viernes, 19 de enero de 2018

LOS VINOS DE CHILE

LOS VINOS DE CHILE








El vino mueve la primavera,
Crece como una planta la alegría.
Caen muros, peñascos,
Se cierran los abismos,
nace el canto.

PABLO NERUDA (1904-1973)
(Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto)
Introducción

Chile es un fascinante país del Cono Sur de América, que ostenta el título de “el más largo del mundo”, pues desde su parte septentrional hasta el extremo meridional se extiende por 4.329 kilómetros de longitud. Su anchura promedio es de 180 kilómetros, y la superficie territorial es de 756.102 kilómetros cuadrados (casi tres veces la del estado de Chihuahua, en México). La población asciende, de acuerdo al censo de 2016, a poco más de dieciocho millones y el número de habitantes de la capital, Santiago, es de siete millones. Esta ciudad fue fundada por el Pedro de Valdivia, en 1541, con el nombre de Santiago de Nueva Extremadura. Este conquistador español era originario de la Provincia de Extremadura, en España,  al igual que Hernán Cortés y Francisco Pizarro, conquistadores de México y de Perú, respectivamente.

El nombre Chile proviene de un vocablo de alguna lengua indígena, mapuche, quechua o araucana  --en ello no se han puesto de acuerdo los historiadores---, y se habla de que hace referencia, bien al nombre o bien al sonido de una avecilla que habitaba en esas regiones.

La vitivinicultura llegó a estas tierras en el siglo XVI. Unos opinan que  del virreinato de la Nueva España fue llevada la vid a Perú, y que de esta posesión hispana fue propagado ese cultivo a Chile, y posteriormente a Argentina. Otros aseguran que  directamente de España, o bien de Portugal,  los primeros colonizadores de Sudamérica llevaron consigo las primeras vides, ya que requerían del vino para la cotidiana celebración de la eucaristía. Los misioneros Francisco de Caravantes y Bartolomé de Terrazos son considerados  los primeros en sembrar la Vitis vinifera en tierras de Chile. Otros confieren ese mérito a Juan Jufre y a Diego García de Cáceres, quienes, presuntamente, plantaron las primeras viñas en el Valle Central, en 1554.

Desde comienzos del siglo XIX la vitivinicultura chilena mostró sorprendente pujanza, al incrementarse notoriamente la superficie sembrada de viñas. En aquellos años predominaba la variedad Criolla,   “que lo mismo que la especie chilena de procedencia paralela ---la País, en otros lugares llamada Misión---  ha sido la especie dominante en Sudamérica durante tres siglos”. Por estos años un viticultor francés, Claude Gay, estableció un vivero de cepas europeas, las cuales muy pronto fueron diseminadas por doquier. Esto permitió que, desde entonces,  el aislamiento del viñedo chileno no resultase afectado por las plagas que tan señaladamente afectaron  ---a mediados del siglo XIX---  los viñedos de Europa, con las plagas de Mildew y Filoxera.

Promediaba el siglo XIX cuando se registró una notoria expansión de la vitivinicultura en Chile, ya que los propietarios de las bodegas comenzaron a importar, de Francia, de Italia y de España, principalmente, las variedades de uvas consideradas “finas”, como la Cabernet Sauvignon, la Merlot, la Pïnot Noir y la Riesling, entre varias otras, y con ello la producción de vino inició señalado auge.  En aquellos años no era frecuente que en los viñedos de Burdeos, los de mayor renombre en Francia, se hiciese una plena identificación de las cepas, por lo que coexistían diversas variedades en una misma viña, como asienta Gérard Aubin, en su libro Bordeaux, vignoble millenaire.

Es casi seguro que cuando fueron llevadas diversas cepas a Chile llegaran vidueños de Carménere (también conocida con los nombres de Grand Vidure y Grand Carmenet) entre las plantas de Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Merlot, las más preciadas por los viticultores, ”algunos años antes de que aquella cepa desapareciera por completo de su Burdeos natal, debido al mencionado ataque de Filoxera”. La cepa Carménere, identificada como tal por el enólogo francés Jean Michel Boursiquot, ampelógrafo de la Universidad de Montpellier (durante el 6º Congreso Latinoamericano de Floricultores y Enólogos, celebrado en Chile, en 1994), se ha venido significando como una variedad emblemática de los viñedos chilenos.

En algún portal de internet leí que “El número de hectáreas sembradas con la variedad Carménere, en Chile, ha crecido de manera exponencial: En 1997 había 330 hectáreas. Para 2002 el total ascendía a 5.805, porque mucho de lo que antes se consideraba Merlot ha sido reclasificado como Carménere, según afirma el enólogo Philippe Pszczolkowski, catedrático de la Universidad Católica de Chile”.  Además, los ampelógrafos chilenos han exteriorizado que “se estima que dos tercios de las 12.768 hectáreas inscritas como Merlot corresponden a Carménère, lo cual llevaría a Carménère a más de 13.000 hectáreas, convirtiéndola en la tercera variedad en extensión en Chile, después de Cabernet Sauvignon y País”.

A mediados del siglo XIX, los dueños de las empresas vitivinícolas  no dudaron en dar sus apellidos a sus respectivos negocios, por considerar que la vitivinicultura es “la reina de las artes agrarias”. De esta manera surgieron entonces la Viña Ochagavia, la Viña Macul, la Viña Concha y Toro, la Viña Urmenta y la Viña Undurraga, entre muchas otras que, en la razón social, ostentan el apellido de los visionarios empresarios que iniciaron lo que, en unas cuantas décadas habría de representar la prosperidad de los viñedos de Chile.

Es conveniente señalar que tanto la producción como la exportación de vino en Chile se ha incrementado en forma por demás vertiginosa. Para 1999 la comercialización en el exterior, en setenta y tres países,  fue de casi doscientos treinta millones de litros. Dos años más tarde, en 2001, ascendió a casi trescientos once millones de litros. Actualmente la producción estimada de vino es de más de ochocientos millones de litros, y de esta cantidad es exportado el sesenta y tres por ciento, a ciento cinco países del orbe. Chile es el quinto país exportador, después de Francia, Italia, España y Australia. En cuanto a su producción, está ubicado en el décimo lugar, después de Francia, Italia, España, Estados Unidos de América, Argentina, Alemania, Australia, Sudáfrica y Portugal.

El viñedo chileno se encuentra ubicado entre los paralelos 27 y 38 grados  de Latitud Sur, en una extensión aproximada de 1.200 kilómetros del Norte hacia el Sur. El Valle más septentrional es el de Elqui, en tanto que el más meridional es el de Malleco.

En fecha reciente visité por segunda ocasión este hermoso país. El vuelo desde la ciudad de México hasta la capital de Chile fue de casi ocho horas, para cubrir la distancia de 6.611 kilómetros en línea recta, volando la mayor parte del tiempo sobre el Océano Pacífico. El gigantesco avión de la línea aérea LATAM, un Boeing 787 Dreamliner (en el cual tienen cabida doscientos cincuenta pasajeros), aterrizó en la capital de Chile al filo de las siete de la mañana del domingo 26 de noviembre de 2017. Allí me esperaba una persona de la empresa Brand About (la cual me había extendido la invitación para visitar una decena de viñas chilenas de ese pujante país andino), quien me llevó al hotel ---en el elegante barrio de Las Condes--- donde estuve alojado ese día.

Una vez hecho el registro en ese hotel fui a recorrer los lugares, turísticamente hablando, más importantes del centro histórico de Santiago: el Palacio de la Moneda ---sede del poder presidencial---, la Alameda del Libertador Bernardo O’Higgins, la Plaza de la Constitución, la Plaza de la Ciudadanía, la Casa Colorada y el Cerro San Cristóbal, al cual se puede ascender hasta la parte superior en un funicular, y también en teleférico. Desde este sitio se contempla una hermosa panorámica de la capital chilena.

Viña Emiliana

Al día siguiente, temprano por la mañana, pasó por nosotros (el enófilo colombiano José Rafael Arango fue el otro invitado, junto conmigo, para realizar este recorrido por algunas de las más emblemáticas viñas de Chile) la señora Susana González, funcionaria de dicha compañía Brand About, promotora de los vinos de Chile, en cuya muy grata compañía efectuamos este viaje enológico. 

(Antes de dar inicio al pormenorizado comentario de este recorrido vitivinícola mencionaré que la palabra Viña, en Chile, denomina la empresa productora de uvas y de vino, quizá lo que en España significa, tratándose de la elaboración de vinos, el término Bodega. Tengo conocimiento que en Chile existe más de doscientas Viñas, donde es elaborado vino de alta calidad)

La  primera bodega vitivinícola que visitamos fue Viña Emiliana, sita en la Finca Los Robles, en el Valle de Colchagua, cuya producción es únicamente de vinos de la categoría biodinámicos, elaborados con las uvas procedentes de  viñedos, cuya extensión asciende a 1256 hectáreas,   certificados por organismos de Suiza y Alemania. Esta Viña Emiliana es la primera en su tipo en Chile, en recibir la certificación ISO 14001 merced al manejo amigable y sustentable de sus viñedos, ubicados en diferentes valles: Casablanca, San Antonio, Maipo, Colchagua, Bio Bio y Rapel. La producción anual de vino de esta empresa es superior a los doce millones de litros.

