viernes, 23 de mayo de 2014

LOS VINOS DE PORTUGAL



Si el alimento es la parte corporal del
buen vivir, el vino es su espíritu.

CLIFTON FADIMAN (1904-1999)

La atención de los aficionados al futbol está enfocada  en  la ciudad de Lisboa, la hermosa capital de Portugal, ya que mañana, sábado 24 de mayo de 2014, se llevará a cabo el partido final de la UEFA Champions League, en la cual los equipos españoles del Real Madrid y Atlético de Madrid disputarán, en la urbe lisboeta, el máximo galardón del continente europeo, en lo concerniente al futbol..

Con ese motivo considero oportuno ocuparme, brevemente, de la cocina y de los vinos de Portugal, que tantas exquisiteces tienen para quienes degustan dichas ambrosías. .

Muchos años antes de que Cristóbal Colón hiciera realidad su sueño de viajar al Oriente navegando hacia el occidente, y pudiera llegar a las Islas de la Especiería  --tan preciadas para los europeos, porque significaban un valioso condimento para sazonar sus platillos--, los portugueses ya efectuaban navegaciones a lo largo de la costa occidental de África,  y las carabelas lusitanas exploraban regiones más distantes.  El príncipe Enrique El Navegante (1394-1460) patrocinó los viajes de descubrimiento de las islas Madeira, Azores y aquellos otros hacia los confines del continente africano.

Los portugueses fueron grandes navegantes que se aventuraron a recorrer los mares, entonces desconocidos de todos los marinos europeos, y merced a sus osadas exploraciones náuticas llegaron a las más lejanas regiones. En el año 1434 ---casi sesenta años antes de que Cristóbal Colón emprendiese el  periplo que lo habría de llevar al descubrimiento de un mundo nuevo---  los marinos portugueses rebasaron el punto geográfico denominado Cabo Bojador, considerado hasta entonces el sitio más alejado de la navegación en la costa atlántica de África, al que era posible aventurarse en aquellos mares ignotos. “”De sus viajes de descubrimiento hacia el Oriente, África, Asia y América, los portugueses trajeron y divulgaron por toda Europa las más diversas especias: pimienta, jengibre, canela, así como los productos exóticos actualmente tan corrientes en nuestra mesa, como el té, el arroz, el tomate y la patata”. Cabe señalar que durante muchísimos años Lisboa fue  el  importante centro comercial de diversos ingredientes traídos de África (Angola), Indonesia (Timor), India (Goa), China (Macao) y de Malasia y de Ceilán. Por otro lado, es conveniente recordar que el idioma portugués se habla en cuatro continentes: América, Asia, África y Europa.

Portugal, situado en el extremo sudoccidental de Europa, forma parte de la península ibérica (constituye el 16% de ella) junto a España. Su extensión territorial es de poco más de noventa mil kilómetros cuadrados (exactamente 92.389). Como punto de comparación diré que la extensión de Oaxaca es ligeramente superior a la de la nación europea que ahora me ocupa. Hace muchas centurias se le llamaba Lusitania,  nombre que proviene de la provincia romana creada por órdenes del emperador Augusto, en el año 27 A.C. Su capital era Emerita Augusta, la actual ciudad de Mérida, en Extremadura, España. Los habitantes de esa región eran los lusitanos, de donde se derivó el nombre de Lusitania.  Por su zona limítrofe hacia el sur y occidente, el litoral portugués es muy extenso,  lo que ha propiciado la acentuada actividad pesquera desde hace muchas centurias. Por tal motivo, son muy comunes en la gastronomía de Portugal  las deliciosas caldeiradas, elaboradas con distintos pescados. Igualmente son frecuentes los platillos a base de sardinas, almejas y mejillones. El plato nacional es el bacalao (bacalhau), que los pescadores lusitanos traían desde Terranova. En las guías culinarias de este país se habla de que existen mil y un recetas para cocinar este delicioso producto marino. Otros pescados frecuentes en la mesa nacional son la trucha, la lamprea y el sábalo.

Me parece conveniente agregar que el viñedo de Portugal se remonta al siglo VII A.C., cuando los fenicios propagaron el viñedo hacia la península ibérica. Ya en el siglo  primero de nuestra era los vinos de Lusitania habían alcanzado señalado prestigio. El historiador griego Estrabón los elogiaba por su espléndida calidad, ya que los comerciantes romanos los daban a conocer en todos los rincones del imperio de Roma. Más todavía, en el siglo XII se registraba considerable exportación de los vinos de Portugal hacia Inglaterra, que ya desde entonces manifestaba una singular preferencia hacia los vinos lusitanos.

Siglos más tarde serían también los ingleses los que contribuyeron notoriamente a dar a conocer al mundo la extraordinaria calidad de los vinos de Oporto y de Madeira, dos gemas etílicas dentro de la categoría de los vinos generosos o fortificados.  Portugal es, hoy en día, el séptimo país del mundo por la extensión de sus viñedos (poco menos de 300.000 hectáreas), y el número siete u ocho en el orbe por el volumen de su producción de vino, la cual es estimada en poco menos de  setecientos millones de litros.  Se calcula que el consumo anual per cápita de vino en Portugal es de aproximadamente cuarenta litros.

