínimo detalle: los camarotes, las cubiertas de paseo, las diversiones, la cocina. Y es precisamente a su cocina a lo que está dedicado este libro. Nadie mejor que Auguste Escoffier, el emperador de los cocineros y padre de la nouvelle cuisine, el encargado de diseñar la mejor de las cartas para el mejor de los buques. Los pasajeros de primera clase pudieron disfrutar, durante los días que duró el malogrado viaje (menos de cinco), de una de las mejores cocinas del mundo”.

Los autores de este interesante libro señalan que “Todo lo mejor se reservó para el Titanic. Nadie podía realizar el viaje entre Europa y el Nuevo Mundo en un buque más grande, bello y lujoso . Y su cocina no podía ser menos. Los mejores platos, de los cuales habían de disfrutar los pasajeros de primera clase, habían sido diseñados por el célebre cocinero francés Auguste Escoffier. A bordo del Titanic, el segundo oficial en rango en todo el barco (su autoridad únicamente estaba precedida por la del capitán, Edward John Smith) era el jefe de cocina, Henry Tingle Wilde. El salón del restaurante principal media 35 metros de largo por 28 de ancho, y tenía capacidad para servir a 500 personas simultáneamente, y su decoración interior podía competir con la del Palacio de Versalles. En total, las cocinas del Titanic, que eran casi cuarenta, estaban atendidas por más de cien personas, entre cocineros, ayudantes, carniceros, pasteleros, panaderos, supervisores, encargados, etc”.

Considerando el crecido número de personas que viajaban en el Titanic (2.228 en total), las bodegas estaban repletas de toda clase de alimentos y bebidas. Para no tornar en extremo prolija esta relación, únicamente citaré algunos productos: cincuenta y cuatro mil kilos de carne fresca, cincuenta y cinco mil huevos, cuarenta mil kilos de patatas, quince mil botellas de cerveza, mil de vinos y ochocientas cincuenta de licores. En la crónica de Marcelo C. Ossó se menciona que el Titanic llevaba 3.450 botellas de vino, 2.500 de Champagne, 1.500 de alcoholes (supongo se trate de destilados), 140 de licores y 12.500 de cerveza. Resulta, igualmente, cautivante la relación de vajillas, cristalería y cubertería: casi 50 mil piezas de vajilla, 29 mil de cristalería, 44 mil de cubertería, y 15 mil copas de champagne.

En otra parte de esta obra, resultado de una plausible investigación histórica en torno al naufragio más comentado en el mundo, aparece la lista de los vinos que eran guardados en la cava del Titanic, caldos de Francia, España, Italia, Alemania y Portugal. Entre otros, los más famosos de Borgoña, Burdeos, Ródano y Champagne, en el caso de Francia. De Jerez, Priorato, La Rioja y Penedés, procedentes de España, Y así en tratándose de vinos italianos, alemanes y portugueses.

Para concluir, diré que los naufragios (nombre que recibe el hecho de que una embarcación que navega por la superficie de un lago, río, mar u océano se vaya a pique) siempre han constituido motivo de atracción para un crecido número de personas. Quizá por pensar que en esa “cápsula de tiempo” en que se convierte el navío que reposa en el lecho marino, existe un tesoro oculto, o bien un secreto que posiblemente nunca será conocido. Es muy probable que quien lee una narración de esta índole, no deja de pensar en la terrible suerte que significa ser engullido por las aguas del mar, frígidas, las más de las ocasiones.

En el caso del Titanic existió una lamentable cadena de circunstancias anómalas, que trajo como consecuencia lógica el hundimiento de un buque reputado “insumergible”. Primera falla: los vigías encargados de atisbar el horizonte, para detectar la presencia de los enormes témpanos de hielo (muy frecuentes en esa época del año en la zona de navegación que seguía la nave), no contaban con lentes de visión lejana. Los binoculares habían sido extraviados antes de zarpar de Southampton. Segundo error: el capitán Smith hizo caso omiso de los seis avisos que fueron recibidos por radio (entre las nueve de la mañana y las 21:40 de la noche del domingo 14 de abril), enviados por los barcos Caronia, Noordam, Baltic, Amerika, California y Mesaba, en el sentido de que en esa ruta marítima habían sido avistados muchos bloques de hielo, de gran tamaño, flotando sobre las aguas. En lugar de disminuir la velocidad de navegación (se ha dicho que el capitán de la nave deseaba hacer el menor tiempo posible en esa travesía, que sería la última, antes de retirarse) la mantuvo invariable, con la finalidad de llegar con mayor prontitud a Nueva York. La tercera falla estuvo dada porque no contaba con las apropiadas luces de señales, para avisar a otros buques cuando estuviese en problemas. Además de los tres imperdonables yerros ya señalados, queda referirse al que para muchos fue el más importante de todos: al iniciar la travesía atlántica: debió haber llevado las suficientes embarcaciones salvavidas para todos los pasajeros (en esos años no existía la obligatoriedad de que hubiese un mayor número de lanchas para casos de emergencias, para todos los pasajeros), las cuales, finalmente, fueron ocupadas por la mitad de las personas que podían tener cabida en ellas. Había lugar para casi 1.200 personas en esas lanchas, y únicamente subieron a 705.

El naufragio del Titanic, del cual ha corrido más tinta de todos cuantos han ocurrido en la historia de la navegación, motiva la señalada fascinación de saber que estando el pecio ubicado a 4.000 metros de profundidad, los hombres de ciencia tuvieron la capacidad técnica de filmar los restos del que fuera un barco de increíble suntuosidad, convertido ahora en espectral morada de los peces abisales. Ya después vendría la magia de una filmación que magnificó la tragedia, convirtiéndola en sugerente leyenda.

En la noche del domingo 14 de abril de 1912, cuando ya todos imaginaban que en unas cuantas horas llegarían a su destino, la ciudad de Nueva York, fue servida la postrera cena, de gran gala, de ese recorrido náutico ---cuyo viaje inaugural tuvo una duración de menos de cinco días---, la cual fue, indudablemente, ocasión de grandes lujos culinario. El menú constó de diez platillos diferentes, regiamente armonizados con magníficos vinos. Los afortunados magnates (¿afortunados?) que viajaban en primera clase tuvieron la oportunidad de saborear los guisos diseñados por el chef Auguste Escoffier, mientras escuchaban a la orquesta de cuerdas, dirigida por William Hartley, integrada por siete músicos. Entre otras melodías fueron interpretadas las siguientes: El Capitán (Sousa), Elite Syncopations (Joplin), Humoresque (Dvorak), Intermezzo (Mascagni), Stanchen (Schubert) y Wiener Blut (J. Strauss II). Pocas horas más tarde se registraría la colisión con un enorme témpano de hielo, que causaría la tragedia marítima que, un siglo más tarde, sigue conmoviendo a todos.

Addenda

Cuando ya estaba terminada la redacción de este artículo, con mira a ser publicado hoy, domingo 15 de abril de 2012, apareció el día 9 de este mes una nota periodística emitida por la agencia noticiosa AFP (Agence France Presse) desde la ciudad de Londres, en la cual informaba que el día anterior ---domingo 8 de abril--- había zarpado de la ciudad de Southampton el crucero Balmoral, con descendientes de los náufragos de 1912, quienes deseaban rememorar aquel trágico acontecimiento. A bordo iban mil trescientos nueve pasajeros (exactamente, señala esta nota, el mismo número del Titanic, hace cien años), de una treintena de países, quienes pagaron, por persona, de 2.799 Libras Esterlinas (58.628 pesos mexicanos) a 5.995 Libras Esterlinas (125.568 pesos mexicanos, al tipo de cambio del 11 de abril de 2012), según la categoría de la cabina o del camarote. En esta nota de prensa queda señalado que el precio del viaje, de cinco días, incluye comidas inspiradas en las del Titanic.

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miércoles, 11 de abril de 2012

LOS VINOS DE LA RIOJA Y RIBERA DEL DUERO


Quienes beben vino se encuentran sanos.

Quienes poseen vino son ricos.

Quienes elogian el vino son sabios

JONI MCNUTT

(In Praise of Wine)

En varias ocasiones he mencionado que en España existen, en materia de vinos, sesenta y nueve Denominaciones de Origen, de las cuales dos han alcanzado el honroso título de Calificadas: Rioja y Priorato, y por ello en las etiquetas figura la leyenda D.O.Ca Rioja y D.O.Ca Priorat. En otras fuentes de información he leído que el número exacto de esas D.O, es de setenta y dos, y que esa cifra continúa incrementándose en virtud de que otras áreas vitivinícolas han acreditado la calidad de sus vinos. En el portal Saber de Vino aparece que “Una D.O. puede aspirar a convertirse en D.O.Ca. si cumple una serie de requisitos, tales como tener una antigüedad superior a 10 años, o que las bodegas adscritas no puedan en ningún momento tener vino en su interior que no proceda del territorio amparado por la D.O”. Y se asienta allí mismo que “Curiosamente, la Comunidad Autónoma que más D.O. aporta es la de Canarias, con un total de 10. Le siguen de cerca Castilla La Mancha y Castilla y León, con un total de 9 cada una”.

