sábado, 18 de mayo de 2019

EL CHEF MARTÍN SAN ROMÁN


Martín San Román es un ameritado chef mexicano, cuya trayectoria profesional ha sido, en verdad, digna de encomio. Para señalar algunos de sus pormenores vitales más relevantes nada mejor que acudir a los portales de internet, y conocer que nació en la ciudad de México. Es egresado de L’Ecole Lenôtre, en París, Francia,  y fue graduado de la carrera de Hotelería en la Universidad del Estado de Michigan, en la Unión Americana. Fue nombrado Embajador de Mexican Cuisine para el mundo. Tiene el certificado CAP del gobierno francés y es miembro de la Academia Culinaria de Francia, de la American Culinary Federation, de Vatel Club de México y de Société des Cuisiniers de París.
En una temprana etapa en la capital francesa laboró en el célebre local de Fauchon (un deleitable lugar para los golosos, por muchos considerado un paraíso gourmet),  y en los restaurantes de dos afamados hoteles en la Ciudad Luz; el Grand Intercontinental y el Le Meridien. También lo hizo en el Hilton de Londres, el Westgate de San Diego y el Hotel Raffles, de Singapur.
Años más tarde habría de ser el chef propietario de dos restaurantes en la ciudad de Tijuana: Le Tour de France y Rincón San Román, donde ha puesta de manifiesto la excelencia de su peculiar estilo cocineril, al armonizar las galas de la cocina francesa con las delicias de la cocina mexicana. Sus méritos lo llevaron a ser miembro de la exclusiva Academia Culinaria de Francia,  y ser el único mexicano de la Sociedad de Cocineros de París, y portador de la Medalla Gastronómica (Antonin Careme).

Es conveniente enfatizar ---de acuerdo a lo que leo en un portal de internet--- que  “Martín San Román ha recibido (hasta fecha reciente) más de 255 reconocimientos en 12 países. Habla español, inglés y francés fluidamente, y ha viajado por todo el mundo, plasmando su pasión por el arte culinario en cada una de sus creaciones. Su cocina ha sido presentada en diversas partes del mundo: fue miembro del equipo Grossmont Culinary Team para las olimpiadas culinarias de Efurt, Alemania 2004. Dos veces chef invitado para la preparación de la cena oficial del gobierno de México en el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza 2000 y 2010. Chef invitado en eventos del gobierno Mexicano (Promexico y Sagarpa) desde 1995, en Suiza, París, Londres, Alemania, España, Rusia, Chile, Costa Rica, Canadá, Guatemala, Bélgica, Holanda, EUA, Japón, Singapur y en los eventos más importantes de México, como el Festival Cervantino, el Club de Banqueros y Alimentaria, entre otros. Su programa de cocina Del chef a usted con Televisa Baja California, duró ocho años con un público de seguidores muy extenso, tanto nacional como internacional.  



Actualmente se encuentra a cargo de varios proyectos: es chef propietario de La Terrasse San Román en Valle de Guadalupe, Ensenada,  y de La Rotisserie San Román en Tijuana, es chef socio de Dobson’s en San Diego, chef CEO de Martín San Román/Catering San Diego-Baja y socio de la marca Tequila Martín San Román. Además es chef consultor para Hotel Casa Fernanda, en Tepoztlán,  Morelos, chef consultor de Restaurantes Argentinos El Diego, en Monterrey,  y México, D.F. y chef consultor Whole foods (Hillcrest) San Diego – Cocina de la Baja.

En fecha reciente Martín San Román, vino a la ciudad de México, invitado por su colega Horacio Armendáriz, chef ejecutivo del restaurante Bistró /83 (un agradable salón comedor ubicado en el corazón del barrio de San Ángel), con la finalidad de presentar, durante dos días, algunas de las excelencias gastronómicas propias de su cocina, según las presenta en el exclusivo restaurante Dobson’s,  de la ciudad de San Diego, donde funge como chef. 

El grupo de comensales invitado para degustar esas ambrosías comenzó por saborear el tequila blanco de la marca Martín San Román, “Reserva del Chef”, elaborado por la empresa tequilera de la cual es socio. Es un destilado elaborado 100% con Agave Azul, cuyo grado alcohólico es de 40%. Delicioso, aterciopelado y de prolongado retrogusto.  Cabe decir que hay otro tequila, éste de la categoría Extra Añejo, también de la marca Martín San Román, “Reserva del Chef”, igualmente de 40% de alcohol por volumen, cuyo envejecimiento en barrica es de sesenta meses.

El tequila blanco fue acompañado con un poco de Jamón Serrano Pata Negra.  
   
El primer platillo consistió en Pastelito de cangrejo en su jugo natural y salicornias (éstas son unas  pequeñas plantas, también denominadas espárragos de mar, las cuales crecen en playas y manglares), que fue armonizado  con el vino  espumoso Roederer Estate Brut, elaborado con uvas de las cepas Pinot Noir y Chardonnay,  en el Valle de Anderson, en el condado de Mendocino, en California, por  la firma Champagne Louis Roederer.
A continuación sirvieron un exquisito Bisque de langosta y mejillones, al cual, antes de degustarlo, le agregaron, en el momento de romper la fina costra de hojaldre, un poco de Jerez Fino de la marca La Ina, lo cual lo hizo aún más delicioso al paladar. Este manjar fue maridado con el vino Chardonnay, cosecha 2017   ---guardado ocho meses en barrica--- , de la marca Josh Cellars, del Valle de Sonoma, en California. Una exquisita experiencia gustativa.
 
El platillo principal consistió en Filete de res al horno en salsa de escargots, de sápida textura. Lo acompañamos con un excelente vino tinto elaborado en el Valle de Guadalupe, en Baja California. Se trata del vino 100% Cabernet Sauvignon, de la marca  Henri Lurton Le Cabernet Reserva, de magníficas cualidades organolépticas.  Es un potente vino de grado alcohólico de 14,0%, el cual fue guardado durante dieciocho meses en barrica de roble francesa. 

Faltaba todavía saborear una de las especialidades del chef Martín San Román, el afamado Pastel de Crepas Tijuana,  creado en el año de l989 ---hace ya casi tres décadas--- en su restaurante “La Tour de France”, en Tijuana, Este postre ha alcanzado una difusión muy amplia, ya que se habla de que, al menos en más de 22 países es muy conocido y apreciado por su exquisito sabor. Este melindre lo acompañados con un magnífico vino de postre: SIP Moscato, cosecha 2015, de California. Es un vino de postre,  de 10.% de grado alcohólico, elaborado con un coupage de 50% de Orange Muscat y 50% Muscat Canelli.



jueves, 12 de julio de 2018

LA CEPA TEMPRANILLO

QUIENES BEBEN VINO
SE ENCUENTRAN SANOS.
QUIENES POSEEN VINO SON
RICOS. QUIENES ELOGIAN
EL VINO SON SABIOS.
.
JONI G. MCNUTT (1957------)

 E
xisten, en España,  por lo menos treinta y ocho Denominaciones de Origen diferentes en las cuales está autorizado utilizar la cepa Tempranillo, en la elaboración de vinos de mesa. Pero no únicamente en España, sino también en Argentina, Australia, Chile, Estados Unidos de América, Francia, México, Perú, Portugal,  República Dominicana  y Uruguay, donde este vidueño ---de tan extendido cultivo en la ancha faz del planeta--- permite la elaboración de magníficos vinos, de gran cuerpo, excelente potencia aromática y gran persistencia gustativa.

Ahora señalaré  que en el blog Univinum, del 10 de abril de 2014, apareció la noticia de que España era el primer productor mundial de vino en ese año. La nota en cuestión menciona lo siguiente: “Un aumento de 41% en la producción de vino en España le ha llevado a tomar el primer lugar y superando a Francia, convirtiéndose en el primer productor de vino en el mundo. Según datos del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente de España se producen 51 millones de hectolitros de vino por esto supera a Francia e Italia que solo producen 42 millones y 47 millones respectivamente. A nivel interno la mitad de la producción de vino en España del año pasado correspondía a Castilla-La Mancha.

