miércoles, 7 de abril de 2010

CATORCE CATAS EN LA ALTA MONTAÑA DE MEXICO


Bien es cierto que allí los dioses habitan, pues
no es un lugar propio para los hombres
Rudyard Kipling

¿Qué otro placer en este mundo puede ser
tan elevado, precioso y perfecto como
ascender una montaña?. Toda excursión
alpina será siempre fuente de supremos placeres
y vivas alegrías para nuestros sentidos.
Conrad Gesner

Somos unos pocos privilegiados en medio
de millones de seres, quienes jamás contemplarán
las maravillas de las montañas.
Walter Schiller



El Grupo Enológico Mexicano ha realizado, al día 23 de marzo de 2010, ciento ochenta y siete catas “ciegas”, desde el mes de enero de 1995.. De este número ---hasta el 22 de noviembre de 2009---, han tenido lugar catorce degustaciones en la alta montaña. La primera tuvo lugar el domingo 5 de noviembre de 2004, a una altitud de 3.835 metros sobre el nivel del mar, en un paraje próximo al sitio denominado “La Joya” (cuya posición geográfica fue de 19°07’57.2’’ Latitud Norte y 98°39’58.7’’ Longitud Oeste), donde usualmente comienzan las ascensiones a la Iztaccíhuatl ---palabra en lengua náhuatl que se traduce como “Mujer Blanca”---, una hermosa cumbre nevada de 5.286 metros de altitud. A partir de ese momento se sucedieron estas degustaciones en diversos lugares de las montañas de México.

Seis catas han sido celebradas en el interior del extenso cráter del volcán Nevado de Toluca ---llamado por los antiguos mexicanos Xinantécatl---, que mide kilómetro y medio de ancho y está abierto al Este. Es elíptico y está dividido en dos semicráteres, ocupados por dos lagos de cristalinas aguas, El más extenso tiene el nombre de “Lago del Sol”, a 4.209 metros de altitud. Mide setecientos veinticuatro metros de largo, en dirección NNE-SSW, por cuatrocientos veintiocho metros de ancho. Su ancho promedio es de casi 300 metros. El lago menor es llamado “Lago de la Luna”, a 4.1216 metros de altitud. Estos dos hermosos recintos lacustres ---considerados los más altos de Norteamérica, de acuerdo a lo que aparece en una relación, publicada en internet, de los treinta lagos más altos en el mundo--- están divididos por un domo de cien metros de altura. Esta montaña se localiza a ochenta kilómetros de la ciudad de México. Su ubicación geográfica es la siguiente: 19° 06’ 28.8’’ Latitud Norte, 99° 45’ 09.1’’ Longitud Oeste, y 19°10’8’’ Latitud Norte, 88°7’58’’.

Otras seis degustaciones --incluida la primera— han tenido por escenario hermosos parajes del Parque Nacional Iztaccíhuatl-Popocatépetl (19° 03’ Latitud Norte, 98° 38’ 08’’ Longitud Oeste), a una distancia aproximada de noventa y cinco kilómetros de la ciudad de México, en altitudes próximas a los 4.000 metros. Las dos catas “ciegas” restantes han sido denominadas por mí “las degustaciones a mayor altitud en el mundo, en sitios a los cuales se tiene acceso a bordo de un vehículo motorizado rodante”. Ese punto geográfico es la cumbre misma del volcán Sierra Negra, frente al Citlaltépetl (también conocido por el nombre de Pico de Orizaba, de 5.747 metros), a una altitud de 4.583 metros sobre el nivel del mar, y a doscientos cincuenta kilómetros de la capital mexicana. La posición geográfica es la siguiente: 18° 59’ Latitud Norte, 97° 18’ Longitud Oeste.

En todas las ocasiones los vinos han estado contenidos ---en sus respectivos envases de vidrio--- dentro de bolsas de gruesa tela, ornadas al frente y al reverso con el logo del Grupo Enológico Mexicano, y los catadores han estado instalados frente a mesas cubiertas por blancos manteles. Antes de proceder a la evaluación sensorial (generalmente a las 12 horas del día, cuando la luminosidad es más brillante) se hacen diversos registros: altitud, temperatura, presión atmosférica, velocidad del viento, humedad ambiental y ubicación geográfica, mediante el uso de altímetro, termómetro, barómetro, anemómetro, higrómetro y GPS (siglas, en lengua inglesa, del aparato llamado Global Positioning System: Sistema de Posicionamiento Global, si bien su nombre correcto es Navstar GPS).