De acuerdo al Observatorio Español del Mercado del Vino, la producción de vino en España, estimada para el mes de noviembre de 2011, era de un poco más de cuatro mil millones de litros. La Organización de la Viña y el Vino (O.I.V.) informó el 22 de marzo de 2012 que España había producido tres mi cuatrocientos millones de litros de vino en 2011.Por lo que concierne al volumen de vino exportado señalaré que de acuerdo al boletín on-line Vinos de España Newsletter, del 8 de noviembre de 2011, “en los ocho primeros meses de 2011 las exportaciones de vino español se incrementaron un 30,5% en volumen y un 20,9% en valor. Las exportaciones de vino español superaron por primera vez los 2.100 millones de litros en el interanual de septiembre de 2010 a agosto de 2011.

“Según datos del Observatorio Español del Mercado del Vino (OEMV) las exportaciones españolas de vino crecieron durante los primeros ocho meses de 2011 un 20,9% en valor, hasta llegar a los 1.364 millones de euros y un 30,5% en volumen, registrándose una cifra de 1.431 millones de litros. Este notable incremento ha hecho que se superen por primera vez los 2.100 millones de litros de vino exportado a los mercados internacionales en términos interanuales, contabilizando de septiembre de 2010 a agosto de 2011.

“En cuanto al desglose por países, Francia, Italia, China y Rusia continúan siendo los mercados donde más se han incrementado las exportaciones de vino español a granel. Los envíos por volumen hacia estos cuatro países suponen el 60% del total exportado de este tipo de producto. Por su parte, en el ranking por países en términos de valor se registró una evolución positiva en los diez primeros puestos durante los ocho primeros meses de 2011”.

Volviendo al tema de las Denominaciones de Origen puedo asegurar que las dos más conocidas y prestigiadas, allende las fronteras hispanas, son la Denominación de Origen Calificada Rioja y la Denominación de Origen Ribera del Duero. La primera de ellas fue reconocida como D.O. en el año 1970, y recibió el apelativo de Calificada en 1991. Comprende la Comunidades Autónomas de Castilla y León, Navarra, el País Vasco y La Rioja. Esta última está dividida en tres subzonas: Rioja Alta, Rioja Baja y Rioja Alavesa. Según la información recabada la producción media anual de vino asciende a 250 millones de litros (si bien encontré en otro documento que en 2010 fueron elaborados doscientos setenta y siete millones de litros. De esta cantidad, el 85% corresponde a los tintos y el restante 15% a los blancos y rosados. Existen casi dieciocho mil viticultores y hay mil doscientas nueve bodegas registradas en el Consejo Regulador de esa D.O.

La información oficial de esa D.O. establece las diferentes categorías de esos vinos, y que “la elaboración se realiza en barricas de roble de 225 litros durante un tiempo que oscila entre 1 y 3 años, y posteriormente en la propia botella durante un período de 6 meses a 6 años. Dependiendo del tiempo que el vino permanece en barrica se clasifican de la siguiente manera:

Crianza: En los vinos tintos el periodo de crianza en barrica de roble y botella tiene que ser de un mínimo de dos años naturales a contar desde el 1 de octubre del año de la cosecha de que se trate, seguida y complementada con envejecimiento en botella. El tiempo mínimo que debe permanecer en barrica es de un año. En el caso de blancos y rosados el tiempo total es el mismo que para los tintos, pero solo es obligatorio un mínimo de seis meses en barrica.

Reserva: En los vinos tintos el periodo de crianza en barrica de roble y botella tiene que ser de un mínimo de treinta y seis meses, con un tiempo mínimo de permanecía en barrica de roble de doce meses. En el caso de blancos y rosados el tiempo total entre crianza en barrica de roble y botella tiene que ser un período mínimo de veinticuatro meses, con una duración mínima de crianza en barrica de roble de seis meses.

Gran Reserva: En los vinos tintos el tiempo tiene que tener un mínimo de tiempo en barrica de veinticuatro meses, seguido y complementado con un envejecimiento en botella de treinta y seis meses, también como mínimo. En el caso de blancos y rosados: crianza en barrica de roble y botella durante un período total de cuarenta y ocho meses, como mínimo, con una duración mínima de crianza en barrica de roble de seis meses” Hasta aquí esa trascripción..

El Consejo Regulador de esta D.O., asentado en la ciudad de Logroño, estableció, desde su fundación en 1926, las calificaciones de las cosechas de la D.O.Ca. Rioja, que son las siguientes: en 85 años, desde 1925 hasta 2010 figuran 78 registros, de los cuales 25 amparan “buenas” cosecha; 18 “Normales”; 22 “muy buenas” y 13 “excelentes”.

Tengo a la vista el documento publicado el 4 de abril de 2012, por la revista “La Prensa del Rioja”, cuyo título es “El Rioja en cifras: Estadísticas 2011”. En este dossier queda asentado, en una información muy extensa de todo lo concerniente a hectáreas cultivadas, variedades cosechadas, kilos de uva recolectadas, litros de vino producidos y comercialización dentro y fuera de España de los vinos de la D.O Ca. Rioja.

Allí aparece que la producción de vino en 1985 fue superior a los ciento cincuenta millones de litros de vino, mientras que en 2011 alcanzó la cifra de poco mas de 250 millones de litros. La máxima producción ocurrió en el año 2000, cuando fueron elaborados más de trescientos millones de litros.

La comercialización de estos vinos, en 1985, fue de casi noventa y siete millones de litros. Dentro de España fueron vendidos casi sesenta y ocho millones de litros, en tanto que la exportación fue de más de veintiocho millones. Quince años más tarde, en el año 2000, la comercialización fue de casi ciento sesenta millones de litros. En España fueron vendidos más de ciento veinte millones, y fueron exportados casi cuarenta millones de litros. El año de 2011 la comercialización fue de casi doscientos sesenta y nueve millones de litros. Dentro de España fueron vendidos casi ciento setenta y siete millones de litros, mientras que fueron exportados casi ochenta y seis millones de litros de vino.

Los principales países que importaron estas ambrosías fueron, en 2011, los siguientes(en orden decreciente): Reino Unido (la importación fue de más de treinta millones de litros: el 33.35% del total de vino comercializado allende las fronteras de España), Alemania, Estados Unidos de América, Suiza, Holanda, Suecia, Bélgica, Irlanda, (México (los importadores de vino de nuestro país recibieron 1.959.150 litros de vino, lo que equivale al 2.13% del total) y China.

Por lo que respecta a la Denominación de Origen Ribera del Duero ---la cual comenzó a tener resonancia a partir del año 1975, cuando los principales productores de vino hicieron grandes esfuerzos por mostrar la calidad de esos caldos--- señalaré que tiene vigencia desde el año 1982, si bien ya desde tres años antes había sido otorgada, de manera provisional, a los vitivinicultores ubicados en la Comunidad Autónoma de Castilla y León, y en las provincias de Soria, Burgos, Segovia y Valladolid. En esta zona están registrados, al año 2010, poco más de ocho mil viticultores, y el número de las bodegas es de doscientas setenta y nueve. La producción en año señalado fue de casi cincuenta y siete millones de litros. Los vinos allí elaborados son casi todos tintos (utilizando la variedad emblemática de esa D.O., la cepa Tinta del País, también llamada Tempranillo), si bien los hay rosados.

En la página oficial de esta D.O. leo lo siguiente: “El nombre original de "Ribera del Duero" es propiedad de Bodegas Protos (establecida en Peñafiel, Valladolid), y era el nombre de dicha bodega desde su fundación en 1927, pero cuando se formó el Consejo Regulador de esta Denominación de Origen, Bodegas Ribera del Duero cambió su nombre a Bodegas Protos, su marca principal, y cedió el derecho de su utilización al Consejo Regulador. El Consejo Regulador en un principio se estableció en Aranda de Duero, aunque actualmente se encuentra en Roa”.

Las categorías de esos vinos son las siguientes:

Tinto joven: sin ninguna crianza en barrica, o bien inferior a los doce meses.

Crianza: con envejecimiento no menor a 24 meses, de los cuales deben ser, como mínimo, 12 en barrica.

Reserva: reposo como mínimo de 36 meses, y un mínimo de 12 meses en barrica.

Gran Reserva: envejecimiento de 60 meses, con un mínimo de 24 meses en barrica.

El Consejo Regulador de la D.O. Ribera del Duero estableció que desde 1982 a 2010 fueron registradas 29 añadas: 12 “muy buenas”; 6 “buenas”; 2 “regulares” y 9 “excelentes”.