Después de haber recorrido una parte de los viñedos ubicados en torno a este paraje denominado Los Robles, algunos de ellos en inclinadas laderas, en zonas boscosas de gran hermosura escénica, degustamos ---en un mirador ubicado en la parte alta de un viñedo, desde el cual se aprecia el encantador entorno de esta Viña Emiliana--- el vino Chardonnay de la línea Novas, cosecha 2016, que nos pareció en verdad delicioso.

Al retornar a la bodega procedimos a catar, en compañía de Noelia Orts, enóloga de la planta, y de Thomas Samsing, gerente de exportación, diez vinos de las diferentes categorías de esta Viña Emiliana; Adobe, Signos de Origen, Novas, Coyam y Gé. Estos dos últimos vinos, considerados por esta bodega vitivinícola de la categoría Super Premium,  son las “Joyas de la Corona” de Viña Emiliana.

Al concluir la cata evaluativa nos ofrecieron un delicioso almuerzo en un bello paraje arbolado, engalanado por un cantarino arroyo. Saboreamos esos guisos acompañándolos con vinos de gran clase de esta Viña Emiliana.

Viña Luis Felipe Edwards

Al salir de  Viña Emiliana fuimos a la Viña Luis Felipe Edwards, cuya  fundación se remonta al año 1976. En el Valle de Colchagua  --en el paraje denominado San José de Puquillay— Luis Felipe Edwards inició sus actividades con vitivinicultor. En el portal Wikipedia leo que esta viña “ es la tercera exportadora de vino más grande de Chile, presente en más de 90 países, se caracteriza por ser la mayor empresa vitivinícola 100% de propiedad y administración familiar en Chile, y sus viñedos ---que cubren una superficie mayor a las 1.850 hectáreas---se ubican en los valles de Colchagua, Leyda y  Maule”.

En una hermosa casona, sita en lo alto de una colina, a una altitud de  900 metros, tuvo lugar la cata de los vinos elaborados por Viña Luis Felipe Edwards, la cual fue conducida por Diego Guzmán, el enólogo de esta importante bodega vitivinícola chilena. En esta evaluación  enológica estuvieron presentes Amy Robbins, gerente de  mercadotecnia, e Ignacio Edwards, director de ventas para América. Degustamos quince vinos, de las diferentes categorías; Marea, 360° Gran Reserva y Prestige. Ésta última integrada por los vinos Premium de esta empresa. Saboreamos los siguientes vinos: LFE 900, un tinto cuyas uvas provienen de parras de más de cien años, resultado de un coupage de 77% Syrah, 9% Monastrell, 9%  Cabernet Sauvignon, 4% Tempranillo y 1% Grenache. Luego el vino Cien Carignan, y el LFE 900 Malbec (resultado de una coupage de 95% Malbec y 5% Cabernet Sauvignon), reposado quince meses en barrica de roble francés.
Y finalmente el vino emblemático de esta Viña: Doña Bernarda 2013 (el cual lleva el nombre de la esposa del fundador de la Viña), una mezcla de 40% Cabernet Sauvignon, 26% Syrah, 22% Carmenere y 7% Petit Verdot. Este vino no es elaborado año tras año, sino que  únicamente cuando el enólogo juzga que la calidad de las uvas es excepcional se procede a su hechura. Es envejecido durante quince meses en barrica nueva de roble francés, y para dar  una idea de su finura este vino tiene un precio en Chile de 75 dólares cada botella.  “El vino Doña Bernarda ha obtenido numerosos premios internacionales, como también positivas reseñas por los líderes de opinión de la industria del vino en todo el mundo. Uno de sus premios más prestigiosos hasta la fecha es el haber sido nombrado como “Best Chilean Cabernet Sauvignon”, conferido por The International Wine Challenge In London
Al caer la tarde dejamos el salón de cata de Viña Luis Felipe Edwards --desde el cual contemplábamos un hermoso panorama en lontananza--- y nos dirigimos a la ciudad de Santa Cruz, sita en el Valle de Colchagua, a unos doscientos kilómetros del aeropuerto de la capital chilena. En esta urbe nos instalamos en Casa Pando Boutique, donde disfrutamos de una deliciosa cena preparada por Mariela Valenzuela Pando, y José María, su esposo, gentiles  propietarios de este agradable hotel.  
Viña Montes
A la mañana siguiente, después de saborear un apetitoso desayuno, salimos hacia la zona de Apalta, dentro del Valle de Colchagua, donde están ubicados los viñedos y la bodega de Viña Montes, fundada en el año 1987. En ese lugar las condiciones climáticas y el “terroir” se combinan para constituir un sitio en extremo propicio para el cultivo de la vid. Allí nacen los vinos de las marca Montes, en sus diferentes categorías, gemas enológicas creadas, a partir del año 1987,  por el enólogo Aurelio Montes, fundador con Douglas Murray y otras dos personas, de esta afamada viña chilena.

Allí nos esperaba Dennis Murray (hijo de Douglas Murray), gerente de exportación de la empresa. Primeramente recorrimos una parte de los extensos viñedos de Viña Montes, en la grata compañía del enólogo Rodrigo Barria  (quien tiene a su cuidado los viñedos de Apalta, Marchigüe y Zapallar). Yo había estado,  allí en Apalta,  en una visita previa en el año 2003, y pude advertir que  la superficie de estos sembradíos se ha incrementado notablemente. Cabe agregar lo que encontré en la página oficial de Viña Montes, que esta bodega “fue pionera en apostar por el Valle de Apalta, y por plantar viñedos en laderas de montaña, siendo también la primera en plantar la cepa Syrah, en el Valle de Colchagua”. De acuerdo a esa información, los viñedos están ubicados en escarpadas laderas de hasta 45 grados de inclinación, y por el hecho de estar orientados al Sur reciben los benéficos  efectos de su exposición al sol.


Al regresar a la bodega recorrimos las instalaciones de tan prestigiada empresa vitivinícola, deleitándome, especialmente, con la sala de barricas, donde son añejados estos vinos, de excepcional finura. A continuación, con Dennis Murray,  hicimos una cata de de once vinos de la marca Montes elaborados con las cepas siguientes: Sauvignon Blanc, Chardonnay, Pinot Noir, Malbec, Merlot, Cabernet Sauvignon, Carmenere Cinsault y Viognier, en sus diferentes categorías: Montes Outer Limits, Montes Querub, Montes  Alpha M, Montes Folly y Montes Purple Angel. Estos tres últimos constituyen la más depurada muestra de la extraordinaria calidad de tan deliciosos vinos.  

Al concluir esta degustación Dennis Murray fue el anfitrión de una deliciosa comida, acompañada con los vinos Montes Folly y Montes Purple  Angel,  en el restaurante “Fuegos de Apalta”, del chef argentino Francis Mallmann. Este hermoso salón comedor se halla en el centro de los viñedos, fronteros a la bodega principal. Y lleva ese nombre por los varios hornos de piedra (de tres metros de altura), en los cuales son cocinadas diferentes tipos de carnes, de cordero patagónico, de pescados del extenso litoral chileno, de aves y verduras, que caracterizan la gastronomía de este renombrado chef argentino. Antes de retirarnos de tan hermoso lugar Dennis Murray me obsequió el libro Por el Sendero de los Ángeles, una obra de preciosa factura tipográfica, donde queda descrita la singular historia de tan icónica viña de Chile.  

Viña Casa Donoso

Al salir de Viña Montes nos dirigimos hacia la ciudad de Talca, en el corazón del Valle del Maule, ya que en la Viña Casa Donoso realizaríamos la siguiente cata, ese mismo día, por la tarde. En una preciosa finca campestre (la cual me recordó ---por su arquitectura y extensos jardines--- una señorial hacienda en el estado de Jalisco, o bien de Michoacán, en México) está ubicada la Viña Casa Donoso, fundada en 1989.

Antes de realizar la cata de los vinos de Viña Casa Donoso nos  instalaron en tres  habitaciones de este hermoso sitio campestre, exitosamente dedicado al enoturismo. La habitación en la cual fui alojado me recordó la casa de mi abuela materna, en mi natal  La Piedad, en el Estado de Michoacán, en México, por su amplitud, elevado techo y elegante decoración.

Más tarde, fuimos recibidos por Felipe Cruz, el enólogo de esta bodega, quien condujo la degustación de diez de los principales vinos,  de las líneas Geiser Tatio, Chungará, Sucesor Red, Sucesor Blue y 1810, este último un vino Premium de Viña Casa Donoso. Se trata de vinos que guardan las características de los vinos bordaleses, en sus coupages clásicos, elaborados con gran cuidado y envejecidos en barricas de roble francés y en contenedores ovoides de hormigón, cuya capacidad es de mil litros.  

