martes, 4 de junio de 2013

¿ POR QUÉ SON CAROS LOS VINOS MEXICANOS, EN MEXICO ?




El pasado viernes 31 de mayo de 2013 Pablo Hiriart, Director del periódico La Razón, publicó un interesante artículo en ese medio de comunicación, en el cual comentó el hecho, lamentable por cierto, del elevado precio con que son comercializados los vinos elaborados en nuestro país.
Por la importancia que entraña ese comentario periodístico ahora lo voy a transcribir –entrecomillándolo, para enfatizar en el hecho de que es de su autoría-- , seguido del análisis que Juan Ignacio Torreblanca Sentíes (Director General de la empresa Club del Gourmet y Miembro de Número del Grupo Enológico Mexicano) hace de la lamentable situación que priva en lo referente a los impuestos a diversos productos elaborados en México.  Ambos textos aparecen entrecomillados, para enfatizar en el hecho de que la autoría de esos dos documentos pertenece a las personas líneas arriba mencionadas.

Pablo Hiriart escribió lo siguiente:

“A veces los legisladores no tienen idea de dónde están parados. Y para desgracia de ellos y de nosotros los gobernados, todavía no se inventa el GPS que les diga a dónde quieren ir.
Los refrescos de cola, que son veneno para la salud por ser de los principales causantes de la diabetes, pagan un 16 por ciento de impuestos, y lo pueden recuperar gracias al régimen de consolidación fiscal. Y en contraparte, los pujantes vitivinicultores del norte del país, no pueden ser competitivos frente a los vinos del resto del mundo porque deben pagar al fisco un impuesto del 52 por ciento.
La creciente industria del vino que se desarrolla en estados como Baja California y Coahuila, está en riesgo de desaparecer por el monto absurdo de gravamen que deben pagar al fisco.
¿Por qué una Coca-Cola sólo 16 por ciento de IVA, está libre de IEPS, y una botella de vino de Ensenada debe pagar 52 por ciento?
Porque los legisladores no conocen el país ni los efectos que tienen los refrescos y el vino en la salud.
Todo exceso es malo, hasta de carnitas o de huevo, pero una copa de vino es buena para la salud y una Coca-Cola hace daño. ¿Entonces? ¿Cuál es la lógica? No hay lógica, sino ocurrencias. Los legisladores que deben “cuadrar” el presupuesto, no tienen una idea mejor que subirle el impuesto al vino, sin conocer siquiera de qué se trata esa industria.
Recorrer los viñedos de Baja California es una enseñanza de cómo hacen jóvenes profesionistas mexicanos para ganarle terreno al desierto y producir vinos de buena calidad. Sin embargo esos vinos no pueden competir con los californianos, o los franceses o españoles, porque los nuestros son muy caros y les dejan poca ganancia a los productores para reinvertir.
Los jugos que vemos en los anaqueles de los centros comerciales, fabricados por las compañías refresqueras, contienen un equivalente a 26 cucharadas de azúcar por litro. Esos jugos, que causan diabetes y obesidad, no pagan IVA. Al contrario, el fisco le debe devolver impuestos a las compañías refresqueras, cada año, por seis mil 723 millones de pesos.
Es un atraco a la inteligencia y un insulto a la lógica que los jugos envasados estén libres de impuestos, el fisco les haga devolución de IVA por procesos intermedios, mientras que a nuestros productores de vino se les cargue un 52 por ciento de impuestos. Las ocurrencias de los legisladores no se quedan en el aire. Son dañinas para la salud y para la capacidad de competencia de la industria nacional”. Hasta aquí la transcripción del texto de Pablo Hiriart. 