Abundando en este asunto mencionaré que en la publicación titulada Sabor Mediterráneo (Revista Digital de Gastronomía Mediterránea, de 2002) leí que la cepa Tempranillo es la variedad más extendida en España, la cual “está presente en 28 de las 54 Denominaciones de Origen y en 27 de las 49 comarcas productoras de Vino de la Tierra. También se cultiva en Portugal, Francia, Argentina y Estados Unidos. Recibe más de 15 nombres diferentes y produce vinos muy distintos según la tierra y el clima donde se cultiva”

En esa misma publicación queda señalado que otras denominaciones de la variedad Tempranillo son las siguientes: Valdepeñas, en el Valle de San Joaquín, en California (EEUU); Tinta Roriz en Portugal; Tinta Aragonesa, en Alentejo (Portugal); Arinha Tinto, en  Dao (Portugal); Tinta de Santiago, en Sétubal (Portugal); Tempranillo, en México, en Francia y en Argentina, y Grenache de Logroño, en Francia
En el libro Cepas del Mundo (Pi & Erre Ediciones, Madrid, España) mencionan diversas sinonimias de la variedad Tempranillo, como las siguientes: Escobera y Chinchillana (Badajoz) , Cencibel (Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara y Madrid) Tinto Fino (Madrid), Tinta de Toro (Zamora), Tinto del País (Burgos, Soria y Valladolid), Tinto Madrid o Tinto de Madrid ( Toledo, Santander, Salamanca, Soria y Valladolid), Valdepeñas (Estados Unidos) y Vid de Aranda (Burgos)”

De este vidueño considero conveniente dejar constancia que en el boletín español Directo al Paladar, del 2 de septiembre de 2009, apareció publicada la información que a continuación transcribo: “La uva Tempranillo es la cepa española por excelencia. Es, a partir de ella, de donde surgen una parte importante de los vinos más representativos del panorama vitivinícola español. Es una uva de considerable implantación en toda la geografía española, en la que se conoce con diferentes nombres. Ull de llebre (Ojo de Liebre), en Cataluña, Tinta del país, en Ribera del Duero, Tinta de Toro, en Zamora, Cencibel, en la zona castellano-manchega, Tinta fino, en Madrid, Valdepeñas, en el nuevo mundo, etc.
“Debe su nombre a que presenta su punto óptimo de maduración, antes que el resto de variedades españolas, acelerando (de igual manera que lo hacen las cepas en zonas frías) su ciclo antes de la llegada del otoño con su correspondiente bajada de temperaturas. Es, por ésta particularidad y alguna más (como la similitud en la evolución de sus vinos) que siempre se sospechó de su parentesco con la pinot noir borgoñona (otra variedad noble, ésta francesa), aunque recientes estudios genéticos tienden a descartar esta hipótesis.

“LaTtempranillo, en su estado óptimo de recolección arroja vinos frescos y secos en boca, diferentes a la mayoría de variedades españolas que tienen la calidez como reseña de referencia. Envejece de manera muy digna manteniendo un armonioso equilibrio entre estructura, color y acidez. La cata de uva tempranillo, de manera genérica suele arrojar a la vista vinos de marcada intensidad, de generosa capa, excepto los comentados de la Rioja Alta, donde en ocasiones adolece de falta de extracto al ser ésta una zona excesivamente fresca y húmeda. En nariz, son vinos finos destacan los aromas a fruta roja madura y frutos silvestres, a veces acompañados de algún aroma de carácter herbáceo y/o floral, tras la crianza los aromas evolucionan hacia agradables notas especiadas, vainilla, tabaco, chocolate, torrefactos… En boca la tempranillo muestra una entrada amable, sedosa, con discreta acidez, lo que además suaviza la intensidad de la presencia de los taninos en la boca, permitiendo percibirlos con mayor suavidad y finura”.
Por su parte, Wikipedia consigna que “la variedad Tempranillo, también llamada Tinta del país o Cencibel, es una variedad de uva tinta cultivada extensamente para producir vinos tintos con cuerpo en España, de donde es originaria. Ocupa una superficie de cultivo de 31.046 hectáreas, lo que supone un 61% de la D.O. Calificada Rioja de aumento progresivo en los últimos años en detrimento de otras variedades. Se considera autóctona de Rioja. Es la principal uva usada en La Rioja, y a menudo se la menciona como la "uva noble" de España. Su nombre es ek diminutivo de temprano, lo cual hace referencia al hecho de que madura varias semanas antes que la mayor parte de las variedades de uva tinta españolas. Existe una variedad blanca de mutación reciente: tempranillo blanco.

“La uva Tempranillo procede de otras dos variedades: la Albillo Mayor y la Benedicto. La primera, denominada Turruntés,  en La Rioja, es una variedad muy conocida que se cultiva en el centro de la Península Ibérica. La variedad Benedicto casi no se cultiva en la actualidad, solo queda de forma residual en Aragón, y carece de referencias históricas claras en la literatura vitícola española. La variedad Tempranillo podría haber nacido por una hibridación espontánea en el último milenio probablemente en el entorno del valle del Ebro, según una investigación reciente del Instituto de Ciencias de la Vid y del Vino (ICVV) y del Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario (IMIDRA)”. Hasta aquí esa cita.

Una nota en torno a la cepa Tempranillo, aparecida en el blog Univinum, del 19 de agosto de 2014, permite saber que La Tempranillo es la uva que más crece en cultivo de todo el mundo. En esa información se asienta que “en el simposio de MW (The Institute of Masters Wine, de Londres, Inglaterra), del mes de mayo, celebrado en Florencia, el genetista de uvas José Vouillamoz reveló cuáles son las uvas y los países que están creciendo más rápido en términos de las cultivo en todo el mundo, y las uvas más destacadas resultaron inesperadas.  Las plantaciones de Tempranillo han aumentado más que cualquier otra uva entre los años 2000 y 2010, habiendo examinado las variedades más plantadas en el mundo.  Vouillamoz dijo que las dos variedades más cultivadas hace 10 años eran blancas, Airén de España y Rkatsiteli de Europa del Este. Fueron las más grandes en términos de superficie cultivada por viñedo a nivel mundial, pero habían caído sus cifras desde entonces hasta la actualidad.

“A pesar de esto, en 2010 Airén seguía siendo la tercera uva más plantada en el mundo, tras la Cabernet Sauvignon y la Merlot, pero por delante del Tempranillo, según Vouillamoz.  Pero cuando se consideran las tasas de crecimiento y el aumento más rápido de la superficie sembrada en la última década, este orden se invierte, dejando en primer lugar al Tempranillo, a continuación, Syrah, y por último Cabernet Sauvignon y Merlot.

El aumento de la superficie sembrada en la última década arroja datos importantes en cuanto a lo que puede esperarse en los próximos años en cuanto al  liderazgo de las plantaciones. "La Cabernet Sauvignon se cultiva en todas partes, así que probablemente lo hará también la Tempranillo", Vouillamoz dijo que ofrece una posible explicación para el considerable aumento de las plantaciones de esta uva española - donde hay más de 200 000 hectáreas de cultivo aproximadamente - a pesar de que es ampliamente plantado también en Portugal, y cada vez más en Australia y seguramente seguirá ampliando su zona de plantación.

Considero conveniente señalar que hace unas cuatro semanas, en “el último informe de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), leí que en el Boletín “Focus OIV 2017”  aparece la siguiente información: “Existen unas diez mil variedades de uva conocidas en el mundo, de las cuales, únicamente trece ocupan más de un tercio de la superficie total de viñedos, y treinta y tres variedades suponen el 50% del total. Dentro de las variedades internacionales más cultivadas se encuentran las siguientes: Cabernet Sauvignon: tiene  340,000 hectáreas cultivadas y representa 5% de la superficie mundial. Merlot tiene 266.000 hectáreas cultivadas.Tempranillo: cuenta con 231.000 hectáreas cultivadas. Airén cuenta con 218.000 hectáreas cultivadas, con amplia presencia es España. Se utiliza en muchos brandies.Chardonnay: cuenta con 210,000 hectáreas cultivadas. Ugni Blanc: cuenta con 111,000 hectáreas cultivadas, pero esta uva es interesante porque es la principal en la producción de Cognac y Armagnac. Hasta aquí esa información.

La Mesa de Catadores estuvo integrada ese día, miércoles 11 de julio de 2018  (en el cual el Grupo Enológico Mexicano celebraba la cata número 255, desde enero de 1995)  por los siguientes enófilos: Gustavo Riva Palacio, Darío Negrelos,  Philippe Seguin, Carlos Ruíz González, Juan Carlos Chávez, Juan Ignacio Torreblanca,  Gabriel Iguiniz  y Miguel Guzmán Peredo.

En estas degustaciones analíticas, en las cuales los catadores ignoran la marca y la procedencia de los vinos que van a degustar  (pues únicamente tienen conocimiento del que cada uno de ellos aportó para la cata), motivo por el cual reciben el nombre de “ciegas”,  los enófilos que participan en esas degustaciones sensoriales califican las características visuales, olfativas y gustativas de cada uno de los vinos, escribiendo junto con la puntuación otorgada en cada uno de estos tres renglones, sus comentarios respecto al color, al aroma o bouquet y al sabor de cada uno de los vinos sometidos al examen organoléptico de los miembros de la Mesa de Catadores que en esa ocasión participaron en dicha degustación. Una vez que los jueces analizaron esas características sensoriales, y  que se tiene inmediato conocimiento de cuál fue la calificación alcanzada por cada vino (momento éste en el que son descubiertas las botellas y se conoce de qué vino se trata en cada caso), cada catador  formula en voz alta sus propios comentarios, con la finalidad de escuchar las opiniones de los restantes catadores, enriqueciéndose, de esta manera, el imparcial juicio emitido por cada uno de esos enófilos.

Las calificaciones están basadas en los parámetros que maneja el Grupo Enológico Mexicano. Aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 50 y los 59 puntos son considerados “no recomendables”. Si la puntuación se halla comprendida entre los 60 y los 74 puntos, son juzgados “bebibles”. Una calificación entre los 75 y los 84 puntos permite evaluarlos como “buenos”. Si el puntaje oscila entre los 85 y los 94 puntos, son juzgados “muy buenos”. En el caso de que la calificación esté comprendida entre los 95 y los 100 puntos, entonces alcanzan la categoría de “extraordinarios”.