Me parece conveniente señalar que estos depósitos biodinámicos ---de creciente demanda en infinidad de  bodegas vitivinícolas en el mundo--- fueron desarrollados por el vitivinicultor francés Michel Chapoutier, en el año 2001, en la población de Tain-l’Hermitage, en el Valle de Ródano, en Francia.

Al caer la tarde nos instalamos en la hermosa terraza principal de esta finca solariega, a disfrutar de un aperitivo y aguardar que fuese servida la suculenta cena, en el comedor principal.

Viña Via Wines

Al día siguiente, después de saborear un exquisito desayuno, salimos hacia el Valle del Maule (que cuenta con la mayor superficie sembrada de vides en  Chile, una cifra superior al 43% del total de los viñedos de este país andino). En la comuna de San Rafael ---en el paraje denominado Quincho del Maule--- está ubicada la bodega Viña Via Wines, razón social de una empresa vitivinícola fundada en el año  1998. Allí nos aguardaba la plana mayor de esta pujante empresa vitivinícola, cuyos viñedos cubren una superficie de más de mil hectáreas plantadas. La sala de degustación se localiza en medio de un hermoso lago rodeado de viñedos. A través de los grandes ventanales podíamos contemplar el hermoso panorama que rodea este salón de cata. En compañía de Adriana Coderch, Directora General; Lidia Cortez, Directora de Ventas para las Américas; Javier Movillo, Gerente de Mercadotecnia; de Cristian Correa, Asistente de Exportaciones, y del enólogo Carlos Gatica, tuvo lugar esta evaluación sensorial de veintisiete vinos, de las diferentes líneas: Selección Especial, Reserva, Oveja Negra, Icono y Single Vineyard.    

Fue una degustación muy prolongada, en extremo interesante, pues nos permitió apreciar la finura y delicioso sabor de todos estos vinos, en una multiplicidad de coupages perfectamente ensamblados.  

Allí mismo, en ese espacio que nos permitía admirar el entorno lacustre en el cual nos encontrábamos, fue servido una delicioso almuerzo, consistente en rollo de salmón  y aderezo César. Roast Beef acompañado de papas al  Merquén y miel, y  Creme Brulée con shot de Morillas. Por supuesto que  el maridaje fue con varios de estos deliciosos vinos de Viña Via Wines.

Viña Vik
Esa tarde nos dirigimos al paraje denominado Millahue, en el Valle de Cachapoal, a unos 200 kilómetros de Santiago. El vocablo Millahue significa, en lengua mapuche, “lugar de oro”. Aquí, en el año 2004, el empresario noruego Alexander Vik adquirió una extensa propiedad de 4.325 hectáreas (en un sitio de extraordinaria belleza escénica, pues se extiende en 360 grados sobre viñedos, lago, bosques, valles, colinas y montañas), asesorado para ello por un conjunto de especialistas en diversas materias conectadas con la elaboración de vinos. La bodega, la más espectacular, y funcional, que yo haya contemplado en algún país del mundo, fue diseñada por el arquitecto chileno, de fama mundial, Smiljan Radic, y es de señalada belleza, perfectamente integrada con el entorno.
Para hacer de Viña Vik algo en verdad extraordinario en la industria vitivinicultura de Chile,  su propietario, Alexander Vik, encargó al arquitecto canadiense Frank Owen Gehry (el creador del precioso hotel “Marqués de Riscal”, en la localidad de ElCiego, en la Rioja Alavesa, España) el diseño y la realización del Hotel Vik, en lo alto de una colina, sobre un lago de montaña. Este hotel, de incomparable arquitectura, semeja una nave espacial, pues está hecha la parte superior de las instalaciones en Titanio de color bronce, lo que le confiere un aspecto de irreal hermosura arquitectónica. Cuenta con 22 suites, totalmente diferentes, una de las otras, en su lujosa ornamentación,    
Acompañados de Hugo Salvestrini, Gerente de Ventas de Viña Vik, recorrimos una parte de los viñedos, ubicados en planicies y laderas en torno a la planta principal. Luego fuimos a la Sala de Cata, recinto que me sorprendió por su aurífera ornamentación (haciendo alusión al término Millahue: “lugar de oro”). Aquí degustamos diez vinos, de diferentes añadas, de las tres líneas principales de esta marca: Milla Cala cosecha 2012, La Piu Belle cosecha 2011 y Vik cosecha 2012. Para orientar al lector acerca de la calidad de estos vinos mencionaré que en Chile estos tres vinos, respectivamente, tienen los siguientes precios: 40, 80 y 150 dólares.
Al concluir la cata visitamos algunas de las suites del Hotel Vik y degustamos café y bocadillos, antes de dejar este incomparable recinto, de extraordinaria hermosura escénica Luego nos dirigimos hacia la población de Pirque  ---a unos 25 kilómetros de la capital chilena---  donde disfrutaríamos de una exquisita cena,  y nos instalaríamos en el elegante hotel “Las Majadas de Pirque”, donde habríamos de pernoctar dos noches.   
Viña Cousiño Macul
Después de saborear un suculento desayuno visitamos, dentro de los extensos jardines que rodean a este precioso hotel “Las Majadas de Pirque” (la palabra majada  significa, en Chile, el lugar en el cual el ganado y los pastores se recogen al caer la noche), el edificio llamado “El Palacio”,  frontero al hotel y dentro de un amplísimo espacio arbolado, de muy bien cuidados jardines, de ocho hectáreas de extensión. Fue edificado en el año 1907 por el arquitecto chileno Alberto Cruz Mont, en un bello estilo francés renacentista. Hoy  en día es utilizado como lugar de conferencias y diversas reuniones sociales.
A media mañana fuimos a la visita programada a la Viña Cousiño Macul, fundada en el año  1869  ---si bien la historia de la Viña señala que  sus orígenes se remontan al año 1856--- por Luis Cousiño, en el Valle del Maipo, en la zona llamada Macul. Considero pertinente  mencionar que existen referencias históricas que permiten conocer que en el año 1564 el rey de España, Felipe II, concedió, al conquistador Juan Jofré,  una hacienda en el Valle de Macul, lo que podría ser el antecedente más remoto de esta bodega vitivinícola. En la información oficial de esta empresa  leo que  “La Viña Cousiño Macul es la única de las viñas chilenas fundadas en el siglo XIX, siendo una de las viñas tradicionales ubicadas en el Valle del Maipo. Cousiño  es el apellido de la familia propietaria,  y la Viña continúa, tras  seis generaciones en manos de la familia fundadora.  Por su parte, Macul significa en una lengua aborigen “mano derecha”.
Aquí nos esperaban Gabriel Mustakis, el enólogo, y Waldo Valdés, gerente de exportaciones. En su compañía efectuamos un detenido recorrido por los viñedos más cercanos a la bodega, donde contemplamos numerosas viñas de más de ochenta años de edad. A continuación fuimos a visitar  las centenarias instalaciones, las cuales dan la impresión de ser un añoso y aleccionador museo del vino chileno. En seguida, pasamos a un salón privado a efectuar una interesante cata de seis vinos: Antiguas Reservas Chardonnay cosecha 2014;  Isadora Rosé cosecha 2016; Antiguas Reservas Merlot cosecha 2014;  Antiguas Reservas Cabernet Sauvignon cosecha 2014, Y a continuación dos vinos Premium: Finis Terrae cosecha 2014  y  el icono de la Viña Cousiño Macul: Lota cosecha 2010. Este último, un coupage de 77% de Cabernet Sauvignon y 23% de Merlot,  fue elaborado para conmemorar los ciento cincuenta años de la bodega.
Al concluir esta degustación  disfrutamos de una deliciosa comida, a base de pescados y mariscos propios de la gastronomía de Chile, que nuestros anfitriones nos brindaron en un agradable restaurante de la capital chilena, cuya especialidad son los platillos elaborados a base de los productos del mar. Ese día comí un exquisito congrio y atún sellado, de exquisito sabor.    
Viña Valdivieso
Al día siguiente fuimos recibidos en Viña Valdivieso, importante empresa vitivinícola de Chile, la cual fue fundada en el año 1879, por Alberto Valdivieso Araos, en el Valle de Curicó. En la grata compañía de Brett Jackson ( neozelandés, enólogo jefe de la empresa) y de Cristian Urra, enólogo, llevamos a cabo el recorrido por las espaciosas instalaciones de esta bodega, de la cual nos comentaron que desde el momento de su fundación, y hasta el año 1980, únicamente elaboraba vinos espumosos. Fue de hecho, nos dijeron, “ la primera casa productora en Chile,  y en América Latina,  en la producción de este tipo de vinos”. Y agregaron: “Casi uno de cada tres espumantes chilenos que se exportan hoy en día son de esta bodega, y también 60% de los que se consumen en el mercado doméstico. Hoy, cien años después, Valdivieso sigue siendo el líder en la categoría”.  
La visita a las instalaciones de Viña Valdivieso nos permitió conocer el cuidadoso procedimiento de elaboración de los vinos espumosos, tanto con el Método Tradicional (Champenoise) como con el procedimiento  denominado Charmat.
Nos explicó el enólogo principal  de esta bodega, Brett Jackson, que desde la década de los años 90 del siglo pasado él se incorporó a la Viña Valdivieso, y dio comienzo la elaboración de vinos tintos, siendo el vino “Caballo Loco el singular icono de la bodega. “Se trata de un blend de cepas tintas que recoge lo mejor de la viña. Se elabora con 50% de la mejor producción del año, mezclada con 50% de los mejores del año anterior. El clásico “Caballo Loco” no declara añada ni cepas. Es, realmente, uno de los íconos imprescindibles de Chile”. Cabe agregar que la primera edición de “Cabalo Loco” fue la del año 1994, y que actualmente la número dieciséis es la que se encuentra en el mercado.
La degustación de los vinos de Viña Valdivieso incluyó trece vinos, siete de los cuales fueron de la línea Caballo Loco”, de diferentes añadas, lo que nos permitió apreciar los sutiles y deliciosos cambios organolépticos que experimenta el vino al paso de los años. Se trató de una gratísima degustación, de vinos de extraordinaria calidad.
Esta cata sensorial fue seguida de una espléndida comida, en el elegante restaurante “Barrica 94”, ubicado en el área denominada Bellavista, en el corazón de la capital chilena. Saboreamos deliciosos platillos acompañados con los siguientes vinos: Valdivieso Sauvignon Blanc, cosecha 2017, Caballo Loco Grand Cru Maipo 2013 (el cual en la degustación analítica previa había sido muy ponderado por los catadores) ,  y Caballo  Loco número 17.
Viña Pérez Cruz
El recorrido enológico por estas viñas de Chile concluyó con la visita a la Viña Pérez Cruz, ubicada en el paraje denominado Liguai de Huelquén Paine, en el Valle de Maipo. Su creador fue el empresario Andrés Pérez Cruz, quien encargó al arquitecto chileno José Enrique  Cruz  Ovalle (autor del pabellón de Chile en la Expo Sevilla 1992),  la edificación de esa bodega hecha de madera curvada, que semeja dos barricas. Tiene una capacidad de producción de dos millones de litros. Y  hay una sala subterránea con capacidad de almacenamiento de cinco mil barricas.  
Acompañados por el enólogo Germán Lyon  recorrimos una buena parte de los viñedos de la Viña  Pérez Cruz, ubicados en hermosas laderas sembradas de vides. Y luego fuimos a la sala de cata, donde degustamos  siete vinos tintos (la bodega está consagrada a la elaboración de vinos rojos, a base, principalmente, de coupages propios del área de Burdeos) de las líneas denominadas Quelen, Liguai, Pircas de Liguai, Chaski, Limited Edition, y Reserva. De estos vinos degustados  --todos ellos de magnífica calidad y finura--  me parecieron sobresalientes el de la marca Liguai, cosecha 2013, resultado de un coupage de 40% Syrah, 30% Cabernet Sauvignon y 30% Carmenere,, y el Quelen cosecha 2012, fruto del coupage de 40% Petit Verdot, 30% Carmenere y 30% Cot  (nombre de la cepa Malbec). A mi parecer, estos dos vinos son excelente muestra de la notoria finura de los vinos de la Viña Pérez Cruz.
Para concluir con lo referente a esta empresa vitivinícola diré que sus vinos son exportados hoy en día a catorce países en todo el mundo, principalmente a Estados Unidos de América, Canadá, Reino Unido e Irlanda.  
Colofón

