sábado, 9 de febrero de 2013

PRECIADO RECONOCIMIENTO A MIGUEL A. TORRES




En varias ocasiones he tenido la grata oportunidad de comer en compañía de Miguel A. Torres, Presidente de la empresa vitivinícola Bodegas Torres, que forma parte de la selectísima lista de Primum Familiae Vini (una organización que únicamente cuanta con once asociados, en todo el mundo), integrada por bodegas familiares de luenga tradición vinícola. En numerosas catas "ciegas" el Grupo Enológico Mexicano ha llevado a cabo degustaciones de los vinos de esta importante empresa que cuenta con filiales en California (Estados Unidos de América) y en Chile.

Ahora bien, en el prestigiado portal DIARIO DEL VINO apareció publicado, hace dos días,  el texto que aparece líneas abajo, en el cual se  hace amplia referencia al merecido galardón otorgado hace unos días  al vitivinicultor catalán Miguel A. Torres.

He solicitado al Sr. Ricardo E. Brizuela, Director de esa publicación, su autorización para reproducir tan interesante documento en el blog EL LEGADO DE DIONISIOS, a lo cual él ha accedido amablemente.

A continuación aparece el texto de ese reconocimiento.

Miguel A. Torres, galardonado por el trabajo de toda una vida
Vilafranca del Penedès, 5 de febrero de 2013.- El presidente de Bodegas Torres, Miguel A. Torres, ha recibido el Lifetime Achievement Award otorgado por la prestigiosa revista estadounidense Wine Enthusiast, en reconocimiento a sus más de cinco décadas de carrera profesional, su visión internacional y su preocupación por seguir unas prácticas sostenibles y ecológicas.

La revista ha destacado el papel de Miguel A. Torres como pionero en la utilización de técnicas modernas para la producción del vino, como líder en la globalización del vino –destacando la presencia de Torres en más de 160 países–, como visionario y como incansable embajador internacional de los vinos españoles.

En su discurso de aceptación del premio, Miguel A. Torres manifestó: “Es para mí un enorme orgullo y un honor, y me gustaría darle las gracias a Adam Strum, a su familia y a todo el equipo de WineEnthusiast por este premio. Pero también me gustaría destacar la importancia y dedicación del equipo internacional de Torres, incluido nuestro importador Dreyfus & Ashby, pero sobre todo el extraordinario trabajo y esfuerzo de mi propia familia: mi esposa Waltraud, que me ayudó a crear la empresa y a criar a nuestros tres hijos, Anna, Mireia y Miguel, y, por supuesto, a mis hermanos Marimar y Juan María”.

“Miguel Torres ha transformado el mundo del vino, no solo siendo un ejemplo para la modernización de la industria del vino en España, sino a escala mundial”, dijo Adam Strum, director y redactor de Wine Enthusiast. “Ha ayudado a difundir el consumo de vino en China en su papel como principal importador y minorista, y ahora se está moviendo a India y más allá. Encantador y carismático, Torres es respetado en todo el mundo por su innovación, diligencia y liderazgo en el mundo del vino”.

Estos prestigiosos premios se conceden anualmente basándose en los votos de los redactores, críticos y periodistas relacionados con la revista Wine Enthusiast, una publicación líder en información sobre el vino con más de 700.000 lectores en todo el mundo. Desde 1999, los Wine Star Awards de Wine Enthusiast distinguen a las personas, organizaciones y empresas cuyo trabajo en el sector del vino destaca en cuanto a calidad y proyección internacional. La gala de entrega de premios se celebró el 28 de enero en la Biblioteca Pública de Nueva York y reunió a la flor y nata de la sociedad neoyorquina y a destacadas personalidades del mundo del vino y de la alta cocina.

Sobre Bodegas Torres.

El apellido Torres está relacionado con el vino desde hace más de tres siglos, cuando la familia plantó las primeras viñas en el Penedès. Desde su fundación en 1870, Bodegas Torres ha conseguido combinar la tradición y la innovación con el objetivo de liderar el sector del vino y brandy de primera calidad, produciendo siempre con el máximo respeto por el medio ambiente. Esta tradición familiar ha sido escrupulosamente respetada a lo largo de los siglos, y la empresa ha pasado de padres a hijos. Hoy, la cuarta generación de la familia –el presidente Miguel A. Torres y los vicepresidentes Juan M. Torres y Marimar Torres– supervisa la paulatina transición a la quinta generación, representada por Arnau Torres-Rosselló, Mireia Torres-Maczassek, Cristina Torres y Miguel Torres-Maczassek, que recientemente ha asumido el cargo de director general de la empresa.