Los resultados fueron los siguientes:

Primer lugar:  Barón Ladrón de Guevara.  Reserva, cosecha 2012. Vino de Autor. Coupage de 95% Tempranillo y 5% Graciano. 14.0% Alc.Vol.  (Viñas de más de cincuenta años)  Crianza de 36 meses en barrica, 50% francesa y 50% estadounidense. Doce meses de reposo en botella. Denominación de Origen Calificada Rioja. Bodega Valdelana. Laguarda (El  Ciego), Rioja Alavesa. España. Calificación: 86.38   puntos. Precio $ 1.121.00   (Aportación de Juan Ignacio Torreblanca
Segundo lugar;  Roganto Tempranillo, cosecha 2006. Selección Especial. Monovarietal 100% Tempranillo  (Tinta de la Baja) .  15.8 % Alc. Vol.  Crianza en barrica de roble francés, rusa y estadounidense. Vides y Vinos Californianos, Ensenada, Baja California, México.  Calificación:  85.00  puntos. Precio en el año 2012  $ 766.00  (Aportado por  Miguel Guzmán Peredo)
Tercer Lugar:  Beronia Tempranillo, cosecha 2012, Selección Especial. Monovarietal 100% Tempranillo. 14.0% Alc. Vol.  Crianza de  ocho meses en barrica estadounidense.   Denominación de Origen Calificada Rioja. Bodegas Beronia  Ollauri, Rioja Alta.  La Rioja.  España.  Calificación: 84.63   puntos. Precio: $317.00     (Aportación de Juan Carlos Chávez)
Cuarto lugar: Dubón, cosecha 2014. Crianza.  Monovarietal 100% Tempranillo. 13.5% Alc. Vol. Crianza de doce meses en barrica francesa (67%) y estadounidense  (23%)   .  Denominación de Origen Ribera del Duero. Bodegas Valduvón, S.A. Milagros, Burgos, España.  Calificación:  84.38   puntos.  Precio $ 295.00 (Aportación de Gustavo Riva Palacio)
Quinto lugar: Galileo. Cosecha 2014. Monovarietal 100% Tempranillo.  13.7% Alc. Vol. Crianza de doce meses en barrica nueva, francesa y estadounidense. Hoteles y Viñedos del Valle de Guadalupe, S.A. de C.V. Valle de Guadalupe, Ensenada, Baja California, México. Calificación: 83.38   puntos. Precio: $ 250.00     (Aportación de Philippe Seguin) 
Sexto lugar:  Dehesas Viejas, cosecha 2010. Monovarietal 100% Tempranillo   14.0% Alc. Vol. Crianza en barrica  durante 12 meses y veinticuatro meses de reposo en botella. Denominación de Origen Ribera del Duero. Bodega Pagos del Rey, S.L. Olmedilla de Roa. Burgos, España.  Calificación:  83.13  puntos. Precio al público $ 597.00  (Aportado por Gabriel Iguiniz)
Séptimo lugar:  Friki Wines, cosecha 2016. Monovarietal 100% Tempranillo. 13.5% Alc. Vol.    Bodegas Crin Roja, S.L. Vino de la Tierra de Castilla. Elaborado por Bodegas Crin Roja, S.L.  y embotellado por Vinícola del País. Fuente Álamo, Albacete, Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha. España. Calificación: 82.38   puntos. Precio: $ 250.00     (Aportación de Philippe Seguin)   Este vino obtuvo, a  juicio de los catadores, la calificación de  “mejor relación calidad/precio.
Octavo lugar:  Condado de Oriza, cosecha 2013.  Monovarietal 100% Tempranillo. 13.5% Alc. Vol.  Crianza en barrica nueva de roble estadounidense  durante 14 meses. Nueve meses de reposo en botella. Denominación de Origen Ribera del Duero. Bodega Pagos del Rey, S.L. Olmedilla de Roa. Burgos, España.  Calificación:  77.00  puntos. Precio al público $ 297.00  (Aportado por Carlos Ruíz González)

De acuerdo a los parámetros del Grupo Enológico Mexicano dos vinos de esta degustación quedaron dentro de la categoría de “muy buenos” y los restantes seis vinos quedaron inscritos dentro del nivel de “buenos”.

Al concluir esta degustación sensorial fue servida una exquisita comida, ofrecida por Carlos Ruíz González ( Director de Programas In.Company del IPADE)., quien también funge como Miembro de Número del Grupo Enológico Mexicano.  




viernes, 19 de enero de 2018

LOS VINOS DE CHILE

LOS VINOS DE CHILE








El vino mueve la primavera,
Crece como una planta la alegría.
Caen muros, peñascos,
Se cierran los abismos,
nace el canto.

PABLO NERUDA (1904-1973)
(Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto)
Introducción

Chile es un fascinante país del Cono Sur de América, que ostenta el título de “el más largo del mundo”, pues desde su parte septentrional hasta el extremo meridional se extiende por 4.329 kilómetros de longitud. Su anchura promedio es de 180 kilómetros, y la superficie territorial es de 756.102 kilómetros cuadrados (casi tres veces la del estado de Chihuahua, en México). La población asciende, de acuerdo al censo de 2016, a poco más de dieciocho millones y el número de habitantes de la capital, Santiago, es de siete millones. Esta ciudad fue fundada por el Pedro de Valdivia, en 1541, con el nombre de Santiago de Nueva Extremadura. Este conquistador español era originario de la Provincia de Extremadura, en España,  al igual que Hernán Cortés y Francisco Pizarro, conquistadores de México y de Perú, respectivamente.

El nombre Chile proviene de un vocablo de alguna lengua indígena, mapuche, quechua o araucana  --en ello no se han puesto de acuerdo los historiadores---, y se habla de que hace referencia, bien al nombre o bien al sonido de una avecilla que habitaba en esas regiones.

La vitivinicultura llegó a estas tierras en el siglo XVI. Unos opinan que  del virreinato de la Nueva España fue llevada la vid a Perú, y que de esta posesión hispana fue propagado ese cultivo a Chile, y posteriormente a Argentina. Otros aseguran que  directamente de España, o bien de Portugal,  los primeros colonizadores de Sudamérica llevaron consigo las primeras vides, ya que requerían del vino para la cotidiana celebración de la eucaristía. Los misioneros Francisco de Caravantes y Bartolomé de Terrazos son considerados  los primeros en sembrar la Vitis vinifera en tierras de Chile. Otros confieren ese mérito a Juan Jufre y a Diego García de Cáceres, quienes, presuntamente, plantaron las primeras viñas en el Valle Central, en 1554.

Desde comienzos del siglo XIX la vitivinicultura chilena mostró sorprendente pujanza, al incrementarse notoriamente la superficie sembrada de viñas. En aquellos años predominaba la variedad Criolla,   “que lo mismo que la especie chilena de procedencia paralela ---la País, en otros lugares llamada Misión---  ha sido la especie dominante en Sudamérica durante tres siglos”. Por estos años un viticultor francés, Claude Gay, estableció un vivero de cepas europeas, las cuales muy pronto fueron diseminadas por doquier. Esto permitió que, desde entonces,  el aislamiento del viñedo chileno no resultase afectado por las plagas que tan señaladamente afectaron  ---a mediados del siglo XIX---  los viñedos de Europa, con las plagas de Mildew y Filoxera.

Promediaba el siglo XIX cuando se registró una notoria expansión de la vitivinicultura en Chile, ya que los propietarios de las bodegas comenzaron a importar, de Francia, de Italia y de España, principalmente, las variedades de uvas consideradas “finas”, como la Cabernet Sauvignon, la Merlot, la Pïnot Noir y la Riesling, entre varias otras, y con ello la producción de vino inició señalado auge.  En aquellos años no era frecuente que en los viñedos de Burdeos, los de mayor renombre en Francia, se hiciese una plena identificación de las cepas, por lo que coexistían diversas variedades en una misma viña, como asienta Gérard Aubin, en su libro Bordeaux, vignoble millenaire.

Es casi seguro que cuando fueron llevadas diversas cepas a Chile llegaran vidueños de Carménere (también conocida con los nombres de Grand Vidure y Grand Carmenet) entre las plantas de Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Merlot, las más preciadas por los viticultores, ”algunos años antes de que aquella cepa desapareciera por completo de su Burdeos natal, debido al mencionado ataque de Filoxera”. La cepa Carménere, identificada como tal por el enólogo francés Jean Michel Boursiquot, ampelógrafo de la Universidad de Montpellier (durante el 6º Congreso Latinoamericano de Floricultores y Enólogos, celebrado en Chile, en 1994), se ha venido significando como una variedad emblemática de los viñedos chilenos.