En Portugal existen 55 Denominaciones de Origen, y se habla de que hay casi quinientas  variedades autóctonas de uvas. Las cepas tintas más ampliamente utilizadas son las siguientes: Trincadeira Petra, Aragonés (esta variedad recibe el nombre de Tempranillo en España), Periquita, Alicante Bouchet, Touriga Roriz y la Touriga Nacional. Esta variedad de uva es la más sembrada para el Oporto. Es prudente señalar que recientemente se han introducido las variedades Cabernet Sauvignon y Syrah, Las cepas blancas más empleadas son las siguientes: Roupeiro, Arinto, Perrum y Fernao Pires.  Me parece importante agregar que Portugal fue el segundo país en el mundo en crear el sistema de la Denominación de Origen, la Regiao Demarcada, establecida en 1756. Italia fue el primero en poner en funcionamiento esta clasificación, en el primer tercio del siglo XVIII, en el área geográfica de Chianti. 

Una de las cuatro categorías de vinos existentes (“tranquilos” o naturales, espumosos, aromáticos y generosos), aquella de los vinos llamados de tres maneras diferentes: “encabezados”, generosos y “fortificados”, está representada de manera sobresaliente por el Oporto, de Portugal. Este vino recibe los nombres líneas arriba mencionados en virtud de que en algún momento del proceso de la fermentación, antes de que la acción de las levaduras haya transformado por completo el azúcar del mosto en alcohol, ese jugo,  que aún no es vino, es depositado en barricas que contienen brandy  --usualmente es una proporción de veinte por ciento de aguardiente por ochenta por ciento de ese mosto en proceso de convertirse en vino--, lo que de inmediato detiene la fermentación. De esta manera ese vino, llamado “generoso” por el porcentaje etílico que tiene, alcanzará un grado alcohólico de veinte a  veintidós, a diferencia de los doce o catorce grados de un vino “tranquilo”, como es el caso de un blanco, un rosado o un tinto.  

Oporto es la palabra castellana con que cual designamos ese delicioso néctar etílico lusitano. El vocablo Oporto significa literalmente “el puerto”, y hace alusión a la ciudad portuaria del norte de Portugal, llamada por sus habitantes Porto. De la misma manera como el vino espumoso por excelencia, el Champagne, tomó su nombre de la homónima región francesa de la cual procede, así también ocurrió con ese vino “fortificado” portugués, conocido en los países angloparlantes con el nombre de Porto. 
    
El área de producción de este vino en extremo delicioso fue delimitada en 1756, hace casi doscientos cincuenta años (se trata de una de las Denominaciones de Origen de mayor antigüedad en el mundo), pero ya veintidós años antes de esa fecha, en 1734, había dado comienzo el sistema de clasificar las cosechas, de acuerdo a lo que para los productores eran añadas buenas, regulares o mediocres, según hubiesen sido las condiciones climatológicas de cada año en particular.

Ya desde el siglo XIX se dieron cuenta los productores de esta clase especial de vinos que los  “generosos”, como el Oporto y el Madeira, ambos de Portugal; el Jerez, el Málaga y el Montilla-Moriles, de España; y el Marsala, de Italia, maduran y envejecen  (la palabra envejecimiento no tiene, en este caso, un sentido peyorativo, sino todo lo contrario, significa la afinación y mejoramiento de sus cualidades vínicas) en forma más armoniosa que aquellos similares que son puestos a añejar en botella. El resultado final de ese dilatado tiempo en la barrica es un vino de extraordinaria calidad y sabor, que puede ser guardado, en las condiciones idóneas, por un tiempo muy prolongado, que puede llegar a ser hasta de cien años, y en ocasiones especiales más,  cuando se trata de Oportos “Vintage” (la palabra portuguesa para designar esta clase excepcional de vinos es “Colheita” , que significa vendimia), aquellos que son elaborados con uvas obtenidas de una sola vendimia, los cuales pasan por lo menos siete años en barrica. Algunos Oportos reposan mayor número de años, con el fin de alcanzar características extraordinarias. Cabe decir que la producción de este tipo especial de vino representa apenas el dos o tres por ciento de todo el Oporto producido. He leído que otro autor señala que se trata únicamente del medio por ciento del Oporto elaborado.

Existen más de noventa diferentes variedades de uvas cuya utilización  está permitida por la ley de Portugal. Cinco de esas cepas son consideradas de señalada calidad para los Oportos tintos; Touriga Nacional, Tinta Roriz, Tinta Barroca, Tinto Cao y Touriga Francesa. Para los Oportos blancos las mejores variedades de uvas  son las siguientes: Viosinho, Malvasia Fina, Gouveio, Cedega y Rabigato.