Desde el principio, las exportaciones han sido uno de los principales pilares de la empresa y hoy pueden encontrarse vinos Torres en más de 160 países de todo el mundo. En España, Bodegas Torres tiene viñedos en las siguientes Denominaciones de Origen: Penedès, Conca de Barberà, Priorat, Jumilla y Costers del Segre, y bodegas en Penedès, Priorat, Ribera del Duero, La Rioja y Rueda. Fuera de España, Torres también tiene viñedos y bodegas en Chile (Valle Central) y California (Russian River Valley, bajo la dirección de Marimar Torres).

Torres factura alrededor de 215 millones de euros (2011) y posee 2.272 hectáreas de viñedos, de las cuales 1.800 están en España, 440 en Chile y 32 en California, y tiene más de 1.300 empleados. Nuestras fincas más prestigiosas son Mas La Plana, Grans Muralles, Reserva Real, Perpetual, Fransola, Milmanda, Manso de Velasco (Chile), los viñedos Don Miguel y Doña Margarita (California), y la bodega Jean Leon, dirigida por Mireia Torres-Maczassek, que también se encarga de la bodega del Priorat.

La mayoría de los vinos de finca españoles envejecen en la nueva Bodega Waltraud, así llamada en honor de la esposa alemana de Miguel A. Torres –Waltraud Maczassek–, que inició y dirigió las exportaciones a Alemania, hoy uno de sus mercados más importantes. En la actualidad, Waltraud Maczassek es presidenta de la Fundación Miguel Torres, que promueve proyectos de colaboración social para fomentar la conservación del medio ambiente y la protección de la infancia construyendo escuelas y hogares.


viernes, 1 de febrero de 2013

LOS VINOS DE POSTRE: SAUTERNES Y TOKAJ ASZÚ



El gusto de un buen vino es recordado
mucho tiempo después de que el precio
ha sido olvidado.

HUBRECHT DUIJKER (1942)


Una primera clasificación de los vinos permite ubicarlos en las siguientes cuatro grandes categorías: tranquilos o naturales (que comprende los vinos blancos, rosados y tintos); espumosos (de los cuales el Champagne y el Cava son los dos principales exponentes); generosos o fortificados (también llamados “encabezados”, cuya potencia etílica se halla comprendida entre los dieciocho y los veinticuatro grados), como el Oporto y el  Madeira, de Portugal; el Jerez, el Málaga y el Montilla-Moriles,  de España; y el Marsala, de Italia);  y  aromáticos, como el Vermouth.

Los vinos aromáticos son el resultado de combinar un vino tranquilo, blanco o tinto (cuyo grado etílico oscila entre los diez y los catorce), con hierbas, flores o frutos. Y los licores son producto de la mezcla de un destilado con hierbas, flores y frutos, teniendo un grado alcohólico entre los veintiocho y los cuarenta o cuarenta y cinco grados. Los llamados vinos licorosos son aquellos en  los que el porcentaje de alcohol es mayor, sin haber sido mezclados con ninguna otra sustancia, ni aromática ni etílica.

En la clasificación señalada líneas arriba, dentro de la categoría de vinos tranquilos o naturales,  pueden ser incluidos los vinos llamados “licorosos” (que pueden ser blancos o tintos), cuyo grado de azúcar residual es como mínimo de 50 gramos/litro. Estos vinos son llamados, igualmente, Vinos de Postre: dessert wines, pudding wines, dessertwein, cosecha tardía y late harvest.

En el mundo del vino existen, en el capítulo de los vinos blancos dulces, varias ambrosías etílicas, entre las cuales figuran los vinos de Sauternes y de Barzac, de la región de Burdeos, en Francia, y el Tokaj Aszú,  del área denominada Tokaj,  en Hungría. Otros de estos vinos llevan por nombre Vin de Paille (Vino de Paja) y el Vin Jaune (Vino Amarillo), propios de la región del Jura, en Francia. El vino llamado Eiswein (Vino de Hielo) lo es de Franconia y Rheinhessen, en Alemania, y  de las regiones de Neusiedlersee y de Burgenland, en Austria,  mientras que el Icewine (Vino de Hielo) lo es de Columbia Británica y de Ontario,  en Canadá.  Esta clase de vino es llamado en Francia Vin de Glace, y en Italia Vino di Ghiaccio. En fecha reciente en España (en Valladolid y en el Penedés) se ha comenzado a producir un vino de esta clase, que lleva el nombre de Vino de Hielo.. Estas ambrosías son ideales para acompañar el foie gras, los quesos azules y ciertos postres, constituyendo uno de los maridajes entre guisos y vinos más sorprendente que existe en  la gastronomía.