A manera de colofón transcribiré dos hermosos pensamientos, el primero creado por el filósofo griego Epicuro de Samos ((341 a.C --- 270 a.C): “El placer gastronómico es el principio y el fin de una vida feliz.”. El segundo, fruto del ingenio del escritor estado unidense  Ernest Hemingway (1899—1961):  “Lo único que lamento en la vida es no haber bebído más vino”.



viernes, 18 de agosto de 2017

CATA ORGANOLEPTICA DE VINOS DE PROLONGADO REPOSO EN BOTELLA



Si quieres vivir muchos años, guarda un
poco de vino viejo  y también un amigo viejo
PITAGORAS DE SAMOS (569-475 A.C.)
La cata “ciega” número 254 del Grupo Enológico Mexicano tuvo verificativo el miércoles 16 de agosto de 2017, en el salón “Chihuahua”, del Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresas  (IPADE). Gracias a la amable invitación del Dr. Carlos Ruíz González  (Miembro de Número de esta agrupación de enófilos y directivo de dicha prestigiada institución académica), esa degustación, así como la comida posterior, ofrecida por nuestro anfitrión,  tuvieron lugar  en ese espacio. Cabe agregar, a este particular, que esta es la ocasión número cuatro que el Grupo Enológico Mexicano celebra una cata en tan excelentes instalaciones, siendo invitados por nuestro Cofrade.
Para esta degustación sensorial los catadores participantes aportaron, cada uno de ellos, una botella de un vino de prolongado reposo en botella. De esta clase de vinos, los cuales han permanecido durante varios años  (o muchos, según el caso),  evolucionando en el interior de las botellas, el Grupo Enológico Mexicano ha llevado a cabo trece catas analíticas al paso de los años. Se trata de degustaciones evaluativas de vinos, los cuales han sido guardados en una cava mantenida en óptimas condiciones, en cuanto a las características que deben imperar en esos espacios destinados a conservar los vinos durante un prolongado tiempo,  para su idónea maduración y perfecto desenvolvimiento sensorial.
En varias ocasiones  ---trece, como ya asenté, líneas arriba--- los Miembros de Número del Grupo Enológico Mexicano han llevado a cabo  catas  ”ciegas” de vinos de prolongada guarda en botella. Desde la cata número 127, celebrada en el mes de noviembre de 2005, hasta la más reciente, la del mes de junio de 2014  (la anterior a la  que ahora me ocupa),  hemos degustado esta clase de vinos en las catas 140, 155, 167,  177, 182, 201, 213, 218, 226, 235, 239 y 243.  En todas estas ocasiones hemos evaluado organolépticamente ciento doce vinos , cuyo reposo en botella fue mayor a los veinte años.  En varias ocasiones el tiempo de guarda fue mayor, como ocurrió en la cata número 140, la cual tuvo lugar en 2006, cuando fue evaluado un vino tinto francés (Chateau Perigueux Premier Grand Cru Classé, Appellation Gascuña Controlée. Perigord, Francia), de la cosecha 1948, el cual estaba perfectamente bebible casi sesenta años después de haber sido embotellado, al grado que alcanzó una calificación de 74 puntos, siendo 100 puntos la máxima calificación posible.
En dos de estas degustaciones fueron catados vinos blancos, que permanecieron en la cava  -- en condiciones idóneas de guarda--  un mínimo de siete años (el más provecto de estos vinos tenía una “ancianidad” de casi dos décadas),  y a los catadores sorprendió gratamente su aroma y sabor, y espléndido retrogusto.
De estos vinos blancos conviene mencionar lo siguiente: En el libro titulado El Vino  (una extraordinaria obra de consulta, de 928 páginas en gran formato, de la cual es compilador André Domine) aparece el capítulo “Los Vinos Añejos” ---de su autoría---, del cual transcribo los tres primeros párrafos, alusivos al asunto que abordo en este ensayo. ““La denominación de “vino añejo” no está claramente definida ni química ni organolépticamente. No hay ningún criterio para definir el tiempo mínimo que una botella de vino debe madurar en la bodega. De igual modo hay pocas indicaciones acerca de cómo debe oler y saber un vino añejo. 
“Los vinos blancos maduros también cambian de color. Sin embargo, durante la estancia en la botella, el vino blanco no se tornará más claro sino más bien amarronado, a causa de la oxidación progresiva de los fenoles. En este caso hay que tener en cuenta que los vinos dulces y generosos pueden madurar mucho más tiempo que los vinos secos. A su vez, entre estos últimos maduran mejor los vinos previamente fermentados y elaborados en barricas, que aquellos que proceden de tanques de acero inoxidable”. 
En el libro Larousse de los Vinos  leo las siguientes recomendaciones: “Los vinos que deben beberse jóvenes son todos aquellos cuyas cualidades esenciales son la ligereza y la frutalidad. No ofrecen ningún interés para ser envejecidos, ya que tienen tendencia a deteriorarse con el tiempo. Deben beberse en el año de su cosecha, o como máximo algunos meses después de haber sido comprados. Los vinos para guardar más de ocho años son aquellos que requieren de un periodo de envejecimiento, para acceder a su apogeo. Son esencialmente los que corresponden a las mejores añadas de los mejores pagos”. En esa misma obra, en el capítulo “El color del vino cambia con la edad”, se menciona que “Los vinos tintos se aclaran. Los vinos blancos tienen tendencia a adoptar un color más oscuro. El tono de los vinos tintos puede ir desde el púrpura oscuro a toda una variedad de rojos, hasta adquirir una coloración teja con ciertos reflejos anaranjados”. 
Acerca de estos vinos, de cierta “ancianidad”, como  lo señaló Miguel de Cervantes,  he escrito lo siguiente: “Si bien en la Biblia se dice que  San Lucas tenía conocimiento de que los vinos añosos eran mejores que los nuevos, existen testimonios históricos que permiten afirmar que los romanos de hace veinte centurias (también a los pueblos helénicos se les concede este mérito) fueron los primeros conocedores en el arte de apreciar la finura de los vinos que habían sido guardados, por algunos años, en ánforas de cerámica, que era el recipiente usual en aquellos días. En varios libros he leído que Julio César apreciaba sobremanera la excelencia de los vinos de Falerno y de Sorrento, cuando estos caldos báquicos habían pasado décadas reposando en esos envases de terracota”. 
A este particular Helen Bettinson consigna que después del colapso del Imperio Romano desapareció el aprecio que motivaban los vinos envejecidos. Y no fue sino hasta la introducción, en el siglo XVII, de las botellas de vidrio, y del empleo de los tapones de corcho, que volvió la costumbre de guardar el vino en esos recipientes sellados. Corresponde a los ingleses, quienes  tanto contribuyeron a la fama y acendrado prestigio de los “claretes” de Burdeos, y de los Oportos y los Madeiras, de Portugal, la primacía en la encomiable costumbre de que los vinos fuesen envejecidos, para degustarlos años después de haber sido embotellados, ya que descubrieron que sus apreciables cualidades aromáticas y gustativas se incrementaban notoriamente, lo que permitía un placer más acentuado al beberlos. 
En  ocasión anterior, en la cual degustamos esta categoría de vinos, escribí lo siguiente:La finalidad es la de evaluar los visibles cambios  ---en el color, en el aroma y en el sabor---  que tienen lugar en esos caldos al paso de los años. La degustación de esta clase de vinos suele resultar  sorprendente, en cuanto a que hay vinos que «e resisten a envejecer», y manifiestan, transcurridos tres o cuatro lustros, gran vitalidad y una «juventud prolongada» que a los catadores no deja de parecer en extremo interesante ». 
