viernes, 28 de septiembre de 2012

LA HISTORIA DEL BRINDIS



¡Salucita de la buena!
Expresión popular

 En infinidad de ocasiones solemos utilizar el término “brindis” para externar nuestra intención de que una persona, próxima a nuestro afecto, tenga salud, bienestar y prosperidad. Para ello solemos levantar nuestra copa y formular votos por su felicidad, lo que generalmente hacemos en medio de un grupo de amigos o familiares. 

Este tema me pareció muy interesante, como para reproducir en esta entrega un documento aparecido el día 6 de agosto de 2010, en el boletín www.directoalpaladar.com, de España, en el cual se hace referencia a ese hecho. A continuación, entrecomillado, lo transcribo.
El brindis es un vaso de vino bebido a la salud de alguien, alegrándose de lo que sucede o de lo que se desea que suceda. En la Edad Media, en Alemania, la palabra bringen significaba “llevar” y “ofrecer“,  y daba nombre a un jarro con asas que servía para verter el vino en las copas de los comensales. Aunque el término brindis como tal, se empezó a utilizar en el siglo XVI, y se utilizó por primera vez para celebrar la victoria de un ejército sobre otro, cuando los mandos militares llenaron sus copas de vino, las alzaron y ofrecieron esa victoria como en un acto casi religioso, disculpándose y haciendo ofrecimiento a Dios por los saqueos que se habían producido durante la batalla, diciendo “bring dir’s“ yo te lo ofrezco.
Pero se cree que mucho anterior a eso, en la Antigua Grecia ya se hacia un gesto o ritual parecido al brindis, cuando los anfitriones de una fiesta o banquete servían una copa de vino a cada comensal y bebían su copa antes que nadie, mostrándola claramente para demostrar a todo el mundo que el vino que estaba sirviendo era bueno y no iba a matar a nadie ya que no tenía veneno.
Sobre la otra costumbre que se tiene en los brindis, de chocar las copas, también podemos decir que proviene del miedo al envenenamiento, y empezó a utilizarse entre nobles y monarcas y se hacía para que al salpicar se mezclaran los líquidos de ambas. De esta forma se demostraba que la copas no contenían veneno.
Y la costumbre de golpear la copa, para llamar la atención durante el brindis, procede de la época romana y griega, donde las fiestas, banquetes o bacanales eran tan multitudinarias, que para poder llamar la atención de los camareros los invitados levantaban sus copas en alto y golpeaban una con otra para hacer ruido y poder ser atendidos enseguida”. Hasta aquí esa cita.
En otro boletín on-line, éste www.argentinewines.com, de Argentina, lógicamente, apareció el 30 de agosto de 2009 un texto referente al brindis, cuyo autor es Adrián Pavía, profesor de etiqueta y comportamiento social.  Este artículo apareció originalmente en la revista Impulso Negocios, de Argentina. Ahora lo transcribo, a continuación, para enlazar ambas historias, mencionando que enfatiza el autor en otras cuestiones ajenas al deseo de ventura y prosperidad hacia quien merecía ese brindis, como son aquellas inherentes al hecho de querer deshacerse de una persona poco grata: ““El profesor de protocolo y comportamiento social, Adrián Pavía, cuenta la historia y los secretos detrás del brindis. Salud! Cheers, Proischt, Saude, Salute, Santé. Brindar……el brindis viene de la expresión alemana "Bring dir's", yo te lo ofrezco, ó yo te lo traigo sería más o menos. El uso de la palabra llegó al español a través del idioma Italiano, después que las tropas alemanas del ejército de Carlos V invadieron Roma y celebraran su victoria alzando sus copas gritando "Bring dir's".
Siglos atrás, igual que hoy, existían los que se enriquecían ilícitamente, por si no entendió, corruptos,  pero con una notable diferencia, ya que mas que arreglar todo con coimas millonarias usaban más sencillamente un poco de veneno para solucionarlo todo. Y muerto el perro terminada la rabia, lástima que en la actualidad el perro nunca muere y siempre es capaz de empezar a ladrar!! En verdad, entre nosotros, les resultaba todo más fácil.Era común escuchar historias acerca de que reyes empobrecidos, casaban a sus hijas con algún príncipe de un reino vecino. Un trámite más que sencillo ya que consistía en una gran fiesta, un poco de veneno, un vaso de vino y finalmente la muerte para el padre de la novia. La fortuna pasaba rápidamente de unas manos a otras. Ahora las fiestas se hacen igual, sólo cambió que tienen algunos agregados como sexo y algunas cuestiones que mejor no describir. No crean que era tan fácil tampoco, y como toda cosa complicada de ejecutar duró poco. No pasó mucho tiempo para que apareciera quien se dio cuenta cómo era la cuestión y la práctica de brindar quedó en desuso o contrariamente a lo que sucede en la actualidad se transformó en un acto de total desconfianza.
 La tradición de chocar las copas aunque sea difícil de entender viene de tener que "salpicar". El choque de las copas, tenía como meta la función de lograr "salpicar" algo de liquido de una copa dentro de la copa de con quién se brindaba, intentando mezclar el contenido de una copa en la otra. Obviamente que una estaba envenenada.
 Por tal motivo, imagínense la connotación negativa que tenía que te invitarán a brindar, cargada de desconfianza y malicia la situación.  De esta manera, quien invitaba a un brindis si había ofrecido una copa envenenada sería finalmente preso de su propio veneno ya que al salpicar liquido desde la otra copa probablemente moriría también, y saben que eran tan poderos los venenos que una gota bastaba de muestra. Que método más maravilloso de eliminar rivales, hoy sería tan fácil usarlo!!! Cuando hay tantos que se repelen y comparten tantos almuerzos y cenas. Después podríamos hablar cual sería el más efectivo!!