En el blog Los vinos del mundo aparece que “El oporto fue el primer vino del mundo cuyo proceso de elaboración fue sometido a una reglamentación entre 1758 y 1761. El objetivo de esta reglamentación era poner freno a los abusos de ciertos compradores ingleses y fue clave en la historia de éxito del oporto, cuyo viñedo es todavía el más reglamentado del mundo. Cuando son recién elaborados, todos los oportos son “ruby”. Envejecidos en pipas durante varios años, pierden color y se convierten en “tawny”. En la categoría Ruby tenemos : Ruby: Oporto tinto sometido a un proceso envejecimiento de 3 años en pipa.
Late Bottled Vintage, o LBV: Oporto de añada, envejecido en pipa durante un período de 4 a 6 años.
Crusted: Mezcla de oportos que tienen más de 4 años de guarda en botella. Al no haber sido filtrados antes del embotellado, presentan un sedimento (“crust” en inglés).
Single quinta: Oporto de añada procedente de una sóla finca, con un envejecimiento de 2 años en pipa.
Vintage: Oporto de una añada excepcional. Se declara un “vintage” 2 años después de la vendimia, cuando el oporto mejora y presenta todas las características necesarias para tener un largo potencial de guarda en botella.
“En la categoría Tawny: Tawny: Oporto envejecido en pipa durante 5 años y que ha perdido su color"ruby".
Viejos tawnies: “Tawnies” de 10 años, 20 años, 30 años, 40 años de edad. Estos nombres se refieren siempre a una combinación de tawnies añejos, y su edad corresponde a la media de edad de cada uno de sus componentes. La mezcla contiene, por tanto, “tawnies” más jóvenes y “tawnies” más añejos, en diferentes proporciones.
Colheita tawnies: “Tawnies” que han sido elaborados de una sóla cosecha envejecida en pipa, desde la fecha que figura en la etiqueta (al menos 7 años).
El oporto blanco (Porto Branco): Se produce con cepas blancas y su proceso de elaboración es complejo. El oporto blanco puede ser muy seco cuando el encabezado es tardío, pero generalmente es dulce”. Hasta aquí esa cita.

Hablando en términos generales se menciona que hay varios  tipos  de Oporto: el White y el Ruby y el Tawny.  El Oporto White puede ser dulce o seco. El Ruby, el menos caro, es una mezcla de vinos de diferentes cosechas, el cual reposa de dos a tres años en tanques de acero inoxidable antes de ser embotellado. El Oporto Tawny reposa varios años en barrica, y adquiere tonalidad dorada, muy apreciada por los conocedores. El Aged  Tawny es considerado el mejor de esta categoría.

Es muy probable que el lector se pregunte por qué razón estos vinos llevan nombres en lengua inglesa. La explicación es muy sencilla. Fueron los comerciantes en vinos  de Inglaterra quienes contribuyeron a que el Oporto, el Jerez y el Madeira fuesen ampliamente conocidos, degustados y apreciados en Gran Bretaña, y en muchos otros países de Europa continental.  A ellos, a los habitantes del Reino Unido, se debe el renombre que por doquier gozan actualmente esos elíxires etílicos, al grado de que por muchísimos años   --hablando concretamente del Oporto—   se decía que éste era  “el vino de los ingleses” . Hoy en día se empieza a decir que el Oporto es  “el vino de los estadounidenses”, ya que en este país, Estados Unidos de América, existe una franca preferencia por saborear el Oporto, en sus varios tipos, lo que se pone de manifiesto en la comercialización  de casi cuatro millones de botellas de Oporto, que cada año llegan al vecino país del norte.

En alguna información reciente acerca de estos vinos leí que  a pesar de su reducida extensión, es el sexto país del mundo -después de Italia, Francia, España, Argentina y la antigua URSS-  por la cantidad de vino producido y ocupa el tercer puesto en la producción de vinos encabezados. Se discute mucho acerca de quiénes introdujeron la vid en Portugal. Unos dicen que vino de las Galias con la colonización romana y otros afirman que fue traído por los griegos y fenicios que, desde la más remota antigüedad, en el siglo VII a.C., navegaban a lo largo de las costas donde habían fundado numerosas factorías. En todo caso, la Lusitania romana fue famosa por sus vinos y aceites, ya que la viña y el olivo son dos cultivos que coexisten bien sobre el mismo terreno.

En la misma fuente de información mencionada párrafos arriba encontré una interesante referencia acerca del vino de Madeira, que a la letra asienta: “Madeira es una isla portuguesa situada a 600 km al oeste de Casablanca, en el océano Atlántico. Madeira da nombre al único vino del mundo que se produce en un horno. La cocción confiere aromas a tostados a un vino que originalmente es muy ácido, lo cual permite además su conservación por muy largo tiempo. Madeira fue una escala para el aprovisionamiento de agua de la flota mercante inglesa, cuyos marinos se iniciaron rápidamente en el comercio de los vinos locales. El vino de Madeira se volvió, entonces, un artículo habitual de las flotas mercantes que navegaban alrededor del mundo. Por azar, algunas barricas de vino de Madeira no vendidas volvieron a su lugar de origen. Los viticultores descubrieron entonces un fenómeno extraño: las altas temperaturas sufridas por los vinos durante el viaje los habían mejorado notablemente. A partir de este instante, se comenzó a experimentar con los vinos, sometiéndolos a un calentamiento ya fuera en hornos o a través de conductos a alta temperatura inmersos en las cubas. Esta práctica continua hasta nuestros días y se denomina "estufagem" (de la palabra portuguesa estufa)”.
Cabe agregar, para concluir con esta información que en el documento titulado Historia del Vino de Portugal, publicado en ese país, el 19 de agosto de 2012, queda asentado que Portugal posee más de 250.000 hectáreas de viñedo (el quinto país en superfìcie), aunque apenas produce una media de 7.000.000 de hectolitros anuales, lo que no le basta para figurar entre los diez primeros productores”