Con respecto a este tema,  el de los vinos que han sido guardados de manera idónea en una cava, por un periodo prolongado de tiempo,  voy a transcribir ahora un breve texto publicado en el portal Vinos Kupel, de España (autodenominado “blog para amantes del vino”), ya que enfatiza el atractivo que tiene la degustación de vinos que han sido guardados por varios años en su recipiente natural, la botella: “El prestigio del que suelen gozar los vinos viejos tiene mucho de mito. La cuestión radica en la carga emotiva que provoca esa aureola de historia con que el tiempo sella una botella del pasado. Es difícil saber con exactitud cuánto dura el vino. Los vinos evolucionan positivamente en la botella durante un período determinado de tiempo. Superado éste, el vino inicia un proceso de declive. Un tinto de la Rioja, por ejemplo, experimenta durante diez años aproximadamente una evolución creciente, seguido de un período estacionario, no inferior a 5 años, para continuar con una caída lenta y progresiva. Pasado este tiempo lo mejor que puede pasarle a un vino es que tenga las mismas características que un vino de 20 ó 30 años más, siempre que se conserve en inmejorables condiciones”.
En el libro Larousse de los Vinos leo las siguientes recomendaciones: ”Los vinos que deben beberse jóvenes son todos aquellos cuyas cualidades esenciales son la ligereza y la frutalidad. No ofrecen ningún interés para ser envejecidos, ya que tienen tendencia a deteriorarse con el tiempo. Deben beberse en el año de su cosecha, o como máximo algunos meses después de haber sido comprados. Los vinos para guardar más de ocho años son aquellos que requieren de un periodo de envejecimiento, para acceder a su apogeo. Son esencialmente los que corresponden a las mejores añadas de los mejores pagos”.
El tema de los vinos conservados en botella,  durante un tiempo prolongado en una cava, motiva, frecuentemente, diversos comentarios, tanto en la prensa escrita como en los medios digitales. El diario The Washington Post publicó, el 14 de agosto de 2017 (un mes antes de la cata que es descrita en esta crónica) un interesante artículo escrito por Dave McIntyre, cuyo título es “Por qué un vino joven sabe diferente al mismo vino con siete años de antigüedad”. En ese escrito ---del cual ahora transcribo algunos párrafos---, señala lo siguiente, para tratar de explicar este hecho. “Las uvas del vino tinto tienen unas sustancias llamadas fenoles, especialmente antocianinas y taninos. Las antocianinas dan color y los taninos agregan la estructura. Los viticultores tratan de mejorar estos fenoles en la viña a través de los rendimientos de los cultivos y otras técnicas, como la de reposar las uvas en frío para garantizar una fermentación lenta y así extraer el mayor color posible. Otras decisiones, como la de fermentar las uvas con o sin los tallos, afectan al nivel de taninos una vez se ha terminado la producción del vino. Los barriles de roble añaden sus propios taninos a medida que los vinos envejecen.
“Con el tiempo, los fenoles en el vino evolucionan. Se combinan hasta que no pueden permanecer suspendidos en la solución. En ese momento caen como si fuera sedimento. El vino se vuelve más claro en color, de púrpura a rubí, después a granate y finalmente de color marrón. A medida que los taninos se desvanecen, el vino se vuelve menos astringente y sabe más dulce. Por supuesto que hay muchos más factores involucrados. Un digno vino añejo debe ser bajo en pH (alta acidez), protegido del oxígeno (buen corcho u otros cierres son importantes) y, sobre todo, debe ser almacenado correctamente.
 “Esa es la razón por la que ves que las botellas están de lado, porque así se evita que el corcho se seque y deje entrar aire en la botella. La temperatura es aún más importante porque el calor acelera el proceso de envejecimiento. Así que los coleccionistas invierten en refrigeradores de vinos especiales o unidades de refrigeración costosas diseñadas para mantener una bodega de vino a unos 13 grados Celsius.
“Ciertas variedades de uva tienen mayores niveles de fenoles. El Cabernet Sauvignon, el Syrah o el Nebbiolo, por ejemplo, se consideran vinos tintos especialmente buenos por la edad. Para los vinos blancos, los componentes clave para permitir el envejecimiento prolongado son la acidez y el azúcar. Es por eso que la variedad de riesling, especialmente los que son más dulces, y los sauternes envejecen magníficamente durante décadas (si se almacena correctamente, claro está). El Burdeos blanco, que normalmente es una mezcla del Sauvignon blanco y del Semillon, almacenado en barril, también envejecerá de forma excelente”. Hasta aquí esa cita.
En referencia a los vinos evaluados en esta cata número 254 del Grupo Enológico Mexicano, me parece conveniente mencionar que el vino Capo d’Istria Cabernet Sauvignon, cosecha 2005,  fue elaborado en Eslovania. Este  país, ubicado en Europa Central (anteriormente formaba parte de Yugoslavia),  el cual colinda con Italia, Hungría, Austria y Croacia,  ostenta el mérito de haber sido escenario ---en la ciudad de Liubliana, la capital--- del primer concurso enológico del cual se tiene registro oficial. En alguna página de internet leí que “El año 1955 se considera crucial, ya que entonces se llevó a cabo el Primer Concurso Internacional del Vino, en Liubliana, con la protección de la Organización Internacional de la Viña y el Vino,  de París (OIV), apoyo que sigue recibiendo hasta la fecha. Un poco más tarde, el Concurso de Liubliana también contó con el patrocinio de la Organización Internacional de Enólogos de París (OIE),  El vino más antiguo catado en alguno de estos certámenes enológicos fue elaborado en España, de la cosecha de 1885, presentado en Liubliana en el Concurso de 1969”.
Por lo que respecta al vino Roganto Cabernet Sauvignon, Selección Especial, cosecha 2002, cabe señalar que en la cata “ciega” número 101 (del Grupo Enológico Mexicano), celebrada en enero de 2004, obtuvo el primer lugar con una calificación de 88.90 puntos. En esta ocasión el jurado estuvo integrado por dieciocho catadores, y fueron evaluados diez vinos de México, considerados de categoría Premium. Y en la cata número 181  (la décimo quinta en la alta montaña, realizada a una altitud de cuatro mil metros, en una eminencia boscosa frente a la Iztaccíhuatl), en la cual hicimos una cata “vertical” de seis añadas del mismo vino, obtuvo una calificación de 89.11 puntos y alcanzó el primer lugar.
En la cata “ciega” mensual  número 254, motivo de esta crónica, fueron degustados  nueve vinos tintos de la cava de los Miembros de Número del Grupo Enológico Mexicano. La procedencia de los vinos fue la siguiente:  2 vinos de México, 1 de Chile, 2 de Francia, 1 de Portugal, 1 de Eslovenia y 2 de España. Las añadas de elaboración de esos caldos oscilaron entre 1996 y 2007.
La Mesa de Catadores estuvo integrada esa tarde por los siguientes enófilos: Joaquín López Negrete, Gustavo Riva Palacio, Carlos Ruíz González, Rafael Fernández,  Salomón Cohen, Juan Ignacio Torreblanca, Darío Negrelos, Juan Carlos Chávez, y Miguel Guzmán Peredo.
En estas degustaciones analíticas  los enófilos que participan en esas degustaciones sensoriales califican las características visuales, olfativas y gustativas de cada uno de los vinos, escribiendo junto con la puntuación otorgada en cada uno de estos tres renglones, sus comentarios respecto al color, al aroma o bouquet y al sabor de cada uno de los vinos sometidos al examen organoléptico de los miembros de la Mesa de Catadores que en esa ocasión participaron en dicha degustación. Una vez que los jueces analizaron esas características sensoriales, y  que se tiene inmediato conocimiento de cuál fue la calificación alcanzada por cada vino (momento éste en el que son descubiertas las botellas y se conoce de qué vino se trata en cada caso), cada catador  formula en voz alta sus propios comentarios, con la finalidad de escuchar las opiniones de los restantes catadores, enriqueciéndose, de esta manera, el imparcial juicio emitido por cada uno de esos enófilos.
Los  resultados fueron los siguientes:
(En esta ocasión no es proporcionado el precio al público de cada vino, en virtud de que se trata de cosechas que no se encuentran regularmente en el mercado)
 