Entre los vinos de Sauternes el más famoso es el Chateau D’Yquem, mítico vino de postre de fama mundial, cuyo precio estratosférico y extraordinaria calidad son distintivos de este néctar, el único vino blanco que en la clasificación de Burdeos, de 1855, figuró como Premiur Cru   al lado de tres vinos tintos, hoy en día clasificados entre los mejores del orbe por su excepcional calidad.

Pero, ¿qué hace tan especial al vino Chateau D’Yquem, que se cotiza regularmente a precios sorprendentemente altos?. La respuesta bien puede ser la siguiente: las uvas con las que están elaborados esos vinos tienen alta concentración de azúcar, y el vino resultante se caracteriza por poseer delicados aromas y espléndidos sabores, en verdad únicos, producto de esa  sobremaduración. Un hongo,  llamado Botrytis cinerea, es el causante de la llamada “podredumbre noble”. El vino del área denominada Sauternes, en la región de Burdeos, es el resultado del clima húmedo propio de algunos otoños,  y entonces se demoran las cosechas, con la finalidad de permitir el desarrollo del hongo (que se instala en la piel de las uvas,  deseca el grano y concentra la cantidad de azúcares, aportándole un sabor exquisito e inconfundible). Es muy compleja la función de la Botrytis cinerea, ya que “ sólo en ciertos años prospera magníficamente en climas con  cierta humedad,  propia de la influencia marítima”.

Chateau D’Yquem es el nombre de un vino licoroso  (incomparable cuando es degustado acompañando foie gras o queso roquefort), considerado por Edmund Penning Rowsell, uno de los más respetados escritores acerca de vinos y autor del libro Los Vinos de Burdeos, “el más grande de la zona de Sauternes, y de acuerdo a la famosa clasificación de 1855, de hace casi ciento cincuenta años, de toda la región de Burdeos. Es dulce, dorado y aparentemente casi inmortal”.

El vino Chateau D’Yquem está elaborado en la propiedad agrícola donde hay un castillo, cuyas partes más antiguas se remontan al siglo XV. La extensión del viñedo es de sólo sesenta hectáreas, sembradas en un ochenta por ciento con uvas de la variedad Semillon, y en el restante veinte por ciento con la cepa Sauvignon Blanc. La producción es de únicamente sesenta y seis mil botellas, cantidad prácticamente muy pequeña, tomando en cuenta la gran demanda que hay de este extraordinario vino. Cuando es el tiempo de la vendimia, los operarios recogen únicamente las uvas afectadas por la Botrytis cinerea, realizando normalmente seis “pasadas” por el viñedo (esta operación de recolección de  las uvas más apropiadas es muy minuciosa, lenta y, por ende, costosa). Una vez llevadas las  uvas al lagar, allí son prensadas tres veces, y luego de haber tenido lugar la fermentación del mosto se deja reposar el vino durante tres años en barricas nuevas de roble.

Esta es la explicación por la cual el vino blanco Chateau D’Yquem, preciada gema enológica, es tan costoso. Saborear unas gotas, o un sorbo, de este delicioso néctar es una experiencia gustativa  realmente única. Para fundamentar la opinión de que esta ambrosia báquica es el vino de postre más caro del orbe transcribiré la nota publicada en el blog Deli.Cat, que recogió la información de que, en fecha más o menos reciente, había sido vendida en Londres, una botella de Château d’Yquem, cosecha 1811, en 75 mil libras (84 mil 700 Euros: equivalente ---aproximadamente--- a 144 mil dólares) al coleccionista francés Christian Vanneque, propietario de un restaurante en Bali (Indonesia). Se hace así con el récord mundial de la botella de vino blanco más cara vendida comercialmente. En aras de la exactitud hay que matizar que este Château d’Yquem ha establecido el récord para las botellas de vino blanco de tamaño estándar, disponibles comercialmente en vez de subastadas”.