Observen que los tiempos corrieron y todo evolucionó, y por suerte cambió para bien ya que llegó muy pronto la época donde se celebraban grandes banquetes. Las clases altas celebraban grandes festejos, para propio deleite o en honor de alguien. A los criados se los entrenaba para que sirvieran rápidamente las copas para todos los invitados. Una vez que el anfitrión recibía la mirada firme del maitre alzaba su copa, entregando confianza a todos y tomaba un trago, como señal de que la bebida no tenía veneno alguno.

¿Chocar o no las copas?. Aunque siempre digo que cada uno puede adoptar los hábitos que más le gusten considero suficiente con hacer el gesto para el resto de los invitados.El mejor de los buenos modales indica que sólo hay que alzar levemente la copa, haciendo un gesto positivo recorriendo rápidamente con la mirada a todos los presentes, sin concentrarse solamente en uno. Se muy bien que muchas veces disfrutamos el choque de nuestras copas con la de los vecinos de mesa, sobre todo si estamos entre amigos. Si son invitados a la mesa de mi madre no se los aconsejo ya que seguramente recibirán una rápida clase de lo vulgar que resulta chocarlas”
Ahora bien, en la bibliografía de la gastronomía española figura un autor, Mariano Pardo de Figueroa (1828-1918), quien hizo célebre, en su tiempo (segunda mitad del siglo XIX), el seudónimo de Doctor Thebussem. En Wikipedia leo que dicho escritor “Adoptó ese exótico seudónimo que no es más que el anagrama de la palabra Embustes añadiéndole la Th para darle un estilo más germano, para publicar, con un pretendido distanciamiento de hispanista extranjero, artículos sobre la situación española. Era hijo de familia ilustre y adinerada, y dedicó sus esfuerzos principalmente a difundir y convertir en importante la literatura gastronómica. En uno de sus libros se ocupa del brindis, en un extenso texto titulado  “Los brindis de la mesa moderna”---escrito en 1888---, del cual entresaco algunos párrafos que me parecen dignos de ser transcritos ahora.
“Así como las mujeres se dice que escriben una carta para añadirle después una posdata, de la Mesa Moderna se dice que da de comer para que le dejen echar un brindis. El brindis, pues, no es un incidente de las comidas, sino una institución. Merece ser estudiado.
En las mesas de príncipes y magnates, así como en los banquetes públicos, no se llama brindis al acto de brindar, sino hacer o dirigir un toast; porque el influjo de la cocina francesa, que en ellos domina, ha introducido, con su fraseología especial, el uso de esta voz, cuya equivalencia en castellano es cuscurro.  Toast, sin embargo, aun cuando palabra francesa, no es de origen francés para los brindis, sino inglés y significa tostón; aludiendo al pedazo de pan tostado que los antiguos ingleses echaban en el fondo de la copa de cerveza, para obsequiar con él al último que bebía a la salud de todos”.
(Nota del transcriptor: Según el Diccionario de la Lengua Española cuscurro es la parte del pan más dura y tostada, que corresponde generalmente a los extremos y bordes de la pieza).
Hay, en efecto, hacia el fondo del vaso cierto atractivo misterioso para los bebedores. Cuando se bebe en ronda, todos quieren ser el último; el propio agasajado por el brindis acostumbra a decir: "después de usted;" y si hay damas entre la concurrencia, se juzga el más feliz el postrero que bebe, porque "se apodera de los secretos de todas."
La costumbre de brindar es muy antigua. Los griegos y los romanos bebían en sus banquetes por la salud de sus amigos o de la patria, si bien entre romanos no se tenía el hecho por original, cuando el brindis se llamaba "beber a la usanza griega". Graeco more bíbere equivalía en la ciudad de los Césares al toast de la ciudad de los Lores.