1.- Viña Pedrosa, cosecha 1999. Gran Reserva Selección Especial. Edición XXV Aniversario.  Monovarietal  Tempranillo. 13.5% Alc. Vol. Crianza en barrica durante veintiséis meses: los doce primeros meses en barrica de roble francés y los siguientes catorce meses en barrica de roble estadounidense. Denominación de Origen Ribera del Duero. Bodega Pérez Pascuas. Elaboración de 3.500 botellas. Esta botella es la número 0389. Calificación: 88.00   puntos. (Aportación de Juan Ignacio Torreblanca) 
2.- Chateau  de Ferrand, cosecha 2007. Coupage de 76% Merlot, 11% Cabernet Franc y 11% Cabernet Sauvignon (sic).  14% Alc. Vol. Crianza de  12 a 14 meses en barricas 60% nuevas y 40% de un año de uso.  Appellation Saint-Emilion Grand Cru Classe. Héritiers de Baron Bich.  Saint-Hippolyte. Saint-Emilion. Bordeaux. Francia. Calificación: 85.55  puntos. (Aportación de Salomón Cohen)
 3.- Monte Alpha Merlot, cosecha 2004. Monovarietal  Merlot.   Alc. Vol. Crianza en barrica francesa durante doce meses. Valle de Colchagua. Viña Montes. Apalta, Chile. Calificación:  83.88  puntos. (Aportación de Dario Negrelos) 
4.- Roganto Cabernet Sauvignon Selección Especial. Cosecha 2002. Monovarietal  Cabernet Sauvignon. 13% Alc. Vol.  Crianza de dieciocho meses  en barricas nuevas de roble francés. Vides y Vinos de California, Ensenada, Baja California. México. Calificación;  83.33 puntos. (Aportación de Rafael Fernández Flores) 
5.- Quinta de Cidró Pinot Noir, cosecha 2007. Monovarietal Pinot Noir. 13.5% Alc. Vol. Denominación de Origen Douro. Real Companhia Velha. Vila Nova de Gaia, Portugal. Calificación: 82.11 puntos. (Aportación de Gustavo Riva Palacio) 
6.-  Capo d’Istria Cabernet Sauvignon, cosecha 2004. Monovarietal  Cabernet Sauvignon. 13% Alc.Vol. Crianza de dieciocho meses en barricas nuevas de roble francés. Vinakoper. Istria, Primorska, Eslovenia. Calificación: 80.33  puntos. (Aportación de Juan Carlos Chávez) 
7.- Merlot Monte Xanic, cosecha 1996. Monovarietal  Merlot.  13% Alc. Vol.  Crianza de dieciocho meses en barricas nuevas de roble francés.  Monte Xanic, S.de R.L. de C.V. Valle de Guadalupe, Ensenada, Baja California,  México. Calificación: 76.72   puntos. (Aportación de Miguel Guzmán Peredo)   
8.- Chateau Tour Gessan, cosecha 2000. Mezcla bordalesa.. 12.5% Alc. Vol. No hay información de la crianza en barrica. Appellation Saint-Emilion Grand Cru Controlé. Maison Sichel. Bourdeaux, Francia. Calificación:  75.66   puntos. (Aportación de Carlos Ruíz González) 
9.- Pintia, cosecha 2005. Monovarietal Tinta de Toro. 15% Alc. Vol. Crianza durante catorce meses en barricas nuevas de roble francés (de Nevers)  el 70%,  y el 30% restante en barricas estadounidenses. Denominación  de Origen Toro.  Bodegas y Viñedos Pintia. San Román de la Hormija, Valladolid, España. Calificación;  73.11  puntos. (Aportación de Joaquín López Negrete)



Los catadores eligieron “mejor etiqueta”  y “mejor botella” la del vino Roganto Cabernet Sauvignon Selección Especial. Cosecha 2002.




martes, 14 de febrero de 2017

SUCULENTO ÁGAPE EN MI ANIVERSARIO 82

FRAY MODESTO NO LLEGO A PRIOR  
(Expresión popular española)

El libro que recoge los refranes y las locuciones populares propias de España incluye esta certera expresión “Fray Modesto no llegó a prior”, que tiene como variante esta otra: “Fray Modesto nunca fue prior”, la cual hace implicita referencia a la conveniencia de guardar cierto grado de modestia, como antítesis del hecho de hacer vanagloria de los supuestos méritos propios. Y en el texto donde encontré esas curiosas expresiones, de secular empleo en el habla popular, también leí que “no siempre conviene la timidez y el encogimiento, pues hay momentos en la vida en los cuales las personas pueden, y deben, comentar aquellas  circunstancias, consideradas en extremo gratas,  en las que han sido festejadas o celebradas”.

En base a esa premisa séame permitido, por esta ocasión (sin que ello signifique que me sirvo de otra locución popular: alabanza en boca propia es vituperio) referirme a un exquisito ágape que  Raymundo López Castro  ---con quien me liga una acendrada amistad desde hace ya muchos años—  preparó para mí, en ocasión de mi aniversario número ochenta y dos.  Para mencionar mi edad podría simplemente decir que soy octogenario, pero prefiero  hacer uso de un retruécano, diciendo: ya soy octogeranio,  y,  por ello,  he ingresado, desde hace dos años, a la florida edad de la cuarta ---o quizá quinta---  juventud de mi existencia.

Ese apetitoso yantar  --en el cual participamos cuatro personas: el sibarítico anfitrión,  Erika, Ofelia y yo--- dio comienzo con
el  aperitivo: vino blanco Chardonnay Doña Dolores, cosecha 2014  (elaborado en  la Finca Sala Vivé, de Freixenet, en Ezequiel Montes,  Tequisquiapan, Querétaro) , acompañado de Jamón Ibérico de la prestigiada marca“Joselito”, y de queso manchego (Denominación de Origen Queso Manchego).

(Debo mencionar que el anfitrión,  quien se distingue por su generosidad y epicúreas actitudes,  ejerce profesionalmente como arquitecto, pero una de sus pasiones estriba en el arte culinario, y para ello ha seguido varios cursos de cocina para deleite propio y ajeno, y merced a esa predisposición  ha agasajado, en repetidas ocasiones, a los Miembros de Número del Grupo Enológico Mexicano en su bien provista mesa).

A continuación pasamos a la mesa y el deleite palatal prosiguió con el primer manjar: Tamalito de masa integrada con chile guajillo y vino Chardonnay,  que fue presentado con una corona de angulas. Cabe decir que la pequeña latita de angulas “Blanca fina Bagador” tiene un peso de 110 gramos, y fue envasada en Aguinaga, Guipuzcoa,  País Vasco, España. La combinación de este tamalito con angulas fue de gran apetitosidad. 

En seguida fue servida la Crema de Queso (Emmental 40%  y Parmesano 60%),  aderezada con leche condensada, vino blanco  Chardonnay, pimienta negra de Castilla (la cual, según reza la etiqueta del frasco, fue elaborada en Italia), aceite de oliva y chile de árbol, chile guajillo y chile cascabel. Una verdadera delicia al paladar.