En algún portal de internet leí que “El número de hectáreas sembradas con la variedad Carménere, en Chile, ha crecido de manera exponencial: En 1997 había 330 hectáreas. Para 2002 el total ascendía a 5.805, porque mucho de lo que antes se consideraba Merlot ha sido reclasificado como Carménere, según afirma el enólogo Philippe Pszczolkowski, catedrático de la Universidad Católica de Chile”.  Además, los ampelógrafos chilenos han exteriorizado que “se estima que dos tercios de las 12.768 hectáreas inscritas como Merlot corresponden a Carménère, lo cual llevaría a Carménère a más de 13.000 hectáreas, convirtiéndola en la tercera variedad en extensión en Chile, después de Cabernet Sauvignon y País”.

A mediados del siglo XIX, los dueños de las empresas vitivinícolas  no dudaron en dar sus apellidos a sus respectivos negocios, por considerar que la vitivinicultura es “la reina de las artes agrarias”. De esta manera surgieron entonces la Viña Ochagavia, la Viña Macul, la Viña Concha y Toro, la Viña Urmenta y la Viña Undurraga, entre muchas otras que, en la razón social, ostentan el apellido de los visionarios empresarios que iniciaron lo que, en unas cuantas décadas habría de representar la prosperidad de los viñedos de Chile.

Es conveniente señalar que tanto la producción como la exportación de vino en Chile se ha incrementado en forma por demás vertiginosa. Para 1999 la comercialización en el exterior, en setenta y tres países,  fue de casi doscientos treinta millones de litros. Dos años más tarde, en 2001, ascendió a casi trescientos once millones de litros. Actualmente la producción estimada de vino es de más de ochocientos millones de litros, y de esta cantidad es exportado el sesenta y tres por ciento, a ciento cinco países del orbe. Chile es el quinto país exportador, después de Francia, Italia, España y Australia. En cuanto a su producción, está ubicado en el décimo lugar, después de Francia, Italia, España, Estados Unidos de América, Argentina, Alemania, Australia, Sudáfrica y Portugal.

El viñedo chileno se encuentra ubicado entre los paralelos 27 y 38 grados  de Latitud Sur, en una extensión aproximada de 1.200 kilómetros del Norte hacia el Sur. El Valle más septentrional es el de Elqui, en tanto que el más meridional es el de Malleco.

En fecha reciente visité por segunda ocasión este hermoso país. El vuelo desde la ciudad de México hasta la capital de Chile fue de casi ocho horas, para cubrir la distancia de 6.611 kilómetros en línea recta, volando la mayor parte del tiempo sobre el Océano Pacífico. El gigantesco avión de la línea aérea LATAM, un Boeing 787 Dreamliner (en el cual tienen cabida doscientos cincuenta pasajeros), aterrizó en la capital de Chile al filo de las siete de la mañana del domingo 26 de noviembre de 2017. Allí me esperaba una persona de la empresa Brand About (la cual me había extendido la invitación para visitar una decena de viñas chilenas de ese pujante país andino), quien me llevó al hotel ---en el elegante barrio de Las Condes--- donde estuve alojado ese día.

Una vez hecho el registro en ese hotel fui a recorrer los lugares, turísticamente hablando, más importantes del centro histórico de Santiago: el Palacio de la Moneda ---sede del poder presidencial---, la Alameda del Libertador Bernardo O’Higgins, la Plaza de la Constitución, la Plaza de la Ciudadanía, la Casa Colorada y el Cerro San Cristóbal, al cual se puede ascender hasta la parte superior en un funicular, y también en teleférico. Desde este sitio se contempla una hermosa panorámica de la capital chilena.

Viña Emiliana

Al día siguiente, temprano por la mañana, pasó por nosotros (el enófilo colombiano José Rafael Arango fue el otro invitado, junto conmigo, para realizar este recorrido por algunas de las más emblemáticas viñas de Chile) la señora Susana González, funcionaria de dicha compañía Brand About, promotora de los vinos de Chile, en cuya muy grata compañía efectuamos este viaje enológico. 

(Antes de dar inicio al pormenorizado comentario de este recorrido vitivinícola mencionaré que la palabra Viña, en Chile, denomina la empresa productora de uvas y de vino, quizá lo que en España significa, tratándose de la elaboración de vinos, el término Bodega. Tengo conocimiento que en Chile existe más de doscientas Viñas, donde es elaborado vino de alta calidad)

La  primera bodega vitivinícola que visitamos fue Viña Emiliana, sita en la Finca Los Robles, en el Valle de Colchagua, cuya producción es únicamente de vinos de la categoría biodinámicos, elaborados con las uvas procedentes de  viñedos, cuya extensión asciende a 1256 hectáreas,   certificados por organismos de Suiza y Alemania. Esta Viña Emiliana es la primera en su tipo en Chile, en recibir la certificación ISO 14001 merced al manejo amigable y sustentable de sus viñedos, ubicados en diferentes valles: Casablanca, San Antonio, Maipo, Colchagua, Bio Bio y Rapel. La producción anual de vino de esta empresa es superior a los doce millones de litros.

Después de haber recorrido una parte de los viñedos ubicados en torno a este paraje denominado Los Robles, algunos de ellos en inclinadas laderas, en zonas boscosas de gran hermosura escénica, degustamos ---en un mirador ubicado en la parte alta de un viñedo, desde el cual se aprecia el encantador entorno de esta Viña Emiliana--- el vino Chardonnay de la línea Novas, cosecha 2016, que nos pareció en verdad delicioso.

Al retornar a la bodega procedimos a catar, en compañía de Noelia Orts, enóloga de la planta, y de Thomas Samsing, gerente de exportación, diez vinos de las diferentes categorías de esta Viña Emiliana; Adobe, Signos de Origen, Novas, Coyam y Gé. Estos dos últimos vinos, considerados por esta bodega vitivinícola de la categoría Super Premium,  son las “Joyas de la Corona” de Viña Emiliana.

Al concluir la cata evaluativa nos ofrecieron un delicioso almuerzo en un bello paraje arbolado, engalanado por un cantarino arroyo. Saboreamos esos guisos acompañándolos con vinos de gran clase de esta Viña Emiliana.

Viña Luis Felipe Edwards

Al salir de  Viña Emiliana fuimos a la Viña Luis Felipe Edwards, cuya  fundación se remonta al año 1976. En el Valle de Colchagua  --en el paraje denominado San José de Puquillay— Luis Felipe Edwards inició sus actividades con vitivinicultor. En el portal Wikipedia leo que esta viña “ es la tercera exportadora de vino más grande de Chile, presente en más de 90 países, se caracteriza por ser la mayor empresa vitivinícola 100% de propiedad y administración familiar en Chile, y sus viñedos ---que cubren una superficie mayor a las 1.850 hectáreas---se ubican en los valles de Colchagua, Leyda y  Maule”.

En una hermosa casona, sita en lo alto de una colina, a una altitud de  900 metros, tuvo lugar la cata de los vinos elaborados por Viña Luis Felipe Edwards, la cual fue conducida por Diego Guzmán, el enólogo de esta importante bodega vitivinícola chilena. En esta evaluación  enológica estuvieron presentes Amy Robbins, gerente de  mercadotecnia, e Ignacio Edwards, director de ventas para América. Degustamos quince vinos, de las diferentes categorías; Marea, 360° Gran Reserva y Prestige. Ésta última integrada por los vinos Premium de esta empresa. Saboreamos los siguientes vinos: LFE 900, un tinto cuyas uvas provienen de parras de más de cien años, resultado de un coupage de 77% Syrah, 9% Monastrell, 9%  Cabernet Sauvignon, 4% Tempranillo y 1% Grenache. Luego el vino Cien Carignan, y el LFE 900 Malbec (resultado de una coupage de 95% Malbec y 5% Cabernet Sauvignon), reposado quince meses en barrica de roble francés.
Y finalmente el vino emblemático de esta Viña: Doña Bernarda 2013 (el cual lleva el nombre de la esposa del fundador de la Viña), una mezcla de 40% Cabernet Sauvignon, 26% Syrah, 22% Carmenere y 7% Petit Verdot. Este vino no es elaborado año tras año, sino que  únicamente cuando el enólogo juzga que la calidad de las uvas es excepcional se procede a su hechura. Es envejecido durante quince meses en barrica nueva de roble francés, y para dar  una idea de su finura este vino tiene un precio en Chile de 75 dólares cada botella.  “El vino Doña Bernarda ha obtenido numerosos premios internacionales, como también positivas reseñas por los líderes de opinión de la industria del vino en todo el mundo. Uno de sus premios más prestigiosos hasta la fecha es el haber sido nombrado como “Best Chilean Cabernet Sauvignon”, conferido por The International Wine Challenge In London
Al caer la tarde dejamos el salón de cata de Viña Luis Felipe Edwards --desde el cual contemplábamos un hermoso panorama en lontananza--- y nos dirigimos a la ciudad de Santa Cruz, sita en el Valle de Colchagua, a unos doscientos kilómetros del aeropuerto de la capital chilena. En esta urbe nos instalamos en Casa Pando Boutique, donde disfrutamos de una deliciosa cena preparada por Mariela Valenzuela Pando, y José María, su esposo, gentiles  propietarios de este agradable hotel.  
Viña Montes
A la mañana siguiente, después de saborear un apetitoso desayuno, salimos hacia la zona de Apalta, dentro del Valle de Colchagua, donde están ubicados los viñedos y la bodega de Viña Montes, fundada en el año 1987. En ese lugar las condiciones climáticas y el “terroir” se combinan para constituir un sitio en extremo propicio para el cultivo de la vid. Allí nacen los vinos de las marca Montes, en sus diferentes categorías, gemas enológicas creadas, a partir del año 1987,  por el enólogo Aurelio Montes, fundador con Douglas Murray y otras dos personas, de esta afamada viña chilena.