En el portal oficial de la Bodega Santalba aparece que “Santiago Ijalba fundó su bodega familiar en 1999, tras décadas de experiencia como directivo en una de las bodegas históricas de la ciudad de Haro. Se encuentra junto al pequeño pueblo de Gimileo, en la Rioja Alta, y es también conocida como Viña Hermosa, nombre de la finca que rodea las instalaciones y de una de sus principales marcas de vino. La bodega elabora unas 600.000 botellas al año, de las que exporta más del sesenta por ciento, y cuenta con una amplia gama de vinos, que incluye blancos, rosados y tintos con las marcas Viña Hermosa, Abando, Ogga, Irep y Nabot. Posee unas diez hectáreas de viñedo propio, de las cuales dos hectáreas y media corresponden a la finca Viña Hermosa.

A su vez, dentro de esta propiedad hay una pequeña parcela ecológica que ha dado lugar al vino con mayor contenido de resveratrol natural del mundo: más de 25,5 miligramos por litro, cuando los índices habituales de este antioxidante (al que se atribuyen buena parte de los efectos beneficiosos del consumo moderado de vino en la salud) oscilan entre cuatro y seis miligramos.

El vino se elabora en una nave con depósitos de acero inoxidable de diversas capacidades, a los que se suman cinco depósitos más situados en el exterior y fabricados a medida según las indicaciones del propietario. La sala de crianza alberga unas 1.500 barricas de roble americano, francés y húngaro, apiladas en cinco alturas mediante el sistema tradicional de cuñas de madera. Los trasiegos se realizan de manera manual.

En el portal RestaurantesMadrid.com, del 23 de Mayo de 2005 fue publicada la noticia del vino con mayor cantidad de resveratrol en el mundo, elaborado por esta bodega riojana.

"Desde las más antiguas civilizaciones, la vid y el vino aparecen en las representaciones artísticas como vínculo entre hombre, tierra y espíritu. "IREP" es el nombre con el que se denomina al vino en los jeroglíficos egipcios, donde se rinde culto a esta ancestral bebida, imprescindible en ceremonias y rituales, así como en el viaje hacia el más allá". Este texto que puede leerse en el pequeño colgante asido al cuello de la botella nos explica algunas claves del nuevo vino creado por el bodeguero riojano Santiago Ijalba García. Un vino concebido con visión de futuro y que, como el propio Santiago Ijalba afirma, "es la expresión de mi compromiso personal con la búsqueda de la excelencia, desde la elección del mejor Tempranillo de Rioja Alta, a una elaboración y crianza exquisitas, porque el vino es arte y mito, rito y placer"

“En efecto "IREP 2003" representa un significativo paso adelante en su ya dilatada trayectoria como elaborador y su apuesta más decidida a la hora de aproximarse a las tendencias de vanguardia desde que puso en marcha su proyecto personal, creando la bodega "Viña Hermosa" en 1998 en las proximidades de Haro. Hace más de cinco mil años que los egipcios denominaban "IREP" al vino y esta referencia a la antigüedad y universalidad de la cultura del vino, que Santiago Ijalba ha adoptado como marca para su nuevo vino, bien podría interpretarse también como definición de su identidad, dada la clara vocación de "internacionalidad" con que ha nacido.

“Vino sometido a un proceso de elaboración muy especial, con larga maceración e intensos remontados, y en el que ha dejado su noble huella el roble francés de grano fino, sin duda debe su extraordinaria calidad y potencia a la estricta selección que se ha llevado a cabo de uvas de la variedad Tempranillo procedentes de viñedos muy viejos, con bajas producciones y situados en la Rioja Alta. Con una graduación de 13,5º, "IREP 2003" presenta en cata un color negro muy profundo con ribetes morados y su aroma es intenso y muy afrutado, con ligeros recuerdos a especias. En boca es tánico, maduro, potente y robusto, destacando su contundencia, persistencia y extraordinario cuerpo. Es un vino elaborado 100% con uvas Tempranillo, procedentes de viñedos muy viejos, con bajas producciones, situados en la Rioja Alta. Los racimos fueron despalillados y encubados en depósitos de acero inoxidable de boca ancha, donde fueron sometidos a una maceración pre-fermentativa a bajas temperaturas. La fermentación tumultuosa se realizó a temperatura controlada y con intensos "remontados" diarios, seguida de una larga maceración con sus hollejos para facilitar una mayor extracción. El vino ha permanecido en barricas de roble francés y madurado en la botella antes de su comercialización”

Acerca de este vino leí en la página www.bodegasyvinos.com, del 21 de Julio de 2011, lo siguiente: “El pasado mes de Febrero se celebró la presentación de Santalba 2.009 Ecológico en las instalaciones de Bodegas Santalba. Este vino es el resultado de un Proyecto de I+D+i realizado por esta innovadora Bodega de Gimileo en colaboración con otras empresas y Organismos Oficiales de La Rioja. Como resultado de este Proyecto, Bodegas Santalba ha obtenido mediante técnicas naturales y ecológicas de viticultura y elaboración, el vino con mayor contenido de antioxidantes naturales del mundo hasta la fecha. El resveratrol es un antioxidante natural presente en las uvas, y considerado extremadamente beneficioso para la salud humana y que se ha demostrado eficaz en:
- Acción antioxidante y antienvejecimiento.
- Favorece todo tipo de actividades biológicas relativas a la prevención del cáncer.
- Efectos antiinflamatorios.
- Actividades biológicas relacionadas con la prevención de las enfermedades cardiovasculares.
- Lucha activa contra la aparición y evolución del Alzheimer.
Santalba 2.009 Ecológico contiene 24,50 mg/litro de resveratrol absolutamente natural, certificado por la Universidad de Barcelona (Departamento de Nutrición de la Facultad de Farmacia) lo que convierte a este vino, siempre con moderación, en una fuente de salud”.

Respecto a la otra bodega cuyos vinos fueron evaluados en ocasión de la cata 217, del Grupo Enológico Mexicano, mencionaré que en la página oficial de esta empresa leí lo siguiente: “Bodegas Balbás nació en 1777, año en que empezó la construcción de la primera bodega subterránea, cumpliendo hoy más de 200 años de tradición de cuatro generaciones dedicadas a la noble tarea de concebir uno de los grandes vinos de la Ribera del Duero. Han pasado más de 25 años desde que Bodegas Balbás, junto con un pequeño grupo de bodegas, crearan y constituyeran lo que hoy conocemos como la Denominación de Origen Ribera del Duero. Desde entonces hemos intentado y logrado conjugar una tradición de más de 200 años con las más modernas y avanzadas técnicas de elaboración que hacen que nuestros vinos muestren toda la potencia y elegancia, características del "terroir" y del buen hacer de las grandes bodegas de esta Denominación de Origen."

En la revista digital Mi Vino, número 92, aparece la siguiente información: “La familia Balbás, con 200 años de historia vinatera, fue la primera en apostar por la D.O. Ribera del Duero, cuando solo se extendía por la zona burgalesa. Cuatro generaciones han acuñado el estilo Ribera y han matizado su personalidad. La producción es de unas 500.000 botellas cada cosecha---en otra fuente de información encontré que son elaboradas casi un millón de botellas cada año---: tres cuartas partes salen de sus 80 has., y la otra, de viticultores a los que en su día aportaron las cepas, los abonos, los tratamientos, el protocolo de podas, el estilo, hasta convertirlos poco menos que en socios, más que proveedores de uva”

En efecto, agrego yo, Bodegas Balbás, cuya moderna bodega se remonta al año 1989, cuenta con 80 hectáreas propias (en las fincas siguientes: Carranguix, Valdehorras y Carreportillo, La Dehesa, Zumbrin, Carremolinos,Valdellán I y Valdellán II, Rosedal, Fuentecuervos y La Calva y, Lamalata y La Horra), y unas cien de viñedos controlados. Sus vinos están ubicados dentro de varias categorías: Balbás, Alitus, Ritus, Víctor Balbás, Ardal y Germanios.

La cata “ciega” número 217, del Grupo Enológico Mexicano, correspondiente al mes de Abril de 2012, se llevó a cabo en un salón privado del restaurante “Piazza Navona”. Para esta degustación organoléptica.fueron seleccionados ocho vinos tintos de dos bodegas, adscritas a las Denominaciones de Origen Ribera del Duero y Calificada Rioja, .

La Mesa de Catadores estuvo integrada esa tarde por los siguientes enófilos: Patricia Amtmann, Juan Alberto Ochoa, Mauricio Romero Gatica, Roberto Quaas Weppen, Philippe Seguin y Miguel Guzmán Peredo.