Para armonizar este platillo degustamos Sidra Brut Nature de la marca E.M. Emilio Martínez, cosecha 2012. Acerca de este deliciosa bebida espumosa, que es objeto de una doble fermentación en botella, y permanece once meses de crianza en rima  (no exagero al decir que la “cascada invertida” (nombre que yo doy a las burbujas  que ascienden en el seno del líquido para formar, en la parte superior,  la “corona”  son minúsculas y de gran permanencia, y semejan aquellas propias de un Cava o un Champagne).  El grado alcohólico de esta bebida es de 8%, y es elaborada en el Lagar El  Gobernador, en la ciudad de Villaviciosa, en el Principado de Asturias, en España.  De acuerdo a los lineamientos de la Denominación de Origen Protegida Sidra de Asturias esta bebida puede ser elaborada hasta con 23  tipos diferentes de manzanas. La Sidra Brut Nature EM está hecha con tres tipos diferentes: Regona, Raxao y Blanquina,  las cuales, a juicio de los responsables de esta empresa, son las más apropiadas para elaborar una sidra de la más alta calidad.   

(Considero conveniente señalar que en el caso de los vinos, las uvas con las cuales está elaborada esta dionisiaca bebida proceden de los viñedos, es decir de los terrenos sembrados de vides, y de allí proceden los racimos de esta fruta. En el caso de las manzanas con las que está hecha la sidra, estas  vienen de una pomerada, nombre que recibe el área sembrada de manzanas).

El  guiso principal consistió en Pollo a la Cerveza. Exquisita pechuga de pollo confeccionada con cerveza Nochebuena, mantequilla, aceite de oliva y salsa de cacahuates asados, servida con papa Hash Brown. El maridaje de esta sabrositud fue con Champagne Brut Non Vintage Prince Laurent Brut, resultado de un coupage de 70% Pinot Meunier y 30% Chardonnay.

El postre fue Pastel de Tres leches y Chocolate, muy sabroso. En seguida una taza de café cubano y varios digestivos.

El remate de esta gratísima comida fue el gentil obsequio que  me hizo Raymundo López Castro: un decantador Riedel  modelo “Amadeus”.

Terminaré este breve relato de un yantar de notoria suculencia mencionando que si “Fray Modesto no llegó a Prior”, al ser objeto de tan exquisitas atenciones, yo me sentí punto menos que Cardenal, o quizá Papa, en esta  memorable ocasión.  

A manera de colofón transcribiré un bello pensamiento de William Shakespeare (1564-1616):  “El buen vino es una excelente y jovial criatura de Dios, cuando se hace de él un uso moderado”






lunes, 17 de octubre de 2016

CATA MARIDAJE DE VINOS ROSADOS Y PLATILLOS DE LA COCINA MEXICANA

Una  buena conversación comienza
siempre con un sacacorchos.

EVAN  ESAR (1899-1995)

Después de haber celebrado tres catas maridaje,  cuya organización y realización corrió a cargo de Raymundo López Castro  ---Miembro de Número del Grupo Enológico Mexicano---,   tuvo verificativo la cuarta, y última, de estas deleitables sesiones manducatorias. En la primera de ellas la armonización de varios de los platillos  propios de la cocina mexicana  (esa fue la tónica que imperó en las cuatro comidas y catas, maridando esos guisos con vinos tanto nacionales como de otros países)  ocurrió con seis vinos burbujeantes, Champagne,  Cava y espumosos, elaborados mediante el Método Tradicional, también llamado Champenoise, en el cual la segunda fermentación del vino tiene lugar en la botella en la cual ese producto será puesta a la venta. En la segunda el maridaje de los manjares fue con vinos tintos. En la tercera cata-maridaje la armonización fue con vinos blancos, mientras que en la cuarta fue con seis vinos rosados. 

Acerca de los colores de los vinos diré que el rojo, también llamado tinto, tiene esta denominación por la voz latina russeus, que se traduce como rojo intenso. La palabra tinto probablemente deriva de tintóreo, término que expresa la capacidad colorante de algunos productos vegetales, animales y minerales, y hace alusión a las múltiples tonalidades y matices rojizos que se observan en esta clase de vinos. Tinto es el participio pasado del verbo tingere, teñir.
 
El vino blanco (elaborado a partir de uvas blancas, o bien utilizando uvas tintas, pero teniendo el cuidado de que el hollejo, nombre de la piel de la uva, y los escobajos sean retirados previamente a la fermentación, para que el vino carezca de cualquier tonalidad carmesí, por mínima que ésta pudiera llegar a ser) no tiene en realidad ese color, sino que éste oscila entre un verde pajizo y un amarillo ambarino. El término amarillo se deriva de la voz latina amarillus , diminutivo de amarus , cuyo significado es amargo. Al respecto señala el filólogo Carlos Laguna que ese nombre parece haber sido empleado para referirse a la palidez de quienes padecen ictericia, “pues ese padecimiento es producido por un trastorno en la secreción de la bilis, es decir, del humor amargo”.

En Alemania y en Portugal existen vinos blancos jóvenes que son llamados verdes , Esta palabra, el adjetivo y el sustantivo verde, designa al cuarto color del espectro solar, y se deriva del vocablo latino viridis, que para algunos analistas del lenguaje tiene el significado de vigoroso, fuerte, lo mismo que fresco, y reciente.

El nombre del color rosado, propio de una clase especial de vinos  ---que para muchos enólogos es sólo una variante de los tintos---,  proviene del nombre de la flor (rosa, en lengua latina) cuya tonalidad cromática distintiva es un encarnado poco intenso, tenue y delicado. Un vino rosado es aquel que se obtiene mediante el prensado moderado de las uvas tintas, de diferentes cepas y utilizando variados métodos de elaboración, cuyos hollejos son dejados por poco tiempo en contacto con el jugo de las uvas, para que tiñan levemente al vino, confiriéndole ese delicado y hermoso matiz que distingue a esta clase de vinos. Conviene mencionar que otra manera de elaborar vinos rosados es mezclando una parte de vino tinto con otra de vino blanco. Este proceso es quizá más fácil, pero menos apropiado para producir vinos de calidad, finura y sabor.

En Francia esta clase de vinos reciben el nombre de rosé. En España y Portugal son denominados rosados, mientras que en Italia llevan el nombre de rosato. En los países angloparlantes son conocidos como rosé wines.

En el portal Wikipedia leo que  “El vino rosado es aquel que tiene algo del color típico del vino tinto, pero solo lo suficiente como para darle un color rosa, que puede ir del claro al fuerte casi violeta, según las uvas y las técnicas de producción usadas. Hay tres formas de producir vino rosado: por contacto con los hollejos, por sangrado (saignée) y por mezcla. La técnica del contacto con los hollejos es empleada  cuando el rosado es el producto primario. Consiste en aplastar uvas de hollejo tinto, permitiendo que éste quede en contacto con el mosto durante un corto periodo, típicamente dos o tres días. Entonces se prensan las uvas, y se descartan los hollejos en lugar de dejarlos en contacto durante toda la fermentación (como en el caso del tinto). Los hollejos contienen buena parte de los taninos y otros compuestos de sabor fuerte, y al retirarlos se obtiene un sabor más parecido al del vino blanco.  Cuanto más tiempo se dejen los hollejos en contacto con el mosto más intenso será el color del vino resultante.
“El rosado también puede obtenerse como subproducto de la fermentación del vino tinto, empleando una técnica conocida como sangrado (saignée). Cuando el productor desea dar más taninos y color a un tinto, puede retirarse parte del zumo rosa en una etapa temprana. El tinto que queda en las cubas se intensifica al reducirse el volumen total, y el mosto de la maceración se concentra. El zumo rosa que se sangre puede fermentarse separadamente para producir vino rosado.

“El vino rosado es elaborado en tonalidades diversas, desde naranja pálido hasta un vivo casi violeta, dependiendo de la uva, los aditivos y las técnicas de producción usadas. Históricamente el rosado era un vino seco bastante delicado, ejemplificado por el Anjou rosado del Loira. De hecho el claret original era un vino pálido (clairet) de Burdeos que probablemente hoy sería considerado un rosado.  El Weißherbst es un tipo de rosado alemán hecho solo con una variedad de uva”. Hasta aquí esa cita.

En fecha reciente  ---el pasado sábado 15 de octubre de 2016---  Raymundo López Castro, organizó  para el deleite de los cofrades de esta organización de enófilos, la cuarta cata maridaje de guisos propios de la cocina mexicana con seis vinos rosados,  elaborados en  España, Argentina, Chile y México.

En las tres ocasiones anteriores  los catadores participantes han analizado  y opinado acerca de con cuál vino  ---de los seis que se están evaluando sensorialmente en cada ocasión---  armoniza mejor cada uno de los platillos que sucesivamente son degustados. Se trata de un interesante ejercicio organoléptico  ---y por lo demás, a mi parecer, poco frecuente---  al cual yo he dado el nombre de maridaje simultáneo múltiple, pues se pretende evaluar la reacción del catador, mediante los órganos de los sentidos, al degustar simultáneamente  un platillo con seis vinos  de diferente procedencia.