viernes, 25 de abril de 2014

LA DEGUSTACION ANALITICA DE LOS VINOS



El vino incrementa el coraje
y la audacia, y hace a los hombres
aptos para la pasión:  
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PUBLIO OVIDIO NASON
( 43 A.C.—17 D.C.)


María Isabel Mijares, enóloga española, señala que “El vino es un regalo para los sentidos. Su degustación aporta complejas y sutiles sensaciones a la vista, al oído, al olfato y al paladar. El análisis sensorial permite discernir la calidad de un vino y conocer mejor su identidad (variedad, tipo, añada, etc.). No hay nada más gratificante que compartir el placer del vino  --en una comida de amigos--  con el léxico apropiado que demuestra la cultura y la sensibilidad de los comensales”.

Desde hace muchos siglos, más de veinte, se emplea la palabra “degustación” para referirse a la acción de probar, con atención y cuidado, un alimento o una bebida. Existe una palabra sinónima que es “catar”, cuyo significado literal es mirar con atención. Recuerde el lector que, hace varias centurias, había un aparato que permitía mirar con claridad objetos ubicados a gran distancia, y al cual se le daba el nombre de catalejos.

Emile Peynaud, renombrado enólogo francés, describió la cata de la manera siguiente: “Consiste en probar con atención un producto cuya calidad queremos apreciar; se trata de someterlo a nuestros sentidos (gusto y olfato) y conocerlo, buscando sus diferentes defecto y cualidades, con la finalidad de expresarlos. La cata es estudiar, analizar, describir, definir, juzgar y clasificar. Por su parte, María Isabel Mijares agrega lo siguiente: ”Existe por lo tanto una diferencia entre “catar” y  “beber”. Beber es ingerir un líquido, en este caso el vino, para saciar la sed o disfrutar simplemente de un placer. Mientras que catar es un vocablo que describe el hecho de someter al vino al análisis de nuestros sentidos,  para juzgarlo y describirlo. Beber es, pues, un acto instintivo, catar es un acto voluntario, meditado y reflexivo”.

Hoy en día existe en nuestro país un acentuado interés  --que se incrementa,  de manera ostensible, al paso de las semanas y los meses---  por todo aquello relacionado al vino. Si bien el consumo per capita anual en México de esa deleitable bebida no llega a medio litro (a diferencia de Francia, Italia, España, Portugal, Chile y Argentina, por sólo enlistar algunos países de gran tradición vitivinícola, en los cuales el vino constituye la bebida acostumbrada cotidianamente para acompañar las comidas), es posible advertir que la preferencia por ese salutífero néctar etílico, salutífero cuando es ingerido con equilibrio y moderación,  ha aumentado notoriamente en los años más recientes. Por doquier son ofrecidos cursos de introducción, tendientes a mostrar a los enófilos en ciernes (enófilo es un vocablo que se aplica a las personas que gustan de acompañar sus comidas con esta  bebida de milenarios orígenes, así como también  para quienes desean conocer los múltiples aspectos inherentes al vino) la forma cómo es posible disfrutar cabalmente del placer de beber vino, poniendo en juego los sentidos de la vista, del olfato y del gusto, para que esos mensajes visuales, olfativos y gustativos  --sin olvidarme del sentido del tacto, ya que mediante los corpúsculos táctiles localizados en la lengua es posible apreciar el cuerpo de un vino determinado--  nos proporcionan un reporte sensorial bastante completo de las características de un vino degustado.

Es conveniente mencionar ahora que para muchas personas,  adentradas en el fascinante mundo del vino, las palabras degustación y cata son sinónimas, y tienen el significado de apreciar, cualitativa y cuantitativamente hablando, las características organolépticas de un vino en particular, o de una bebida etílica en general. Para otros, quizá más puristas en el manejo del lenguaje, degustar es un vocablo que denota el hecho  –hedonístico las más de las veces—de saborear un vino, sin la intención precisa de evaluar  sus cualidades y/o defectos, ya que la ingestión de ese néctar etílico es simplemente un motivo de deleite palatal, que no se halla  ligado a un estricto  análisis sensorial de la bebida ingerida.