Las calificaciones están basadas en los parámetros que maneja el Grupo Enológico Mexicano. Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 50 y los 59 puntos son considerados “no recomendables”. Si la puntuación se halla comprendida entre los 60 y los 74 puntos, son juzgados “bebibles”. Una calificación entre los 75 y los 84 puntos permite evaluarlos como “buenos”. Si el puntaje oscila entre los 85 y los 94 puntos, son juzgados “muy buenos”. En el caso de que la calificación esté comprendida entre los 95 y los 100 puntos, entonces alcanzan la categoría de “extraordinarios”.

Los resultados fueron los siguientes:

1.- Viña Hermosa Gran Reserva, cosecha 2001. Coupage de Tempranillo, Garnacha, Graciano y Mazuelo. 13.5.0% Alc. Vol. Crianza en barrica de roble estadounidense durante 26 meses y posterior reposo en botella. Denominación de Origen Calificada Rioja. Bodegas Santalba. Gimileo, Rioja Alta, España. Calificación: 92.00 puntos. Precio: $525.00

2.- Ritus, cosecha 2004. Coupage de 75% Tempranillo y 25% Merlot. 14.0% Alc. Vol. Crianza en barrica de roble francés durante dieciocho meses y posterior reposo en botella durante doce meses. Denominación de Origen Ribera del Duero. Bodegas Balbás. La Horra, Burgos, España, Calificación: 91.00 puntos. Precio: $ 719.00

3.- Viña Hermosa Crianza, cosecha 2006. Monovarietal 100% Tempranillo. 13.5% Alc. Vol. Crianza en barrica de roble estadounidense durante 15 meses y posterior reposo en botella. Denominación de Origen Calificada Rioja. Bodegas Santalba. Gimileo, Rioja Alta, España. Calificación: 89.00 puntos. Precio: $248.00

4.- Balbás Crianza, cosecha 2006. Coupage de 90% Tempranillo y 10% Cabernet Sauvignon. 14.0% Alc. Vol. Crianza en barrica de roble francés y estadounidense (50% y 50%) durante dieciocho meses y posterior reposo en botella. Denominación de Origen Ribera del Duero. Bodegas Balbás. La Horra, Burgos, España, Calificación: 88.00 puntos. Precio: $ 395.00

5.- Viña Hermosa Reserva, cosecha 2004. Monovarietal 100% Tempranillo. 13.5% Alc. Vol. Crianza en barrica de roble estadounidense durante 18 meses y posterior reposo en botella. Denominación de Origen Calificada Rioja. Bodegas Santalba. Gimileo, Rioja Alta, España. Calificación: 87.00 puntos. Precio: $362.00

6.- Irep, cosecha 2004. Monovarietal 100% Tempranillo. 13.5.0% Alc. Vol. Crianza en barrica de roble francés y posterior reposo en botella. Denominación de Origen Calificada Rioja. Bodegas Santalba. Gimileo, Rioja Alta, España. Calificación: 86.00 puntos. Precio: $541.00

6.- (Empate) Santalba Ecológico, cosecha 2009. Monovarietal 100% Tempranillo. 14.5% Alc. Vol. Crianza en barrica de roble francés durante ocho meses. Embotellado sin filtrar. Denominación de Origen Calificada Rioja. Bodegas Santalba. Gimileo, Rioja Alta, España, Calificación: 86.00 puntos. Precio: $ 544.00

7.- Balbás Barrica, cosecha 2008. Monovarietal 100% Tempranillo. 13.5% Alc. Vol. Crianza en barrica de roble estadounidense durante cuatro meses y posterior reposo en botella durante doce meses. Denominación de Origen Ribera del Duero. Bodegas Balbás. La Horra, Burgos, España, Calificación: 84.00 puntos. Precio: $ 219.00

Los catadores eligieron “mejor etiqueta” la del vino IREP y “mejor botella” la del vino RITUS.

No dejó de resultar sorprendente que en esta degustación evaluativa siete de los ocho vinos catados hayan tenido calificaciones por arriba de los 85 puntos, lo que habla claramente de su gran calidad, y por ello --de acuerdo a los parámetros del Grupo Enológico Mexicano--quedaron ubicados en la categoría de “muy buenos”.

Cuando finalizó esta degustación disfrutamos de una deliciosa cena, confeccionada por Carmine Giuliani, chef propietario del restaurante “Piazza Navona”. El menú incluyó las siguientes sabrositudes: Pappa al Pomodoro con Basilico Della Riviera (Sopa de Tomate y Pan al Perfume de Albahaca) . Scaloppa di Salmone Fresco con Salsa di Limone e Capperi (Escalopa de Salmon Fresco con Salsa de Limon Mediterraneo y Alcaparras). El postre consistió en Crema di Mascarpone con Biscotto Croccante di Cannella, Salsa ai Frutti di Bosco (Mousse de Queso Mascarpone con Crumble de Canela, Salsa de Fruta Rojas).

La armonización de los platillos fue con los vinos Viña Hermosa Gran Reserva, cosecha 2001, y Ritus, cosecha 2004, previamente evaluados.

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lunes, 9 de abril de 2012

EL MARIDAJE DE LOS GUISOS CON VINOS


El mejor banquete del mundo no merece la pena

de ser degustado, a menos de que se tenga a

alguien con quien compartirlo”.

GROUCHO MARX

JULIUS HENRY MARX

(1890-1977)

En los años 2004 y 2005 el Grupo Enológico Mexicano, en combinación con la revista “A la Carta”, llevó a cabo una serie de interesantes experiencias gastronómicas, consistentes en armonizar, en una misma comida, tres o cuatro platillos con otros tantos vinos.

Esta armonización, este maridaje de diversos guisos de la cocina mexicana con infinidad de vinos, puso de manifiesto (esa era la idea motriz de un experimento que se prolongó por diez sesiones) que la cocina mexicana, una de las más variadas y exquisitas manifestaciones coquinarias del orbe, encierra una gran cantidad de platillos susceptibles de ser armonizados con infinidad de vinos, tanto nacionales como de otros países. Por fortuna ya quedó atrás la equivocada afirmación de que los platillos de nuestra cocina no armonizaban bien con los vinos. Esta obsoleta aseveración, del todo errónea, ha sido felizmente superada, ya que la experiencia ha venido demostrando que una amplia gama de platillos de nuestra cocina encuentran su perfecto maridaje con muchos de los mejores vinos, tanto blancos como rosados, espumosos y tintos.

Estas deleitables comidas tuvieron lugar en una decena de instituciones académicas, las cuales, en su plan de estudios, tenían (y actualmente tienen), la carrera de Gastronomía a nivel de licenciatura. En estas sesiones manducatorias de gran gala los alumnos de la carrera de Gastronomía, en las respectivas universidades en la ciudad de México, tuvieron a su cargo, bajo la dirección de la persona responsable de la materia Gastronomía, la confección de los manjares motivo de esta singular experiencia, que un grupo de comensales (miembros del Grupo Enológico Mexicano, los propios directivos de cada institución académica y productores de vinos) degustaban golosos, tras de analizar inicialmente los vinos, de una manera organoléptica, y conocer luego los ingredientes utilizados por los alumnos en la confección de esas apetitosidades.

En cada una de estas comidas eran degustados cuatro vinos: dos blancos y dos tintos, acompañando cuatro platillos. Si bien el hecho de saborear manjares de gran exquisitez resultó en todas las comidas un grato placer, fueron igualmente muy importantes, a mi parecer, los comentarios de los comensales (generalmente eran 16 personas a la mesa), ya que unos opinaban que un guiso determinado les parecía más delicioso con los vinos blancos, mientras que otros juzgaban que el maridaje era idóneo con los vinos tintos. Unos opinaban que el maridaje del ingrediente principal iba muy bien con un vino tinto ---considero conveniente anotar que los cuatro vinos eran servidos simultáneamente--- , mientras que, agregaban, la guarnición armonizaba acertadamente con un vino blanco. Con esas impresiones, vertidas por quienes disfrutaron de tan sabrosos platillos, se puso de manifiesto que los vinos combinan, armonizan espléndidamente con las creaciones culinarias de la gastronomía nacional. Y el hecho de que existan opiniones diversas no hace sino fundamentar que el maridaje de manjares y de vinos es un hecho plausible y comprobable, al alcance de todos aquellos que consideran, atinadamente, que el hecho de biencomer y bienbeber es un deleite con el cual todos podemos autogratificarnos.

Me parece conveniente agregar que, a raíz del auge que viene adquiriendo el consumo de vino entre sectores de la población capitalina día a día más amplios, es frecuente escuchar diversos comentarios acerca de la armonización o maridaje, que debe existir entre los platillos y los vinos que son degustados en una opípara comida o cena. También suele decirse que debe haber consonancia ---de la misma manera se designa esta acción con el término concomitancia--- entre el alimento y la bebida, para tornar más placentero ese momento.