Esta deleitable sesión gastronómica dio comienzo con una singular experiencia, dada por el hecho de catar  ---en esta ocasión fue la segunda que realizamos esta práctica--- el mismo vino (ahora fue el vino Doña Dolores Viognier ,  cosecha 2015, elaborado en la Finca Sala Vivé, de Freixenet, en Ezequiel Montes, Querétaro)  contenido en dos copas diferentes. Una persona ajena a la cata analítica de ese día colocó ---antes de que los catadores llegasen al sitio de la degustación---  las dos botellas en las bolsas de cata del Grupo Enológico Mexicano, y por ello los participantes en esta cuarta cata maridaje ignoraron de qué vino (s)  se trataba. Una copa fue el modelo Riedel 001, de fino cristal, y la otra  de un elegante diseño, de vidrio fino. Los catadores formularon diversos comentarios de que se trataba (antes de conocer la mecánica de esta insólita degustación) de dos vinos diferentes, pues el color de uno de ellos discrepaba notoriamente de la tonalidad del otro caldo.

Igualmente sus características odoríferas  y  gustativas se mostraban diferentes. Y es que la copa Riedel 001 (cuya forma, tamaño, especial  diseño y la finura del cristal con el cual está fabricada, permite, o propicia, mejor dicho, la cabal percepción sensorial del vino que en ella esta contenido), favorece la cabal apreciación de sus principales particularidades sensoriales. La calificación otorgada al vino contenido en la copa Riedel 001 osciló entre 80 y 90 puntos, en tanto que el vino de la otra copa, insisto, de un bello diseño (similar  a las copas que pueden ser utilizadas en un restaurante de calidad), pero fabricada en vidrio, fue evaluado entre 75 y 80 puntos.

Al comenzar la cata maridaje propiamente, primeramente fueron  calificados  ---en una cata “ciega” evaluativa ---  estos seis vinos rosados: dos elaborados en México, dos en España, uno en Argentina y el otro en Chile, de acuerdo a la manera de analizar los caldos etílicos que priva en el Grupo Enológico Mexicano. Ya luego cada uno de los presentes manifestó su complacencia y deleite palatal de un determinado vino con  cada tiempo de esta sápida comida, la cual permitió, una vez más, que los asistentes comentaran sus preferencias gustativas, al tiempo mismo que escuchan las opiniones de los otros catadores en torno al siempre agradable tema del maridaje de manjares con vinos.   

La Mesa de Catadores estuvo integrada esa tarde por ocho miembros del Grupo Enológico Mexicano  (Patricia Amtmann, Raymundo López Castro,  Gustavo Riva Palacio, Rafael Fernández, Philippe Seguin, Juan Carlos Chávez, Gabriel Iguiniz y Miguel Guzmán Peredo).   En estas degustaciones analíticas, en las cuales los catadores ignoran la marca y la procedencia de los vinos que van a degustar, motivo por el cual reciben el nombre de “ciegas” (pues una persona ajena al panel de catadores seleccionó el orden en que fueron analizados los vinos, los cuales fueron colocados en las bolsas de tela que llevan al frente el logo del Grupo Enológico Mexicano, que impide visualizar de cuál vino se trata),  los enófilos que participan en esas degustaciones sensoriales califican las características visuales, olfativas y gustativas de cada uno de los vinos, escribiendo junto con la puntuación otorgada en cada uno de estos tres renglones, sus comentarios respecto al color, al aroma o bouquet y el sabor de cada uno de los vinos sometidos al examen organoléptico de los miembros de la Mesa de Catadores, que en esa ocasión participaron en dicha degustación.

Una vez que los jueces analizaron esas características sensoriales, y  que se tiene de inmediato conocimiento de cuál fue la calificación alcanzada por cada vino (momento éste en el que son descubiertas las botellas, extraídas de las bolsas de tela que, hasta ese momento, las guardaban de los ojos de los allí presentes, y se conoce de qué vino se trata en cada caso), cada catador  formula en voz alta sus propios comentarios, con la finalidad de escuchar las opiniones de los restantes catadores, enriqueciéndose, de esta manera, el imparcial juicio emitido por cada uno de esos enófilos.

Las calificaciones están basadas en los parámetros que maneja el Grupo Enológico Mexicano. Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 50 y los 59 puntos son considerados “no recomendables”. Si la puntuación se halla comprendida entre los 60 y los 74 puntos, son juzgados “bebibles”. Una calificación entre los 75 y los 84 puntos permite evaluarlos como “buenos”. Si el puntaje oscila entre los 85 y los 94 puntos, son juzgados “muy buenos”. En el caso de que la calificación esté comprendida entre los 95 y los 100 puntos, entonces alcanzan la categoría de “extraordinarios”.

Los platillos fueron preparados por Raymundo López Castro (quien a más de actuar profesionalmente como arquitecto es un ameritado cocinero, cuyas dotes han sido justipreciadas en repetidas ocasiones por los Miembros de Número del Grupo Enológico Mexicano), y consistieron en los siguientes manjares:  Primer  tiempo: Tacos de pato a la naranja, aderezados con salsa de chile serrano.  Esta entrada armonizó magníficamente con el vino Santa Carolina Rosado, y también con el vino Vivante Rosado.  A continuación degustamos Sopa espesa de  jitomate rostizado con albahaca, y tropezones de jitomate  sofrito en aceite de oliva. Acompañado de los vinos Vivante y Santa Carolina fue un magnífico deleite palatal. El siguiente guiso fue Entomatado de res  en salsa de chile pasilla y miltomate, en espejo de frijol con queso panela al chilpotle.  Combinó muy bien con los dos mismos vinos ya señalados: Vivante Rosado y Santa Carolina Rosado. Cabe agregar que cuando los catadores degustaban los tres platillos mencionados iban saboreando los citados seis vinos y opinaban con cuales dos, a su parecer, armonizaba mejor el manjar.

El postre consistió en ate de membrillo, fresa y guayaba con queso manchego.

Después de este melindre saboreamos una taza de aromático café cubano, acompañado con una amplia gama de digestivos. Los catadores degustamos, ad libitum, entre varias otras delicias, los siguientes néctares etílicos: Ron Zacapa XO Solera Gran Reserva Especial, Brandy Cardenal Mendoza Gran Reserva, Bourbon Whiskey Woodford Reserve, Whiskey Johnny Walker Platinum Label y Tequila Gran Centenario Reposado  Rosangel.

Los resultados fueron los siguientes:

Primer lugar:  VIVANTE ROSADO.  Cosecha 2015.   Coupage de Malbec y Cabernet Sauvignon.   Grado alcohólico  11.0 % Alc. Vol.    Finca Sala Vivé. Freixenet  México,  Ezequiel Montes, Querétaro.  Precio al público en México:  $  107.00   Calificación: 86.00  puntos.
Segundo lugar:  SANTA CAROLINA ROSADO. Cosecha 2014   . Monovarietal 100% Cabernet Sauvignon.   Grado alcohólico 14. 0 % Alc.Vol  Denominación de Origen Valle Central     Viña Santa Carolina. Macul, Chile.  Precio al público en México:  $ 75.00  Calificación: 85.14   puntos.
Tercer lugar: DOÑA DOLORES MERLOT ROSADO.  Cosecha 2015.  Monovarietal 100%  Merlot.    Grado alcohólico  13.0%  Alc. Vol.  Finca Sala Vivé.  Freixenet  México,  Ezequiel Montes, Querétaro.  Precio al público en México:  $  133.00    Calificación: 84.28   puntos
Cuarto lugar  MARQUES DE CACERES ROSADO. Cosecha  2015.  Coupage de 96% Tempranillo y 4% Garnacha Tinta.   Denominación de Origen Calificada Rioja. Grado alcohólico: 13.5%  Alc.Vol.  Productor: Bodegas Marqués de Cáceres. Cenicero. Rioja Alta, España. Precio al público en México:  $  160.00   Calificación:  81.00   puntos.
Quinto lugar:  SOTTANO RESERVA MALBEC.  Cosecha 2014 .  Monovarietal 100%  Malbec.   Grado alcohólico 14.7%    Alc.Vol. Crianza en barrica de roble 60%  francesa.  40% estadounidense. Luján de Cuyo, Mendoza, Argentina..  Precio al público en México: $  200.00   Calificación: 79.57   puntos.
Sexto lugar: EMINA ROSADO.  Cosecha 2014. Coupage de 80% Tempranillo y 20%  Verdejo. Denominación de Origen Cigales.  Bodega Emina. Valbuena del Duero, Valladolid, España. Grado alcohólico 13.5 %  Alc.Vol.  Precio al público en México:  $ 190.00    Calificación:  79.00  puntos

Los catadores eligieron “mejor etiqueta”  y “mejor botella”  la del vino Sottano Reserva Malbec.  

A manera de colofón mencionaré que el periódico El Financiero publicó, el pasado 10 de octubre  --de este año—  la noticia de que la producción anual de vino en el Estado de Querétaro es de tres millones de botellas, con un crecimiento del 10 por ciento.