Allí nos esperaba Dennis Murray (hijo de Douglas Murray), gerente de exportación de la empresa. Primeramente recorrimos una parte de los extensos viñedos de Viña Montes, en la grata compañía del enólogo Rodrigo Barria  (quien tiene a su cuidado los viñedos de Apalta, Marchigüe y Zapallar). Yo había estado,  allí en Apalta,  en una visita previa en el año 2003, y pude advertir que  la superficie de estos sembradíos se ha incrementado notablemente. Cabe agregar lo que encontré en la página oficial de Viña Montes, que esta bodega “fue pionera en apostar por el Valle de Apalta, y por plantar viñedos en laderas de montaña, siendo también la primera en plantar la cepa Syrah, en el Valle de Colchagua”. De acuerdo a esa información, los viñedos están ubicados en escarpadas laderas de hasta 45 grados de inclinación, y por el hecho de estar orientados al Sur reciben los benéficos  efectos de su exposición al sol.


Al regresar a la bodega recorrimos las instalaciones de tan prestigiada empresa vitivinícola, deleitándome, especialmente, con la sala de barricas, donde son añejados estos vinos, de excepcional finura. A continuación, con Dennis Murray,  hicimos una cata de de once vinos de la marca Montes elaborados con las cepas siguientes: Sauvignon Blanc, Chardonnay, Pinot Noir, Malbec, Merlot, Cabernet Sauvignon, Carmenere Cinsault y Viognier, en sus diferentes categorías: Montes Outer Limits, Montes Querub, Montes  Alpha M, Montes Folly y Montes Purple Angel. Estos tres últimos constituyen la más depurada muestra de la extraordinaria calidad de tan deliciosos vinos.  

Al concluir esta degustación Dennis Murray fue el anfitrión de una deliciosa comida, acompañada con los vinos Montes Folly y Montes Purple  Angel,  en el restaurante “Fuegos de Apalta”, del chef argentino Francis Mallmann. Este hermoso salón comedor se halla en el centro de los viñedos, fronteros a la bodega principal. Y lleva ese nombre por los varios hornos de piedra (de tres metros de altura), en los cuales son cocinadas diferentes tipos de carnes, de cordero patagónico, de pescados del extenso litoral chileno, de aves y verduras, que caracterizan la gastronomía de este renombrado chef argentino. Antes de retirarnos de tan hermoso lugar Dennis Murray me obsequió el libro Por el Sendero de los Ángeles, una obra de preciosa factura tipográfica, donde queda descrita la singular historia de tan icónica viña de Chile.  

Viña Casa Donoso

Al salir de Viña Montes nos dirigimos hacia la ciudad de Talca, en el corazón del Valle del Maule, ya que en la Viña Casa Donoso realizaríamos la siguiente cata, ese mismo día, por la tarde. En una preciosa finca campestre (la cual me recordó ---por su arquitectura y extensos jardines--- una señorial hacienda en el estado de Jalisco, o bien de Michoacán, en México) está ubicada la Viña Casa Donoso, fundada en 1989.

Antes de realizar la cata de los vinos de Viña Casa Donoso nos  instalaron en tres  habitaciones de este hermoso sitio campestre, exitosamente dedicado al enoturismo. La habitación en la cual fui alojado me recordó la casa de mi abuela materna, en mi natal  La Piedad, en el Estado de Michoacán, en México, por su amplitud, elevado techo y elegante decoración.

Más tarde, fuimos recibidos por Felipe Cruz, el enólogo de esta bodega, quien condujo la degustación de diez de los principales vinos,  de las líneas Geiser Tatio, Chungará, Sucesor Red, Sucesor Blue y 1810, este último un vino Premium de Viña Casa Donoso. Se trata de vinos que guardan las características de los vinos bordaleses, en sus coupages clásicos, elaborados con gran cuidado y envejecidos en barricas de roble francés y en contenedores ovoides de hormigón, cuya capacidad es de mil litros.  

Me parece conveniente señalar que estos depósitos biodinámicos ---de creciente demanda en infinidad de  bodegas vitivinícolas en el mundo--- fueron desarrollados por el vitivinicultor francés Michel Chapoutier, en el año 2001, en la población de Tain-l’Hermitage, en el Valle de Ródano, en Francia.

Al caer la tarde nos instalamos en la hermosa terraza principal de esta finca solariega, a disfrutar de un aperitivo y aguardar que fuese servida la suculenta cena, en el comedor principal.

Viña Via Wines

Al día siguiente, después de saborear un exquisito desayuno, salimos hacia el Valle del Maule (que cuenta con la mayor superficie sembrada de vides en  Chile, una cifra superior al 43% del total de los viñedos de este país andino). En la comuna de San Rafael ---en el paraje denominado Quincho del Maule--- está ubicada la bodega Viña Via Wines, razón social de una empresa vitivinícola fundada en el año  1998. Allí nos aguardaba la plana mayor de esta pujante empresa vitivinícola, cuyos viñedos cubren una superficie de más de mil hectáreas plantadas. La sala de degustación se localiza en medio de un hermoso lago rodeado de viñedos. A través de los grandes ventanales podíamos contemplar el hermoso panorama que rodea este salón de cata. En compañía de Adriana Coderch, Directora General; Lidia Cortez, Directora de Ventas para las Américas; Javier Movillo, Gerente de Mercadotecnia; de Cristian Correa, Asistente de Exportaciones, y del enólogo Carlos Gatica, tuvo lugar esta evaluación sensorial de veintisiete vinos, de las diferentes líneas: Selección Especial, Reserva, Oveja Negra, Icono y Single Vineyard.    

Fue una degustación muy prolongada, en extremo interesante, pues nos permitió apreciar la finura y delicioso sabor de todos estos vinos, en una multiplicidad de coupages perfectamente ensamblados.  

Allí mismo, en ese espacio que nos permitía admirar el entorno lacustre en el cual nos encontrábamos, fue servido una delicioso almuerzo, consistente en rollo de salmón  y aderezo César. Roast Beef acompañado de papas al  Merquén y miel, y  Creme Brulée con shot de Morillas. Por supuesto que  el maridaje fue con varios de estos deliciosos vinos de Viña Via Wines.