La palabra armonización deriva del griego harmonia, que significa acuerdo, para referirse al hecho de buscar el debido acompañamiento de un apetitoso platillo con un agradable vino, que permita apreciar la requerida conjunción de las cualidades olfativas y palatales de ambos alimentos.

Otra acción de concomitancia (el verbo concomitar significa acompañar una cosa con otra) está dada por el hecho que resulta más satisfactorio disfrutar de buenos platillos y exquisitos vinos en la compañía de personas con quienes existe cierto grado de afinidad espiritual, y es por ello que una actividad simplemente material, con fines nutricionales, queda nimbada por un halo en el cual la psiquis --el ánima— juega un papel en extremo importante. Debido a esta razón, quienes acompañan los manjares con los vinos que imaginan les resultan de alguna manera semejantes, frecuentemente manifiestan su sentir acerca de que no existe circunstancia más gratificante que aquella de estar reunidos con familiares y amigos, en el momento de saborear guisos y vinos de ostensible suculencia.

Acerca de este placentero asunto existe un interesante libro titulado Manual del vino en la Gastronomía, escrito por Mauricio Wiesenthal y editado por la bodega vitivinícola Miguel A. Torres, de Cataluña, España. En ese pequeño volumen ---pequeño por sus dimensiones, pero de innegable valía por su contenido--- el autor menciona que “Los vinos son la material carnal del recuerdo, la vendimia del tiempo perdido, el terciopelo de la memoria, la burbuja de las niñas en flor. Un buen vino es la “obertura” insustituible dela fiesta gastronómica, el estímulo de los sentidos, el mejor pretexto para la convivencia cordial de la buena mesa, y el más elegante adorno que puede lucir una mujer en sus manos. El vino es el rey de la mesa: el símbolo de la cultura más arraigada en nuestro legado histórico mediterráneo. Y, de la misma forma que saber comer es un exponente de buena educación, saber beber es una manifestación de buen gusto”.

En el libro El Ogro Filantrópico, escrito por Octavio Paz, queda señalado que Charles Fourier, filósofo nacido en 1772, opinaba que “la Gastrosofía (vocablo formado por dos raíces griegas que, en su conjunto, ---sin querer traducir literalmente--- hacen alusión a la afición, inclinación, propensión, a los deleites palatales, y, por ende, a la satisfacción alcanzada por la ingestión de exquisitos manjares) “”no sólo era la ciencia de la combinación de los alimentos sino de los convivios: a la variedad de los manjares debía corresponder la de los participantes en la comida. Los vinos, licores y alcoholes son, así lo juzgó aquel humanista francés, el complemento ---subrayado por mí---- de la comida y, así, tienen por objeto estimular las relaciones y las uniones que se anudan en torno a una mesa””.

En el libro Larouse de los Vinos hay un capítulo titulado “El Maridaje de los Vinos y los Platos”, que a la letra asienta lo siguiente: ”La alianza entre un vino y un determinado alimento es perfecta cuando ambos salen transfigurados de la unión. Pero como, por una parte, el gusto de un vino varía enormemente en función de su origen, de su añada y de su grado de madurez y, por otra parte, los platos clásicos ofrecen sutiles matices de sabor según el cocinero que los prepare, consumir reiteradas veces un determinado plato con un mismo vino puede producir una gama de sensaciones que van de las más simples a las verdaderamente inolvidables”.

A propósito de estas gratas y deleitables impresiones conviene recordar que Roque Barcia (1823-1885), un notable filólogo español, escribió acerca del placer y así dijo: ”El nombre placer significa la idea general de todo aquello que produce sensaciones agradables, así en nuestro cuerpo como en nuestra alma. Tal es la razón por la cual empleamos dicha palabra en todos los órdenes de nuestras facultades: placeres del mundo, placeres de la imaginación, placeres de la mesa. El hombre advirtió que cuando comía bien se impresionaba agradablemente, y dio a esta impresión grata el nombre de placer. El hombre notó que la idea general de placer se verificaba de muchos modos, y alcanzó a comprender la existencia de muchas relaciones. Vio que había un placer físico, como el de la comida y el de la bebida, y el de la procreación, y a este placer lo llamo gusto. El placer físico se llama gusto, el placer del sentimiento, del corazón llama alegría”.

Ese especialista de la semántica señaló que ”la palabra gusto viene del latín gustus, y este vocablo tiene su origen en la voz “gutur”, cuyo significado es garganta, porque los hombres creían que la garganta era la que nos daba la sensación de los sabores. De ese origen provienen las voces gutural y deglución”.

Los comentarios anteriores constituyen el atinado preámbulo para lo que a continuación deseo mencionar, el maridaje de un sabroso pozole casero (preparado por la cocinera de mi hogar, mi esposa, una excelente cocinera que ha cumplido cincuenta y cuatro años de incesante labor en los fogones) con un vino italiano de 24 años de edad. El Domingo de Pascua, ayer mismo, comimos este guiso tan mexicano como los propios chiles que dieron forma al adobo que lo bañaba: chiles anchos, mulatos y guajillo, con el que fue preparada la salsa. Y como ya lo había yo degustado el día anterior (recuérdese que se dice que un platillo recalentado adquiere sabores nuevos y obtiene una mejor condimentación) pensé en probar dicho guiso, nada picoso, ya que la salsa tenía un delicioso grado de cremosidad, con un vino italiano provecto. Para ello elegí de mi cava el vino Montepulciano d’Abruzzo, de la marca Italo Pietrantonj, suponiendo que tras de tan prolongado reposo, en óptimas condiciones de guarda, resultaría idóneo para el maridaje. Lo decanté y lo probé media horas más tarde.

El vino fue elaborado por la Casa Vinícola Italo Pietrantonj, ubicada en el municipio de Vittorito, en la Provincia L’Aquila, en la región de los Abbruzos, en Italia.

La botella tiene en la parte superior, a manera de collarín, una pequeña etiqueta que señala Vendemmia (cosecha) 1988. En el cuerpo de la etiqueta aparecen las siguientes inscripciones, letras blancas sobre fondo negro:

ITALO PIETRANTONJ

MONTEPULCIANO D’ABRUZZO

Vecchio

DENOMINAZIONE DI ORIGINE CONTROLLATA

Imbottigliato dal produttore all’origine

ITALO PETRANTONJ

VITTORITO (AQ) ITALIA

Questa bottiglia porta el No 50240

0.750 Lt- 12.0%

Inicialmente evalué las características sensoriales (color, aroma y sabor) de este vino. A la vista mostró un color levemente aladrillado. (He probado vinos de una vendimia de 10 años anterior al momento de la degustación y los he encontrado con halo teja más acentuado). El color era rojo brillante y su capa era media alta. Al olfato percibí aromas a ciruela pasa, y en seguida, tras de unos minutos, los aromas adquirieron características más parecidas a un oporto que a un Jerez Oloroso Viejo. A la boca su ataque fue suave, redondo, equilibrado, y al combinar con el platillo la explosión de sabores fue en verdad deliciosa. Debo confesar que no hubiera yo imaginado que un vino italiano de esa edad maridara tan excelentemente con el sabroso platillo que degusté ayer.


domingo, 18 de marzo de 2012

EL ETILISMO EN LOS GATOS Y EN LAS MOSCAS DEL VINAGRE


Ray Milland fue un talentoso actor estadounidense, quien en el año 1945 obtuvo la estatuilla dorada del Oscar de la Academia, por su genial interpretación de un alcohólico crónico en la película “The Lost Weekend” (mejor conocida por su título en español: “Días sin Huella”). En ese filme ---dirigido por Billy Wilder--- Ray Milland da vida al personaje de Don Birman, un frustrado escritor víctima del alcoholismo. Aún recuerdo las espantosas imágenes de las pesadillas que padecía ese infeliz, cuando presentaba los angustiantes cuadros de delirium tremens, que lo aquejaban después de haber bebido grandes cantidades de whisky.

He recordado aquella extraordinaria interpretación fílmica en virtud de que, en forma repetida, en la prensa nacional aparecen diversos artículos en los cuales se da cuenta del preocupante incremento que viene teniendo el alcoholismo, especialmente entre la población joven de México. Esta dependencia crónica a las bebidas etílicas viene haciendo presa de mayor número de mexicanos, de edades cada vez menores, y afecta no solamente al individuo que ingiere, repetida y excesivamente, diversos tipos de bebidas etílicas, sino también a su entorno familiar, y para paliar sus gravísimas consecuencias han sido establecidas diversas acciones preventivas, a cargo de las autoridades sanitarias de nuestro país.

Por otro lado, y este es el motivo principal de este escrito, quiero referirme a un artículo escrito por el doctor Jaime Roig, publicado en la revista “Semana Médica de México” hace aproximadamente cuarenta años. Esta publicación ---de amplia circulación entre los profesionales de la medicina de México---, fundada y dirigida por el doctor Alfredo Márquez Campos, dio cabida a infinidad de colaboraciones no únicamente de carácter científico sino también humanístico. Y entre muchas otras apareció esta nota en torno al alcoholismo, titulada “Días sin huella para gatos”, de la cual haré una breve sinopsis, pues la considero en extremo interesante.