El vino de Tokaj

Una de las regiones vinícolas más renombradas de Hungría  es Tokaj (se pronuncia Tokai), la sede del celebérrimo vino Tokaj Aszú (calificado por el monarca francés Luis XIV “le vin des rois; le roi des vins”: el vino de los reyes; el rey de los vinos), un vino licoroso de excepcional finura y exquisito sabor. La ciudad de Tokaj es el eje neurálgico de esa región, en la cual las tribus magyares, encontraron, hace muchos siglos, una floreciente vitivinicultura. A esa preciosa urbe, ubicada en la parte noreste del país, no lejos de la frontera con Eslovaquia y con Ucrania, la UNESCO le otorgó el 28 de Junio de 2002  el preciado nombramiento de “Patrimonio de la Humanidad”.

Es conveniente señalar que la expresión Tokay de Alsacia (en Francia), y Tokai de Friuli (en Italia) no tiene ninguna relación con el Tokaj de Hungría. Por esta razón los productores de los dos primeros vinos han sido advertidos, con toda seriedad  ---por el organismo que controla la propiedad industrial y las Denominaciones de Origen, en materia de vinos---, que no pueden utilizar el nombre Tokay en las etiquetas de esos caldos báquicos.

Existen documentos que permiten aseverar que desde el siglo XIII se ponderaba la calidad y sabor de los vinos de Tokaj, que a la sazón no poseían las características enológicas que ahora los distinguen, especialmente el que  lleva junto al nombre Tokaj la palabra Aszú, que designa a un vino altamente licorosos, ideal para acompañar los postres, lo mismo que el foie gras y los quesos “azules”. Este exquisito néctar etílico es el resultado de la cuidadosa elaboración de un vino hecho con mostos de diferentes cepas: Furmint, Harslevelúi y Muscat de Lunel. Una vez que han sido machacadas las uvas se obtiene una pasta llamada Aszú, que luego es agregada al mosto fresco contenido en una barrica cuya capacidad es de 136 litros. Si son agregadas tres canastas de Aszú a ese mosto, entonces se obtiene un vino denominado Tokaj Aszú de tres  putonyos (putonyo es el nombre de dicha canasta). Si son cuatro los putonyos adicionados a 136 litros de mosto, entonces se habla de un Tokaj de 4 putonyos. Igualmente si son cinco o seis, y entonces se habla de un Tokaj Aszú de cinco o seis putonyos, que es el nivel más alto de este vinco licoroso.

  La enóloga británica Serena Sutcliffe menciona, en su libro Manual de los Vinos,
que “mucha gente considera a los vinos dulces entre los grandes lujos del mundo...son la esencia de lo que la uva puede dar cuando se la recoge en su máximo nivel de madurez. Uno de los problemas de estos vinos, debido a sus niveles de azúcar, es que son tan deliciosos cuando jóvenes que mucha gente sucumbe a la tentación de beberlos demasiado pronto. Los grandes vinos blancos de postre casi siempre se vuelven más finos cuando se les deja algún tiempo en la botella. La “podredumbre noble” es lo que diferencia a estos vinos de los simplemente dulces. En alemán se le llama “edelfäule”, y en francés “poirriture noble”. Es causada por un hongo, Botrytis cinerea, que ataca la piel de las uvas en otoño, cuando se combinan calor y algo de humedad. Al penetrar el hollejo de las uvas sanas hace que el agua se evapore y que aumente el contenido y la concentración de azúcar”.

Jozsef  Kosarka, quien fungiera, durante varios años, como Embajador de Hungría en México  (y dejara en nuestro país un imborrable recuerdo de cálida amistad), escribió las siguientes frases acerca del Tokaj-Aszú:  ”El célebre Tokaj-Aszú es dulce; en su color y sabor se reconoce, ante todo, la uva pasa y, al mismo tiempo, la miel, el pan, la almendra y las flores regionales.  Se toma, por lo general, con todo tipo de postres, o se puede hacer un  buen maridaje del vino con el Foie Gras y con quesos maduros.  Pero su degustación sola también puede revelar delicadas sensaciones.  Los diferentes vinos producidos durante siglos tienen una calidad muy equilibrada, y pueden ser conservados durante muchas décadas.  Este es el caso de uno de los mayores éxitos recientes de un Tokaj-Aszú (el de 6 puttonyos, cosecha 1972, embotellado en 1994), que recibió el reconocimiento Platinum Medal Dessert Wine World Champion.  Se dice que todavía sigue madurando, y puede conservarse durante más de cien años”.