Viña Vik
Esa tarde nos dirigimos al paraje denominado Millahue, en el Valle de Cachapoal, a unos 200 kilómetros de Santiago. El vocablo Millahue significa, en lengua mapuche, “lugar de oro”. Aquí, en el año 2004, el empresario noruego Alexander Vik adquirió una extensa propiedad de 4.325 hectáreas (en un sitio de extraordinaria belleza escénica, pues se extiende en 360 grados sobre viñedos, lago, bosques, valles, colinas y montañas), asesorado para ello por un conjunto de especialistas en diversas materias conectadas con la elaboración de vinos. La bodega, la más espectacular, y funcional, que yo haya contemplado en algún país del mundo, fue diseñada por el arquitecto chileno, de fama mundial, Smiljan Radic, y es de señalada belleza, perfectamente integrada con el entorno.
Para hacer de Viña Vik algo en verdad extraordinario en la industria vitivinicultura de Chile,  su propietario, Alexander Vik, encargó al arquitecto canadiense Frank Owen Gehry (el creador del precioso hotel “Marqués de Riscal”, en la localidad de ElCiego, en la Rioja Alavesa, España) el diseño y la realización del Hotel Vik, en lo alto de una colina, sobre un lago de montaña. Este hotel, de incomparable arquitectura, semeja una nave espacial, pues está hecha la parte superior de las instalaciones en Titanio de color bronce, lo que le confiere un aspecto de irreal hermosura arquitectónica. Cuenta con 22 suites, totalmente diferentes, una de las otras, en su lujosa ornamentación,    
Acompañados de Hugo Salvestrini, Gerente de Ventas de Viña Vik, recorrimos una parte de los viñedos, ubicados en planicies y laderas en torno a la planta principal. Luego fuimos a la Sala de Cata, recinto que me sorprendió por su aurífera ornamentación (haciendo alusión al término Millahue: “lugar de oro”). Aquí degustamos diez vinos, de diferentes añadas, de las tres líneas principales de esta marca: Milla Cala cosecha 2012, La Piu Belle cosecha 2011 y Vik cosecha 2012. Para orientar al lector acerca de la calidad de estos vinos mencionaré que en Chile estos tres vinos, respectivamente, tienen los siguientes precios: 40, 80 y 150 dólares.
Al concluir la cata visitamos algunas de las suites del Hotel Vik y degustamos café y bocadillos, antes de dejar este incomparable recinto, de extraordinaria hermosura escénica Luego nos dirigimos hacia la población de Pirque  ---a unos 25 kilómetros de la capital chilena---  donde disfrutaríamos de una exquisita cena,  y nos instalaríamos en el elegante hotel “Las Majadas de Pirque”, donde habríamos de pernoctar dos noches.   
Viña Cousiño Macul
Después de saborear un suculento desayuno visitamos, dentro de los extensos jardines que rodean a este precioso hotel “Las Majadas de Pirque” (la palabra majada  significa, en Chile, el lugar en el cual el ganado y los pastores se recogen al caer la noche), el edificio llamado “El Palacio”,  frontero al hotel y dentro de un amplísimo espacio arbolado, de muy bien cuidados jardines, de ocho hectáreas de extensión. Fue edificado en el año 1907 por el arquitecto chileno Alberto Cruz Mont, en un bello estilo francés renacentista. Hoy  en día es utilizado como lugar de conferencias y diversas reuniones sociales.
A media mañana fuimos a la visita programada a la Viña Cousiño Macul, fundada en el año  1869  ---si bien la historia de la Viña señala que  sus orígenes se remontan al año 1856--- por Luis Cousiño, en el Valle del Maipo, en la zona llamada Macul. Considero pertinente  mencionar que existen referencias históricas que permiten conocer que en el año 1564 el rey de España, Felipe II, concedió, al conquistador Juan Jofré,  una hacienda en el Valle de Macul, lo que podría ser el antecedente más remoto de esta bodega vitivinícola. En la información oficial de esta empresa  leo que  “La Viña Cousiño Macul es la única de las viñas chilenas fundadas en el siglo XIX, siendo una de las viñas tradicionales ubicadas en el Valle del Maipo. Cousiño  es el apellido de la familia propietaria,  y la Viña continúa, tras  seis generaciones en manos de la familia fundadora.  Por su parte, Macul significa en una lengua aborigen “mano derecha”.
Aquí nos esperaban Gabriel Mustakis, el enólogo, y Waldo Valdés, gerente de exportaciones. En su compañía efectuamos un detenido recorrido por los viñedos más cercanos a la bodega, donde contemplamos numerosas viñas de más de ochenta años de edad. A continuación fuimos a visitar  las centenarias instalaciones, las cuales dan la impresión de ser un añoso y aleccionador museo del vino chileno. En seguida, pasamos a un salón privado a efectuar una interesante cata de seis vinos: Antiguas Reservas Chardonnay cosecha 2014;  Isadora Rosé cosecha 2016; Antiguas Reservas Merlot cosecha 2014;  Antiguas Reservas Cabernet Sauvignon cosecha 2014, Y a continuación dos vinos Premium: Finis Terrae cosecha 2014  y  el icono de la Viña Cousiño Macul: Lota cosecha 2010. Este último, un coupage de 77% de Cabernet Sauvignon y 23% de Merlot,  fue elaborado para conmemorar los ciento cincuenta años de la bodega.
Al concluir esta degustación  disfrutamos de una deliciosa comida, a base de pescados y mariscos propios de la gastronomía de Chile, que nuestros anfitriones nos brindaron en un agradable restaurante de la capital chilena, cuya especialidad son los platillos elaborados a base de los productos del mar. Ese día comí un exquisito congrio y atún sellado, de exquisito sabor.    
Viña Valdivieso
Al día siguiente fuimos recibidos en Viña Valdivieso, importante empresa vitivinícola de Chile, la cual fue fundada en el año 1879, por Alberto Valdivieso Araos, en el Valle de Curicó. En la grata compañía de Brett Jackson ( neozelandés, enólogo jefe de la empresa) y de Cristian Urra, enólogo, llevamos a cabo el recorrido por las espaciosas instalaciones de esta bodega, de la cual nos comentaron que desde el momento de su fundación, y hasta el año 1980, únicamente elaboraba vinos espumosos. Fue de hecho, nos dijeron, “ la primera casa productora en Chile,  y en América Latina,  en la producción de este tipo de vinos”. Y agregaron: “Casi uno de cada tres espumantes chilenos que se exportan hoy en día son de esta bodega, y también 60% de los que se consumen en el mercado doméstico. Hoy, cien años después, Valdivieso sigue siendo el líder en la categoría”.  
La visita a las instalaciones de Viña Valdivieso nos permitió conocer el cuidadoso procedimiento de elaboración de los vinos espumosos, tanto con el Método Tradicional (Champenoise) como con el procedimiento  denominado Charmat.
Nos explicó el enólogo principal  de esta bodega, Brett Jackson, que desde la década de los años 90 del siglo pasado él se incorporó a la Viña Valdivieso, y dio comienzo la elaboración de vinos tintos, siendo el vino “Caballo Loco el singular icono de la bodega. “Se trata de un blend de cepas tintas que recoge lo mejor de la viña. Se elabora con 50% de la mejor producción del año, mezclada con 50% de los mejores del año anterior. El clásico “Caballo Loco” no declara añada ni cepas. Es, realmente, uno de los íconos imprescindibles de Chile”. Cabe agregar que la primera edición de “Cabalo Loco” fue la del año 1994, y que actualmente la número dieciséis es la que se encuentra en el mercado.
La degustación de los vinos de Viña Valdivieso incluyó trece vinos, siete de los cuales fueron de la línea Caballo Loco”, de diferentes añadas, lo que nos permitió apreciar los sutiles y deliciosos cambios organolépticos que experimenta el vino al paso de los años. Se trató de una gratísima degustación, de vinos de extraordinaria calidad.
Esta cata sensorial fue seguida de una espléndida comida, en el elegante restaurante “Barrica 94”, ubicado en el área denominada Bellavista, en el corazón de la capital chilena. Saboreamos deliciosos platillos acompañados con los siguientes vinos: Valdivieso Sauvignon Blanc, cosecha 2017, Caballo Loco Grand Cru Maipo 2013 (el cual en la degustación analítica previa había sido muy ponderado por los catadores) ,  y Caballo  Loco número 17.
Viña Pérez Cruz
El recorrido enológico por estas viñas de Chile concluyó con la visita a la Viña Pérez Cruz, ubicada en el paraje denominado Liguai de Huelquén Paine, en el Valle de Maipo. Su creador fue el empresario Andrés Pérez Cruz, quien encargó al arquitecto chileno José Enrique  Cruz  Ovalle (autor del pabellón de Chile en la Expo Sevilla 1992),  la edificación de esa bodega hecha de madera curvada, que semeja dos barricas. Tiene una capacidad de producción de dos millones de litros. Y  hay una sala subterránea con capacidad de almacenamiento de cinco mil barricas.  
Acompañados por el enólogo Germán Lyon  recorrimos una buena parte de los viñedos de la Viña  Pérez Cruz, ubicados en hermosas laderas sembradas de vides. Y luego fuimos a la sala de cata, donde degustamos  siete vinos tintos (la bodega está consagrada a la elaboración de vinos rojos, a base, principalmente, de coupages propios del área de Burdeos) de las líneas denominadas Quelen, Liguai, Pircas de Liguai, Chaski, Limited Edition, y Reserva. De estos vinos degustados  --todos ellos de magnífica calidad y finura--  me parecieron sobresalientes el de la marca Liguai, cosecha 2013, resultado de un coupage de 40% Syrah, 30% Cabernet Sauvignon y 30% Carmenere,, y el Quelen cosecha 2012, fruto del coupage de 40% Petit Verdot, 30% Carmenere y 30% Cot  (nombre de la cepa Malbec). A mi parecer, estos dos vinos son excelente muestra de la notoria finura de los vinos de la Viña Pérez Cruz.
Para concluir con lo referente a esta empresa vitivinícola diré que sus vinos son exportados hoy en día a catorce países en todo el mundo, principalmente a Estados Unidos de América, Canadá, Reino Unido e Irlanda.  
Colofón

A manera de colofón transcribiré dos hermosos pensamientos, el primero creado por el filósofo griego Epicuro de Samos ((341 a.C --- 270 a.C): “El placer gastronómico es el principio y el fin de una vida feliz.”. El segundo, fruto del ingenio del escritor estado unidense  Ernest Hemingway (1899—1961):  “Lo único que lamento en la vida es no haber bebído más vino”.