La finalidad principal de estas singulares catas “ciegas” de vinos (en dos ocasiones fueron evaluados brandies españoles, lo que igualmente constituyó una experiencia gustativa en extremo interesante) es la de conocer cuáles son las variaciones que se registran en lo concerniente al mensaje aromático y gustativo que transmiten los vinos ---es sorprendente advertir que la percepción de los aromas se incrementa en ese lugar, donde la presión barométrica se halla disminuida--- , y así mismo registrar los cambios que pueden experimentar los catadores, al analizar el mensaje odorífero y gustativo de un vino, cuando la degustación tiene verificativo en un sitio de la alta montaña mexicana, a una altitud en ocasiones superior a los cuatro mil metros sobre el nivel del mar. Conviene tener presente que el vino contiene aproximadamente seiscientas substancias, de las cuales quinientas son volátiles y ellas conforman el aroma del vino.

En esos lugares (donde se puede hablar, en estricto apego a la certeza, de que existen condiciones de hipoxia ambiental, es decir, de disminución de oxígeno) la presión atmosférica, que a nivel del mar es de 760 milímetros de mercurio, es aproximadamente de 460 milímetros, y por lo que respecta a la presión parcial de Oxígeno --que a nivel del mar es de 159 milímetros de mercurio-- ésta es, aproximadamente, de 85 milímetros. Puede afirmarse, utilizando otras palabras, que en este punto la presión barométrica es de 0.61 atmósferas, ya que a nivel de mar esa presión es de una atmósfera.

Al hablar de la “alta montaña” comenzaré por decir que esa expresión debe ser tener cierta precisión. En la cadena montañosa de los Alpes ---sistema orográfico de Europa central que se extiende en forma de arco por mil doscientos kilómetros, con una anchura de 250 kilómetros--- , a través de ocho países: Italia, Francia, Suiza, Austria, Alemania, Eslovenia, Mónaco y Lichtenstein, la alta montaña comienza a una altitud aproximada de 3.000 metros sobre el nivel del mar, y la cumbre más alta es el Monte Blanco, que se eleva a 4.810 metros. En esta imponente cadena alpina hay 128 montañas de más de 4.000 metros de altitud. La palabra Alpes proviene del vocablo celta que significa, en términos generales, montaña escarpada.

En la Cordillera de los Andes, espectacular macizo montañoso que se extiende en América del Sur por siete mil quinientos kilómetros, desde Venezuela hasta Patagonia, cruzando siete países: Venezuela, Colombia, Ecuador, Bolivia, Perú, Chile y Argentina. En ese espectacular cordón orográfico existen ciento dos montañas de más de 6.000 metros sobre el nivel del mar, y ochocientas cincuenta y cinco cuya altitud es superior a los 5.000 metros.

La alta montaña principia, en términos generales, a los 4.000 metros de altitud. La montaña más alta es el Aconcagua, de 6.962 metros sobre el nivel del mar, ubicada a una distancia de ciento noventa kilómetros de la ciudad de Mendoza. Este picacho andino es el más alto de Argentina, del continente americano y la más alta del mundo fuera del continente asiático. La palabra Andes, proviene del término aymará “anta”, que significa cobre. Se dice que a la puesta del sol las cordilleras andinas tienen una coloración rojiza, como el cobre. Otros lingüistas aseguran que el vocablo Andes proviene del término“anti”, que significa montaña elevada. Aconcagua es una palabra de origen quechua: ackon cahuak, que significa “centinela de piedra”. Otros lingüistas dicen en lengua aymará quiere decir “monte nevado”.

Las montañas más altas de los siete países comprendidos en la Cordillera de los Andes, son las siguientes:

Argentina: Aconcagua: 6.962 metros
Bolivia: Sajama: 6.548 metros.
Chile Ojos del Salado: 6.893 metros
Colombia: Cristóbal Colón: 5.800 metros
Ecuador: Chimborazo: 6.267 metros
Perú: Huascarán: 6.768 metros
Venezuela: Pico Bolívar: 5.007 metros

En el Himalaya, un colosal sistema montañoso asiático, que cruza cinco países: Bután, India, Tibet, Nepal y Paquistán, y se extiendo por mas de dos mil ochocientos kilómetros, donde hay más de quinientos treinta picos cuya altura es superior a los 6.000 metros (son más de 100 montañas las que superan los 7.200 metros y 14 sobrepasan la altitud de 8.000 metros), la cumbre más alta es el Everest, de 8.8.48 metros. En este maravilloso cordón montañoso se considera que la alta montaña empieza a los 5.000 metros. La palabra Himalaya, del idioma sánscrito, se deriva de las voces “hima”, que se traduce como nieve; y “alaya”, que significa mansión. La montaña llamada Everest tiene la denominación de Sagarmatha, en lengua nepalesa, Tiene el significado de “el gran removedor del mar de la existencia”. Entre los tibetanos esa montaña recibe el nombre de Chomolungma, que se traduce como “la más sublime divinidad”, y también como “diosa madre de la Tierra”.