Para concluir mencionaré que en el Himno Nacional de Hungría se hace alusión a este vino, “agradeciendo a Dios que de la vid de Tokaj se ha destilado la esencia más pura”.


miércoles, 16 de enero de 2013

NOVENA CATA DE VINOS DE PROLONGADA GUARDA EN BOTELLA



El vino, mientras más envejece,
más calor tiene. Al contrario de
nuestra naturaleza, que mientras
más vive más se va enfriando.

FÉLIX LOPE DE VEGA Y CARPIO
(1562-1636)

 EL  Grupo Enológico Mexicano ha realizado, con anterioridad a la primera degustación del año 2013  ---la número 226, desde enero de 1995---, ocho catas de vinos de prolongada permanencia en botella. Esas catas “ciegas” fueron las número 127, 140, 155, 167, 182, 201, 213 y 218. De estas ocho catas, siete fueron de vinos tintos. La más reciente de ellas, la número 218, fue de vinos blancos. Cabe hacer una breve relación de ellas:

En la número 127, celebrada en noviembre de  2005, fueron catados siete vinos, de cosechas comprendidas entre 1985 y 1992
En la número 140, celebrada en noviembre de  2006, fueron catados once vinos, de cosechas comprendidas entre 1948 y 1994
En la número 155, celebrada en noviembre de  2007, fueron catados diez vinos, de cosechas comprendidas entre 1983 y 1992
En la número 167, celebrada en noviembre de  2008, fueron catados diez vinos, de cosechas comprendidas entre 1983 y 1998
En la número 182, celebrada en diciembre de  2009, fueron catados ocho vinos, de cosechas comprendidas entre 1985 y 1998
En la número 201, celebrada en enero de   2011, fueron catados ocho vinos, de cosechas comprendidas entre 1980 y 1998
En la número 213, celebrada en noviembre de   2011, fueron catados doce vinos, de cosechas comprendidas entre 1991 y 1993
En la número 218, celebrada en mayo de   2012, fueron catados ocho vinos blancos, de cosechas comprendidas entre 1985 y 2004

De nueva cuenta, el Grupo Enológico Mexicano celebró una degustación organoléptica de vinos tintos de prolongada guarda en botella. Estas catas analíticas, de vinos de añadas más o menos antiguas, dieron comienzo en el año 2005, ya que fue entonces cuando se adoptó la costumbre de realizar, una vez al año, generalmente en el mes de noviembre, una evaluación de vinos tintos que hubieran estado en óptimas condiciones de conservación en una cava, durante un lapso mínimo de tres a cuatro lustros. En varias ocasiones el tiempo de guarda fue mayor, como ocurrió en la cata número 140, la cual tuvo lugar en 2006, cuando fue evaluado un vino tinto francés ---Chateau Perigueux Premier Grand Cru Classé, Appellation Gascuña Controlée. Perigord, Francia---  de la cosecha 1948, el cual estaba perfectamente bebible casi sesenta años después de haber sido embotellado, al grado que alcanzó una calificación de 74 puntos.

La finalidad de estas catas sensoriales es de evaluar los visibles cambios  ---en el color, en el aroma y en el sabor---  que tienen lugar en esos caldos al paso de los años. La  . degustación de esta clase de vinos suele resultar  sorprendente, en cuanto a que hay vinos que «se resisten a envejecer», y manifiestan, transcurridos tres o cuatro lustros, gran vitalidad y una «juventud prolongada» que a los catadores no deja de parecer en extremo interesante, a más de que saborear esos vinos de cierta «ancianidad»  (como alguna vez expresó Don Quijote de la Mancha) resulta muy deleitable al paladar, como experiencia gustativa poco frecuente.

A la que ahora hago referencia, es la novena ocasión en que los catadores del Grupo Enológico Mexicano degustan esta clase de vinos “añosos” (de ninguna manera podría yo decir que fuesen decrépitos o senectos, más bien que son más o menos  provectos, en su acepción de antiguos, y tampoco puedo aseverar que carecen de interés desde el punto de vista de la apreciación de sus características organolépticas), los cuales han resultado, las más de las veces, sorprendentes por las cualidades organolépticas que presentan, lo que los hace aún encomiables al paso de los años.