viernes, 18 de agosto de 2017

CATA ORGANOLEPTICA DE VINOS DE PROLONGADO REPOSO EN BOTELLA



Si quieres vivir muchos años, guarda un
poco de vino viejo  y también un amigo viejo
PITAGORAS DE SAMOS (569-475 A.C.)
La cata “ciega” número 254 del Grupo Enológico Mexicano tuvo verificativo el miércoles 16 de agosto de 2017, en el salón “Chihuahua”, del Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresas  (IPADE). Gracias a la amable invitación del Dr. Carlos Ruíz González  (Miembro de Número de esta agrupación de enófilos y directivo de dicha prestigiada institución académica), esa degustación, así como la comida posterior, ofrecida por nuestro anfitrión,  tuvieron lugar  en ese espacio. Cabe agregar, a este particular, que esta es la ocasión número cuatro que el Grupo Enológico Mexicano celebra una cata en tan excelentes instalaciones, siendo invitados por nuestro Cofrade.
Para esta degustación sensorial los catadores participantes aportaron, cada uno de ellos, una botella de un vino de prolongado reposo en botella. De esta clase de vinos, los cuales han permanecido durante varios años  (o muchos, según el caso),  evolucionando en el interior de las botellas, el Grupo Enológico Mexicano ha llevado a cabo trece catas analíticas al paso de los años. Se trata de degustaciones evaluativas de vinos, los cuales han sido guardados en una cava mantenida en óptimas condiciones, en cuanto a las características que deben imperar en esos espacios destinados a conservar los vinos durante un prolongado tiempo,  para su idónea maduración y perfecto desenvolvimiento sensorial.
En varias ocasiones  ---trece, como ya asenté, líneas arriba--- los Miembros de Número del Grupo Enológico Mexicano han llevado a cabo  catas  ”ciegas” de vinos de prolongada guarda en botella. Desde la cata número 127, celebrada en el mes de noviembre de 2005, hasta la más reciente, la del mes de junio de 2014  (la anterior a la  que ahora me ocupa),  hemos degustado esta clase de vinos en las catas 140, 155, 167,  177, 182, 201, 213, 218, 226, 235, 239 y 243.  En todas estas ocasiones hemos evaluado organolépticamente ciento doce vinos , cuyo reposo en botella fue mayor a los veinte años.  En varias ocasiones el tiempo de guarda fue mayor, como ocurrió en la cata número 140, la cual tuvo lugar en 2006, cuando fue evaluado un vino tinto francés (Chateau Perigueux Premier Grand Cru Classé, Appellation Gascuña Controlée. Perigord, Francia), de la cosecha 1948, el cual estaba perfectamente bebible casi sesenta años después de haber sido embotellado, al grado que alcanzó una calificación de 74 puntos, siendo 100 puntos la máxima calificación posible.
En dos de estas degustaciones fueron catados vinos blancos, que permanecieron en la cava  -- en condiciones idóneas de guarda--  un mínimo de siete años (el más provecto de estos vinos tenía una “ancianidad” de casi dos décadas),  y a los catadores sorprendió gratamente su aroma y sabor, y espléndido retrogusto.
De estos vinos blancos conviene mencionar lo siguiente: En el libro titulado El Vino  (una extraordinaria obra de consulta, de 928 páginas en gran formato, de la cual es compilador André Domine) aparece el capítulo “Los Vinos Añejos” ---de su autoría---, del cual transcribo los tres primeros párrafos, alusivos al asunto que abordo en este ensayo. ““La denominación de “vino añejo” no está claramente definida ni química ni organolépticamente. No hay ningún criterio para definir el tiempo mínimo que una botella de vino debe madurar en la bodega. De igual modo hay pocas indicaciones acerca de cómo debe oler y saber un vino añejo. 
“Los vinos blancos maduros también cambian de color. Sin embargo, durante la estancia en la botella, el vino blanco no se tornará más claro sino más bien amarronado, a causa de la oxidación progresiva de los fenoles. En este caso hay que tener en cuenta que los vinos dulces y generosos pueden madurar mucho más tiempo que los vinos secos. A su vez, entre estos últimos maduran mejor los vinos previamente fermentados y elaborados en barricas, que aquellos que proceden de tanques de acero inoxidable”. 
En el libro Larousse de los Vinos  leo las siguientes recomendaciones: “Los vinos que deben beberse jóvenes son todos aquellos cuyas cualidades esenciales son la ligereza y la frutalidad. No ofrecen ningún interés para ser envejecidos, ya que tienen tendencia a deteriorarse con el tiempo. Deben beberse en el año de su cosecha, o como máximo algunos meses después de haber sido comprados. Los vinos para guardar más de ocho años son aquellos que requieren de un periodo de envejecimiento, para acceder a su apogeo. Son esencialmente los que corresponden a las mejores añadas de los mejores pagos”. En esa misma obra, en el capítulo “El color del vino cambia con la edad”, se menciona que “Los vinos tintos se aclaran. Los vinos blancos tienen tendencia a adoptar un color más oscuro. El tono de los vinos tintos puede ir desde el púrpura oscuro a toda una variedad de rojos, hasta adquirir una coloración teja con ciertos reflejos anaranjados”. 
Acerca de estos vinos, de cierta “ancianidad”, como  lo señaló Miguel de Cervantes,  he escrito lo siguiente: “Si bien en la Biblia se dice que  San Lucas tenía conocimiento de que los vinos añosos eran mejores que los nuevos, existen testimonios históricos que permiten afirmar que los romanos de hace veinte centurias (también a los pueblos helénicos se les concede este mérito) fueron los primeros conocedores en el arte de apreciar la finura de los vinos que habían sido guardados, por algunos años, en ánforas de cerámica, que era el recipiente usual en aquellos días. En varios libros he leído que Julio César apreciaba sobremanera la excelencia de los vinos de Falerno y de Sorrento, cuando estos caldos báquicos habían pasado décadas reposando en esos envases de terracota”. 
A este particular Helen Bettinson consigna que después del colapso del Imperio Romano desapareció el aprecio que motivaban los vinos envejecidos. Y no fue sino hasta la introducción, en el siglo XVII, de las botellas de vidrio, y del empleo de los tapones de corcho, que volvió la costumbre de guardar el vino en esos recipientes sellados. Corresponde a los ingleses, quienes  tanto contribuyeron a la fama y acendrado prestigio de los “claretes” de Burdeos, y de los Oportos y los Madeiras, de Portugal, la primacía en la encomiable costumbre de que los vinos fuesen envejecidos, para degustarlos años después de haber sido embotellados, ya que descubrieron que sus apreciables cualidades aromáticas y gustativas se incrementaban notoriamente, lo que permitía un placer más acentuado al beberlos. 
En  ocasión anterior, en la cual degustamos esta categoría de vinos, escribí lo siguiente:La finalidad es la de evaluar los visibles cambios  ---en el color, en el aroma y en el sabor---  que tienen lugar en esos caldos al paso de los años. La degustación de esta clase de vinos suele resultar  sorprendente, en cuanto a que hay vinos que «e resisten a envejecer», y manifiestan, transcurridos tres o cuatro lustros, gran vitalidad y una «juventud prolongada» que a los catadores no deja de parecer en extremo interesante ». 
Con respecto a este tema,  el de los vinos que han sido guardados de manera idónea en una cava, por un periodo prolongado de tiempo,  voy a transcribir ahora un breve texto publicado en el portal Vinos Kupel, de España (autodenominado “blog para amantes del vino”), ya que enfatiza el atractivo que tiene la degustación de vinos que han sido guardados por varios años en su recipiente natural, la botella: “El prestigio del que suelen gozar los vinos viejos tiene mucho de mito. La cuestión radica en la carga emotiva que provoca esa aureola de historia con que el tiempo sella una botella del pasado. Es difícil saber con exactitud cuánto dura el vino. Los vinos evolucionan positivamente en la botella durante un período determinado de tiempo. Superado éste, el vino inicia un proceso de declive. Un tinto de la Rioja, por ejemplo, experimenta durante diez años aproximadamente una evolución creciente, seguido de un período estacionario, no inferior a 5 años, para continuar con una caída lenta y progresiva. Pasado este tiempo lo mejor que puede pasarle a un vino es que tenga las mismas características que un vino de 20 ó 30 años más, siempre que se conserve en inmejorables condiciones”.
En el libro Larousse de los Vinos leo las siguientes recomendaciones: ”Los vinos que deben beberse jóvenes son todos aquellos cuyas cualidades esenciales son la ligereza y la frutalidad. No ofrecen ningún interés para ser envejecidos, ya que tienen tendencia a deteriorarse con el tiempo. Deben beberse en el año de su cosecha, o como máximo algunos meses después de haber sido comprados. Los vinos para guardar más de ocho años son aquellos que requieren de un periodo de envejecimiento, para acceder a su apogeo. Son esencialmente los que corresponden a las mejores añadas de los mejores pagos”.
El tema de los vinos conservados en botella,  durante un tiempo prolongado en una cava, motiva, frecuentemente, diversos comentarios, tanto en la prensa escrita como en los medios digitales. El diario The Washington Post publicó, el 14 de agosto de 2017 (un mes antes de la cata que es descrita en esta crónica) un interesante artículo escrito por Dave McIntyre, cuyo título es “Por qué un vino joven sabe diferente al mismo vino con siete años de antigüedad”. En ese escrito ---del cual ahora transcribo algunos párrafos---, señala lo siguiente, para tratar de explicar este hecho. “Las uvas del vino tinto tienen unas sustancias llamadas fenoles, especialmente antocianinas y taninos. Las antocianinas dan color y los taninos agregan la estructura. Los viticultores tratan de mejorar estos fenoles en la viña a través de los rendimientos de los cultivos y otras técnicas, como la de reposar las uvas en frío para garantizar una fermentación lenta y así extraer el mayor color posible. Otras decisiones, como la de fermentar las uvas con o sin los tallos, afectan al nivel de taninos una vez se ha terminado la producción del vino. Los barriles de roble añaden sus propios taninos a medida que los vinos envejecen.
“Con el tiempo, los fenoles en el vino evolucionan. Se combinan hasta que no pueden permanecer suspendidos en la solución. En ese momento caen como si fuera sedimento. El vino se vuelve más claro en color, de púrpura a rubí, después a granate y finalmente de color marrón. A medida que los taninos se desvanecen, el vino se vuelve menos astringente y sabe más dulce. Por supuesto que hay muchos más factores involucrados. Un digno vino añejo debe ser bajo en pH (alta acidez), protegido del oxígeno (buen corcho u otros cierres son importantes) y, sobre todo, debe ser almacenado correctamente.
 “Esa es la razón por la que ves que las botellas están de lado, porque así se evita que el corcho se seque y deje entrar aire en la botella. La temperatura es aún más importante porque el calor acelera el proceso de envejecimiento. Así que los coleccionistas invierten en refrigeradores de vinos especiales o unidades de refrigeración costosas diseñadas para mantener una bodega de vino a unos 13 grados Celsius.
“Ciertas variedades de uva tienen mayores niveles de fenoles. El Cabernet Sauvignon, el Syrah o el Nebbiolo, por ejemplo, se consideran vinos tintos especialmente buenos por la edad. Para los vinos blancos, los componentes clave para permitir el envejecimiento prolongado son la acidez y el azúcar. Es por eso que la variedad de riesling, especialmente los que son más dulces, y los sauternes envejecen magníficamente durante décadas (si se almacena correctamente, claro está). El Burdeos blanco, que normalmente es una mezcla del Sauvignon blanco y del Semillon, almacenado en barril, también envejecerá de forma excelente”. Hasta aquí esa cita.
En referencia a los vinos evaluados en esta cata número 254 del Grupo Enológico Mexicano, me parece conveniente mencionar que el vino Capo d’Istria Cabernet Sauvignon, cosecha 2005,  fue elaborado en Eslovania. Este  país, ubicado en Europa Central (anteriormente formaba parte de Yugoslavia),  el cual colinda con Italia, Hungría, Austria y Croacia,  ostenta el mérito de haber sido escenario ---en la ciudad de Liubliana, la capital--- del primer concurso enológico del cual se tiene registro oficial. En alguna página de internet leí que “El año 1955 se considera crucial, ya que entonces se llevó a cabo el Primer Concurso Internacional del Vino, en Liubliana, con la protección de la Organización Internacional de la Viña y el Vino,  de París (OIV), apoyo que sigue recibiendo hasta la fecha. Un poco más tarde, el Concurso de Liubliana también contó con el patrocinio de la Organización Internacional de Enólogos de París (OIE),  El vino más antiguo catado en alguno de estos certámenes enológicos fue elaborado en España, de la cosecha de 1885, presentado en Liubliana en el Concurso de 1969”.
Por lo que respecta al vino Roganto Cabernet Sauvignon, Selección Especial, cosecha 2002, cabe señalar que en la cata “ciega” número 101 (del Grupo Enológico Mexicano), celebrada en enero de 2004, obtuvo el primer lugar con una calificación de 88.90 puntos. En esta ocasión el jurado estuvo integrado por dieciocho catadores, y fueron evaluados diez vinos de México, considerados de categoría Premium. Y en la cata número 181  (la décimo quinta en la alta montaña, realizada a una altitud de cuatro mil metros, en una eminencia boscosa frente a la Iztaccíhuatl), en la cual hicimos una cata “vertical” de seis añadas del mismo vino, obtuvo una calificación de 89.11 puntos y alcanzó el primer lugar.
En la cata “ciega” mensual  número 254, motivo de esta crónica, fueron degustados  nueve vinos tintos de la cava de los Miembros de Número del Grupo Enológico Mexicano. La procedencia de los vinos fue la siguiente:  2 vinos de México, 1 de Chile, 2 de Francia, 1 de Portugal, 1 de Eslovenia y 2 de España. Las añadas de elaboración de esos caldos oscilaron entre 1996 y 2007.
La Mesa de Catadores estuvo integrada esa tarde por los siguientes enófilos: Joaquín López Negrete, Gustavo Riva Palacio, Carlos Ruíz González, Rafael Fernández,  Salomón Cohen, Juan Ignacio Torreblanca, Darío Negrelos, Juan Carlos Chávez, y Miguel Guzmán Peredo.
En estas degustaciones analíticas  los enófilos que participan en esas degustaciones sensoriales califican las características visuales, olfativas y gustativas de cada uno de los vinos, escribiendo junto con la puntuación otorgada en cada uno de estos tres renglones, sus comentarios respecto al color, al aroma o bouquet y al sabor de cada uno de los vinos sometidos al examen organoléptico de los miembros de la Mesa de Catadores que en esa ocasión participaron en dicha degustación. Una vez que los jueces analizaron esas características sensoriales, y  que se tiene inmediato conocimiento de cuál fue la calificación alcanzada por cada vino (momento éste en el que son descubiertas las botellas y se conoce de qué vino se trata en cada caso), cada catador  formula en voz alta sus propios comentarios, con la finalidad de escuchar las opiniones de los restantes catadores, enriqueciéndose, de esta manera, el imparcial juicio emitido por cada uno de esos enófilos.
Los  resultados fueron los siguientes:
(En esta ocasión no es proporcionado el precio al público de cada vino, en virtud de que se trata de cosechas que no se encuentran regularmente en el mercado)
 