Por otro lado, quiero señalar que la palabra CATA tiene antecedentes muy remotos en el idioma castellano, puesto que se deriva de un vocablo latino, captare, que puede ser traducido como “tratar de tomar”. En la lengua española,  hablada hace varias centurias,  catar significaba mirar, en su acepción de observar con atención. De allí el término “catalejos”, dado a un anteojo de larga vista  (el antecedente de un telescopio, palabra ésta derivada de dos raíces griegas que se refieren a un aparato que permite la visión lejana). Hoy en día catar es un verbo que hace referencia al hecho de probar, atenta y cuidadosamente, una bebida o un alimento, para examinar su sabor. Pero cabe la aclaración que cuando se cata, o se degusta, una bebida o un alimento no se pretende analizar únicamente su sabor. De la misma manera es importante evaluar su aroma  (las impresiones odoríferas que transmite al observador), y por ello se dice  –tratándose de algún producto alimenticio o de un líquido ingerible—  que lo que transmite buen olor, tiene, en términos generales, buen sabor. Ampliando este comentario, formulando una aseveración en sentido opuesto,  suele decirse que si un producto comestible o bebestible tiene mal olor, lo más probable es que al ser ingerido provoque sensaciones desagradables al paladar.

Por lo que concierne al vino, motivo primordial de este comentario enológico, considero conveniente transcribir algunos párrafos del libro Cómo degustar los vinos (escrito por el enólogo italiano Renato Ratti, y publicado en una traducción a nuestro idioma en España, en 1994, por Ediciones Mundi-Prensa). Acerca de la degustación ese autor señala lo siguiente: “La cata de un vino se lleva a cabo a través de la vista, el olfato, el gusto y el tacto; cada evaluación general es irremplazable, para dar un juicio global, que desde la evaluación cualitativa permite obtener implicaciones técnicas. Hablando de la degustación se puede, también, comentar el concepto de “calidad”. Aunque la definición de este concepto difícilmente se puede expresar de manera unívoca, es evidente que este concepto fundamental para el vino es el conjunto de las características que lo hacen aceptable, agradable o apetecible. Además, el término “calidad” en el lenguaje técnico enológico, siempre se refiere a características buenas u óptimas del vino”. En otro capítulo Renato Ratti afirma que “el arte de la cata no es para unos pocos. A excepción de personas que tienen enfermedades que afectan alguno de los sentidos, todo el mundo puede catar un vino, siempre que quiera aprender las técnicas básicas y posea los conocimientos fundamentales sobre la bebida que tiene que examinar”.

Para la cata “ciega número 241 del Grupo Enológico Mexicano, correspondiente al mes de abril de 2014 ----la cual se llevó a cabo el jueves 24 de ese mes,  en el domicilio de Juan Ignacio Torreblanca, Miembro de Número de esa agrupación de enófilos---, fueron seleccionados  nueve  vinos, los cuales fueron aportados por los catadores participantes en esta evaluación sensorial. Por su procedencia geográfica  tres fueron de Chile, dos de España, dos de Francia, uno de México y uno de Georgia.

La Mesa de Catadores estuvo integrada esa tarde por los siguientes enófilos: Patricia Amtmann,  Cristina Gaitán, Joaquín López Negrete, Philippe Seguin, Dario Negrelos, Rafael Fernández Flores, Juan Ignacio Torreblanca, Carlos Ruíz González,  Juan Carlos Chávez y Miguel Guzmán Peredo. 

En estas degustaciones analíticas, en las cuales los catadores ignoran la marca y la procedencia de los vinos que van a degustar  (pues únicamente tienen conocimiento del que cada uno de ellos aportó para la cata), motivo por el cual reciben el nombre de “ciegas”,  los enófilos que participan en esas degustaciones sensoriales califican las características visuales, olfativas y gustativas de cada uno de los vinos, escribiendo junto con la puntuación otorgada en cada uno de estos tres renglones, sus comentarios respecto al color, al aroma o bouquet y al sabor de cada uno de los vinos sometidos al examen organoléptico de los miembros de la Mesa de Catadores que en esa ocasión participaron en dicha degustación. Una vez que los jueces analizaron esas características sensoriales, y  que se tiene inmediato conocimiento de cuál fue la calificación alcanzada por cada vino (momento éste en el que son descubiertas las botellas y se conoce de qué vino se trata en cada caso), cada catador  formula en voz alta sus propios comentarios, con la finalidad de escuchar las opiniones de los restantes catadores, enriqueciéndose, de esta manera, el imparcial juicio emitido por cada uno de esos enófilos.

Los resultados fueron los siguientes:

1.- “E” Emeve Cabernet Sauvignon, cosecha 2011. 13.5% Alc. Vol. Coupage de 60% Cabernet Sauvignon, 25% Merlot y 15% Cabernet Franc. Crianza de 11 meses en barrica nueva de roble francés. Vitivinícola Emeve, S.A. de C.V. Valle de Guadalupe, Ensenada, Baja California. México. Calificación: 86.50   puntos. Precio:  $610.00 (APORTADO POR DARIO NEGRELOS)

2.-  Viu Manent Merlot Reserva, cosecha 2005. 14.5%  Alc. Vol. Varietal Merlot 100%. Crianza durante catorce  meses en barrica de roble francés. Viña Viu Manent, Valle de Colchagua,  Chíle. Calificación: 86.30  puntos. Precio: $ 199.00  (APORTACION DE JOAQUIN LOPEZ NEGRETE)