Las ascensiones al Everest comienzan, generalmente, en la ciudad de Katmandú, la capital del Nepal, ubicada a 1.317 metros sobre el nivel del mar. A una distancia de 51 kilómetros se localiza el Everest, y el campamento base está situado a los 5.456 metros de altitud. Los montañistas británicos, quienes llegaron a la cima en mayo de 1953 --en la primera ascensión a esta cumbre del Himalaya--, tardaron treinta y dos días en la marcha de aproximación al campamento base, y 18 días en retornar desde este punto a Katmandú. Un nutridísimo contingente de porteadores y de serpas, así como un verdadero ejército de yaks, cargó la pesadísima impedimenta, de más de quince toneladas, de la expedición montañista británica. Actualmente los montañistas que encaminan sus pasos a las cumbres más altas del Himalaya (especialmente a los catorce picachos denominados “los ocho miles”) suelen evitar la marcha a pie a Lukla ---a 2.860 metros---, utilizando un pequeño avión que reduce el recorrido de siete días a solo media hora en el vuelo aéreo.

En un artículo médico publicado el 31 de agosto de 1963, en La Prensa Médica Mexicana, cuyo título es “Mal de montaña: fisiopatología y profilaxis”, escribí que fue el misionero jesuita José de Acosta --autor de la crónica titulada Historia Natural y Moral de las Indias— el primero en hacer referencia a los efectos de la altitud sobre el organismo humano, al observar que él mismo, al igual que sus compañeros (quienes recorrían algunos parajes andinos), experimentaba una serie de trastornos orgánicos atribuibles al enrarecimiento del aire y a la falta de oxígeno. A ese estado caracterizado por dolor de cabeza, debilidad, inapetencia, sensación de mareos y falta de fuerzas le dio el nombre de “mal de montaña”. Los aborígenes de esos elevados lugares llamaban “soroche”, y también “puna”, a esa condición orgánica ocasionada por la falta de aclimatación a la altitud. Esta desagradable sensación no aparece a la misma altura en los tres sistemas montañosos líneas arriba mencionados. En los Alpes se instala entre los 3.000 y los 3.500 metros. En los Andes, es ostensible entre los 4.000 y los 4.500 metros. Mientras que en el Himalaya comienza a aparecer entre los 5.000 y los 5.500 metros. Las molestias desaparecen manteniéndose en reposo, o bien con un cierto periodo de aclimatación.