1.- Viña Pedrosa, cosecha 1999. Gran Reserva Selección Especial. Edición XXV Aniversario.  Monovarietal  Tempranillo. 13.5% Alc. Vol. Crianza en barrica durante veintiséis meses: los doce primeros meses en barrica de roble francés y los siguientes catorce meses en barrica de roble estadounidense. Denominación de Origen Ribera del Duero. Bodega Pérez Pascuas. Elaboración de 3.500 botellas. Esta botella es la número 0389. Calificación: 88.00   puntos. (Aportación de Juan Ignacio Torreblanca) 
2.- Chateau  de Ferrand, cosecha 2007. Coupage de 76% Merlot, 11% Cabernet Franc y 11% Cabernet Sauvignon (sic).  14% Alc. Vol. Crianza de  12 a 14 meses en barricas 60% nuevas y 40% de un año de uso.  Appellation Saint-Emilion Grand Cru Classe. Héritiers de Baron Bich.  Saint-Hippolyte. Saint-Emilion. Bordeaux. Francia. Calificación: 85.55  puntos. (Aportación de Salomón Cohen)
 3.- Monte Alpha Merlot, cosecha 2004. Monovarietal  Merlot.   Alc. Vol. Crianza en barrica francesa durante doce meses. Valle de Colchagua. Viña Montes. Apalta, Chile. Calificación:  83.88  puntos. (Aportación de Dario Negrelos) 
4.- Roganto Cabernet Sauvignon Selección Especial. Cosecha 2002. Monovarietal  Cabernet Sauvignon. 13% Alc. Vol.  Crianza de dieciocho meses  en barricas nuevas de roble francés. Vides y Vinos de California, Ensenada, Baja California. México. Calificación;  83.33 puntos. (Aportación de Rafael Fernández Flores) 
5.- Quinta de Cidró Pinot Noir, cosecha 2007. Monovarietal Pinot Noir. 13.5% Alc. Vol. Denominación de Origen Douro. Real Companhia Velha. Vila Nova de Gaia, Portugal. Calificación: 82.11 puntos. (Aportación de Gustavo Riva Palacio) 
6.-  Capo d’Istria Cabernet Sauvignon, cosecha 2004. Monovarietal  Cabernet Sauvignon. 13% Alc.Vol. Crianza de dieciocho meses en barricas nuevas de roble francés. Vinakoper. Istria, Primorska, Eslovenia. Calificación: 80.33  puntos. (Aportación de Juan Carlos Chávez) 
7.- Merlot Monte Xanic, cosecha 1996. Monovarietal  Merlot.  13% Alc. Vol.  Crianza de dieciocho meses en barricas nuevas de roble francés.  Monte Xanic, S.de R.L. de C.V. Valle de Guadalupe, Ensenada, Baja California,  México. Calificación: 76.72   puntos. (Aportación de Miguel Guzmán Peredo)   
8.- Chateau Tour Gessan, cosecha 2000. Mezcla bordalesa.. 12.5% Alc. Vol. No hay información de la crianza en barrica. Appellation Saint-Emilion Grand Cru Controlé. Maison Sichel. Bourdeaux, Francia. Calificación:  75.66   puntos. (Aportación de Carlos Ruíz González) 
9.- Pintia, cosecha 2005. Monovarietal Tinta de Toro. 15% Alc. Vol. Crianza durante catorce meses en barricas nuevas de roble francés (de Nevers)  el 70%,  y el 30% restante en barricas estadounidenses. Denominación  de Origen Toro.  Bodegas y Viñedos Pintia. San Román de la Hormija, Valladolid, España. Calificación;  73.11  puntos. (Aportación de Joaquín López Negrete)



Los catadores eligieron “mejor etiqueta”  y “mejor botella” la del vino Roganto Cabernet Sauvignon Selección Especial. Cosecha 2002.