Juan Ignacio Torreblanca Sentíes analizó esta triste circunstancia de la siguiente manera:
“En efecto, muchas personas llegan a cuestionar el por qué los vinos mexicanos son caros.  Los vinos, como otros productos y servicios, son base para el IMPUESTO ESPECIAL SOBRE PRODUCCIÓN Y SERVICIOS. El IEPS se calcula sobre el precio fijado por los productores y por quienes hacen su comercialización. Son dos tasas para los vinos de mesa:
 1.- Los que tienen una graduación de alcohol hasta del 14% vol, cuya tasa es del 25%
 2.- Los vinos de mesa con mayor proporción de alcohol, más del 14% vol. cuya tasa es del 30% sobre el precio de venta establecido.
Tanto los vinos importados como los nacionales son afectos a este impuesto.
El precio para el consumidor, además del IEPS, sobre el precio de venta más el IEPS se fija la base para aplicar el 16% de IVA.
Es decir, aquellos vinos con graduación alcohólica hasta de 14% pagarán un módico 45% sobre el precio de venta (Este % es la suma del IEPS y del IVA), Pero, aquellos vinos, nacionales e importados, con graduación mayor a los 14% vol. pagan en total un 51%
En pocas palabras, si un vino tiene un precio de venta de $ 100.00, más el 25% del IEPS (cuando la graduación de alcohol es hasta de 14%); suma $125.00, sobre los que se calcula el 16% de IVA $ 20.00, lo que da un total de $ 145.00
Y los vinos con mayor graduación a los 14%; sobre 100% , $ 100.00 más el 30% del IEPS, un subtotal de $ 130.00 que aplicándole el 16% de IVA $ 20.80, da un total de $ 151.00
Lo que bien es cierto es que los vinos procedentes de países con los que tenemos tratados de libre comercio NO PAGAN el IGI (Impuesto General de Importación - 20% sobre valor aduana), en tanto que los de origen de países con los que no tenemos tratado, pagarán dicho impuesto que se convierte en una carga adicional para el consumidor.
El caso es peor cuando hablamos de bebidas destiladas (Ron, wisky, vodka, tequila, etc.) ya que el IEPS es hasta del 53%´. Por lo que en el caso que un tequila que tuviera un precio de venta de $ 100.00, éste causaría un IEPS de $ 53.00, que sumados son $ 153.00 base a la cual se le calcula el 16% de IVA $ 24.48, lo que da un total a pagar al consumidor de $ 178.00; es decir, tan solo se paga de impuestos 78%
Pero, cuando disfrutemos de un buen vino o un buen wisky, es mejor olvidarse de este PEQUEÑO DETALLE, pues de lo contrario no los disfrutaríamos por completo.
Y, para acabar, quiero expresar que no es tan solo el vino y otras bebidas, sino LUZ, TELÉFONO, TV., CIGARROS Y TABACOS, GASOLINA entre otros conceptos más, que son gravados con distintas tasas del IMPUESTO ESPECIAL DE PRODUCCIÓN Y SERV ICIOS, que acaba por pagarlos el usuario o el consumidor.
 Los vinos mexicanos son caros puesto que toda la tecnología, equipo, botellas, cápsulas, etiquetas, barricas, corchos y tecnología, son conceptos que se integran al costo de elaboración del vino. Las parcelas nacionales no son tan nobles como en muchas de las regiones vitivinícolas de otros países, y el nivel de producción es limitado, lo que conduce a que el costo de los vinos, amén de la prisa de los elaboradores de recuperar de una manera más ágil el monto de sus inversiones, provocan en conjunto precios elevados.
Ojalá esta información sirva para un conocimiento más amplio, y que no se concluya que los vinos mexicanos son caros porque pagan más impuestos. No,  todos, los de origen extranjero y mexicanos pagan exactamente los mismos % de IEPS e IVA”. Hasta aquí la opinión de Juan Ignacio Torreblanca Sentíes.
A manera de colofón diré que el precio de los vinos (tanto nacionales como importados) alcanza en México un costo muy elevado en el caso de ser servidos en un restaurante, ya que allí su precio suele  ser cotizado tres y cuatro veces por arriba del que tiene en un establecimiento de autoservicio.  En infinidad de ocasiones he advertido que un vino que ---por poner un ejemplo--- cuesta en un comercio $300.00 o $ 400.00, en la Carta de Vinos de un restaurante aparece a $900.00 o $ 1.200.00, lo que se convierte en un elemento disuasivo para ordenar una botella, para acompañar una buena comida. A este particular recuerdo que, dentro de la serie de  veintiún conferencias de “La Cultura del Vino en México” (que el Grupo Enológico Mexicano llevó a cabo entre junio de 1994 y abril de 2002) el día 3 de diciembre de 2001 coordiné una Mesa Redonda titulada El precio del vino en los restaurantes”, en la cual nueve productores e importadores analizaron lo que entonces era  ---y así continúa siéndolo--- lo mismo en México que en otros países, un poderoso motivo para que un comensal no ordene vino para acompañar sus platillos, al hallarse en un establecimiento de restauración.    


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