viernes, 3 de julio de 2009

LOS BANQUETES FUNERARIOS PREHISPANICOS EN LA CULTURA DE OOCCIDENTE


El extenso territorio nacional llamado Mesoamérica se extiende desde la parte central de México hacia el sur, y comprende los siguientes países: Guatemala, Belice y El Salvador, así como parte de Honduras, Nicaragua y Costa Rica. En esta dilatada área geográfica florecieron las culturas prehispánicas que alcanzaron señalado esplendor: Olmeca, Maya, Teotihuacana Zapoteca y Mixteca, entre varias otras. Una de ellas, la denominada Cultura de Occidente, tuvo por zona de influencia la parte oeste del altiplano central, que comprendía las entidades siguientes: Guanajuato, Guerrero, Michoacán, Colima, Jalisco, Nayarit y Sinaloa. Algunos estudiosos del grandioso pasado de México incluyen también a los estados de Aguascalientes y Querétaro.

Es interesante tener en cuenta lo que consigna el portal www.historiadelarte.us
acerca de la principal manifestación artística de los habitantes de esa región: “Mientras que se desarrollaban entre los teotihuacanos, los totonacas, los zapotecas y los mayas la gran arquitectura en piedra, la escultura monumental, la pintura mural y otras artes mayores, los pueblos del occidente mexicano continuaron empleando la cerámica como medio casi exclusivo de expresión artística y religiosa. Y alcanzaron en esta rama del arte sorprendentes resultados, que los coloca a una altura envidiable dentro del panorama de la cerámica universal”.

Una de las diversas presentaciones del Grupo Enológico Mexicano lleva por nombre Gastrónomos y Epicúreos. En estas cenas un conferenciante diserta acerca de un tema relacionado con la gastronomía y/o la enología. En la vigésimo quinta de estas sibaríticas reuniones los comensales escucharon la plática Banquetes funerarios prehispánicos en la Cultura de Occidente de México, que presentó el ingeniero Darío Negrelos, Miembro de Número de esa agrupación de enófilos.

En su amena charla (que a continuación transcribo, entrecomillada, de sus partes más sobresalientes) mencionó que “Las culturas prehispánicas de Mesomérica todavía hoy son poco conocidas para el público mexicano. Conocemos algunos aspectos de los Olmecas, Teotihuacanos, Tlatílcas, Toltecas, Mayas, Totonacos, Aztecas, Chichimecas, Etc. Principalmente porque dejaron huella evidente de sus conocimientos en obras monumentales, las grandes ciudades prehispánicas nos asombran y nos enorgullecen. Las investigaciones realizadas por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, se han publicado convenientemente, su efecto gravitacional atrae todos los foros, todos los medios, todas la publicaciones. En contraste, las ciudades más pequeñas no tienen la fama de las grandes. Aún así, poco sabemos de unas y otras porque se están estudiando los sitios y los objetos que quedaron después de los grandes saqueos y del deterioro natural, también porque la vasta información existente no está organizada, para fines didácticos, en escuelas de educación básica y media.
“Si acaso preguntamos por una cultura muy antigua y grandiosa en Mesoamérica, de más de dos mil años, con dificultad nos podrán contestar que fue la cultura Olmeca, y es que desconocemos la existencia de las culturas de Occidente. Estos grupos Occidentales construyeron pocas y pequeñas pirámides, no fueron constructores espectaculares; tampoco vivieron en núcleos numerosos, fueron hábiles ceramistas y escultores, su desarrollo fue en los estados de Jalisco, Colima, Nayarit, Michocán y Zacatecas. Estos grupos reciben una fuerte influencia de Sudamérica, a su vez, ellos influenciaron a los Olmecas (cultura madre) Teotihuacanos, Mayas, Etc. pero no se percibe hasta ahora, que el occidente se haya influenciado de las culturas Olmeca o Teotihuacana antes del periodo formativo tardío.

“Grupos nómadas dejaron de serlo el periodo formativo temprano, 1500 años A.C. El éxito de la adaptación al entorno de estos grupos nómadas probablemente tuvo éxito, porque vincula la práctica de la agricultura en combinación con la amplia explotación de los vastos recursos naturales de esa época (Plantas, animales y agua) Las sociedades en el cenolítico superior no llegaron más allá de un nivel socio económico –político, que estuvo caracterizado por un patrón de asentamiento de un pueblo principal, unas aldeas asociadas y una religión enfocada al culto de los muertos.

“Por otro lado en las costas del Océano Pacifico se verificó una intensa actividad comercial desde Ecuador hasta las costas Mexicanas, con este intercambio llegó la influenza del arte cerámico de la costa pacífica de Sudamérica. Las coincidencias en las formas y estilos, en las piezas de cerámica elaboradas en toda la costa del pacífico, sugieren ésta influencia; con esta rica tradición, la escultura y la cerámica evolucionaron de manera notable en el Occidente de México.

“El arqueólogo José Arturo Oliveros Morales en su libro Hacedores de Tumbas presenta su trabajo de investigación en el Opeño, Jacona, en el estado de Michoacán. Allí exhibe una civilización muy antigua, quizá la primera de Occidente, donde hicieron tumbas de tiro en el año 1500 a. C. Estos antiguos pobladores del Opeño habían dejado de ser nómadas hacía muchos años, porque la evidencia que podemos observar a través de la cerámica encontrada en las tumbas de tiro, son objetos que no son suntuarios sino objetos de uso cotidiano, materiales de intercambio y que las tumbas fueron reutilizadas en estratos para diferentes entierros. Esto sugiere una población sedentaria. Hasta el momento no se ha encontrado una tumba de tiro más antigua que la del Opeño.