Sabido es que la manifestación primordial de las religiones de los pueblos eran los banquetes sagrados. Verificábanse en los templos, en las plazas públicas o en los recintos donde residía la autoridad ciudadana. Los comensales se elegían entre los varones más eminentes, y se llamaban parásitos; nombre que de religioso ha venido a trocarse en ridículo, desde que, perteneciendo a los que comían por deber, ha pasado a los que comen de gorra. Allí los parásitos, que representaban a la ciudad, elevaban plegarias a los dioses por la salud común y la dicha de la patria; lo cual se verificaba bebiendo y comiendo con sujeción a un ritual prescrito de antemano. Porque los menús son tan antiguos como los hombres; Si pues de tan arriba nos viene la solemnidad del comedor, la etiqueta del traje, la prescripción del menú, y todas las reglas ceremoniosas de la comida, lícito nos es convenir en que los toast de ingleses y franceses contemporáneos, no son sino las mismas plegarias modificadas de Ausones y de Oscos casi prehistóricos.
Carecemos de tiempo ahora para compulsar el Mahabharata y ver si en la mitología de la India brindaban los héroes por sí propios o se encomendaban a sus dioses en sus banquetes; pero suponemos que sí, y dejamos la tarea a eruditos más desocupados. Los brindis, son tan antiguos como el vino. Principiaron por religiosos, y entonces se limitaban a libar, o sea a ponerse la copa en los labios y derramar después el licor sobre la mesa o sobre el suelo, para que disfrutaran de él las divinidades ausentes. Más bien pronto hubieron de advertir los comensales que era una lástima desperdiciar el vino, e interpolaron las libaciones con los brindis, dedicando a los dioses la menor parte y bebiéndose la mayor de un solo trago.
Nótase en la historia de los brindis una tendencia a establecer la irresponsabilidad del bebedor. Siempre ha debido ser chocante que un hombre beba vasos de vino por beberlos; pero desde que la bebida está impuesta por la galantería, y el bebedor apura la copa, obligado por la amistad o en nombre de la salud, no hay medio de resistirse.
Después de haber agotado los antiguos la fórmula de beber por los dioses inmortales y por la salud de los mortales presentes, se dio en beber por los amigos ausentes, por las familias, por los compatriotas, por los extranjeros aliados; en suma, por los vivos y por los muertos. La materia, como se comprende, daba bastante de sí, y sobre todo, esta última parte de los muertos, era tan inagotable como las bodegas. Heredáronla de Roma los primitivos cristianos, quienes, no pudiendo beber en sus humildes refacciones ni por familia, ni por patria, ni por salud, pues todos ellos estaban condenados a muerte, brindaban primero por su religión y después por los mártires, costumbre que debió convertirse un tanto en abusiva, cuando la anatematizó San Ambrosio y la prohibió un Concilio.
Los Bárbaros,  quienes renegaron de todo y abolieron los usos y costumbres que les eran anteriores, no fueron crueles con los brindis, como con el resto de la civilización, y bebían también por vivos y por muertos, llevándose los tazones de mano en mano repletos de vino.
Porque lo que ha sido común en el brindis, desde la más remota antigüedad, es que la vasija del licor circule entre los comensales, posando todos sus labios en ella. La mesa moderna es la que ha establecido brindar con copas separadas, si bien chocándolas entre sí para que aparezca esa sucesión, que, por lo visto, repugna nuestros pulcros estómagos. Aun hoy, en ciertos momentos del banquete, no faltan parejas que se obstinen en brindar y beber con un solo vaso.