3.-  Dos Caminos. Selección del Directorio. Cosecha 2009. 14.0% Alc. Vol. Varietal 100% Cabernet Sauvignon. Crianza de 18 meses en barrica nueva de roble francés. Denominación de  Origen Valle de Cachapoal,  Rengo. Bodega Dos Caminos, Valle de Cachapoal, Rengo, Chile. Calificación: 86.10   puntos. Precio: $ 925.00 (APORTACION DE PATRICIA AMTMANN

4.-  Viña Tarapacá Gran Reserva, cosecha 2006. 14.5% Alc.Vol. Coupage de 88% Cabernet Sauvignon; 6% Merlot y  6% Syrah. Crianza durante 12 meses en barricas de roble francés y estadounidense. Denominación de Origen Isla de Maipo. Viñedo Tarapacá Ex  Zavala. Isla  de Maipo, Chile. Calificación: 84.60  puntos. Precio: $ 228.00  (APORTACION DE CARLOS RUIZ GONZALEZ)

5.- Chateau Marko Saperavi, cosecha 2010. 14.0% Alc.Vol. Varietal 100% Saperavi. Winery Khareba. Kakheti, Georgia. Calificación:  83.80      puntos. Precio: $ 460.00 (APORTACION DE JUAN IGNACIO TORREBLANCA)

6.- Grand Vin du Rhone, cosecha 2009. 14.0% Alc. Vol.  Mezcla bordalesa. Appellation Cotes-du-Rhone Controlée. Maison Sichel.  Bordeaux,  Francia. Calificación: 82.70   puntos. Precio: $ 210.00:   (APORTACION DE PHILIPPE SEGUIN).

7.- Cono Sur, Edición Limitada 20 Barricas, cosecha 2004.   Varietal 100% Pinot Noir.  14.2% Alc. Vol. Crianza de 18 meses en barrica francesa y dos meses en tanque de acero inoxidable. Denominación de Origen Valle de Casablanca. Viña Cono Sur. Valle de Casablanca, Chile. Calificación: 81.80  puntos.  Precio: $ 512.00 (en 2010)  (APORTADO POR MIGUEL GUZMAN PEREDO)

8.-  Marqués de Cáceres Crianza, cosecha: 2009. 13.0% Alc. Vol. Coupage de 85% Tempranillo y 15% Garnacha y Mazuelo. Crianza durante doce  meses en barrica de roble americano 50% nuevo y 50% semi nuevo. Denominación de Origen Calificada Rioja. Bodega Marqués de Cáceres. Cenicero, La Rioja, España. Calificación: 80.10   puntos.
Precio: $ 200.00  (APORTACION DE JUAN CARLOS CHAVEZ)

9.- Sichel Bordeaux Rouge, cosecha 2005.  12.5% Alc. Vol.  Appellation Bordeaux Controlée. Maison Sichel. Bordeaux, Francia. Calificación:  79.90   puntos. Precio: $ 250.00 (APORTACION DE RAFAEL FERNANDEZ FLORES)

Los catadores allí reunidos eligieron “mejor etiqueta” la del vino  E” Emeve Cabernet Sauvignon, cosecha 2011, y “mejor botella”   la del vino Viña Tarapacá Gran Reserva, cosecha 2006
.
Al finalizar esta evaluación sensorial los asistentes saborearon deliciosos canapés, preparados por Juan Ignacio Torreblanca, que acompañamos con cuatro botellas de vino: dos de  Chateau Marko Saperavi, cosecha 2010, obsequiados por el anfitrión de esta cata, y dos de Cabernet Sauvignon Reserva Limitada de L.A. Certto, cosecha  2004, obsequiados por Miguel Guzmán Peredo.  



viernes, 11 de abril de 2014

LEY SECA EN LA CIUDAD DE MEXICO, DURANTE LA SEMANA SANTA





El dipsómano y el abstemio están equivocados, 
y cometen el mismo error. Ambos consideran
el vino como una droga y no como una bebida..

GILBERTH KEITH CHESTERTON (1874-1957).

Hace algunos años, según recuerdo, las autoridades del Distrito Federal solían aplicar, en ocasiones especiales ---especialmente en los días previos a las elecciones, tanto locales como federales---,  irracionales medidas  (llamadas genéricamente Ley Seca) para tratar de controlar y disminuir el consumo de las bebidas alcohólicas. Digo irracionales porque sólo a esas personas, de escasas luces, se les ocurría prohibir la venta al público de esos néctares etílicos  en los establecimientos para ello autorizados, en los dos o tres días previos a esos procesos electorales, con la idea de que no se registrase ninguna alteración del orden público, debido al exceso en el consumo de dichas bebidas.  También estaba vedado que los restaurantes negasen el servicio de cerveza y de vino, y de otros destilados,  para acompañar los alimentos, pues consideraban, equivocadamente por cierto, que después de una comida de esta índole, maridada con algún buen vino de mesa, los comensales iban a salir a la vía pública a armar barullo y escándalo, alterando el orden y la paz.