Así es que dejo la pluma al doctor Roig, quien escribió la siguiente historia, que ahora yo condenso, dada la extensión de ese ensayo médico.

En los laboratorios de fisiología hay muchedumbre de perros y ratones, pero el gato, siempre tan mañoso, ha escapado de esa experimentación, sin poner en juego sus siete vidas. Y aunque Pavlov escogió al perro en sus experimentos de acondicionamiento, ahora se busca en el gato la respuesta de muchos interrogantes a los problemas de adaptación, tanto a las condiciones exteriores como a los conflictos íntimos.

En una película científica, presentada por una gran firma de productos farmacéuticos, vi la manera cómo se expone la adaptación de un gato para resolver sus problemas de duda. Empieza la película con la formación del clásico reflejo condicionado. El gato destapa una caja y en ella encuentra un pastelito de pescado. Para abrir la tapa se apoya sobre una palanca. Luego aprende que una señal acústica le permite acercarse a la palanca. Se establece así una serie de señales: acústica-palanca-caja-pastel de pescado. El gato se siente feliz. En este momento se presenta al gato un plato de leche con una pequeña cantidad de alcohol. El animal rechaza enérgicamente esa mezcla. Si le son ofrecidos dos platos, uno con leche pura y el otro con leche y alcohol, nunca se equivoca en tomar el alimento puro. Incluso si se le distrae y son cambiados los platos de lugar, el gato olfatea el engaño y vuelve otra vez a tomar el alimento sin tóxico.

Establecidas así las cosas, se llega a experimento crítico. En el interior de la caja de donde hasta ese momento habían salido pastelillos de pescado, de cuando en cuando sale una corriente de aire frío, que da al gato una sensación no traumática pero sí desagradable. Y más que desagradable, desorientadora, pues en el mundo de los gatos las cosas deben ocupar su lugar adecuado; las cajas son para guardar alimentos y no para disparar huracanes en miniatura.

El experimento se repite en la misma secuencia, y en ocasiones sale el pescado y otras el aire frío. El gato empieza a mirar la caja con desconfianza. A veces, en la secuencia condicionada: acústica-palanca-caja-pastel de pescado, el gato comete errores. A la tercera ocasión que se ve chasqueado se aleja de la caja y se va a un rincón, desde donde dirige miradas de temor al aparato.

Nuestro gato pierde el apetito, no tan sólo del alimento que viene de la caja, sino de cualquier otro origen. Si se le da leche con alcohol, el animal la bebe sin vacilar. El tóxico determina un efecto notable. Mientras dura su excitación, vuelve el gato a probar la secuencia condicionada. Ya no tiene recelo, e incluso recibe el aire frío en la cara con una cierta impavidez, y ya se pasea por el recinto sin importarle nada la caja de las sorpresas.

El efecto, como es natural, se disipa. Entonces el gato vuelve a sentirse apocado y confuso. En este momento se le ofrecen al felino cinco platos de leche, pura en cuatro y con una dosis de alcohol en el plato restante. El gato, sin vacilar un instante, consume éste hasta el fin. Si el experimento continúa bastante tiempo el animal se alcoholiza y no puede dejar de tomar su tóxico, aún cuando las circunstancias exteriores se hayan normalizado.

Para que ese gato vuelva a ser el gato que vimos al principio debe procederse a un tratamiento psiquiátrico, que haga renacer su confianza. Poco a poco el animal olvidará su vicio y llegará a aborrecer la leche alcoholizada. El fenómeno es reversible, en tanto no haya motivos de frustración exteriores. Cuando en el universo gatuno las cosas ocurren como dicta su ley natural, el gato no necesita alcohol. De no necesitarlo, en pocos días llegará a odiarlo. Hasta aquí la referencia al escrito del doctor Roig.

El tratamiento del alcoholismo en los seres humanos no es tan fácil y tan rápido como en el gato motivo del anterior experimento. Las motivaciones implícitas en el ánimo de una persona que presenta acentuada proclividad hacia las bebidas etílicas, son muy complejas. Puede hablarse de frustraciones, temores, pesares, sentimientos de angustia, congojas y aflicciones, como causa predisponente, o determinante, del alcoholismo. Y para abolir, o por lo menos frenar, estos factores se requiere la intervención de un psicólogo o de un psiquiatra, para poner las cosas en su lugar. Hasta aquí la trascripción de aquel escrito médico.

En un reportaje publicado ---el 15 de marzo de 2012, hace tres días--- en el periódico "El País", de España, Alicia Rivera hace referencia al "experimento que han hecho unos investigadores estadounidenses, y que ellos mismos reconocen que empezó como una idea realmente loca, parece una historia sacada de la vida misma o de una película. Ella me dijo no, me doy a la bebida, sería el título. Los científicos lo han hecho con moscas del vinagre (Drosophila melanogaster) y lo que han encontrado es un mecanismo molecular directamente implicado en la reacción del cerebro a la gratificación o su ausencia. Los machos del ensayo de laboratorio, cuando son rechazados por las hembras, se dan al alcohol, mientras que los sexualmente satisfechos, se abstienen.

“La cosa empezó en un laboratorio de la Universidad de California en San Francisco, recuerda Galit Shohat-Orphir. Los investigadores sospechaban que podría haber algún mecanismo cerebral que relacionase las experiencias como el rechazo sexual con estados psicológicos como la depresión del sistema cerebral que responde a la gratificación. Decidieron probar. Ahora presentan los resultados del trabajo en la revista Science.

“En el experimento se forman dos grupos moscas macho para ser sometidas a dos experiencias sexuales distintas, explican los científicos. Unos machos pasan sesiones de una hora de duración de rechazo por parte de hembras que ya se han apareado, tres veces al día durante cuatro días. “Esto suprime el comportamiento de cortejo de los machos incluso ante hembras receptivas”, escriben Shohat-Ophir y sus colegas en su artículo. Los del otro grupo “experimentan sesiones de seis horas de apareamiento con múltiples hembras vírgenes receptivas, en una proporción de uno a cinco, durante cuatro días”. En el siguiente paso, los machos no satisfechos sexualmente se ponen en un nuevo recipiente en el que pueden elegir entre alimento normal y alimento al que se ha añadido un 15% de alcohol, y esas moscas que no se han podido aparear eligen preferentemente el segundo, mientras que los machos satisfechos, ante la misma elección, rechazan el alimento con etanol.

“Los machos sexualmente satisfechos se abstienen de consumir etanol

“La diferencia de comportamiento responde a lo que pasa en el cerebro de unos y de otros, explican los científicos. Según han descubierto, una pequeña molécula (denominada neuropéptido F) en el cerebro de las moscas, o más bien el nivel de esas moléculas, gobierna las diferentes conductas. El neuropéptido en cuestión es un regulador de la búsqueda de gratificación. Así, los machos que logran aparearse con éxito tienen gran cantidad de esa molécula en el cerebro, mientras que los rechazados tienen niveles inferiores y buscan una gratificación alternativa consumiendo alcohol hasta la intoxicación.

“Los investigadores han verificado este hallazgo haciendo también experimentos con moscas transgénicas. Mediante ingeniería genética pueden hacer manipulaciones del nivel del neuropéptido F. Cuando aumenta la producción de esa molécula en el cerebro de machos que no se han apareado, actúan como si estuvieran satisfechos sexualmente y rechazan voluntariamente el alcohol. Sin embargo, cuando el nivel del neuropéptido es bajo, los machos, aunque estén satisfechos sexualmente, actúan como si hubieran sido rechazados por las hembras y se dan a la bebida.

“Una molécula similar en humanos, el neuropéptido Y, puede igualmente disparar los comportamientos como el consumo excesivo de alcohol, y los investigadores se plantean que tal vez sea una pista para, en el futuro, poder tratar mediante este mecanismo los problemas de las adicciones. De hecho, recuerdan los científicos, los niveles del neuropéptido Y en el cerebro humano se reducen en personas que sufren depresión y problemas postraumáticos, lo que puede predisponerlas al alcohol. Pero se tardará tiempo en poder abordar este hallazgo en moscas como nuevo enfoque terapéutico en humanos, advierten los expertos. La molécula en cuestión está implicada, además, en la alimentación, la ansiedad y el sueño”.

Es de esperarse que estas investigaciones prosigan, para que de estos alentadores resultados se puedan derivan terapias específicas para controlar el inmoderado consumo de bebidas etílicas, y que este lacerante problema social pueda tener una terapia realmente efectiva.

miércoles, 14 de marzo de 2012

LOS VINOS DE ESPAÑA


Fecundi calices quem non fecere disertum

¿A quién no hicieron elocuente las copas generosas?