Sin embargo, a todo esto, no sabemos por qué se dice brindis. Brindis es una palabra que no se parece en nada a la philotesia de los griegos, ni al propino de los romanos, ni al irinquis de la Edad Media, ni al toast de los tiempos actuales. Tampoco es palabra española, o por lo menos los sabios lingüistas españoles han huido de consignarla en sus catálogos etimológicos: pasaría por una voz de generación espontánea si no existiera entre los italianos con las mismas letras. Efectivamente, los italianos, que dicen brindisi o brindis, nos han prestado la palabra del deber ceremonioso, como con la voz orgía nos prestaron la palabra de la borrachera elegante.
Y es que se conoce que en España hemos comido y bebido siempre mal, o como si dijéramos, en forma lacayuna. Nuestra lengua, tan rica en zambras, bacanales, jaranazos, francachela s y regodeos, tuvo que ir siempre a extraños idiomas para buscar la expresión de sus solaces distinguidos. En cuanto las gentes se reunieron por las noches para lucir sus galas, conversar con discreción u oír unas piezas de música, fue necesario ir a Francia por la palabra soirée; en cuanto poblaron unos salones en son de fiesta, aún cuando sin bailar ni cantar, fue menester ir a Inglaterra por la palabra rauhi; en cuanto comieron sin sentarse, importaron el buffet; en cuanto almorzaron sin manteles, el lunch; en cuanto se alborotaron con elegancia, la orgía; en cuanto bebieron con distinción, el brindis. Sólo una palabra española, sin uso ya, existe en nuestra lengua para sustituir el brindis: el carauz. ¿Qué significa esta palabra? ¿De dónde viene? Según nuestro diccionario, carauz es el acto de brindar apurando el vaso; pero como esa voz tiene semejanzas de sonido en casi todas las lenguas de Europa, parece que es la misma garaus alemana, de donde las otras se derivan, y que equivale a término o conclusión; es decir, a apurar, no a brindar ni ofrecer.
Brindar sí equivale en italiano a propinar u ofrecer. Es, por consiguiente, el propino de Roma el que adoptó la Italia; y aunque nosotros adoptamos también la voz para propinar medicinas o propinar azotes, y aun para galardonar los oficios de los sirvientes, nos gustó más el trinquis de los flamencos cuando de beber con alborozo se trataba, que el propino de los romanos a cuando con buenas formas se nos requería. No hay pues, que lamentarse de que el toast nos haya venido de Inglaterra, porque el brindis nos ha venido de Italia, y sólo tendría verdadera carta de naturaleza el vocablo si, al levantarnos a beber por la salud de alguien, en vez de decir brindo dijésemos propino; o sea per salutem alicui propinare, que es lo que hacían nuestros abuelos los romanos.
Aquí conviene apuntar una idea de Voltaire, el cual, en su escepticismo por todas las cosas, le encuentra al brindis el absurdo de que sea beber a la salud de otro. Hay, en efecto, algo de extraño en que uno se afane por la salud ajena, corriendo el peligro de perder la propia; pero como el brindis es siempre recíproco, y el que bebe por la salud de alguien encuentra quien beba por la suya, resultará, al cabo, que los dos enferman o que los dos alcanzan la salud por las libaciones. El brindis por la salud, como todo lo espontáneo, universal y constante, podrá ser más o menos lógico, pero nunca dejará de ser expresivo y tierno. En cuanto el vino sacude las preocupaciones de la inteligencia y devuelve al alma su primitivo estado de sencillez, el primer impulso del bebedor es hacia la amistad, de la cual es la expresión más característica el deseo de la salud. Salud ha sido la primera palabra que el hombre ha dicho al encontrarse al hombre; salud ha sido la primera línea que el hombre ha escrito al escribir al hombre; saludes y saludos constituyen las seculares reglas de la cortesía y los signos perpetuos del amor: ¡qué mucho si al revelarse los íntimos sentimientos de un corazón alegre, acude a los labios el saludo como prenda de espontánea y cariñosa amistad!”

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