“También el autor manifiesta que ésta arquitectura funeraria no se limita a la actual región Occidental de Michoacán a Nayarit, sino a un Occidente a lo largo de toda la costa del pacifico, desde Nayarit hasta Perú, las similitudes en está practica arquitectónica, y en la cerámica, sugieren una globalización desde hace 3,500 años, así que este fenómeno que esta hoy de moda, en realidad es muy antiguo. Las tumbas de tiro tomaron su nombre por la semejanza que tienen con el tiro de un horno; en estas construcciones se concentran varias generaciones de entierros, junto con los cuerpos, también se colocaba cerámica, alimentos, figuras de barro cocido, herramientas de obsidiana, joyas, braseros, caracoles marinos, entre otras cosas.

El arte de los banquetes en el Occidente
“La antropóloga Kristi Butterwick comenta que Occidente comunicó sus creencias a través del arte, a diferencia de otras culturas prehispánicas cuya historia, poesía, genealogías, se escribieron en libros, se pintaron sobre vasijas o se esculpieron en piedra. Ella examinó un grupo extraordinario de esculturas cuyo contenido temático es el de los banquetes funerarios de occidente, y comenta: Al colocar estos objetos de barro cocido en las tumbas de tiro, junto con los muertos, se les confirió gran importancia a sus representaciones de banquetes. Además, las imágenes de consumo que abundan en el gran corpus de arte en Nayarit, Colima y Jalisco sugieren que los banquetes fueron una costumbre arraigada en toda la región.
“Los artistas antiguos del Occidente representaron los banquetes principalmente en tres formas de cerámica: grandes figuras antropomorfas con vasijas; escenas en pequeña escala de grupos de figurillas representadas con comida y recipientes, y representaciones de comida para el banquete. Las dos formas que incluyen seres humanos pueden decirnos mucho sobre los rituales de consumo en el Occidente, así como ayudarnos a comprender las dimensiones familiares sociales de estos importantes eventos.
Comida y recipentes
“En las representaciones de arte cerámico de varias figuras humanas grandes, podemos reconocer a los personajes inmediatamente como consumidores de comida y bebida, porque cada uno sostiene en la mano un pequeño recipiente en forma de cuenco o de taza. En muchos cuencos o tazas persisten vestigios de la pintura con la que fueron pintados. Estas vasijas pequeñas sirvieron para muchos propósitos, ya sea que se trate de guajes o de objetos de barro cocido. Los guajes se usaron con mucha frecuencia en toda Mesoamérica como recipientes, algunos de ellos pintados como las vasijas de cerámica decorada.
“Las personas de occidente también tuvieron sus banquetes en honor de sus antepasados, y quedaron registrados en figuras de barro y cerámica desde hace más de dos mil años. Probablemente la celebración del día de muertos encuentra sus raíces hace mil años en los banquetes funerarios, en donde vivos y muertos comparten y consumen alimentos. Los banquetes rituales para los muertos sirven como ocasiones honrar a los ancestros, y dan oportunidad de balancear los intereses económicos, las deudas y las alianzas de los difuntos con los vivos.
Cantos y juegos en los banquetes
“En las obras escultóricas también podemos apreciar a personajes tocando instrumentos, cantando, ejecutando juegos malabares, platicando, y hasta luchadores y escenas eróticas.
Bebidas etílicas
Una del las zonas más pobladas en esa época, y con más éxito económico, fue el entorno al volcán de tequila, en este lugar los pobladores tuvieron acceso a la muy delimitada planta nativa Agave Tequilana Weber, de la que hoy se cultiva solamente la variedad azul en la zona. Esta planta aportó riqueza porque obtenían textiles y bebidas con contenido alcohólico, producto de la fermentación del agave. Algunas figurillas sugieren que fermentaban el maíz para obtener una bebida alcohólica, considero que fue uno del los motivos por el cual estas tierras circundantes al volcán de tequila fueron tan apreciadas por los caciques” Hasta aquí la conferencia dictada por Darío Negrelos.
Después de escuchar esta docta. exposición, acerca de un aspecto muy poco conocido de la Cultura de Occidente de México, hizo uso de la palabra Gabriel Scheufler, directivo de la empresa Wine Mex (que se distingue por importar vinos ---de excelente calidad--- de diferentes países: Argentina, Chile, España, Francia e Italia, entre varios otros), para describir el origen de esta firma que comercializa en el mercado mexicano vinos de magnifica relación calidad precio.
Dos de los vinos de esta empresa: Carisma Torrontés, cosecha 2006, de la bodega vitivinícola Valle de la Puerta, de Famantina, en La Rioja, Argentina; y el Casa Rivas Carmenere, cosecha 2007, de la bodega Casa Rivas, en el Valle de Maipo, en Chile, fueron degustados esa noche,. Varios miembros del Grupo Enológico Mexicano formularon comentarios, en extremo encomiásticos, respecto a estos caldos, cuando se hzo la descripción organoléptica de dichos caldos.. A continuación fue servida una exquisita cena preparada por los chefs del restaurante “Bistro 235 ---la sede de estas hedonísticas reuniones---, Mauricio Romero Gatica y Héctor Dongu. La entrada. fue Croquetas de jamón serrano, chile poblano y elote, y chistorra hojaldrada. Luego sirvieron Rollo de ossobuco de ternera en salsa de hongos y aceitunas negras. El postre consistió en Peras al vino tinto con helado de vainil

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