Considero conveniente transcribir un par de párrafos del libro titulado El Vino, una extraordinaria obra de consulta, de 928 páginas, de la cual es compilador André Domine. En el capítulo “Los Vinos Añejos” ---de su autoría---, leo lo siguiente: “La denominación de “vino añejo” no está claramente definida ni química ni organolépticamente. No hay ningún criterio para definir el tiempo mínimo que una botella de vino debe madurar en la bodega. De igual modo hay pocas indicaciones acerca de cómo debe oler y saber un vino añejo. “Cada vino tiene un potencial de envejecimiento distinto, que depende fundamentalmente del tipo de uva y de la cuvée, y en menor medida de la cosecha, del método de elaboración, de los factores alcohol, azúcar y acidez y, finalmente, del almacenamiento una vez embotellado. Los sedimentos de la botella son fundamentales para determinar el estado de los vinos tintos en proceso de maduración, considerando también el tipo de cerpa y la cosecha. Los sedimentos rojizos y marrones están compuestos de fenoles polimerizados, es decir, de tanino y sustancias colorantes. Estos producen enlaces tan fuertes que no pueden mantenerse diluidos en el líquido. Cuanto más poso se forme y más claro se vuelva el color del vino, más suave será éste. Un Cabernet Sauvignon rico en tanino y en sustancias colorantes durante su juventud, formará considerablemente más heces que un sedoso Pinot Noir.

“Los vinos blancos maduros también cambian de color. Sin embargo, durante la estancia en la botella, el vino blanco no se tornará más claro sino más bien amarronado, a causa de la oxidación progresiva de los fenoles. En este caso hay que tener en cuenta que los vinos dulces y generosos pueden madurar mucho más tiempo que los vinos secos. A su vez, entre estos últimos maduran mejor los vinos previamente fermentados y elaborados en barricas, que aquellos que proceden de tanques de acero inoxidable”. Hasta aquí esa cita.

Abundando en este tema diré que  la palabra envejecimiento (ageing en lengua inglesa, que tiene por sinónimo el término maturing) equivale al vocablo vieillisement, en francés. En italiano corresponde al término invecchiamiento  (vecchio se traduce por viejo), mientras que en portugués se dice envelhecimiento, fácilmente traducible como envejecimiento.

La cata “ciega” mensual número 226, correspondiente al mes de enero de 2013, del Grupo Enológico Mexicano, se llevó a cabo el día 15 de ese mes en el salón “Decanter”, del hotel St. Regis México City. Para esta degustación analítica fueron seleccionados once  vinos, dos blancos y nueve tintos, procedentes de la cava privada de siete de los Miembros de Número, de añadas comprendidas entre 1985 y 1997. La procedencia de los vinos fue, por orden alfabético, España, Estados Unidos de América, Francia e Italia

 La Mesa de Catadores estuvo integrada esa tarde por los siguientes enófilos: Patricia Amtmann,  Alejandra Vergara, Juan Ignacio Torreblanca, Salomón Cohen, Juan Carlos Chávez, Carlos Ruiz González,  Roberto Quaas Weppen, José Del Valle Rivas, Joaquín López Negrete, Mauricio Romero Gatica, Oscar Nicanor y Miguel Guzmán Peredo.

 Las calificaciones están basadas en los parámetros que maneja el Grupo Enológico Mexicano. Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 50 y los 59 puntos son considerados “no recomendables”. Si la puntuación se halla comprendida entre los 60 y los 74 puntos, son juzgados “bebibles”. Una calificación entre los 75 y los 84 puntos permite evaluarlos como “buenos”. Si el puntaje oscila entre los 85 y los 94 puntos, son juzgados “muy buenos”. En el caso de que la calificación esté comprendida entre los 95 y los 100 puntos, entonces alcanzan la categoría de “extraordinarios”.

Es prudente señalar que en esta ocasión no se consignan los precios de cada uno de los vinos, porque se trata de añadas que ya no se encuentran en el mercado. De la misma manera, no se mencionan ---de  algunos de ellos--- los pormenores referentes a los porcentajes de las cepas utilizadas, el grado alcohólico o bien de la crianza, por carecerse de esa información.

Vinos blancos:

1.- Amadeus Blanco, cosecha 1996. Coupage de Treixadura 90% y Torrontés 10%.  Denominación de Origen Ribeiro. Cooperativa Vinícola de Ribeiro. Ribadavia (Ourense),  Galicia, España. Calificación: 73.30  puntos.