Pero ahora ya no solamente establecen este tipo de insulsas disposiciones con motivo de las elecciones, sino que las autoridades del Gobierno del Distrito Federal, mostrando su pudibundez y mojigatería,  decretaron, según leí en el periódico Excelsior, del 9 de abril de este año, que “con motivo de la Festividad Religiosa de Semana Santa 2014, se suspenderá la venta de bebidas alcohólicas,  en todas sus graduaciones,  en ocho delegaciones del Distrito Federal. La restricción será los días 17, 18, 19 y 20 de abril, en las delegaciones de  Álvaro Obregón, Azcapotzalco, Cuajimalpa, Gustavo A. Madero, Iztapalapa, Miguel Hidalgo, Tláhuac y Xochimilco. El  acuerdo publicado en la Gaceta Oficial del Distrito Federal indica que la restricción se aplicará de las 00:00 a las 24:00 horas, los días 17, 18, 19 y 20 de abril, con el fin de prevenir posibles actos que pudieran trastornar dichos eventos y consecuentemente salvaguardar la integridad física de participantes y público en general.

“La prohibición será en cantinas, pulquerías, bares, cervecerías, peñas, salas de cine con venta de bebidas alcohólicas, cabarets, vinaterías, tiendas de abarrotes, supermercados con licencia para venta de vinos y licores, tiendas de autoservicio y tiendas departamentales. Asimismo, centros nocturnos, discotecas, salones de baile, restaurantes, fondas y en cualquier otro establecimiento mercantil similar, en el que se expendan o consuman bebidas alcohólicas de cualquier graduación, o que se instalen temporalmente con motivo de las festividades y tradiciones populares en la vía pública. También queda prohibida la venta y expendio gratuito de bebidas alcohólicas en el interior de ferias, romerías, kermesses, festejos populares y otros lugares en que se presenten actos similares.

“Las violaciones al presente acuerdo serán sancionadas de conformidad con las disposiciones de la Ley de Establecimientos Mercantiles del Distrito Federal y demás disposiciones aplicables”. Hasta aquí la transcripción de la disposición emitida por las autoridades capitalinas.

A mi parecer, estas declaraciones son todo un monumento a la estulticia, pues no prohíben la adquisición de dichas bebidas etílicas en los días previos a los señalados en esta prohibición gubernamental. Y por ello, quien así lo desease, puede surtirse de ellas sin esperar a que esta Ley Seca sea aplicada tan draconianamente en esa parte del Distrito Federal. Y en este momento me pregunto  ¿por qué motivo en otras delegaciones (Milpa Alta, Iztacalco, Tlalpan, Venustiano Carranza, Coyoacán, La Magdalena Contreras)  no tiene vigencia esa absurda prohibición?

Ahora recuerdo que hace ya casi veintitrés años, el día 2 de septiembre de 1991,  apareció mi artículo El vino y las elecciones, en Revista de Revistas, publicación de gratísimo recuerdo, dirigida por muchos años por Enrique Loubet.  Como me parece que los argumentos que entonces esgrimí, para manifestar mi desagrado por tan insulsas disposiciones gubernamentales, continúan siendo válidos al presente, ahora voy a transcribir algunos párrafos de aquel escrito, pues ilustran mi sentir al respecto.

“El pasado sábado 17 de agosto acudí a comer, con un grupo de amigos, a un restaurante de la Zona Rosa. Al ordenar el aperitivo nos informó el mesero que, debido al hecho de que al día siguiente se realizarían elecciones en la ciudad de México, estaba prohibida la venta y servicio de cualquier bebida espirituosa. Por esta absurda razón nos privamos de acompañar los manjares con un delicioso vino, no fuera a ser que, envalentonados por esa mínima cantidad de vino de mesa ingerido, armonizando nuestros guisos, fuésemos (o fuesen todos aquellos, que para el caso es lo mismo, que degustasen alguna bebida etílica durante la comida) a alterar, un día después, el sacrosanto orden público que priva en una ciudad  que no registra ningún hecho de violencia, y donde todo es decoro, tranquilidad y paz”. (Esta misma circunstancia, por demás desagradable, me toco padecerla en otras ocasiones, en diferentes ciudades de nuestro país, cuando coincidían esas fechas de elecciones con agradables viajes por todo México).

“En otra ocasión, en que disfrutaba de una opípara comida en Londres (a mi parecer una de las cuatro ciudades capitales más fascinantes de Europa, al lado de Paris, Madrid y Viena), bañada, por supuesto con un exquisito vino, me enteré que ese mismo día se estaban celebrando las elecciones para elegir a quienes ocuparían los escaños de la Cámara de los Comunes. Pero allí no tuvo vigencia legal ninguna absurda “ley seca”, en perjuicio de habitantes y turistas de la capital de la Gran Bretaña, ni tampoco el alud de letreros,  pancartas y demás inmundicia propagandística con la cual ha sido contaminada visualmente la ciudad de México, no solamente en la temporada en que se desatan estas innecesarias confrontaciones políticas.   