PUBLIO TERENCIO (185--159 AC

España es el país que cuenta con mayor extensión de su viñedo, un poco superior a un millón cien mil hectáreas, lo que significa el quince por ciento del total mundial. Su producción de vino, de aproximadamente cuatro mil quinientos millones de litros, lo coloca en el tercer lugar en el mundo, por atrás de Francia e Italia. Las regiones vitivinícolas hispanas están distribuidas en Andalucía, Aragón, Castilla-La Mancha, Comunidad de Castilla y León, Comunidad Valenciana, Extremadura, Galicia, Islas Baleares, Islas Canarias, La Rioja, Madrid, Murcia, Navarra y el País Vasco. El número de las Denominaciones de Origen registradas para sus vinos suma sesenta y nueve, desde Abona hasta Yecla.

Por varios años España ocupó el segundo sitio como productor de vino, pero cabe decir que en el portal Vitisphere.com del 21 de febrero de 2012 aparece información reciente en torno a la producción de vino en Francia, Italia y España. Allí leo: “ De acuerdo a las cifras más recientes del Observatorio Español del Mercado del Vino (OEMV), en 2011 Italia no se significó como el segundo productor mundial de vino por su volumen. España superó a Italia por corto margen. La vendimia de 2011 representó una producción de 40.3 millones de hectolitros (cuatro mil trescientos millones de litros), mientras que Italia elaboró 40.20 millones de hectolitros (cuatro mil doscientos millones de litros). Francia continúa en primer lugar, con una producción de 50.3 millones de hectolitros (cinco mil trescientos millones de litros) de vino. En lugares descendentes se encuentra Estados Unidos de América, cuya producción fue de 1.870 millones de litros. Argentina, que produjo 1.460 millones. Australia, con 1.050 millones. Chile, con un producción similar, y en seguida China, con una producción total de vino de 1.040 millones de litros”. Hasta aquí esa cita.

El día 22 de febrero de 2012 el documentado boletín Diario del Vino recogió la información vertida por ICEX (Instituto de Comercio Exterior de España), donde queda señalado que El consumo de vino en México continúa en una etapa de desarrollo, aunque la cantidad per capita no supera los 500 ml. En la participación de las bodegas, las vitivinícolas locales sólo tienen de un 30 a un 35 por ciento del mercado. El resto es provisto por empresas extranjeras. El total de etiquetas en oferta hoy superan las dos mil.

“En este sentido, podemos considerar el mercado del vino en México como un mercado totalmente en crecimiento, donde cada año aumenta tanto la producción de vino nacional e importaciones de vino extranjero, como el consumo de vino. Por otro lado, cabe resaltar que en México actualmente se encuentra una cantidad importante de marcas (más de 2.000 etiquetas, 1200 de las cuales son españolas) para el nivel de consumo del país. Este hecho provoca que exista una situación de saturación de mercado para nuevas marcas, si bien es cierto que siguen existiendo nichos de mercado para determinados vinos.

“España es el principal proveedor de vino en México en términos de valor, con una cuota de mercado del 31,12% del total de importaciones en 2010. Sin embargo, desde el año 2007, Chile lidera el ranking en importaciones en términos de volumen (litros). Aun así, el vino español goza de una percepción y prestigio excelentes, en especial, las D.O. Ribera del Duero y Rioja, las más conocidas entre los consumidores”. Hasta aquí esa trascripción.

Otra interesante información es la que leí en el boletín on-line Día a día del Vino, del jueves 23 de febrero de 2012. Allí se consigna que España comercializó en los mercados de exportación dos mil doscientos treinta y un millones de litros de vino. Según la información proporcionada por el Observatorio Español del Mercado del Vino (OEMV), las exportaciones españolas de este producto crecieron en volumen, en 2011, un 26,3%, hasta alcanzar los 2.230,9 millones de litros, frente a los 1.766,3 millones obtenidos en 2010.

Por otro lado, en los mismos días de haber sido publicadas las noticias anteriores, apareció en la prensa (periódico Milenio, del 23 de febrero) la noticia de que, en ocasión de la Sexta Muestra de Vinos de España, en la ciudad de México, Francisco Garzón ---de la Oficina Económica y Comercial, de la Embajada de España en nuestro país--- había declarado que “Las importaciones de vino español (en México) ascendieron a cincuenta y dos millones de dólares, entre enero y noviembre de 2011, lapso en el cual España exportó a nuestro país trece millones de litros de vino” Y agregó: “En el mercado nacional se consumen al año aproximadamente sesenta y cinco millones de litros de vino, de los cuales 70 por ciento son de exportación. Del universo de vinos foráneos 25 por ciento provienen de España”.

La cata “ciega” mensual número 216, del Grupo Enológico Mexicano, correspondiente a Marzo de 2012, se llevó a cabo, en un salón privado del restaurante “Piazza Navona”. Para esta degustación analítica fueron seleccionados ocho vinos españoles, de cuatro Denominaciones de Origen: Rías Baixas, Ribera del Duero, Rioja, y Rueda, los cuales son comercializados en México por la empresa Enopremium.

La Mesa de Catadores estuvo integrada esa tarde por los siguientes enófilos: Patricia Amtmann, Alejandra Vergara, Roberto Quaas Weppen, Rafael Fernández Flores, Carlos Ruíz, Gustavo Riva Palacio, José Del Valle Rivas, Raymundo López Castro, Philippe Seguin, Joaquín López Negrete, Luigi Vecchio y Miguel Guzmán Peredo.

Las calificaciones están basadas en los parámetros que maneja el Grupo Enológico Mexicano. Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 50 y los 59 puntos son considerados “no recomendables”. Si la puntuación se halla comprendida entre los 60 y los 74 puntos, son juzgados “bebibles”. Una calificación entre los 75 y los 84 puntos permite evaluarlos como “buenos”. Si el puntaje oscila entre los 85 y los 94 puntos, son juzgados “muy buenos”. En el caso de que la calificación esté comprendida entre los 95 y los 100 puntos, entonces alcanzan la categoría de “extraordinarios”.

Los resultados fueron los siguientes:

Vinos blancos:

1.- Mar de Envero Albariño, cosecha 2009. Monovarietal 100% Albariño. 12.5% Alc. Vol. Denominación de Origen Rías Baixas. Elaborado sobre lías. (elaborado para Mar de Envero, S.L.) Santiago de Compostela, Galicia, España. Calificación: 87.00 puntos. Precio:$ 330.00

2.- Reina de Castilla Verdejo, cosecha 2008. Monovarietal 100% Verdejo. 13.0% Alc. Vol. Denominación de Origen Rueda. S.C. Bodega Reina de Castilla. La Seca, Valladolid, España. Calificación: 85.80 puntos. Precio: $ 270.00

3.- Viña Vilano Verdejo, cosecha 2008. Monovarietal 100% Verdejo. 12.5% Alc. Vol. Denominación de Origen Rueda. Bodega Viña Vilano Sociedad Cooperativa. Pedrosa de Duero, Burgos, España. Calificación: 83.00 puntos. Precio: $ 270.00

4.- Conde de Valdemar Blanco Viura, cosecha 2009. Monovarietal 100% Viura. 13.0% Alc.Vol. Denominación de Origen Calificada Rioja. Bodegas Valdemar, S.A Oyón, Rioja Alavesa, La Rioja, España.. Calificación: 82.90 puntos. Precio: $ 146.00

Vinos Tintos

1.- Acón, crianza, cosecha 2006. Monovarietal 100% Tempranillo (Tinta Fina) . 13.5% Alc Vol. Denominación de Origen Calificada Rioja. Abadía de Acón, S.L. Castrillo de la Vega, Burgos, España. Calificación: 86.80 puntos. Precio: $ 449.00

2.- Viña Vilano, crianza, cosecha 2006. Assamblage de 90% Tempranillo y 10% Mazuelo. 13.5% Alc. Vol. Denominación de Origen Ribera del Duero. Bodega Viña Vilano Sociedad Cooperativa. Pedrosa de Duero, Burgos, España. Crianza de 14 meses en barricas de roble francés y estadounidense y posterior reposo en botella durante 6 meses. Calificación: 85.00 puntos. Precio: $ 315.00

3- Altún, crianza, cosecha 2005. Monovarietal 100% Tempranillo. 13.5% Alc Vol. Denominación de Origen Calificada Rioja. Bodegas Altún, S.L.. Baños de Ebro. Rioja Alavesa. La Rioja, España. Calificación: 84.40 puntos. Precio: $ 368.00

4.- Conde de Valdemar, crianza, cosecha 2005. Monovarietal 100% Tempranillo. 13.5% Alc. Vol. Denominación de Origen Calificada Rioja. Bodegas Valdemar, S.A. Oyón, Rioja Alavesa, La Rioja, España. Calificación: 83.50 puntos. Precio: $ 274.00

La Mesa de Catadores eligió como “mejor botella” y “mejor etiqueta”, en el caso de los vinos blancos, la del vino Mar de Envero Albariño. En el caso de los vinos tintos degustados, la “mejor botella” y “mejor etiqueta”, fue la del vino Viña Vilano.