Concerniente también a una cata en la alta montaña, diré que a finales de mes de noviembre de 2009 el Diario Uno de Mendoza, Argentina, publicó la siguiente nota periodística, que fue repetida luego en varios boletines on-line, referente a una degustación de vinos en el campamento base del Aconcagua, que se llevaría a cabo a finales del mes de enero siguiente. A la letra asienta esa comunicación lo siguiente: “La expedición al Coloso de América será en enero, y parte del periplo incluye la cata de 200 vinos (degustación donde se presentarán los mejores vinos de la industria vitivinícola). en el campamento de Plaza de Mulas. También se rodará un documental sobre los refugios. “Aconcagua, ritual del vino” será la segunda degustación de vinos que se hará en el Coloso de América, durante enero de 2010, en el campamento Plaza de Mulas, a 4.350 metros de altitud (en varias fuentes de información he encontrado que la altitud de ese paraje andino es de 4.260 metros sobre el nivel del mar), con más de 200 vinos y en honor al Bicentenario. Los participantes extranjeros deberán contar con ocho días –seis los mendocinos– para adentrarse en el corazón de la Cordillera de los Andes. En total hay 60 plazas disponibles, que para completarlas no sólo hará falta tiempo sino dinero, ya que la travesía costará mil dólares por persona, con todos los servicios incluidos, entre ellos el guía”.
“Aconcagua, Ritual del Vino”, llegará a Plaza de Mulas, en el corazón de la cordillera de los Andes, a ofrecer a los glaciares, su agua hecha vino. Dejaremos testimonios en esta ofrenda del trabajo del viñatero, los sueños de nuestros abuelos cuando contemplaban las alturas pidiendo agua para sus viñedos y parrales, para plantar las cepas, criar sus hijos. Esta tierra recibió el sudor, las lágrimas... Hoy queremos regresar este esfuerzo hecho vino al Aconcagua., tal como lo hicieron nuestros antepasados, los Incas (subrayado por mí), para agradecerle a la madre tierra los favores recibidos”.
Hasta aquí esa nota de prensa, a la cual yo agrego que no eran los incas (el nombre correcto de ese grupo étnico, de tanta pujanza en la época prehispánica, es quechua) quienes habitaron, en el siglo XV, esa región próxima a Mendoza (cuya altitud sobre el nivel del mar es de 747 metros), sino los Huarpes, también llamados Warpes, que moraban en las Provincias de San Luis, Mendoza y San Juan..Y ya que se trata de recordar a los primitivos habitantes de Argentina, conviene recordar que en el siglo XIX transcurrió la existencia de un militar tristemente célebre, el general Julio Argentino Roca, quien con su “campaña del desierto” aniquiló a la población aborigen del sur de Argentina, entre otros a los de la etnia chónik, quienes fueron llamados “patagones” (debido al enorme tamaño de las huellas ---así lo suponían los recién llegados--- dejadas por sus botas en los helados páramos donde habitaban), por los españoles que llegaron en el siglo XVI a esas tierras.
En los primeros días de febrero de este año solicité informes de esta degustación, y recibí una nota, publicada en internet, que a la letra dice: “Se trató de una degustación de vinos en el campamento base del Aconcagua. Un grupo de artistas y de amantes del vino concretó el trekking (sic) hasta la base del cerro, donde, a través de una cata y un espectáculo, buscaron promover la cultura y el turismo de la provincia. La primera degustación de vinos en altura, llamada, “Ritual del vino” se realizó ayer en el campamento base del Aconcagua, Plaza de Mulas, a 4300 metros sobre el nivel del mar. Además de decenas de vinos que fueron degustados, hubo un espectáculo artístico y se presentó una escultura”
Cabe hacer la aclaración de que en ese boletín de internet contemplé varias imágenes donde aparecen algunas personas ---de ninguna manera un contingente numeroso que hubiese participado en una cata organizada de vinos--- bebiendo directamente de la botella, circunstancia ésta que de ninguna manera puede ser llamada cata formal de vinos. Y de la cata de 200 vinos, programada inicialmente, todo quedó en la “degustación de decenas de vinos”. Este hecho me hizo recordar la fábula de Esopo (un fabulista griego del siglo VI a.C.), referente al “Parto de los Montes”, recreada en el siglo XVIII por el escritor español Félix María Samaniego.

En la vigésimo novena cena de la serie “Gastrónomos y Epicúreos” ---una de las varias presentaciones que realiza periódicamente el Grupo Enológico Mexicano--- Miguel Guzmán Peredo, director general de esa agrupación de enófilos, disertó acerca del tema Catorce catas en la alta montaña de México, e hizo pormenorizada referencia a lo que en los párrafos anteriores ha quedado asentado, agregando que existen únicamente dos parajes en el mundo, por arriba de los 4.581 metros del volcán Sierra Negra, de México (en donde el Grupo Enológico Mexicano ha hecho dos catas “ciegas” de vinos), a los cuales se puede llegar a bordo de un vehículo motorizado rodante con la finalidad de celebrar una degustación de vinos. Uno es la planicie tibetana, a una altitud de 5.072 metros, por donde transita el ferrocarril que sale de la ciudad de Xining, capital de la provincia china de Qinghai, rumbo a Lhasa, la capital del Tibet.. El otro es el paso carretero y de ferrocarril (esta vía férrea por muchos años fue llamada “la mas alta del mundo”) de Ticlio, en Perú, a 4.828 metros sobre el nivel del mar.

Al concluir esa disertación acerca de las catas de vinos en la alta montaña mexicana, el licenciado Manuel Tapia, representante en México de la empresa Cork and Spirits (distribuidora en nuestro país de los magníficos vinos argentinos de la marca “Eco de Tango”) hizo referencia a esos caldos, elaborados en Mendoza, Argentina, por el doctor en enología Pablo Cabello. La descripción organoléptica de los dos vinos degustados: Chardonnay Reserva, cosecha 2009, y Malbec Reserva, cosecha 2006, fue hecha por los Miembros de Número del Grupo Enológico Mexicano allí presentes, quienes ponderaron las excelentes cualidades visuales, olfativas y gustativas de ambos vinos.

A continuación fue servida una deliciosa cena, preparada por Mauricio Romero Gatica y Héctor Dongú, los chefs del restaurante “Bistro 235” (la sede permanente de varias de las presentaciones del mencionado grupo). La entrada fue una Ensalada caprese con alcachofa, pesto y vinagre balsámico. El platillo principal fue Esmedregal en entomatado con almendras, cuyo maridaje fue con ambos vinos. El postre consistió en Profiteroles rellenos de helado de café.

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