2.- Fariña, cosecha 1997. Vino de la Tierra de Zamora. Denominación de Origen Toro. Coupage de Moscatel y Albillo. Bodega Fariña. Casaseca de las Chanas, Zamora, España. Calificación: 70.90  puntos.

Vinos tintos:

1.- Opus One, cosecha 1997.  Coupage de 82% Cabernet Sauvignon, 8% Cabernet Franc, Merlot 5%, Malbec 4% y 1% Petit Verdotr. Crianza en barrica nueva de roble francés durante 18 meses. Opus One Winery, Napa Valley, Oakville, California, Estados Unidos de América. Calificación: 84.70   puntos.

2.-  Chateau Mouton Rothschild, cosecha 1989. Premier Cru. Appellation Controlée Pauillac. Coupage de Cabernet Sauvignon, Merlot, Petit Verdot y Cabernet Franc.  Chateau Mouton Rothschild, Pauillac, Haut Médoc. Burdeos, Francia.  Calificación: 80.00   puntos.

3.- Chateau La Conseillante, cosecha 1993. Coupage de Merlot, Malbec y Cabernet Franc. 12.5% Alc. Vol. Heritiers Louis Nicolas. Pomerol, Francia. Calificación:   77.30 puntos. 

4.- Gran Marius Gran Reserva, cosecha 1992.   12.4% Alc. Vol.  Denominación de Origen Almansa. Castilla-La Mancha. Bodegas Piqueras. Provincia de Albacete. España.  Calificación:76.30  puntos.

5.- Gianni Gagliardo, cosecha 1997. Preve Barolo Riserva. Monovarietal 100% Barolo.  13.0% Alc. Vol.  Crianza de 18 meses en barrica, más un tiempo de reposo en botella de 12 meses. Guarda en grandes cubas de madera, durante treinta meses.. Afinamiento total de cinco años.  Denominazione di Origine Controllata e Garantita (D:O:C:G.). Cantina Gianni Gagliardo. Santa María de la Morra. Provincia di Cuneo (Piedmont). Italia.  Calificación: 75.20 puntos}

6.- Viña Ardanza Reserva, cosecha 1990. Monovarietal Tempranillo. 13.0% Alc. Vol. Denominación de Origen Calificada Rioja. Bodega La Rioja Alta. Haro, Rioja, España. Calificación: 74.60   puntos.

7.- Riserva Ducale, cosecha 1990. Chianti Classico Riserva. 13.0%  Alc. Vol. Monovarietal 100% Sangiovese, Denominazione di Origine Controllata e Garantita. Tenimenti Ruffino, S. p. A. Pontassieve, Firenze. Italia. Calificación: 73.60   puntos.  

8.- Dominio de la Plana, Crianza, cosecha 1985. 12.0% Alc. Vol. Coupage de 75% Tempranillo y 25% Garnacha. Denominación de Origen Calificada Rioja. Bodega Luis Gurpegui Muga. San Adrián, Navarra (País Vasco). España. Calificación: 73.10   puntos.

9.- Cabreo, cosecha 1987. Coupage de Sangiovese y Cabernet Sauvignon . 13.3%. Alc. Vol. Vino da tavola del colli della Toscana centrale. Tenimenti Ruffino, S. p. A. Pontassieve, Firenze. Italia. Calificación:  69.80  puntos.

Los vinos degustados organolépticamente mostraron, en general, un leve color atejado, como señal de que soportaron perfectamente el paso del tiempo. El vino Opus One, cosecha 1997, presento una tonalidad rojo rubí, con halo violáceo.

Los catadores eligieron “mejor etiqueta” la del vino Chateau Mouton Rothschild, cosecha 1989, Premier Cru.

Al finalizar esta degustación evaluativa saboreamos una exquisita cena, preparada por Sergio Esquivel, Sous Chef del hotel St. Regis México City. Como primer guiso: Sopa de cebolla gratinada. En seguida Pechuga de Pollo Rostizada con Ragout de lentejas y
alcachofas y Salsa de Ajo. El postre consistió en Milhojas de Frambuesa, Crema Mousseline, Sorbete de Frutos Rojos.

La armonización de estos manjares fue con el vino Cabernet Sauvignon Casa Grande, Gran Reserva, cosecha 1998, de Casa Madero.