Al concluir esta cata “ciega” de vinos españoles, presentes en el mercado enológico mexicano merced a la comercialización que de ellos hace la empresa Enopremium, disfrutamos de una exquisita cena, preparada por Carmine Giuliani, chef propietario de ese excelente restaurante, con los siguientes manjares: Asparagi al Vapore con Salsa Salpicón (Espárragos Tibios con Salsa Salpicón, Jitomate, Pepino, Apio y Aceite Extra Virgen), como entrada. Luego sirvieron Petto di Pollo Ripieno con Funghi Selvatici (Pechuga de Pollo Rellena con Hongos Mixtos). El postre consistió en Sfogliatina Croccante con Crema e Fragole in Coppa (Copa de Mil Hojas Crujiente con Crema y Fresas). El agasajo palatal concluyó con una taza de aromático café. Acompañamos los guisos con dos vinos blancos, Conde de Valdemar Viura y Mar de Envero Albariño, y con dos tintos: Altún, crianza, y Acón, crianza.

viernes, 9 de marzo de 2012

LOS LIBROS QUE SE OCUPAN DEL VINO

La publicación de una extraordinaria obra literaria cuyo título es El cáliz de letras. Historia del vino en la literatura, escrita por el filólogo Miguel Ángel Muro Munilla (volumen que incluye mil seiscientas citas relacionadas con el vino, de cuatrocientos escritores, desde los clásicos griegos hasta los literatos más recientes), editada por la Fundación Dinastía Vivanco para la Investigación y Divulgación de la Cultura e Historia del Vino me hizo pensar en la conveniencia de redactar un artículo en el cual hiciera referencia a los libros que, siendo posible encontrarlos en el mercado editorial de México, se ocupan de los diferentes aspectos de esta deleitable materia.

Para entrar en materia al ocuparme de los libros que versan en torno al vino, comenzaré por decir que hoy en día (a diferencia de hace algunos años) es frecuente encontrar en las principales librerías del Distrito Federal un crecido número de obras que hacen referencia a los plurales aspectos del vino. El primer libro que yo recomiendo, para quienes desean empezar a conocer lo que es el vino, cómo está elaborado, cuáles son los principales países productores en el mundo, y cuáles son los vinos más prestigiados de todos, lleva por título Vino para dummies. Fue escrito por Ed McCarthy y Mary Ewing-Mulligan, y lo publicó en Bogotá, Colombia, el Grupo Editorial Norma, en 1996. Es un magnífico volumen, ideal para los principiantes en este fascinante tema.

Una obra mucho más compleja —pero en nada reñida con la amenidad y la claridad en los conceptos—, porque hace cabal referencia a la forma cómo se degustan los vinos, mediante los órganos de los sentidos (vista, olfato, gusto, tacto y oído) es El gusto del vino. El gran libro de la degustación, escrito por un notable enólogo francés, Emile Peynaud, una de las personalidades más brillantes en el mundo del vino. Ediciones Mundi Prensa, de Madrid, España, publicó este libro en 1987. En este hermoso libro el lector conocerá a fondo la manera de evaluar analíticamente los vinos, por medio de la percepción de sus características organolépticas: aspectos visuales, olfativos y gustativos, principalmente.

Considero necesario incluir un libro más en esta breve relación de obras concernientes al vino. Escrita por André Dominé, la obra titulada escuetamente El vino (cuya versión original en lengua alemana fue vertida al castellano en una edición publicada en Barcelona, España, por la editorial Könemann, en el año 2001) es un enciclopédico tratado de 928 páginas, bellamente ilustrado con centenares de fotografías a colores. Su amplísimo contenido hace mención a los orígenes del vino, a las centenares de variedades de uvas que se emplean para elaborar este báquico elíxir, la manera de degustar los vinos, y después pasa revista a los vinos producidos en todos los países con tradición vitivinícola.

Un libro de lectura obligada para quienes desean tener un conocimiento preciso acerca de los principales países productores de vino en el orbe, es el que lleva por título El Vino: Atlas mundial de vinos y licores, escrito por Hugh Johnson, una de las personalidades más renombradas, a nivel mundial, en esta deleitable materia. Publicado en Barcelona por la Editorial Blume, la tercera edición de esta obra ---1986--- es un valioso volumen que se ocupa de pasar revista a una amplia gama de asuntos estrechamente relacionados con la elaboración del vino, para luego ocuparse de los vinos de Francia, Alemania, Suiza, Austria, España, Portugal, Hungría, Italia, Checoslovaquia (cuando apareció este libro no se había dividido este país en dos naciones: Eslovaquia y la República Checa), Yugoslavia, Rumania, Bulgaria, África, Grecia y Chipre. En el capítulo dedicado a los vinos del Nuevo Mundo (designación ésta de los vinos producidos fuera de los países tradicionalmente productores de vinos, como los arriba enlistados) incluye a Chile, Argentina, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Estados Unidos de América, México e Inglaterra.

Para conocer lo más sobresaliente de los vinos y destilados elaborados en Francia nada mejor que leer el libro Vinos y Espirituosos de Francia (editado en Paris, en 1989, por Sopexa, un organismo oficial del gobierno francés, encargado de promover los productos agroalimentarios de ese país europeo). Allí queda asentado que “Desde la creación, en 1935, del Instituto Nacional de las Denominaciones de Origen (INAO, por sus siglas en francés: Institute National des Appellations d’Origine) el código de las AOC o Appelations d’Origine Controlée rige la existencia de los grandes vinos franceses”. Cabe agregar que en Francia existen trece grandes zonas vitivinícolas, que a continuación enlisto por orden alfabético: Alsacia, Beaujolais, Borgoña, Burdeos, Córcega, Champagne, Jura, Languedoc-Rousillon, Loira, Provenza, Saboya, Sud-Ouest y Valle del Ródano. Se estima que hay poco más de ciento cincuenta Denominaciones de Origen Controladas, para clasificar a los vinos del país galo, que están dentro de 4 grandes categorías: la más alta es aquella que ostenta en la etiqueta la frase Appellation d’Origine Controlée (AOC), la segunda es aquella cuyas siglas son AO-VDQS (Appellation d’Origine Vin de Qualité Superieure). La siguiente en escala descendente es la de Vin de Pays (vino de país, como sinónimo de región determinada); en tanto que la inferior es la correspondiente a los Vins de Table (vinos de mesa).

Por lo que concierne a los libros cuyo contenido es el vino de México, mencionaré dos hermosos libros. Uno lleva por titulado El vino mexicano. Raíz, sarmiento y frutos. En los créditos aparecen como autoras Carla Faesler y Rocío Cerón, y como fotógrafo Michael Calderwood. Esta obra fue publicada en la ciudad de México por la empresa Revimundo México, en 2003. En ella se hace detenida alusión a la mayor parte de las bodegas vitivinícolas de nuestro país. El otro es Arraigo y florecimiento. Historia de una familia. Fue editado, igualmente en la ciudad de México, por la empresa Vinícola L. A. Cetto, también en el año 2003, para conmemorar el aniversario número 75 de esa importante compañía nacional productora de vinos. Allí queda consignada la historia de una familia consagrada a la elaboración de excelentes vinos. Comienza esta relación con la llegada a México del italiano Angelo Cetto, en 1924, cuyos descendientes han continuado con laencomiable tradición de hacer florecer una prestigiada bodega vitivinícola. El texto fue escrito por Graciela de la Vega, y las fotografías fueron captadas por Michael Calderwood.

Aquellas personas interesadas en conocer los pormenores de las cualidades salutíferas de la bebida que tuvo sus orígenes hace más de seis mil años, encontrarán en el libro ¡A tu salud!, cuyo subtítulo si bien largo es muy claro por su contenido: Los sorprendentes efectos preventivos y terapéuticos del vino (escrito por David O’ Gorman y publicado en Málaga, España, por la Editorial Sirio, en 2003., información valiosa acerca de estos asuntos. El autor hace mención al desenvolvimiento histórico del vino como deliciosa bebida, cuyo consumo (sin pasar por alto su empleo externo como sustancia desinfectante utilizada en los vendajes, para cubrir las heridas en la piel), cotidiano y moderado, es del todo recomendable, ya que permite que el organismo humano reciba numerosas sustancias químicas, como los polifenoles, resveratroles, antocianos, flavonoides, etc, cuya acción benéfica es innegable. Esta obra es una documentada relación desde el punto de vista médico, del favorable efecto del vino sobre el organismo humano.