“Pienso en el grave desacato que significaría para el sentido común  ---y el orden gastronómico, que es igualmente muy importante---  el hecho de que un parisino (o cualquier turista, llegado a la Ciudad Luz, a admirar sus incontables encantos urbanísticos)  fuese a la “Tour d’Argent”, “La Coupole”, “Ledoyen”, “Lasserre, “Grand Vefour” y “Taillevent” (verdaderos santuarios de la gastronomía en Paris”), o a cualquier otro establecimiento de restauración de la capital francesa,  y le salieran con el domingo siete de que como al día siguiente tendrían lugar las elecciones para elegir a los miembros de la Asamblea Legislativa, o a quien sería el nuevo ocupante del Palacio del Elíseo, no le podían servir vino  --o cualquier otra bebida espirituosa—  para armonizar con sus deliciosos platillos. Eso sería, a  más de una herejía a los principios fundamentales de la gastronomía, una indudable señal de gazmoñería y cretinismo llevado al extremo”. Hasta aquí esa cita.

En este tema, el de las ridículas prohibiciones de acompañar los alimentos con vino (o la ingesta de otras ambrosías etílicas), en los días de elecciones, no estamos solos los mexicanos, pues en otras naciones de este continente existen legislaciones similares a las nuestras. En el portal Wikipedia leí que “en Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, El Salvador, Perú, Uruguay y Venezuela esta norma entra en vigencia siempre cerca de cualquier tipo de elección a nivel nacional, como por ejemplo votaciones para Presidente y Congresistas de la República, Alcaldes o Presidentes Regionales. La norma se aplica de 48 horas antes del inicio de la elección hasta 24 horas después de la misma”.

Ahora comentaré que en mayo de 2011 estuve en España por casi dos semanas. Después de participar en la Feria Nacional del Vino (FENAVIN 2011), la exposición más importante del vino en ese país, recorrí los principales sitios de interés turístico de Madrid, Toledo, Aranjuez y Segovia. Días después tendrían lugar las elecciones para elegir al nuevo presidente, así como a diversos otros miembros del gobierno español. Me sorprendió gratamente advertir, en esas ciudades, que salvo pequeños pendones, colocados con un cordón en los postes del alumbrado público, no había  ---por ningún lado—  bardas pintarrajeadas,  a perpetuidad,  como es costumbre que ocurra en México. Seguramente que el día de las elecciones  no tuvo vigencia, en todo el territorio de este país europeo,  ninguna estúpida “Ley Seca”, que prohibiese el consumo de bebidas espirituosas en tascas y restaurantes. Supongo que al gobernante hispano que pretendiese aplicar tan insulsa disposición le darían, cuando fuese el momento, un gran castigo en las urnas, a más de hacer de él befa y escarnio por doquier.

Volviendo al tema de la Ley Seca en el Distrito Federal, con motivo de la llamada “Semana Mayor”, agregaré que antes de que hubiesen transcurrido 48 horas de que las autoridades capitalinas diesen a conocer las disposiciones arriba mencionadas, en diferentes medios de comunicación apareció la noticia de que “El gobierno del DF da marcha atrás a la ley seca total por Semana Santa, y que las autoridades permitirán la venta de bebidas alcohólicas en hoteles y restaurantes,  en las ocho delegaciones en las que la había prohibido.  El jefe de Gobierno del Distrito Federal (GDF), Miguel Ángel Mancera Espinosa, anunció este jueves que será permitida la venta de bebidas alcohólicas en hoteles y restaurantes en estas zonas de la ciudad. “Hemos tenido comunicación tanto de la cámara de restauranteros como de la cámara hotelera y el compromiso también, el llamado ha sido para establecer reglas precisas en este punto”, detalló Mancera. La indicación para los establecimientos con estas características es que no se vendan botellas cerradas,  (subrayado por mí) “sino que sea nada más para el consumo propio en los establecimientos”

De acuerdo con estas absurdas disposiciones usted (o cualquier comensal) no puede pedir que le lleven a su mesa una botella cerrada de cerveza, o de vino de mesa, sino que le será servida por copeo,  como lo expresó Miguel Ángel Mancera, en una entrevista por televisión. Y abundando en esta información señalaré que el titular de la Secretaría de Gobierno, Héctor Serrano Cortés, haciendo gala de su exquisita percepción de lo que para las autoridades del Distrito Federal es un potencial problema, que conviene aminorar,   dijo que con estas acciones “pretendemos garantizar la integridad física de las personas que participan en estas festividades, buscando el equilibrio (sic)”.

Nada más hace falta que alguien traduzca al lenguaje común y corriente lo que este funcionario quiso decir.

Para concluir diré que en la Gaceta del Distrito Federal, del miércoles 9 de abril de 2014, apareció publicado lo siguiente: “La venta de bebidas alcohólicas en los establecimientos mercantiles, al ser de alto impacto social, podrían traer consecuencias negativas para la seguridad pública, si se desarrollan en días en los que con motivo de festividades populares tradicionales existen grandes concentraciones de personas”

De acuerdo con este brillante razonamiento, digno de un cerebro privilegiado, puedo decir que en estos días debería estar prohibida totalmente la venta de combustibles,  para los automóviles, pues “podrían traer consecuencias negativas para la seguridad pública, si se desarrollan en días en los que con motivo de festividades populares existen grandes concentraciones de personas”